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Irán: resistencia militar, adaptación y contraofensiva estratégica/política

Un análisis sobre cómo Irán logró resistir la ofensiva conjunta de Estados Unidos e Israel, imponer costos estratégicos a sus adversarios y llegar a una negociación desde una posición de fortaleza en un Medio Oriente en plena reconfiguración. Por Guillermo Caviasca

Finalmente, el miércoles 17 de junio, Donald Trump y Masoud Pezeshkian firmaron el “Memorándum de Entendimiento”, que abre 60 días de negociaciones y detalla una serie de medidas que se deben ir cumpliendo, algunas de ellas —como la apertura del Estrecho de Ormuz— de forma inmediata.

La firma se adelantó dos días respecto de los trascendidos originales, que hablaban de que el acto se realizaría el viernes 19 en Suiza, y se hizo virtualmente. Lo que parece significar la urgencia de concretar esta declaración antes de que “el Diablo meta la cola”. Y esa cola no es otra que Israel, quizás el actor más perjudicado y contrariado.

Israel ha anunciado que el “Memorándum” no la involucra ni la obliga, ya que no ha participado ni acordado con EEUU los términos del mismo. Los firmantes anunciaron, además, que sus objetivos (especialmente en Líbano) se seguirían intentando llevar adelante.

No es el objetivo de este artículo analizar específicamente el memorándum, sino seguir analizando cuáles fueron los elementos concretos que permitieron a Irán obtener un acuerdo que, de cumplirse, sería una victoria estratégica de envergadura. Y que, de no cumplirse, igualmente muestra que, en esta etapa del conflicto, los persas tienen la iniciativa estratégica y lograron imponer sus puntos de vista y reivindicaciones, lo que sin dudas constituye una victoria y un fracaso de la estrategia de EEUU/Israel.

La capacidad iraní de sostenerse militarmente bajo presión máxima no es producto del azar ni de la improvisación. Es el resultado de décadas de construcción de una arquitectura de disuasión que los estrategas identifican con el concepto de Anti-Acceso/Denegación de Área (A2/AD): la capacidad de negar a un adversario superior el uso libre del espacio de combate e imponer costos insostenibles a cualquier operación de proyección de fuerza. Esto ya había sido visto por analistas militares occidentales hace años, cuando señalaban la “nueva doctrina iraní” de priorizar misiles y drones a plataformas más complejas y costosas. Quienes planteaban eso eran los mismos que señalaban la cuestión de que estábamos ante una “revolución militar” y que la “guerra mosaico y multidominio” producía una equiparación asimétrica para las potencias medias.

Un elemento de la arquitectura de resistencia son las “ciudades” para misiles: una amplia red de túneles y bases subterráneas construidas en la roca de las montañas iraníes, específicamente diseñadas para sobrevivir ataques con munición convencional. La CGRI (Guardia Revolucionaria) muestra en modo propagandístico (pero real) imágenes de instalaciones con hileras de misiles Shahed (fueron claves para la resistencia rusa en los peores momentos de la guerra de Ucrania) y cohetes balísticos en cavernas profundas. En enero-febrero de 2025, la Guardia Revolucionaria reveló sucesivamente tres nuevas instalaciones: una base naval subterránea en el Golfo Pérsico, una base de misiles crucero en la costa sur (con misiles Qadr-380 de más de 1.000 km de alcance, capacidad antiinterferencias y listos en menos de cinco minutos), y una tercera instalación para embarcaciones de ataque rápido.

Según el Al Habtoor Research Centre (con sede en Emiratos), Israel intentó destruir parte de esa infraestructura en sus ataques de junio de 2025, pero fracasó: “su vasto sistema subterráneo y su base industrial de producción la hacen más resiliente para recuperarse de los ataques”, señalan. La descentralización de la estructura (con reubicación y reconfiguración constante de plataformas de lanzamiento) constituye una forma de “guerrilla misilística” sin equivalente en los arsenales convencionales de ninguna otra potencia regional. Mientras que los chinos de Xinhua recogen como cita de autoridad la declaración del General Seyyed Majid Mousavi sobre cómo, tras la “guerra de los 12 días”, la Guardia Revolucionaria anunció el cambio doctrinal: “de defensiva a ofensiva, basada en operaciones relámpago, a gran escala y con guerra asimétrica”.

