¡No nos han vencido! Taty, eterna, lo repetía en cada entrevista, en cada acto. La importancia del concepto está centrada en la fuerza de sus palabras, con tanta historia y compromiso reforzando, siempre que pudo, que “me parió mi hijo Alejandro”. La esperanza y el compromiso de esta larga trayectoria de lucha que se sintetiza hoy en la querida Taty Almeida, se abroquela en la memoria que debemos seguir construyendo en este presente tan perverso, tan cruel, tan bestial.
“Todavía no han regresado. Y nosotras debemos cuidar unos pañuelos, blancos como nuestros cabellos, para los amargos días venideros. Sin ustedes a nuestro lado, esos días serán muy tristes”. Es el Indio Solari quien —con esta versión libre de un poema de Li PO— homenajeaba a la lucha de estas mujeres, locas, corajudas, eternas, el reciente 24 de marzo al cumplirse 50 años del golpe cívico, militar y eclesiástico, como decía Taty. Seguramente estarán encontrándose y fundiéndose en un gran abrazo, con Alejandro y con los 30.000 que están ya con ellos. Por ellos lucharon, esparciendo, siempre, la buena onda de reivindicar la militancia, como la manera necesaria e imprescindible de generar participación, con propuestas y lucha por los derechos económicos, sociales, culturales, laborales, para la construcción de un país para todos, un país soberano.
Memoria, Verdad y Justicia. Tres pilares en los que se funda la lucha para que la democracia realmente pueda constituirse en un país para todos. ¡Nuestras queridas viejas! ¡Nuestro querido Indio!
Días tristes y una realidad que nos atraviesa
Adorni es el espejo de lo que vivimos políticamente: corrupción infame del gobierno de los “valores y la moral impoluta”. Humo mediático que lleva semanas —para sostener el circo— mientras el país se desguaza en las mil partes de un remate con el que pretenden que volvamos a ser colonia. ¿Es pura impericia de una manga de improvisados entreguistas? ¿O una estrategia de distracciones para ponernos a hablar de un arribista mediocre y sin escrúpulos, que se encontró con la fortuna del nuevo rico a expensas del Estado, y se creyó tan poderoso e impune como los auténticos poderosos de los que es sirviente?
El resto de los funcionarios hace silencio. Más allá de las internas, siguen sus propios libretos: acuerdos espurios con la justicia, cesión de territorios, mayor endeudamiento, todo vestido con el denigrante ropaje de la entrega. Las inversiones extranjeras (que ingresaron antes de que asuma Milei) se van yendo, las nuevas no llegan y el pueblo, que sí se “desloma”, sueña con encontrar un pendrive, porque de eso depende, ahora, una vida digna. El pendrive es la única política de Estado.
Adorni es la cara mediática de la corrupción. Mas, la paradoja, es que lograron instalar que corruptos son solo los peronistas… Así consolidaron un verdadero “fraude electoral” cuando propusieron eliminar la “casta” —y convencieron con ello a gran parte del electorado que los votó convencido— para meter por la ventana el elenco entreguista de siempre: Caputo, Sturzenegger, los Menem. Desangradores seriales.

El cierre de los ingenios azucareros
Se cumplen 60 años del cierre de los ingenios azucareros por el gobierno de Onganía. El 22 de agosto de 1966 se sancionó el decreto-ley 16926, cuyo primer artículo decía: “Declárase la intervención amplia y total de los ingenios azucareros denominados Bella Vista, Esperanza, La Florida, Lastenia, La Trinidad, Nueva Baviera y Santa Ana, todos ellos situados dentro de los límites de la provincia de Tucumán”. La consecuencia de ese crimen fue que 200.000 provincianos debieron abandonar su tierra, engrosando las villas miserias del Gran Buenos Aires. Un exilio forzado para poder sobrevivir frente a la falta de trabajo. Aquella dictadura favorecía a las élites azucareras en desmedro de las economías regionales sostenidas también por los minifundios, lo que supuso el desmantelamiento de un tercio del aparato agroindustrial y la exclusión compulsiva de la actividad azucarera de miles de cañeros (productores independientes). Golpeaba, además, a la FOTIA, uno de los sindicatos de mayor poder combativo de aquellos años.
