Sofía Rei respira sonidos folklóricos latinoamericanos, jazz, electrónica y música de vanguardia desde el barrio Prospect Lefferts Gardens en el distrito de Brooklyn, en Nueva York. La artista argentina vive en Flatbush Avenue y construye hace años una obra discográfica y escénica de alto vuelto creador. ¿Cuáles fueron sus inspiraciones para su nuevo disco Antónima? “Hace unos años empecé a armar una playlist de artistas contemporáneos latinoamericanos y un día me di cuenta de que eran todas mujeres que toman elementos de raíz, de sus países y en forma más global, y quise convocarlas”.
La artista tenía diez canciones para compartir con ellas entre lo folklórico, lo experimental, los sonidos analógicos y los digitales, y a partir de allí trazó el concepto de Antónima, su séptimo disco en medio de varios proyectos a la par: “El tema que le da nombre, en el que canto con el dúo colombiano Las Áñez, representa a todas estas mujeres con las que yo me siento identificada, ya que han tenido que pelear contra la corriente para ser parte del ecosistema de la industria musical. Cuando terminamos de armar esa canción sentí que habíamos encontrado algo diferente”, cuenta Rei.
En Antónima busca “reivindicar las historias olvidadas de muchas mujeres. En el tema ‘Si una cae’, en el que hablo de Manuelita Sáenz, la compañera de Simón Bolívar, grabé con la portorriqueño-mexicana Mireya Ramos y con el percusionista cubano Pedrito Martínez. Tiene ritmo de cumbia, atravesada por múltiples sonoridades, y dice ‘comandante de huracanes, enemiga de las bestias que fabrican el guión perverso. Así se escribió la historia y así se repite el cuento’, en homenaje a Manuelita Sáenz, que era una mujer que no pedía disculpas. Ella representa a tantas mujeres que han sido borradas de la historia”.

En el disco la acompaña –una vez más– el productor y multiinstrumentista francés-caribeño JC Maillard, “que compuso algunas de las canciones, coprodujo todo el disco e hizo un trabajo genial desde los arreglos y la producción”. Basta abrir el foco para verla en sus diversos proyectos: nominada al Grammy, colaboradora de John Zorn y figura del jazz en cruce a lo étnico, Sofía Rei trabajó con Bobby McFerrin, Marc Ribot y Mike Patton, entre muchos otros, y fue una de las primeras argentinas en participar del Tiny Desk de NPR. Las raíces, para Rei, se proyectan desde sus exploraciones vocales al futuro sin fronteras.
En el tema “El mundo es redondo”, ella canta acompañada de La Charo: “Yo la conocía por Tonolec y me encantaba. Nos encontramos en un festival de España y terminamos grabando juntas en Córdoba. El tema le quedó como anillo al dedo”, celebra. Ese tema se asienta sobre tres coplas, recopiladas por Leda Valladares, que Rei ya había interpretado en Broadway, en un homenaje a Lalo Schifrin con Arturo O’Farrill y su Afro Latin Jazz Orchestra. “Los arreglos de ese medley de coplas los hizo el colombiano Juan Andrés Ospina y en vivo tocaron Leo Genovese, Franco Pina y Juancho Herrera. Para el disco, con JC Maillard trabajamos mucho con armonizadores vocales”.
¿Qué sucede con la canción “Zig Zag”, que Sofía Rei co-compuso y grabó con la cantante de jazz afrocubana Daymé Arocena?
-Arranca con una situación de violencia de pareja y luego atraviesa un momento de sanación espiritual a través de un canto yoruba sobre Oyá, la diosa de las tormentas y del trueno -explica-. Incluimos unos tambores batá y se dio una gran colaboración con Daymé Arocena, que viene del mundo de la rumba afrocubana, en diálogo conmigo, que vengo de la música clásica y de un montón de cosas. Fue espectacular encontrarnos para generar algo nuevo que tiene mucho que ver con las dos a la vez”.

