Antes de irse, el guardia mencionó que un fiscal de San Isidro había pedido la indagatoria de José Luis Espert y también hizo una alusión al difícil presente del jefe de Gabinete, Manuel Adorni. En fin, temas de actualidad.
Por toda respuesta, los labios de quien lo oía dibujaron una sonrisa triste.
La escena ocurrió durante la tarde del 17 de junio pasado en la Alcaidía de la Superintendencia de Drogas Peligrosas que la Policía Federal posee en el barrio capitalino de Palermo. Es que él allí ocupa una de sus celdas. Se trata del abogado mendocino Facundo Leal, de 51 años.
Su detención, sucedida 21 días antes en el transcurso de un allanamiento a su lujoso piso situado en la calle Ortiz de Ocampo, también de Palermo, se hizo luego de ser “reventada” otra propiedad suya, en la ciudad de Mendoza. Fue en el marco de una pesquisa por el robo de equipos a la Empresa Argentina de Soluciones Satelitales (ARSAT). Una nimiedad en comparación con lo que tales irrupciones revelaron.
Porque, en ambos sitios, había un total de dos millones y medio de dólares en efectivo, debidamente termosellados, junto con equipos de inteligencia muy modernos (entre los que resaltaban consolas de contraespionaje con grabaciones clandestinas a empresarios y políticos), además de la frutilla del postre: 122 gramos de cocaína, 90 pastillas de éxtasis, 23 dosis de ketamina y una balanza de precisión con restos de polvillo blanco.
Pues bien, tamaña cosecha lleva al siguiente interrogante: ¿Quién diablos es en realidad el doctor Leal?
Esa es la pregunta que, desde el comienzo de la década en curso, se hace su chofer (quien, en el expediente judicial, figura como “testigo de Identidad reservada”). En ese lapso, el ahora detenido fue el titular de ARSAT y, después, del Organismo Regulador del Sistema Nacional de Aeropuertos (ORSNA).
A simple vista, podría llamar la atención la transversalidad del susodicho, ya que supo cargarse al hombro la mochila de la función pública tanto bajo el gobierno de Alberto Fernández como en el de Javier Milei. Un eficaz servidor de dos (o más) patrones, gracias, quizás, a la naturaleza moderada de su perfil y a su habilidad operativa en oficinas estatales de segundo o tercer nivel, pero bendecidas con presupuestos más que generosos. Aquella era, precisamente, la mochila en cuestión; su mochila íntima y secreta. Dicho de otro modo, ese tipo es un funcionario profesional. Una especialidad en extinción que lo diferencia de criaturas anhelantes de protagonismo y angurrientas por la acumulación casi pornográfica de bienes materiales, como Adorni o Espert.
La diferencia está depositada en el estilo. Y en ese plano, de ningún modo Leal era un improvisado.
Su sistema recaudatorio se cifraba en una ingeniería planeada con suma perfección que consistía en un entramado de licitaciones que no dejaban ningún detalle librado al azar para así consumar los retornos en efectivo, valiéndose de pliegos apócrifos con los que todos los involucrados (empresarios, testaferros y directivos) se adjudicaban los contratos. Y mediante una impostura: orquestar ficciones de competencia con empresas rivales para favorecer así a la compañía Argentina Logistic Services (ALS) en contratos de depósito y logística. Esa sola maniobra forjaba un crecimiento patrimonial desproporcionado entre ellos.
Era un dream team, en cuyo estado mayor brillaba Gerardo Boschin, la “mano derecha” de Leal.
Mendocino como él, supo ser gerente de ARSAT y, ya durante el régimen libertario, presidente de Tresnes Argentinos. Sin embargo, desde ese cargo fue acusado de filtrar información a empresarios amigos para amañar licitaciones.
Sus alfiles son otros dos cuadros de ARSAT: el ex gerente de Finanzas, Pablo Gastón Pagani, y su edecán, Juan Navarro. Ambos ya imputados.
No obstante, sin aún su procesamiento a la vista, aunque ya en la mira de los investigadores, figuran Santiago Trezza Silva (quien cumplió funciones de abogado en ARSAT), Leonardo Comparatore (ex ministro de Seguridad de Mendoza y, ya designado por Milei, se desempeña actualmente como presidente de Trenes Argentinos Infraestructura) y Octavio Falasco (ex gerente de una empresa subsidiaria de ARSAT).
También llama la atención el aceitado lazo entre Leal y Santiago Pando. En el expediente, este es señalado como su operador principal la compañía ALS (que, como ya se dijo, funciona como caja de las andanzas del grupo). Y sus encuentros con Leal solían celebrarse en la sede bonaerense de ARSAT y en un edificio céntrico conocido como “El Rulero”. Quienes los frecuentan, aseguran que la relación entre ellos sobrepasa lo estrictamente comercial.
Entre los amigotes de Leal también resalta un peso pesado en el mundillo de las tinieblas terrenales: Leonardo Scatturice.
Este personaje merece un párrafo aparte; se trata de un antiguo agente de la SIDE volcado al negocio aeronáutico. Y que ahora adquirió fama por ser nada menos que el propietario de Flybondi. La cuestión es que se lo recuerda como el misterioso hombre que utilizó sus aviones privados para ingresar en Buenos Aires diez valijas que no fueron revisadas en la Aduana gracias a Leal. Y aquí surge otra pregunta: ¿acaso aquel equipaje estaba conformado por los equipos de inteligencia encontrados durante el allanamiento a los hogares de Leal?
En este punto, es necesario regresar al tema de sus mochilas (y no en el sentido simbólico del término), ya que hubo justamente dos de esos adminículos que al “chofer de identidad reservada” le llamaron la atención,
El tipo contó que Leal siempre cargaba una mochila. Y que en el baúl de su automóvil había una segunda. Y que, en algunas oportunidades, usaba ambas, colgadas de cada hombro. ¿Acaso estarían repletas de billetes. Lo cierto es que esa es la hipótesis de la pesquisa.
El tipo insistía, en su testimonio, que notaba en Leal “ciertos movimientos de equipaje que le parecían raros”.
Al respecto mencionaba una valija de cuero azulado que Leal le pidió trasladar desde la CABA a su chalet en la ciudad de Mendoza, el mismo día que presentó su renuncia al ORSNA, en febrero de este año.
Cuando le mostraron fotografías de los elementos incautados, el chofer, sin dudar, reconoció la valija que había trasladado por pedido de su jefe, así como las dos mochilas. Para los investigadores, dicho dato resulta clave porque conecta de manera directa a Leal con uno de los hallazgos del dinero.
La causa, a cargo del juez federal de San Isidro, Lino Mirbelli, y del fiscal Fernando Domínguez prueba que, para ser perfecto, el desarrollo de todo delito tiene, en última instancia, que vérselas con el azar, un enemigo implacable.
Eso ahora el doctor Leal lo sabe en carne propia.