Ciudades de misiles iraníes, intercambio de salvas entre Irán y los Aliados. Bases norteamericanas impactadas en el Golfo por los ataques iraníes.

La respuesta iraní en las sucesivas oleadas siguió la lógica del enjambre: combinar misiles balísticos de media gama con oleadas masivas de munición merodeadora para saturar y colapsar los sistemas de defensa multicapa israelí (Iron Dome, David’s Sling, Arrow 2 y Arrow 3); de forma parecida, pero a menor distancia (más fácil para Irán), desgastar los arsenales estadounidenses en el Golfo. La lógica no es la precisión quirúrgica sino la sobrecarga del sistema defensor. En la Operación Promesa Verdadera III de junio de 2025, Irán desplegó un paquete heterogéneo: misiles Ghadr-110 (alcance 1.800–2.000 km), Fateh-110, el nuevo Qassem Bassir (1.200 km, guía avanzada), y drones Shahed-136/238. Al inicio de la segunda fase en 2026, tras la pérdida de parte de su infraestructura misilística, Irán compensó mediante el incremento masivo de producción de drones (según fuentes de defensa, multiplicada por diez respecto al período preconflicto), consolidando una capacidad de desgaste continuo por saturación. Según fuentes de inteligencia, al mes de junio de 2026 Irán ha recuperado al menos el 70% de su stock de misiles. Ahora fue Irán quien dañó en forma severa la capacidad estadounidense de alerta temprana, habiendo renunciado a la propia, y dejando a los aliados con un enorme número de posibles blancos (12.000 según EE.UU. e Israel, lo que ya de por sí es un desgaste notable de sus arsenales), pero ninguno definitivo, mientras que impactando los iraníes sobre blancos destacados del despliegue de EE.UU. en el Golfo.

Si vemos las bajas humanas iraníes (según las fuentes iraníes confiables como el Ministerio de Salud de Irán), se registraron 3.468 personas muertas y más de 26.500 heridos. La Media Luna Roja iraní reportó daños estructurales en más de 149.000 unidades civiles (incluyendo 123.000 viviendas y unas 1.500 escuelas), estimando los daños materiales inmediatos, incluyendo toda la infraestructura estatal, industrial, energética, de comunicaciones, etc. (excluyendo bases militares), en una cifra que algunos informes elevan a 300.000 millones de dólares. Se calculan 1.221 miembros del personal militar/seguridad muertos, y 714 cuerpos aún sin clasificar debido al estado de los escombros. No es necesario detallar los daños materiales de los más de 12.000 ataques, pero son muchos; sin embargo, como señalamos, ninguno decisivo. Aunque sí debemos señalar que, en el cálculo de largo plazo, el PBI iraní (ya afectado por sanciones y crisis) era de 416.000 millones (datos BM) y se viene contrayendo gravemente. Las estimaciones occidentales hablaban de una baja hasta cerca de los 300.000 millones para este 2026, lo que hace al acuerdo logrado (de cumplirse) un éxito y una necesidad que revertiría drásticamente esta tendencia y fortalecería a la República Islámica.

