El Niño, la nueva pesadilla para los bolivianos

En Puerto Varadero, miles de damnificados se han instalado en las plataformas de los caminos de tierra apisonada, prácticamente los únicos refugios para ponerse a salvo de las inundaciones que devastan el nordeste amazónico de Bolivia, que se encuentra con el «agua hasta el cuello», según pudo constatar un corresponsal en la zona.

Exaltación Guardia, de 43 años y madre de ocho hijos, es una de los que se han refugiado en el camino que une Puerto Varadero con la ciudad de Trinidad, capital del departamento de Beni, 45% de cuya superficie está este viernes bajo el agua.

Como la gran parte de localidades y comarcas de Beni, Puerto Varadero está inundada por el desborde del rugiente y caudaloso Río Mamoré, que ha cubierto todo y matado miles de cabezas de ganado.

Se calcula que 11.000 reses han perecido en los últimos días en esta región de tradición ganadera y enormes haciendas, donde no se han lamentado pérdidas humanas pese a la dimensión del desastre.

Fortísimos aguaceros castigan desde fines de enero esa provincia boliviana, enclavada en la cuenca del Amazonas -con una superficie territorial de 213.000 km2, tres veces más que Portugal y casi la misma extensión de Ecuador- que todos los años, entre noviembre y febrero, se convierte en un enorme pantano y donde llueve en promedio más de 400 cc al año.

«Estoy aquí, donde usted me ve, con todos mis críos (hijos) hace 12 días y allí (bajo las aguas, señala) estaba mi casa», afirma la campesina Guardia, quien sólo logra avistar parte de lo que fue un techo montado de hojas de Motacú, una especie de la flora del lugar.

Sólo en Trinidad, de 90.000 habitantes, hay casi 20.000 evacuados, reubicados en coliseos deportivos y escuelas que ya no dan abasto. El precario sistema de alcantarillado de Trinidad, a 1.300 km de La Paz y levantada desde el siglo XIX en una verde explanada, ha colapsado haciendo irrespirable el aire en la urbe, donde la temperatura oscila entre los 30 y 35 grados centígrados.

Esta será, apenas bajen las aguas, una fuente de enfermedades que ya comienza a diezmar a la población infantil que hace una semana no va clases y se la pasa en la inmensa piscina de agua de color tierra en la que han devenido las calles de la ciudad.

«Trinidad es una bomba de tiempo por las condiciones sanitarias de esa ciudad», alertó la ministra de Salud, Nila Heredia.

La situación es infinitamente más crítica en las zonas rurales del departamento, cuyas tierras bajas «están con el agua hasta el cuello», graficó el gobernandor Ernesto Suárez, quien se ha dicho impotente para llevar auxilio a decenas de miles que en remotos lugares de la selva están a punto de perecer a merced de las aguas y de epidemias que expanden nubes de mosquitos.

En zonas alejadas de Trinidad, desprovistas de servicios básicos, los lugareños, en su mayoría indios amazónicos pobres, salvan lo poco que pueden de sus pertenencias y en el tejado han tendido literas a la espera del ansiado descenso de las aguas.

Algunos se resisten dejar sus moradas y duermen en los tejados, a escasos centímetros del agua.

Es el caso de Julio Ribero que consiguió salvar a una de sus 10 vaquillas, asirla a una soga y llevarla, a fuerza de músculo y emplazado en un bote, hasta un lugar alto donde pueda pastar, después de varios días de hambruna.

El recorrido a barcaza permite ver los cuerpos hinchados y flotantes de decenas de «tatúes» (chanchos de monte) y armadillos que no alcanzaron a sortear la crecida de las aguas. Las aves de corral tampoco logró escapar.

Desde una avioneta, con la que una delegación de periodistas sobrevoló una parte de la región, se pueden avistar hatos de reses aislados en medio del lago en que se ha convertido Beni, en cuyo aeropuerto aterrizan aviones y helicópteros de Perú, Venezuela, Argentina y Estados Unidos, con ayuda humanitaria.

El vecino distrito de Santa Cruz (este de Bolivia) también castigado por las lluvias vive momentos de similar drama.

La ayuda internacional no alcanza

La situación es tan grave que se aceleraron los pedidos de ayuda. La comunidad internacional volcó sus esfuerzos, aún insuficientes, para socorrer a miles de personas en la provincia de Beni, en la Amazonia de Bolivia, golpeadas sin piedad por el fenómeno climático de «El Niño» que afecta al 90% del territorio boliviano.

Países y organizaciones internacionales comenzaron a apurar su apoyo a este país andino-amazónico que desde hace dos meses sufre las inclemencias del tiempo, principalmente torrenciales aguaceros, que han dejado 35 muertos, 10 desaparecidos y casi medio millón de damnificados, según un informe oficial.