Los que se quedaron sufrieron toda la impiadosa violencia de la dictadura. Para que podamos tomar dimensión de lo que significó aquello para nuestra querida provincia: es como si hoy se fueran de nuestra tierra medio millón de personas.
En estos dos años no hubo un decreto: hubo cientos, que surgen, especialmente, del 70/23 que, para decirlo con pocas palabras, ordena la destrucción de nuestro país. Los cientos de miles de industrias, de pymes que se ven forzadas a cerrar por las políticas económicas, el sector de ciencia y técnica (público y privado) destruido, las obras públicas paralizadas, los grandes beneficios del RIGI y el Super RIGI creados a la medida de las multinacionales y las grandes corporaciones, que aun con los mega beneficios que les otorga estas herramientas de la entrega, no terminan de asentarse y crear trabajo, utilizándolos para provecho propio.
Los que iban a demoler el Banco Central lo usan con descaro para sostener la matemática de un proyecto en ruinas, mientras hunden a nuestros jubilados, vacían la Anses, Pami, humillan a las/os discapacitadas/os, destruyen la salud y la educación. Los suicidios aumentaron de manera escalofriante.
Es una crueldad que no habíamos experimentado en democracia. Comer en cuotas y no poder pagar, una clase media que se empobrece cada día más, trabajar y no poder comer ni sostener a la familia, la uberización laboral.
¿Y los gobernadores? Bien gracias. ¿Y el Poder Judicial?, bien gracias, también. Deberían ser una línea de seguridad, de protección, un frente pensante y comprometido, de defensa de la Patria. Sí, de la Patria. Con esa actitud lamentable de “Obediencia Debida”, mandan a diputados y senadores (los mandan, sí, como si fueran suyos y no representantes del pueblo) para que concurran al Congreso de la Nación a entregarlo todo a cambio de nada. Al menos, esto es seguro, nada para los sectores que más lo necesitan. Jueces y fiscales que les dan la espalda a la Constitución y permiten que esto esté ocurriendo
Allí están los primeros responsables de esta maldita realidad. Una dirigencia política entreguista, más la configuración de nuevas subjetividades “creadas” por las redes sociales, conforman este contexto, cuya coyuntura es grave.
Adorni está solo, nadie lo acompaña. Tampoco vemos a la población salir en apoyo a este proyecto destructivo. ¡Son solo ellos! Ellos insisten en profundizar el individualismo, anulando el sentido de pertenencia y de identidad, que se construye con los otros, buscando el aislamiento para poder seguir despojándonos como país con su proyecto de que todo puede ser destruido. Y comienza a profundizarse el enojo entre ellos y eso es peligroso. Como dice Paul Ricœur “el poder persiste mientras los hombres actúan en común; desaparece cuando se dispersan”.
La movilización, los encuentro, los abrazos y el proyecto
Vuelvo a la querida Taty: ¡No nos han vencido!
Somos todos nosotros, que somos mucho más que dos, los que tenemos el poder de la no resignación y luchar juntos, porque de esto también se trata, de no separarnos. Lo vimos en el funeral del Indio, la gente marchó, viajó, se encontró. Lo vimos en el funeral de Taty: se convocaron para estar presentes, para decir aquí estamos, no los olvidaremos. Fue emocionante (lo sigo sintiendo) pasar por “ese balcón” con su pañuelo de Memoria, Verdad y Justicia (que tanto molesta a la justicia perversa y cruel) para que se despidan dos grandes mujeres que dieron y dan su vida por un proyecto de país para todos. Por una Argentina potente y un pueblo con identidad. No esperemos los funerales. Es tiempo de estar juntos.
“En la resistencia está todo el hidalgo valor de la vida”.