Los EE.UU. consumieron más de 1.000 misiles de crucero Tomahawk (lo que equivale a casi un tercio de todo el inventario prebélico de EE.UU., estimado en 3.100) y más de 1.000 misiles Patriot (con un arsenal de menos de 3.000), utilizados para proteger las bases estadounidenses y de los aliados del Golfo contra la lluvia de misiles iraníes. Un informe de mayo de 2026 del Servicio de Investigación del Congreso (CRS) expuso que EE.UU. sufrió la pérdida o daños severos en 42 aeronaves durante la campaña y en instalaciones claves de sus bases. La estrategia iraní opera bajo un principio que se deduce de la Revolución en los Asuntos Militares (RMA): cuando la asimetría tecnológica es insalvable, el actor débil no busca la paridad sino la inviabilidad económica y política del adversario. Cada misil interceptado por un Arrow-3 cuesta a Israel y a EE.UU. varios millones de dólares; el dron Shahed puede fabricarse por unos pocos miles. El costo de la defensa estadounidense en el conflicto fue estimado en unos 29.000 millones de dólares hacia mayo de 2026 (se han solicitado al Congreso unos 80.000 millones adicionales para cubrir el reabastecimiento de arsenales, despliegues y municiones consumidas). Y gastó más misiles Patriot en una semana que en toda la guerra de Ucrania. Si a esto sumamos la presión sobre las monarquías del Golfo y sobre Ormuz, la capacidad iraní en el terreno global de la guerra se eleva en forma sorprendente. Si la escalada norteamericana/israelí fue “vertical”, la respuesta iraní fue de una escalada “horizontal”.

La estrategia iraní es regional: durante décadas, Irán construyó el “eje de resistencia”, una arquitectura de actores no estatales y estatales (Hezbollah, Hamas, Yihad Islámica, milicias en Irak, presencia siria, los hutíes en Yemen) que funcionan como extensiones de la disuasión iraní, como su “frontera geopolítica” hasta la frontera israelí y el “choke point” de Bab el-Mandeb. Son vectores de presión sobre Israel, las monarquías y las bases estadounidenses.

Este eje fue severamente golpeado entre 2024 y 2025: la decapitación del liderazgo de Hezbollah, las pérdidas catastróficas de Hamas, la caída de Assad y la interrupción de rutas logísticas de la “media luna chií” con la caída de Assad. Sin embargo, existe una paradoja: cuanto más golpea Israel al eje de resistencia sin poder derrotar definitivamente a ninguno de sus miembros, estos resurgen. Y, por otro lado, más consolida la justificación doctrinaria iraní para desarrollar su propia capacidad disuasoria de alcance estatal (incluyendo, en último término, la opción nuclear).

Como señala el boletín IEEE, la guerra de Gaza y su extensión al Líbano obligaron a los líderes iraníes a replantearse su estrategia de seguridad, evaluando seriamente el salto hacia la bomba atómica como “elemento disuasorio definitivo”. Es claro que hoy Irán tiene más incentivos para disponer de armas nucleares que antes de la guerra, y que estos incentivos se extienden a otros actores de la región.

Aunque es de destacar que la capacidad misilística y de drones, cada vez más eficaz y precisa, capaz de ser producida en forma masiva y sin restricciones internacionales, dota a quien la tenga de un arma de disuasión estratégica de gran envergadura. Si bien no es la bomba atómica, sí es utilizable con mayor libertad y, sin dudas, capaz de dañar profundamente activos estratégicos enemigos, como también muy probablemente de devastar al pequeño Israel.

EL ESTRECHO DE ORMUZ COMO ARMA GEOECONÓMICA CLAVE

El estrecho de Ormuz (39 kilómetros en su punto más angosto, con canales de navegación efectivos de apenas 3 km por dirección) es el mayor cuello de botella energético del planeta. Aproximadamente el 20% del petróleo mundial y el 25% del gas natural licuado transitan por él. Irán controla su flanco norte. Esta geografía convierte a Teherán en el único actor capaz de amenazar creíblemente la arteria energética global sin necesidad de una flota oceánica ni de capacidad de proyección lejana: es la guerra en sus propias aguas territoriales (lanchas pequeñas, buzos, minas, cohetes similares al Exocet, drones, bastan).

