¿Todos para uno y uno para todos?

La integración del Banco del Sur está cada vez más cerca. Sin embargo, Brasil propone que los votos en el directorio tengan directa relación con el capital aportado. El acta fundacional plantea lo contrario: un voto por país. La posición argentina deja dudas.

El Banco del Sur avanza lento pero allí va, con todas sus contradicciones a cuestas. Los gobiernos de casi todos los países miembro acordaron una serie de puntos para su integración. Sólo falta la definición de la Argentina, que por cuestiones de la política doméstica —la renuncia de Martín Lousteau— no tuvo ningún representante en la reunión de Montevideo, donde se lograron los últimos avances. En lo convenido no radica el problema de fondo, ya que se contemplaron las asimetrías regionales que permiten a los países más chicos aportar menos y tener un mayor multiplicador de acceso al crédito. Lo complejo será resolver la integración del directorio: si se conformará con el espíritu democrático con el que se anunció la creación del banco o si adoptará –con ciertos matices- la estructura de los organismos multilaterales de crédito. Allí, siempre se beneficiaron los más fuertes, los más grandes, los más poderosos.

“No hay decisión a priori. Tenemos los ejemplos de los otros bancos multilaterales, los vamos a examinar y decidir a la luz de estas experiencias y de nuestros intereses”, dijo el ministro de Hacienda de Brasil, Guido Mantega. Fue al término del encuentro del 25 de abril pasado en Montevideo. Brasil impulsa, desde el momento mismo de la firma del acuerdo —el 9 de diciembre de 2007, un día antes de que Néstor Kirchner dejara el Ejecutivo—, que los votos en el directorio tengan directa relación con el capital aportado. Exactamente lo contrario de lo que se planteó en el acta fundacional, que expresa el espíritu con el que Hugo Chávez propuso crear la entidad hace dos años.

En esa última reunión, estuvieron además los ministros de Economía de los países miembro: Danilo Astori (Uruguay), Fausto Ortiz (Ecuador), César Barreto (Paraguay) y Rafael Isea (Venezuela). Por Bolivia asistió el viceministro de Pensiones y Servicios Financieros y Hacienda, José Luis Pérez. Acodaron una serie de puntos vitales para el demorado avance de la entidad: comienzo de las operaciones en 2008; tres franjas de aportes diferenciados y de acceso al crédito, con un multiplicador mayor para los que tengan menores aportes; y la posibilidad de integrar el capital con moneda local y divisas internacionales.

El debate y la demora

El año pasado, un día antes de que Kirchner terminara su mandato se firmó el acta constitutiva. El escenario fue un acto en el Salón Blanco de la Casa Rosada. Estaban allí seis de los siete presidentes de los países que integran la entidad, sólo faltó Tabaré Vázquez. El conflicto por la instalación de la pastera en Fray Bentos había tenido una escalada unas horas antes.

En el documento se dejó en claro que el objetivo de la nueva entidad será “financiar el desarrollo económico y social de los países de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) miembros”. Se propuso “fortalecer la integración, reducir la asimetrías y promover la equitativa distribución de las inversiones”. Se estableció también que será autosostenible y que trabajará con “criterios profesionales de eficiencia financiera”, y que “los órganos de conducción tendrán una representación igualitaria de parte de cada uno de los países que lo integran, bajo un sistema de funcionamiento democrático”.

Los presidentes coincidieron, como no ocurrió en el pasado reciente, en golpear a las políticas neoliberales del FMI y el Banco Mundial. Kirchner inauguró allí su costumbre de dar discursos cortos y le cedió la palabra a la presidenta electa.

“Que el Banco del Sur sea un instrumento que aborde lo que necesitan sus pueblos: financiamiento para inversión, producción, infraestructura, trabajo y calidad de vida”, pidió Cristina, a horas de calzarse la banda presidencial.

Hugo Chávez, Evo Morales y Rafael Correa elevaron la apuesta política. El primero dijo que “llegó la hora de comenzar a traer los capitales depositados en los bancos del Norte” y habló de la hora de la “independencia” y de la necesidad de lograr “la unidad energética del sur y de los países para derrotar la pobreza, la miseria y el analfabetismo”. Fue el promotor de la entidad y siempre defendió que el directorio debía integrarse con un voto por país, independientemente del aporte de cada uno. Los otros dos plantearon la posibilidad de crear una moneda sureña. “Nada impide crear una unidad de cuentas ni tener una moneda regional y librarnos del sometimiento de monedas extranjeras”, afirmó Correa.

Morales señaló a los organismos multilaterales de crédito que por “racismo no aceptan los movimientos sociales” de la región y marcó la necesidad de “terminar con las asimetrías”. Imaginó un “Banco del Sur que dé créditos a empresas públicas y sociales, además de los Estados” y agregó: “Esperamos su implementación y puesta en práctica, esperamos que sea lo más democráctico y transparente”.

Nicanor Duarte Frutos también habló de poder y asimetrías: “Esto es un toque de alerta hacia los organismos multilaterales que han subordinado a los países pequeños”.

El que le sacó menos filo a la lengua fue Luiz Inacio Lula Da Silva. Habló de “autonomía financiera” y de “integración de los pueblos”. Pero días después, sobre el final de diciembre, el ministro Mantega se encargó de dejar clara la posición de Brasil. Fue durante una reunión en Buenos Aires con el entonces ministro Lousteau y el entonces viceministro venezolano de Finanzas, Rafael Isea (luego fue nombrado ministro). Allí puso sobre la mesa las diferencias: “no quieren que la plata se la manejen”, dijo una fuente de Economía.

La discusión quedó reflejada en un trabajo del Centro de Economía y Finanzas para el Desarrollo de la Argentina. “El criterio predominante, aunque aun no resuelto, de que el directorio de la entidad sea integrado por un voto por cada país miembro es tributario de las mejores tradiciones cooperativas y resultaría un aporte a la desconcentración del poder, a la valorización de la participación de los países más chicos y al estímulo de la actividad equitativa de la entidad en los distintos países partícipes de ella”, dice el documento titulado “Nuevas arquitecturas financieras regionales”.

Otro proyecto

Mientras tanto, Brasil alentó otra estructura financiera en la región. Se trata de un acuerdo entre el poderoso BNDES y el Banco Nación y el Banco de Inversión y Comercio Exterior (BICE), que prevé la creación de un fondo para financiar proyectos productivos a ambos lados de la frontera. Tendría un capital inicial de unos 200 millones de dólares.

En su punto 3, el “Acuerdo marco de cooperación” alienta la «creación de un fondo con aportes de las instituciones, con gerenciamiento autónomo, para el financiamiento de los proyectos de integración». Argentina puso el ojo en las industrias automotriz, petrolera, aeronáutica, de material ferroviaria y de energías renovables. Lo hizo constar en el documento.

Como parte de ese convenio, los brasileños –fogueados en la financiación de inversiones productivas y con un fondeo de unos 47.000 millones de dólares para 2008- están dando asistencia técnica para formar evaluadores de proyectos. Esa es una cuenta en rojo por parte del Estado argentino. Así lo reconocieron a ZOOM en distintos organismos nacionales: Ministerio de Economía, Banco Nación y Superintendencia de AFJP.

Para Brasil, este acuerdo tiene dos objetivos centrales: permite cierto paraguas protector al avance de productos llegados desde China y Vietnam en un contexto de crisis financiera en Estados Unidos —tema que también preocupa a la Argentina—; y al mismo tiempo es un dulce que podría colmar las expectativas argentinas y patear lo más posible la concreción del Banco del Sur.

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