“Nuevas formas y plataformas en las que al fin podés hablar. Nuevos amigos te esperan para abrazar tu identidad. Te exhibiste pensando que se trataba de honestidad. Con pánico al silencio sumás tu ruido a los demás”, entonan Sofía y la cantautora y guitarrista guatemalteca Gaby Moreno en “Rótulo”. “Yo escribí sobre la falsa autenticidad de las redes sociales –dice Rei–, la sensación de que todo necesita estar compartimentalizado y ubicado rápidamente. En las redes sociales no hay tiempo para reflexionar sobre algo un poco más en profundidad. A Gaby Moreno le gustó la canción y fuimos a plasmarla a Los Ángeles”.
En “34 soles negros” grabó con Juana Luna, otra artista argentina radicada en Nueva York que además es miembro de la comunidad criolla de Brooklyn donde comparten encuentros en la Gran Manzana. Luego está el tema “Peter pánico”, en cuyas primeras estrofas dice: “Peter Pan se esconde en tu cuerpo. Cuál será el juego de hoy. Nunca Jamás está lejos de acá, aunque no importa. Seguís creyendo que el mundo igual gira a tu alrededor”. ¿En qué pensó Sofía Rei? “Se refiere a cierta falta de compromiso y de estos chicos que no quieren crecer. Es una canción que tiene cierta melancolía, sobre esa imposibilidad de conectar más en profundidad con otras personas, y ahí toca la trompeta el gran Josh Deutsch”.
Otros que grabaron en Antónima fueron el pianista argentino Leo Genovese – uno de los músicos argentinos de mayor proyección internacional radicados en Nueva York–, y su coterráneo, el baterista Juan Chiavassa. En la canción “Bailando” Rei canta –con voces múltiples– con la norteamericana Xenia Rubinos, de origen cubano y portorriqueño, y juntas dicen: “Cubre sus ojos pa’ que no la vean. Siempre en su mundo con la luna llena. Esconde su cara, flotando la lleva siempre en su mundo, que nadie se atreva”. Y en “Siete lirios” aporta su canto Mariana Baraj: “Mañana por la mañanita la copla despertará, enamorada y eterna, sin pesar ni soledad”.
Umbral, el disco solista anterior de Sofía Rei, había tenido un trabajo distinto: “Fue un álbum más minimalista, desde cierto punto de vista, porque muchas de las canciones se habían basado en composiciones que yo había hecho con un looper, que te restringe las posibilidades armónicas –dice Rei—. En ese sentido, Antónima es un disco de canciones más elaboradas desde las estructuras y desde lo armónico. Cada tema se armó como un pequeño mundo, con el trabajo artesanal de pasarnos horas encontrando el sonido perfecto”. Y concluye: “Acá me involucré mucho más en el proceso de la producción y con los efectos”.

En Antónima “incorporé cosas desde el hip-hop, el neo-soul, el trap, y lo afro-caribeño, no sólo lo sudamericano. Al final todo fue mucho más expansivo y tuvo que ver con tener a distintas colaboradoras. Busqué visibilizar a gente que está haciendo cosas súper originales en nuestro mundo latino, y qué mejor que fueran todas mujeres”. Eso tiene que ver con la propia historia de Sofía Rei: “Desde chica trabajé en coros, en Buenos Aires, y de grande fui miembro fundador de Mycale, un cuarteto internacional a cappella, con sede en Nueva York, con Ayelet Rose Gottlieb, de Israel; Malika Zarra, de Marruecos; y Basya Schechter, de Estados Unidos”.
En septiembre, la artista, se va a reincorporar a sus clases en el Clive Davis Institute of Recorded Music, de la Universidad de Nueva York: “Yo enseño una clase de performance, sobre todo lo que implica subirse al escenario a tocar. Mis estudiantes, en su mayoría, son cantautores y productores. Todos componen su propia música y en esa clase aprenden preparación física, vocal, instrumentos, arreglos en vivo, presencia escénica y repertorio”. También enseña otras cosas: “Hay una clase de teoría musical y otra de entrenamiento auditivo. Y para el instituto armé una clase de nuevas músicas latinoamericanas y otra de improvisación vocal y de live looping. Mis mundos musicales son diversos en Nueva York”.
Fotos gentileza Sofía Rei
Píxel / Revista Zoom