En realidad, no es necesario cerrarlo efectivamente; la amenaza real por sí misma es suficiente. El capital y los seguros le tienen horror a la inseguridad. EE.UU. respondió con un bloqueo total para los buques que negocien con Irán, buscando estrangular su presupuesto. Pero esta estrategia, posible militarmente, es, en términos económicos y geopolíticos, un boomerang. Si bien es cierto que Irán depende en un 80% de la exportación de hidrocarburos y que un bloqueo podría profundizar su crisis económica con consecuencias sociales graves, lo cierto es que la población iraní y el gobierno pueden aguantar un tiempo no definido, muy probablemente más que el tiempo que tarde en llegar la consecuencia del bloqueo total a la economía mundial.

Ese cálculo es fatal para la estrategia de EE.UU.: Irán no cae, la economía mundial entra en crisis. Es una ecuación que Trump no puede sostener, menos antes de las elecciones… y sin misiles suficientes (cosa que Israel pareciera no entender).

El cierre selectivo impuesto por la Guardia Revolucionaria a partir del 28 de febrero de 2026 fue el instrumento de coerción más poderoso en manos iraníes (se suma concomitantemente a la amenaza militar directa y creíble sobre las monarquías del Golfo). Los efectos fueron inmediatos: el precio del crudo superó los 100 dólares por barril, se generó escasez de combustible en Asia (Australia, Vietnam, Japón), y la economía global sufrió un shock de oferta de magnitud comparable al de 1973.

En marzo de 2026, Irán anunció que permitiría el tránsito selectivo de buques de cinco naciones: China, Rusia, India, Irak y Pakistán, una declaración que busca mostrar que controlan el paso; quienes acepten las condiciones de Teherán pasan, el resto no. Y no solo sus aliados o neutrales, sino potencias como Japón se avinieron a negociar.

El análisis geoeconómico del cierre de Ormuz revela una distribución de costos y beneficios que no coincide con la geografía del conflicto armado. Según un análisis comparativo del New York Times para el período febrero-mayo de 2026, los principales beneficiarios del shock energético fueron Estados Unidos (con un incremento de ingresos por exportaciones de hidrocarburos de unos 50.000 millones de dólares) y Rusia, que mantuvo sus exportaciones y obtuvo unos 15.000 millones adicionales. China, en cambio, fue perdedora en lo coyuntural. Pero el resto de los asiáticos sufrieron aún más, sean aliados o no de EE.UU.

China, a su vez, juega con que la crisis también implique una oportunidad y muestra que las guerras energéticas del siglo XXI se ganarán controlando infraestructura física, rutas terrestres y reservas estratégicas (China dispone de las reservas estratégicas más grandes).

Principales pasos interoceánicos con circulación de petróleo y gas. | delimitaciones del control iraní en Ormuz.

De hecho, Ormuz parece ser el arma clave para sentar a EE.UU. en una mesa de negociaciones y firmar el “Memorándum” que (a pesar de las declaraciones de Trump) constituye una derrota para Washington. El acuerdo que los negociadores (Pakistán, aliado de China, y Qatar, de Turquía) redactaron coloca a Irán como vencedor de esta partida. Al menos, de esta mano, en la etapa abierta con el ataque conjunto de EE.UU. e Israel.

Muchos factores confluyen para que Trump esté (insistimos en términos “condicionales”) dispuesto a acordar una tregua que deja a Irán como vencedor: la cada vez mayor percepción de la sociedad norteamericana (especialmente su propia base social) de que EE.UU. está defendiendo intereses muy estrechos de Israel y de sus sectores sionistas más radicales. La proximidad de las elecciones y la presión que implica una guerra que no parece tener resolución si no es a costa de enormes recursos y vidas de soldados. El agotamiento del arsenal de misiles y los tiempos de reposición que obligarían a los EE.UU. a realizar acciones más riesgosas en lo militar o a agotar sus reservas, con la implicancia en la capacidad norteamericana de mantener presencia en otros escenarios. El enorme error de cálculo sobre la capacidad iraní, inducido por servicios secretos extranjeros (Mossad) contra las apreciaciones de la CIA y las FFAA propias de que Irán no era solo una “Venezuela más grande”. Los costos de la energía en el mundo, que, si bien no afectan directamente a EE.UU., sí lo hacen indirectamente por la inflación mundial que impulsan, y porque el cierre de Ormuz tiende a producir reacomodamientos geopolíticos contrarios a los intereses de EE.UU.

