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Milei está en su peor momento, ¿y el peronismo? 

Mientras algunos indicadores económicos crecen, también aumentan el endeudamiento, la pérdida de poder adquisitivo y el malestar social. En ese escenario, el peronismo enfrenta el desafío de construir una alternativa nueva sin quedar atrapado en el recuerdo del Frente de Todos. Por Demian Verduga

A pesar de los supuestos buenos resultados que en los últimos días habría obtenido el presidente Javier Milei con el crecimiento económico de abril de 2026, el respaldo a su gestión pasa por el peor momento desde que asumió. Es una muestra más de que algunos sectores pueden crecer, el agro y la minería en este caso, y que eso no arrastra al resto de la economía y no llega a la mayoría de la sociedad. Se produce entonces un fenómeno paradojal: los diarios del establishment hablan de crecimiento y al mismo tiempo el grueso de la sociedad percibe que su situación es igual de mala o peor que hace unos meses.

La última encuesta de la consultora Proyección es elocuente. Se realizó durante la primera quincena de mayo sobre casi 2000 casos en todo el país. Al ser consultados sobre su situación económica familiar en los últimos meses, el 55 por ciento respondió que empeoró y un 25% que se mantuvo igual de mal. Un 18% contestó que se preservó igual de bien y un 5,8% que mejoró. Es decir: el 80% de los encuestados tiene una visión muy negativa de su situación económica.

¿Es un resultado extraño? Cualquier persona que observe su propio entorno percibirá que hay un combo imposible de esquivar. Ejemplos: la inflación acumulada desde que asumió Milei es del 300% y el aumento promedio de los salarios fue del 258%. Este es un número grueso que si se desglosa es todavía peor. Hay datos arrolladores. El transporte público en la Ciudad de Buenos Aires aumentó más del 1215% desde que Milei ingresó a la Casa Rosada. El boleto mínimo costaba menos de 60 pesos en diciembre de 2023, parece una cifra de la prehistoria. Ahora sale 753.

La excusa que la derecha suele esgrimir para realizar sus clásicos ajustes, en los que le aumenta los servicios y los impuestos a la población para bajárselos al sector más pudiente, es que “tener un buen servicio cuesta”. Supongamos que sea así. ¿Qué pasó con el servicio de colectivos en la zona del AMBA donde vive el 25% de la población argentina? Las empresas de transporte informaron un recorte en las frecuencias de colectivos del 25 por ciento en promedio. Y señalaron que la cantidad de pasajeros se redujo en dos millones en el último año.

Todas estas cifras son para transformar en dato duro la percepción que tiene cualquier persona en su vida cotidiana. Alguien que tenga algún familiar jubilado, o docente, o pequeño comerciante, o que trabaje en la construcción, sabe que su entorno vive peor cada día que pasa. Empieza a producirse un desencuentro entre la información de algunos medios y la vida diaria. Ocurrió también en los últimos años del gobierno de Carlos Menem y en varios meses de la catastrófica gestión de Fernando de la Rúa. Había noticias que mostraban supuestos éxitos en la baja del riesgo país, en el crecimiento de algún sector dedicado a la extracción de materias primas, en la inflación contenida por el dólar barato y la incapacidad de consumo. Eso convivía con un empobrecimiento generalizado. Son dos trenes que avanzan de frente y en algún momento chocan.

El escenario se completa con otros datos de la encuesta de Proyección, como el endeudamiento familiar. El 64,1% de los consultados respondió que tuvo que pedir dinero prestado de alguna forma, a un familiar, a la tarjeta, a una billetera virtual, para poder llegar a fin de mes.

El frente político

Un interrogante que surge frente al deterioro de la vida material del 80% de los argentinos es cuál es el impacto político. En principio, basado en los datos de Proyección, pareciera que hay un recurso que el presidente Milei ya no podrá utilizar, el de la herencia recibida. Hay que señalar que es un latiguillo que suelen usar todos los gobiernos para darse combustible durante la primera etapa. Milei, con su estilo hiperbólico, lo exprimió al máximo. Habló de una herencia de 100 años. Apostó a que de esa forma cimentaría una paciencia infinita en la sociedad para que se resigne a vivir cada día un poco peor. Parece que no lo logró. La encuesta indica que casi el 50% de los consultados considera que la situación actual es responsabilidad del gobierno de LLA. Y hay un 34% que culpa a la oposición. Milei parece haber reducido su apoyo al núcleo duro del antiperonismo. Ese sector que siempre, pase lo que pase, llueva, truene o nieve, culpará al peronismo de los males de la Argentina.

Hay, sin embargo, algunos indicadores que le dan oxígeno al presidente. Al ser consultados por quién puede mejorar la situación actual, un 36% contestó que considera que es el gobierno nacional y un 34% dijo que la oposición.

La clave de la batalla política que viene está en el 30% que no tuvo una respuesta para esa pregunta. Ese tercio es el que está en disputa. Es el sector al que el peronismo tiene que convencer de que la experiencia del Frente de Todos no se volverá a repetir, señalando que hubo situaciones excepcionales, la pandemia, que hubo grandes errores de construcción política, que faltaron acuerdos claves. De alguna forma debe dar garantías de que eso no sucederá.

En medio de la compleja y por momentos agotadora interna peronista, la posición más nítida sobre este punto —no sobre todos— la tiene el gobernador bonaerense Axel Kicillof. Cuando habla de nuevas canciones otros sectores del peronismo se enojan porque detrás de esa definición ven un supuesto intento de despegarse de la experiencia kirchnerista. Es un error. Las nuevas canciones son para despegarse de la experiencia frentetodista, que fue la última. Para una porción amplia del electorado el kirchnerismo es algo que pasó hace muchos años. Uno de cada cuatro votantes tendrá menos de 30 años cuando lleguen las elecciones de 2027. Son electores para los que el peronismo fue el gobierno presidido por Alberto Fernández. El recuerdo de esos cuatro años es traumático para millones de argentinos. Por supuesto que la pandemia explica en gran medida ese sentimiento, pero aun así no se lo puede esquivar. Si el armado opositor tiene aroma a Frente de Todos será funcional a un nuevo triunfo de la derecha, que suele tener menos problemas para renovar liderazgo. De hecho, Milei pulverizó a Mauricio Macri y siguen siendo parte del mismo bloque político. Los unen los negocios y eso es un lubricante para los conflictos.

Por otra parte, si la construcción opositora se basa sólo en una remembranza de los 12 años de kirchnerismo, el motor será una experiencia que quedó lejana para una porción amplia del electorado. Por eso es que la idea de las nuevas canciones tiene un anclaje bastante realista con la situación política de 2026. Esas nuevas canciones estarán inspiradas sin duda en las melodías que le dieron a la Argentina sus años felices, pero al mismo tiempo tienen que tener un aire refrescante. Esa síntesis es el desafío.

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