El dato es preocupante: desde que asumió Javier Milei, más de 100 mil jubilados tuvieron que volver al mercado laboral para subsistir. Cada vez son más los mayores de 66 años que trabajan o buscan empleo y, lo que es peor, el incremento es aún más significativo entre quienes lo hacen en condiciones precarias.
Según estimaciones basadas en datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), entre diciembre de 2023 y diciembre de 2025 hay 106.071 nuevos jubilados activos, personas que, aun estando jubiladas, trabajan o buscan hacerlo. De ellos, el 63% son mujeres. Especialistas señalan que, lejos de tratarse de una elección, es una necesidad que los obliga, a su edad avanzada, a reinsertarse en el mundo laboral frente al deterioro del ingreso previsional y la pérdida de poder adquisitivo.
Informes elaborados por el Instituto Argentina Grande (IAG) muestran el notable impacto de la desprotección laboral entre quienes ya se encuentran en edad jubilatoria, siendo el sector más perjudicado de todos. En su último dossier, compararon datos de la EPH del último trimestre de 2023 con el último de 2025. El segmento que más creció en la cantidad de activos, según grupo de edad, es el de adultos de más de 66 años, con un incremento del 14,5% entre las mujeres y del 10,8% entre los hombres.
Para un mejor análisis, el IAG creó un nuevo indicador que discrimina entre trabajo protegido y trabajo desprotegido, teniendo en cuenta que este último refiere a labores más bien precarias, con condiciones de menor protección y estabilidad laboral. Según los últimos datos publicados, hay un nuevo récord argentino y no es positivo: la cantidad de personas trabajando en la desprotección laboral llegó a un pico histórico del 44,9% en la serie publicada por el INDEC desde 2016. Por primera vez, más de seis millones de personas tienen trabajos desprotegidos: sin aportes, sin estabilidad, sin capital propio para emprender ni calificación.
Pero el panorama es aún más desolador al examinar que, del total de ocupados, la desprotección laboral crece más y tiene mayor impacto entre los jubilados. En la actualidad, el grupo con la tasa de desprotección más alta es el de trabajadores de 66 años o más, con un fuerte salto en los últimos dos años: creció un 39% entre los hombres y escaló al 34% entre las mujeres. Asimismo, en comparación con 2023, se multiplicaron los jubilados que buscan trabajar más horas.
Desde el IAG advirtieron que el incremento está relacionado con el deterioro de sus ingresos, el aumento desproporcionado de rubros que tienen particular peso en la canasta de los jubilados —como medicamentos y prepagas— y la crisis generalizada de los hogares, en donde “muchas veces funcionan como trabajadores complementarios”.
“En su momento, el gobierno salió a festejar que había un crecimiento de la actividad, pero desde el IAG venimos alertando que ese incremento se da sobre todo por la reincorporación de jubilados al mercado laboral, en contraposición con una caída en la actividad de jóvenes en los últimos dos años”, explicó en diálogo con Revista Zoom una de las autoras del informe e investigadora del IAG, Candelaria Rueda.
Respecto del sesgo de género que evidencia un mayor aumento en la actividad de jubiladas (14,5%) que de jubilados (10,8%), Rueda argumentó: “La mayoría de las mujeres están jubiladas con la mínima por el esquema de moratoria y, sumado al bono congelado, son las que más pierden contra la inflación, en alrededor de diez puntos. Ello explica que se vean aún más presionadas a buscar un ingreso extra”.
Por otra parte, Rueda señaló que la tendencia más estable en los últimos 10 años era que la cantidad de jubilados activos fuera mayor en los quintiles más elevados, o sea, en el grupo socioeconómico más alto o de profesionales, lo que “hablaba más de una cuestión de elección que de necesidad”.
“Lo que se ve ahora es que hay una activación importante de trabajos precarios y dentro del sector de ingresos más bajos. De 2024 para acá hubo un punto de inflexión en la tasa de precariedad de jubilados y jubiladas, con un incremento preocupante en la actividad desprotegida de mayores de 66 años”, puntualizó.
Más trabajo y menos medicamentos
Según los informes examinados, la actividad entre los jubilados se dispara a partir de 2024. Un componente clave para la calidad de vida de cualquier persona mayor es el acceso a medicamentos. Justamente en 2024, la gestión libertaria quitó el acceso gratuito a 11 medicamentos en junio y a 44 medicamentos más en agosto, mientras que, desde diciembre, desarticuló el programa “Vivir Mejor”, que garantizaba la cobertura automática al 100% de un amplio listado de fármacos. Desde entonces, la cobertura de remedios para jubilados quedó condicionada a ingresos mensuales y otros requisitos patrimoniales mediante el régimen de Subsidio Social, Resolución 337.
“Los medicamentos aumentaron muy por encima de la inflación promedio, en tanto es uno de los sectores que el gobierno nacional ha desregulado, habilitando a las farmacéuticas a implementar saltos muy marcados en los precios de los remedios. A esto se suma la salida del vademécum de medicamentos que ahora son de venta libre, convirtiéndose en un costo cada vez más significativo dentro de la canasta de jubilados”, refirió a Revista Zoom el politólogo e integrante del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), Martín Epstein.