Cuando escribimos este artículo, el “Memorándum” se ha firmado. Pero consideramos que este conflicto no terminará en esta tregua, que, como todas las treguas recientes en Medio Oriente, no deja de estar jalonada de acciones militares limitadas. Más aún, considerando que existe un “elefante en la habitación” (Israel). Este actor ha violado todas las treguas en los demás escenarios y ahora ha demostrado su disgusto con esta, y actuado en consecuencia para impedirla, atacando Líbano en forma que “obliga” (busca obligar) a Irán a responder.

Por eso Trump aceleró la firma y, ante los ataques israelíes, Donald cedió aún más ante los persas para evitar una respuesta que hiciera naufragar el acuerdo. De hecho, estas concesiones abonan el discurso de victoria persa y dan a los iraníes más herramientas para mantenerse firmes. Cualquier analista honesto debe tomar nota de que Israel hará imposible que las concesiones estadounidenses escritas en los 14 puntos se cumplan.

LA DIMENSIÓN POLÍTICA: SOBERANÍA Y EL «SUR GLOBAL»

Desde la perspectiva iraní (y desde una lectura no occidentalocéntrica del conflicto, ni desde la perspectiva israelí, obviamente), lo que está en juego no es solo la seguridad del Estado sino la posibilidad de que un país del Sur Global mantenga un proyecto autónomo frente a un orden internacional que opera bajo lógicas de subordinación. El argumento es históricamente sólido: desde la invasión del país durante la Segunda Guerra Mundial (en alianza entre Inglaterra y la URSS), el golpe de Estado de 1953 contra Mossadeq (organizado por la CIA y el MI6 tras la nacionalización del petróleo), pasando por la guerra Irak-Irán, hasta las sucesivas rondas de sanciones, el “derecho a la defensa” iraní ha sido sistemáticamente vaciado de contenido por las grandes potencias. Es evidente también el trato desigual respecto al arsenal nuclear (evidente, ilegal, pero en las “sombras”) israelí.

Las demandas de Washington al inicio del conflicto (desmantelamiento del programa nuclear, abandono de la influencia regional, liquidación de la red proxy, más la extensión posterior de desmantelamiento del programa de misiles y el intento de “cambio de régimen”) son equivalentes a una rendición de soberanía, y en realidad lo son. En ese marco, el desarrollo de capacidades propias no es una aberración sino una respuesta racional a un ambiente estratégico hostil.

Poco antes de los ataques del 28 de febrero de 2026, Irán había declarado públicamente su disposición a entregar su uranio enriquecido y a permitir visitas del OIEA. Los ataques se produjeron mientras las negociaciones estaban en curso, hecho que, para cualquier analista honesto, de cualquier tendencia, constituye una violación flagrante del derecho internacional. Como señalan los españoles de Descifrando la Guerra: “Si Irán consigue atravesar esta etapa sin ceder a las exigencias de Washington, el desenlace supondría un punto de inflexión en el equilibrio geopolítico del Sur Global. Lo que está en juego no es únicamente el papel de Irán en Oriente Próximo, sino la afirmación de que un Estado del Sur Global puede sostener un proyecto autónomo y soberano”.

El programa nuclear iraní es simultáneamente el activo estratégico más valioso de Teherán y su mayor fuente de vulnerabilidad. La ambigüedad nuclear (la posibilidad creíble pero no confirmada de una capacidad atómica) es la pieza central de la disuasión extendida iraní. Al mismo tiempo, esa ambigüedad ha sido el argumento central para justificar el discurso israelí de ataques preventivos y el apoyo estadounidense a los mismos.

