Scioli: en oferta

El kirchnerismo pone su lupa sobre el gobernador desde que asumió. Scioli sabe que su fuerte es la buena imagen pública y su debilidad, la ausencia de estructura propia. En ese marco, la oposición, la declarada y la latente, estudia expectante y seductora las apariciones del ex vicepresidente. Todo el espectro político le augura virtualidad como futuro presidenciable. Nadie se anima a vaticinar al frente de qué escudería.

La canción no sorprende. Se esperaba desde que fue lanzado como candidato en las vísperas de la navidad de 2006. Los primeros ciento veinte días de gobierno de Daniel Scioli al frente de la provincia de Buenos Aires estuvieron signados en mayor medida por movimientos inesperados de la tropa K que por estocadas certeras de la oposición. Sucede que para Scioli, como para muchos otros actores de la escena política local, todos los caminos, los deseados y los desconocidos, conducen al ex presidente Néstor Kirchner. La inusitada toma a punta de pistola del ministerio de Desarrollo Social; el repentino rearmado del PJ a nivel nacional con los caudillos locales del partido (Alberto Balestrini y Carlos Kunkel a la cabeza) marcándole el terreno; la aceitada relación del santacruceño con los cada vez más poderosos intendentes; el todavía irresuelto conflicto del “campo” mostraron que el ex motonauta gana mayor lugar en los medios cuando se desmarca y sienta postura propia, que cuando acata como un delfín poco convencido. El kirchnerismo pone su lupa sobre el gobernador desde que asumió. Scioli sabe que su fuerte es la buena imagen pública que sobre él ventilan las encuestas. Su debilidad, la ausencia de estructura propia. En ese marco, la oposición, la declarada y la latente, estudia expectante y seductora las apariciones del ex vicepresidente, al que todos auguran un inocultable futuro de presidenciable.

A contracara de su discurso monótono, incómodo y cargado de sustantivos, el gobernador activó la lengua de los caudillos territoriales de la provincia desde el comienzo de su gestión. Armó su gabinete con un mix entre desconocidos cercanísimos, como su hermano José y Alberto Pérez, y figuras mediáticas como los médicos Claudio Zin (Salud) y el ex técnico del seleccionado argentino Carlos Bilardo (deportes). Daniel Arroyo desde el kirchnerismo y varios ex duhaldistas como Mario Oporto (Educación), Carlos Stornelli (Justicia) y Alfredo Atanasof (Inversiones) completaron la primera línea del elenco. Desde el discurso inicial Scioli buscó mostrar un rol fuerte basado en la gestión. «La gente quiere soluciones» repite el gobernador ante todo micrófono que lo enfrenta. La seguridad es el eje más elegido por el mandatario bonaerense.

Scioli gobierna, con poder al menos compartido, un territorio donde la interna kirchnerista se juega centímetro a centímetro y no confía más que en su circulo íntimo. «Vengo a ser el Intendente numero 135», dijo consciente de que la fragmentación de poderes locales existente en la provincia es un aspecto clave en términos de gobernabilidad.

Primer round: kirchneristas heridos

Una semana llevaba la gestión cuando un puñado de organizaciones piqueteras, menores en el heterogéneo arco kirchnerista, tomaron a punta de pistola el Ministerio de Desarrollo Social, reclamando, supuestamente, planes sociales. Pasada la sorpresa inicial, el gobernador calificó al hecho de «delictivo» y criticó duramente las prontas liberaciones de los detenidos. En tandem, con la presentación de las tarjetas alimentarias que buscan reemplazar los planes sociales surgidos en la crisis, el gobernador mostró su alineamiento con las políticas de «crecimiento con inclusión» poniendo a la vez límites claros a la nueva gestión.

El partido y los intendentes

Tras el primer sacudón, el escenario político nacional fue ocupado nuevamente por Néstor Kirchner, quien manifestó su intención de reorganizar bajo su ala al fragmentado Partido Justicialista. Las tribulaciones en la provincia, donde todos los dirigentes peronistas tienen proyecto propio, no podían ser pocas. Desde los círculos cercanos al vicegobernador Alberto Balestrini, los diputados Carlos Kunkel y José María Diaz Bancalari y el jefe del Movimiento Evita, Emilio Pérsico, dejan trascender que ven al gobernador como un «invitado no deseado» que les impuso Kirchner, al que apoyan públicamente pero defenestran en privado. La conducción real del partido se define vía Puerto Madero. La comprobada efectividad de los Kirchner asegura acompañamiento rozando lo unánime.

