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Tucumán en cine y plataformas

El cine, esa máquina de sueños que convierte la fragilidad de la existencia en memoria compartida, tiene un nuevo espacio en Tucumán, y para Tucumán. Por Erika Chávez

En mayo se lanzó oficialmente la plataforma digital de Cine Tucumano: “un lugar para ver, compartir y celebrar nuestro cine local de manera libre y gratuita”.[1] El contenido actual incluye largometrajes, cortometrajes, series, música y videojuegos, disponibles entre 6 a 12 meses. Luego será reemplazado por otras obras elegidas por convocatoria abierta. La idea es que todas las producciones locales cuenten con la posibilidad de una mayor circulación entre el público.

En la plataforma las producciones están divididas en categorías. A mi criterio, el apartado de documentales es, tal vez, el más interesante; no solo porque cuenta con imágenes de archivo de hace más de 50 años aproximadamente, sino también por los diferentes enfoques sobre Tucumán. Entre escuelas, barrios, el restaurante Lisandro de la calle 25 de Mayo, valles, campamentos escolares, vínculos familiares, personajes históricos, los documentales trazan una suerte de cartografía de la provincia y nos brindan otros modos de mirar los espacios que habitamos y frecuentamos y, también, escuchar otras voces que nos enseñan, que nos advierten, y que nos cuentan las diversas memorias no oficiales.

Defender nuestra tierra

Amaicha, imágenes de un pueblo es una producción de 1977 dirigida por Tito Mangini. Un documental que, por medio de imágenes en blanco y negro, acompañadas de una voz en off, nos presenta a Amaicha del Valle y sus habitantes. Se menciona la sabiduría calchaquí (lugar donde aún está viva la historia de América), explica la elección de la Pachamama, la anciana que es elegida para representar a la madre tierra. El documental cierra con la voz afirmando que “hay mucho que aprender de Amaicha”, una especie de invitación a conocer y estudiar el territorio. La memoria retratada en este cortometraje parece incompleta si pensamos en quién posee la palabra realmente para contar su propia historia, el material de archivo fotográfico sin duda es lo más interesante, ver a la comunidad, sus rostros y sus costumbres.

Guardianes de la naturaleza, Historias de una resistencia (2024) es un documental dirigido por Antonella Cardozo Casares. Las personas de los pueblos originarios cuentan su experiencia sobre lo ocurrido en 2023, cuando se aprobó la reforma de la Constitución de la provincia de Jujuy. Las voces de las comunidades defienden la tierra, sus creencias y aprendizajes para proteger el territorio de la explotación desmedida de los recursos naturales en la región. Asimismo, advierten algo más, comprenden y se ven a sí mismos como “ratas de laboratorio”, mientras advierten que el proyecto provincial pronto pasará a ser un plan sistemático a nivel nacional. Aquí es el norte argentino quien advierte al resto del país lo que se viene.

Esta producción se estrena un año después de haber sido aprobada la reforma y trae cuestiones fundamentales a la discusión pública: “¿De qué patria hablan ellos? Cuando están vulnerando los derechos de los ciudadanos provinciales, llámese argentinos”, exclama Sergio Leuño, quien también agrega que por reforma uno supone una mejora, un avance, no un retroceso en los derechos.

Los pueblos originarios se posicionan como guardianes de la naturaleza que poseen un saber ancestral y ven por las generaciones futuras, el relato que impacta es aquel encargo que tienen de sus mayores desde que son solo niños, cuidar el agua para las hijas de sus nietas. Un eterno estado de vigilia, atentos ante lo que va a valer mucho y se les va a quitar: el agua y las tierras. Un hogar sin agua parece un futuro distópico (al estilo Mad Max, algo apocalíptico, ficcional y ajeno), tal vez lejano para la gente de la ciudad. Pero los miembros de las comunidades advierten los peligros reales que se enfrentan con estas reformas: en algún punto nos quedaremos sin nada. Los que trabajan la tierra y viven de ella conocen sus secretos. “Sabemos lo que es arruinar la Pachamama”, dicen y se cuestionan: “¿Por qué viene alguien de afuera a enseñarnos cómo cuidar lo que es nuestro?”. La mirada se presenta como algo fundamental. Los pueblos originarios son señalados como otros, ajenos, se les niega opinar o reclamar sus derechos y su propia tierra, en la que han crecido, la que han aprendido a habitar.