La cuestión nuclear debe leerse en clave histórica, como parte de la lógica de soberanía: Irán es uno de los países del mundo que ha firmado el Tratado de No Proliferación (TNP), acepta inspecciones de la AIEA y es, al mismo tiempo, objeto de amenazas militares regulares por parte de una potencia nuclear regional no firmante del TNP: Israel. Esa asimetría de tratamiento es central para comprender por qué las negociaciones nucleares han fracasado: no por un déficit diplomático sino por una asimetría de base estructural que el derecho internacional no ha podido corregir.

CONCLUSIONES PROVISIONALES

La participación directa de los Estados Unidos en el conflicto, culminando con la guerra conjunta del 28 de febrero de 2026 y la participación en el asesinato de Jamenei, representó una apuesta de altísimo riesgo y fue la primera vez que Washington se involucraba sobre el terreno en operaciones militares de envergadura junto a Israel. Algo histórico y un éxito de Netanyahu.

Trump tiene graves problemas con su estrategia discursiva: necesita presentar el conflicto como una victoria y sostener el precario alto el fuego. Un equilibrio inestable que revela las tensiones internas de la estrategia estadounidense: hay sectores que quieren la destrucción del régimen iraní, sionistas militantes; hay oposición de nacionalistas de su propio espacio a continuar un conflicto contrario a sus ideas; y hay actores económicos que no pueden sostener indefinidamente el shock de Ormuz.

La problemática es transparente: la Estrategia de Defensa de 2026 identifica la disuasión frente a China en el Indo-Pacífico como eje central, con Medio Oriente delegado a aliados regionales. Estos incluyen a Israel, claro, pero también a los árabes del Golfo. Sin embargo, contra esa resolución clave, EE.UU. está envuelto en una guerra de la que no encuentra forma de salir victorioso sin dejar su prestigio e influencia en la región dañados; los “Acuerdos de Abraham” hoy no existen; la misma Israel requiere más atención que antes. Es una cuestión de tensión con su principal aliado y con el lobby israelí/sionista norteamericano.

La escalada no aparece como alternativa, porque no garantiza una victoria rápida o clara; la retirada tampoco. El error de febrero es difícil de solucionar sin costes; de hecho, esta derrota negociada parece ser la mejor respuesta.

La estrategia de disuasión asimétrica iraní —“ciudades de misiles”, guerra mosaico, saturación de drones, uso del estrecho como arma geoeconómica, ataque a las monarquías del Golfo— demostró ser una sorpresa estratégica que dejó desequilibrados a los planificadores de los ataques. El régimen iraní no “colapsó”; por el contrario, parece más fuerte y radical. La capacidad de segunda respuesta sobrevivió.

Las negociaciones de paz, incluso bajo presión máxima, partieron de una posición iraní sólida; los acuerdos del Memorándum fueron entre dos contrincantes que discutían de igual a igual. Si nos apuramos un poco, veíamos a los EE.UU. más ansiosos de cerrar el acuerdo que a los persas. Y, más allá de los puntos firmados hoy, la posibilidad real de proliferación nuclear es mayor que antes.

El frente libanés confirma una verdad militar que el estudio de las guerras asimétricas ha establecido reiteradamente: la superioridad tecnológica y de fuego no alcanza para derrotar a una fuerza profundamente imbricada en el terreno y en la sociedad. La campaña terrestre de las FDI en el sur del Líbano reproduce, con nuevas armas, los patrones de 1982 y 2006. La “doctrina Dahiyeh” (israelí) de destrucción masiva de infraestructura civil para castigar a la población no solo fracasa militarmente, sino que genera las condiciones políticas para la reproducción del conflicto.