En tal sentido, no son pocos los intendentes que priorizan las oficinas porteñas donde atiende Kirchner, por sobre la platense gobernación de 6 entre 51 y 53. Scioli mantiene mejor relación con los intendentes nuevos, como Francisco Gutiérrez (Quilmes), Darío Diaz Pérez (Lanús), Jorge Giustozzi (Almirante Brown) y Fernando Gray (Esteban Echeverría), todos kirchneristas puros. Con los vitalicios, como Hugo Curto (3 de Febrero); Mario Ishi (José C. Paz); Julio Pereyra (Florencio Varela); Alejandro Granados (Ezeiza) y Juan José Mussi (Berazategui) a la cabeza, la relaciçon es otra. La bilateralidad trazada entre Kirchner y los intendentes evita los reclamos por un mayor porcentaje en la coparticipación, debate latente en la provincia desde los tiempos de Felipe Solá, quien abandonó el ejecutivo con la cuentas en rojo.

Un intendente de la zona sur del conurbano bonaerense, recientemente electo, confesaba impaciente a este medio que el gobernador no es muy afecto a abrir la billetera de la provincia. «Los planes de vivienda provinciales están trabados, Scioli no se anima a decidir nada por sí mismo». Pese a lo que se asume como verdad intocable, el ex intendente de la Matanza, Alberto Balestrini, sufre por viejas rencillas y no logra alinear tras de sí a demasiados intendentes. No representa por el momento, una amenaza importante para el poder -siempre relativo- de Scioli. «A Balestrini siempre la gustó cortarse solo. Pero en el único lugar que tiene peso es en La Matanza, en los otros distritos no ha sabido construir poder» confiesan cerca del vice.

Todo indica que Balestrini va a tener la presidencia del PJ de la Provincia, pero el hombre quiere dar un paso más. Su intención sería disputar el lugar de referente de los intendentes a Julio Pereyra, porque entiende que la presidencia de la Federación de Municipios (FAM) es un lugar privilegiado para tener acceso directo a la Rosada de cara a la carrera por la gobernación de 2011. Obviamente, en esta rosca está el intendente de La Matanza, Fernando Espinoza. También lo acompañan el de José C. Paz, Mario Ishi, y algunos referentes como Mariano West y Julián Domínguez. A ese sitial no le faltan pretendientes. Los denominados nuevos intendentes, especialmente Díaz Pérez y Giustozzi, también entienden que el sillón de Pereyra, en especial siendo dirigentes jóvenes, puede servir como trampolín hacia la gobernación.

En el medio, conflicto con “el campo”.

El conflicto agrario tomó al gobernador en tierras brasileras a la caza de inversiones. A su vuelta al país se reunió con Luciano Miguens, de la Sociedad Rural; Pedro Apaolasa, de Carbap; y Mario Llambías, de CRA. Cuando los medios nacionales insistieron en mostrarlo como «mediador», desde Casa Rosada llegó la desmentida a voz en cuello. El gobernador se apuró a confirmar la falsedad de esas versiones, aunque efectivamente jugó un importante rol de acercamiento entre las partes, situación en la que logró diferenciarse de la presidente Cristina Kirchner, ante sectores con los que siempre tuvo buena llegada.

Sin novedades bajo el hielo

Habiendo asumido hace poco más de cuatro meses, sin demasiado margen de decisión propia, Scioli ha sabido navegar elegantemente tempranas e importantes crisis de gestión propias y prestadas. En la sólida estructura kirchnerista, el gobernador es todavía uno más y lo seguirá siendo en tanto continúe el consenso mayoritario sobre el gobierno nacional y no se vislumbre un proyecto opositor de peso. Las elecciones importantes, aunque siempre en agenda, transitan aun escenarios en definición.

Los rumores ante cada aparición del gobernador siguen corriendo entre los ultrakirchneristas bonareneses, desconfiados de la buena relación del gobernador con el ex presidente Duhalde y el jefe de gobierno porteño Mauricio Macri quienes, se sabe, apoyan a los productores en sus reclamos contra las retenciones. Cierto es que su nombre se instala entre los protagonistas de todo proyecto opositor o de recambio al kirchnerismo. Se lo vincula tanto al PRO como a Mario Das Neves, al sector del PJ de Eduardo Camaño y Roberto Lavagna o al ex presidente relanzado a la política Eduardo Duhalde, de quien fue ministro de Deportes de la Nación .

Claro está, el kirchnerismo no es el proyecto que más le agrada a Scioli, pero es el que lo depositó en el poder. Las sospechas desde el oficialismo sobre su figura son fundadas. Los opositores a los Kirchner también lo saben y esperan: un resbalón de Cristina colocaría al actual gobernador en posición inmejorable, y eso juega en su favor. Mientras debe comandar el distrito más complejo de país, un desafío abierto e insondable aún para el más pintado.

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