Por su parte, Rueda remarcó una gran paradoja: “Hay una caída en el consumo de medicamentos por unidad frente a un pico de ganancias del sector farmacéutico. Se están vendiendo menos remedios, pero con más márgenes de ganancia para las empresas farmacéuticas, que desde el cambio de gestión aumentaron su facturación un 14% en términos reales”.
Queda claro quiénes ganan y quiénes pierden cuando el Estado deslinda responsabilidades, deja de cubrir medicamentos y desregula el mercado farmacéutico. Se engrosan los bolsillos de unos pocos en detrimento de la salud de millones de jubilados.
Fórmulas que no funcionan: la pérdida del poder de compra de los jubilados
Otra de las razones que explica el aumento de jubilados activos, según Epstein, tiene que ver con el deterioro de ingresos que significó el cambio de la fórmula de movilidad jubilatoria que implementó el gobierno de Milei.
“Le restó un 10% de poder de compra a las jubilaciones, el cual nunca se recuperó y, de ahí en adelante, fue todo pérdida, porque ya hace más de dos años un componente central del ingreso, que es el bono, está congelado en 70 mil pesos y debería estar por lo menos en el doble para mantener el poder de compra”, dijo el politólogo.
Para Epstein, la fórmula de movilidad jubilatoria actual no permite mejorar realidades económicas porque lo que hace es leer la inflación de dos meses para atrás y proyectar con eso los aumentos. “En el mejor de los casos, la jubilación se va equiparando con dos meses de delay a la inflación de los períodos, pero la decisión de congelar el bono es un deterioro muy marcado”, evaluó.
En tanto, Rueda avizora un “horizonte muy complicado”: “Ya tenemos en puerta la reglamentación de la Reforma de Modernización Laboral, que es un instrumento que va a seguir desfinanciando el sistema previsional, con puntos como el Fondo de Asistencia Laboral (FAL), que saldrá a subsidiar las indemnizaciones del sector privado con el sistema previsional”.
Los miércoles de la resistencia
Nora Biaggio tiene 74 años, es docente jubilada e integra el Plenario de Trabajadores Jubilados, que forma parte de las agrupaciones que todos los miércoles exigen, a fuerza de palos y gases, frente al Congreso Nacional, respuestas urgentes.
“Vemos a muchos que hacen malabares para tener libre el horario en que marchamos los miércoles, porque desde hace un tiempo están con algún laburo. En general son trabajos de cuidado, algunos siguieron con sus profesiones porque con la mínima no llegan, otros venden golosinas o pañuelitos en el tren”, relató Biaggio a Revista Zoom.
La problemática del acceso a medicamentos aparece pronto como uno de los principales causales en la conversación: “Gran parte de los compañeros tenían sus tratamientos cubiertos, pero ahora, con el gasto de sus remedios sobre el haber mínimo que reciben, no llegan a fin de mes y tienen que salir a trabajar”.
Sin embargo, ante la injusticia no se quedaron quietos: se organizaron y lograron que los miércoles sean “un día de lucha de los jubilados a nivel nacional”.
“Reclamamos, además, en distintas sedes de PAMI porque no hay medicamentos, médicos, pañales, sillas de ruedas ni audífonos. Eso hizo que en muchas localidades se potencie la lucha porque la gente no tiene cómo atenderse”, amplió Biaggio.
A pesar de las dificultades, Nora no baja los brazos y sale cada miércoles a las calles. Así lo explicó: “La mayoría de los que nos movilizamos lo hacemos porque nos criamos así. Somos la generación del Cordobazo, de las dictaduras, del Argentinazo; nos tocaron todas. Pero hambrienta y sin atención, la gente se nos apaga, y no lo vamos a permitir”.
Luis Rivadeneira integra el Centro de Jubilados «Esperanza» y la Multisectorial en Defensa de la Seguridad Social. Con sus 78 años también marcha todos los miércoles y dice que “se siente un privilegiado”, porque en su caso cobra una jubilación mínima y una pensión, con lo que “araña hasta fin de mes”.
Fue delegado sindical de Techint; en el 76 lo detuvieron, estuvo desaparecido unos meses y después “lo blanquearon”, como a tantos presos políticos, y lo pasearon por distintos penales hasta que lo liberaron en el 81. Por ello, hoy además de la mínima cobra una pensión que mínimamente le permite pagar un modesto alquiler y vivir con lo justo.
También refirió el incremento de “changas” entre sus pares. “Uno de los jubilados que viene los miércoles empezó a hacer viajes con una aplicación, otros hacen volanteos, venta callejera o cocinan para vender”, relató Rivadeneira a Revista Zoom.
Y ejemplificó: “Muchos inescrupulosos contratan a los viejos para volantear seis horas y les tiran 200 mil pesos por mes, que les sirven, pero es una explotación, es inhumano a esta altura del partido”.
Después de toda una vida de trabajo, jubilarse y vivir dignamente no debería ser un privilegio. Sin embargo, los números revelan que cada vez son más los jubilados que tienen que seguir trabajando para subsistir. Es un debate impostergable que nuestra sociedad debe dar y exigir a quienes nos gobiernan medidas urgentes, porque nuestros jubilados ya dieron mucho y no tienen tiempo que perder.