La cuestión palestina (causa inicial de esta etapa del conflicto en la región) no ha sido resuelta. Al contrario: la aceleración del proyecto de colonización israelí en Cisjordania y la campaña de exterminio en Gaza eliminan toda posibilidad de una solución política en el corto y mediano plazo. De hecho, Israel no pudo eliminar a Hamas a pesar de estar hace más de dos años combatiendo en un territorio muy pequeño. Esto dinamita los “Acuerdos de Abraham”, aliena a la sociedad occidental y dificulta el apoyo de los gobiernos.

No hay solución militar al problema político palestino; el 7 de octubre de 2023 fue, precisamente, la demostración de ese límite. Ante esto, Israel se embarcó en una escalada militar sin límites en la que encadenó guerra tras guerra, cada vez más intensa, sin cerrar la guerra anterior. En ellas obtuvo una serie de victorias tácticas, pero que solo generalizaron el conflicto. Hoy pareciera estar en riesgo de no cerrar ninguna de estas campañas y acercarse peligrosamente a una derrota estratégica. E Irán puede recuperar o reconstruir su frontera geopolítica.

El “Memorándum de Entendimiento”, que incluye programas de reconstrucción de unos 300.000 millones de dólares, se asemeja a reparaciones de guerra. Señala el cese de la desestabilización interna, lo que es el reconocimiento del “régimen” que se deseaba reemplazar; habla de la retirada israelí del Líbano, lo que sería una derrota clara de Israel; sin mencionar ninguna cesión iraní de igual magnitud, muestra el éxito de la estrategia de los persas y su mejor comprensión de cómo encarar el conflicto.

Si bien nos atrevemos a señalar que la mayoría de los puntos no se cumplirán (varios otros puntos pueden tener interpretaciones discutibles), sin embargo EE.UU. ¡¡¡aceptó eliminar del “Memorándum” cualquier mención a drones y misiles!!! Para Israel es inaceptable; sin embargo, Israel y EE.UU. son aliados y han coordinado sus acciones. Consideramos que aun los incumplimientos de Israel han sido hasta hoy aceptados por EE.UU. Esta es la constante en Medio Oriente y específicamente lo ha sido en los frentes de Gaza, Líbano e inclusive Siria.

La pregunta es si el gobierno de los EE.UU. podrá imponerse sobre Israel (o si lo desea). Ante cualquier desbarranque provocado por Israel, y tolerado por EE.UU., se provocaría nuevamente un cierre del tráfico en Ormuz y, con ello, la derrota de Trump sería insostenible, con las consecuencias electorales y económicas negativas que se buscaba evitar.

El resultado de esta etapa de la guerra es clave para el nuevo orden mundial. En este artículo hemos intentado explicar cómo se llegó a esta situación. El conflicto es un síntoma de la recomposición de nuevos equilibrios del orden internacional. La capacidad de Irán de cerrar Ormuz, alinear actores desde el Mediterráneo al Mar Rojo y resistir militarmente bajo presión máxima es un indicador del mundo multipolar en construcción.

El Medio Oriente de 2026 no es el de 2003, ni el de 1973. Su reconfiguración está siendo escrita con costos humanos enormes y con consecuencias sistémicas globales aún imprevisibles, y más aún en épocas de grandes cambios; pero así es la historia para quienes deciden, por su propia voluntad, timonear su barco y llegar a un buen puerto en medio de tormentas.

FUENTES

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PIA Global. Guillermo Caviasca:
https://noticiaspia.com/el-programa-nuclear-israeli-historia-de-una-capacidad-construida-en-la-opacidad/
https://noticiaspia.com/informe-y-evaluacion-del-ataque-israeli-norteamericano-contra-iran/
https://noticiaspia.com/evolucion-de-la-situacion-en-siria-israel-y-la-guerra-infinita/

Descifrando la Guerra. Irán e Israel ante la guerra por el futuro de Oriente Medio. 18 de junio de 2025.
https://www.youtube.com/watch?v=iUHjuvyZ-1U

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