Ocho de las nueve provincias están bajo el agua (en el oriente y Amazonia) y castigadas por heladas (en los Andes de Bolivia) y la región del Beni se ha convertido en la más vapuleada por el efecto climático que después de abatirse durante enero y febrero con inusual dureza comenzará a declinar a mediados de marzo, según un informe de la oficina de Meteorología e Hidrología.

El presidente Evo Morales responsabilizó a los países industrializados del efecto invernadero que ha alterado el clima en el mundo y que, en el caso de Bolivia, es la causa de las tempestades que han inundado dos tercios del país.

Su gobierno realiza denodados esfuerzos para paliar los efectos de ‘El Niño’ que afectó a ocho de nueve departamentos: Beni (nordeste) y Santa Cruz (este) sufren inundaciones; Cochabamba (centro), Chuquisaca (sudeste) y Tarija (sur) aguaceros; y La Paz (oeste), Oruro (sur) y Potosí (sur) heladas y sequías.

El fenómeno de «El Niño» consiste en la elevación de la temperatura normal de las aguas del Pacífico y afecta en especial a Perú y Ecuador en los meses de verano.

Sus efectos convulsionan el medio ambiente de la región con lluvias, desbordes de ríos e inundaciones, y una ola de calor superior en al menos dos grados a las temperaturas normales veraniegas.

En el Beni, provincia ganadera, las inundaciones han afectado a cerca al 50% de su territorio de 213.654 kilómetros cuadrados, con pérdidas de cerca de 17 millones de dólares, informó su gobernador, Ernesto Suárez.

«Los daños por las inundaciones han superado cualquier previsión, no estamos en condiciones de enfrentar los desastres sin ayuda del gobierno central y la cooperación internacional para salir adelante», dijo .

Además de las miles de viviendas destrozadas por las lluvias y kilómetros de carreteras afectadas que han aislado a comunidades rurales, la salud de la población ha comenzado a deteriorarse por infecciones respiratorias, según evaluación del alcalde de Trinidad, capital provincial de Beni, Moisés Shiriqui.

«Sólo en la ciudad de Trinidad (de unos 90.000 habitantes) tenemos unos 13.000 damnificados y hemos evacuado a unos 6.000 a 24 escuelas en zonas altas, pero el resto de la población no quiere salir de sus casas, por cuidar sus pertencencias», afirmó la autoridad.

El presidente argentino Néstor Kirchner ha ordenado el envío de 5 helicópteros, 10 botes de goma y plantas potabilizadoras de agua a BOLIVIA para ayudar a los daminificados.

Venezuela y Perú han enviado a esa ciudad 22 toneladas de provisiones y medicinas, en dos aviones Hércules.

Francia donó 250.000 dólares para el Ministerio de Defensa, mientras que el gobierno de Chile envió a Bolivia 250.000 frazadas y 120 carpas.

El director de Emergencias de Defensa Civil, Gonzalo Lora, indicó que si bien la ayuda internacional ha comenzado a llegar «aun es insuficiente, porque las necesidades son más grandes de lo que se esperaba, principalmente en algunos poblados alejados».

Las Naciones Unidas, que desea ayudar durante seis meses a 350.000 personas afectadas, necesita 9,2 millones de dólares para las víctimas de las inundaciones en Bolivia, anunció este viernes en Ginebra, la portavoz de la Oficina de coordinación de Asuntos humanitarios, Elisabeth Byrs.

La denuncia de Evo

Morales sostuvo que el cambio climático tiene origen en la desobediencia de los países ricos al Protocolo de Kioto, adoptado para frenar el desmedido afán de crecimiento industrial en desmedro de la salud del planeta.

«Hay países que, de manera desmedida, descontrolada, implementan políticas de industrialización y eso afecta al planeta Tierra y esa contaminación del planeta Tierra destroza el medio ambiente y los países pobres tenemos que soportarlo», señaló el gobernante.

Destacó, además, que las consecuencias del desequilibrio ambiental deben ser enfrentadas en Bolivia con escasos recursos económicos y una pobre respuesta de los países ricos.

Añadió que el principio de las catástrofes naturales está en la actividad industrial de las grandes naciones, que contrapuso a la convivencia armónica de los pueblos indígenas del mundo.

Citó al Protocolo de Kioto, de 1997, y recalcó que «el tema de fondo» es el efecto que provocan los países que se niegan a aplicar el convenio internacional adoptado en 1992 para reducir las emisiones de gases causantes del calentamiento global.

El miércoles pasado, la Organización de Naciones Unidas lanzó un llamado de ayuda internacional de emergencia para recaudar 9,2 millones de dólares que se destinarán a planes de contingencia contra los desastres naturales en Bolivia.
Hasta ahora, entre otros, los gobiernos de Cuba, Venezuela, Perú, España, Japón, Italia, Estados Unidos, Argentina, Francia y Chile han respondido a la petición.

De su parte, varias agencias de la ONU, encabezadas por el Programa Mundial de Alimentos (PMA), están movilizadas en apoyo a las autoridades Bolivianas.

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