La discusión sobre la tierra y el agua parece una constante en el norte argentino y el cine la instancia final ante la falta de justicia para quienes han sido vulnerados. Como bien lo advirtieron nuestros compañeros de Zoom Rossana Nofal y Carlos Zeta cuando escribieron sobre el último film de Lucrecia Martel, Nuestra Tierra: “Nos empuja a desplazar el punto de vista hacia quienes han habitado y cuidado la tierra mucho antes de la formación de los países modernos. Y nos desafía a repensar la relación entre el territorio, la memoria y el sueño de un claro día de justicia”.[2]

Guardianes de la naturaleza, desde su propio título, deja en claro que los pueblos resisten. Lo demostraron con la marcha multitudinaria que se nombró como el Tercer Malón de la Paz, concentración que los conmueve ya que no se habían organizado previamente. Una reacción de las comunidades que finaliza con la voz de Claudia Farías, campesina del pueblo guaraní: “No es tarde para volver a escucharnos”.

Urdir la nuboselva (2025), dirigido por Ana Daneri, documenta un proyecto que entrelaza el arte, ciencia y comunidad, un modo de sentir y vincularse con el agua como un tejido vital que nos conecta desde diferentes puntos de Tucumán, desde el arroyo de Tafí hasta la ciudad. Se trata de una suerte de creación colectiva, experiencia inmersiva, donde se realizan caminatas, charlas, tejidos con fibras naturales (la totora), aquel tejido que finalmente se brinda como ofrenda en el arroyo, las grabaciones del paisaje sonoro para aprender, conocer y escuchar el arroyo, a la naturaleza. Desde un inicio se establece que en aquel recorrido del agua pasan tantas cosas que, una vez llegado hacia abajo, el arroyo pierde identidad, deja de tener nombre y pasa a ser un canal cualquiera. El proyecto tiene como finalidad resignificar los vínculos de las personas con el arroyo, se entiende que el agua es una historia común entre todos, algo que compartimos, relación permanente con el espacio que se habita.

En Urdir la nuboselva (2025) se reconoce que el cambio no se da de un día para otro y que la relación con el arroyo siempre depende de condiciones socioeconómicas; los vínculos negativos pueden darse debido a las inundaciones. Lo interesante es el tejido, saber ancestral que se transmite y se aprende con otros, ofrecerlo a la naturaleza, cambiar el enfoque y resignificar aquel vínculo con el agua, que por momentos parece roto.

Con este breve recorrido quiero decir que la categoría “Documental” en la plataforma de Cine Tucumano nos ofrece un tejido que entrelaza las memorias, pueblos, comunidades y aprendizajes. Hace que los espectadores fluyan como el agua del arroyo, que una vez que llega a destino, nunca es la misma porque ha sufrido cambios. Nos invita a ser conscientes de nuestro propio territorio y de las responsabilidades que eso conlleva; a reflexionar sobre el manejo de las tierras, el accionar de la justicia, conocer y escuchar atentamente las voces conocedoras de otros. No es tarde para escucharnos, no hay necesidad de aprender de un otro extranjero que pretende enseñarnos el valor de la tierra que habitamos. Los pueblos que resisten, la tierra que da cuenta de la historia viva de América latina, la escucha y se esperanza con otros por un porvenir mejor.

Lejos de ser un simple catálogo testimonial, las producciones tucumanas traen a la discusión temas no resueltos y nos demuestra que el cine puede funcionar como trinchera estética y política, un campo de disputa por las memorias de las comunidades afectadas, una advertencia sobre aquello que se avecina, una práctica de lucha-resistencia ante las injusticias de la historia y los intentos de silenciamiento. Y que también es nuestro.

El cine tucumano anticipa los debates que hoy cruzan el país. Sin ir más lejos, mientras en el Congreso nacional se discutían proyectos de flexibilización y extranjerización —que, aunque sufrieron recortes tácticos para asegurar votos, pretenden facilitar la mercantilización de nuestro patrimonio—, el territorio vuelve a convertirse en una mercancía en disputa. Reflexionar sobre cómo habitamos y defendemos es una urgencia y es una urgencia política. Durante estos últimos años hemos escuchado la palabra reforma que, como bien se menciona en Guardianes de la naturaleza, no se trata de un avance o mejora para la provincia o el país, sino que supone estar ante un nuevo peligro y es el de perder el territorio nacional a manos de otros.

La bandera que se desplegó en el Mundial de Estados Unidos (“Las Malvinas son argentinas”) durante julio, encontró nuevas expresiones en estos días. En las redes sociales aparecieron diferentes banderas, dibujos y símbolos con escritos que refieren a un mismo tema: Nuestra tierra, La patria no se vende, No a la ley de extranjerización. Mensajes que resuenan exactamente con el mismo eco de los documentales que presenté. Una pregunta fundamental atraviesa toda la plataforma: cuando hablamos de nuestro país, de nuestra provincia, del futuro, ¿a qué futuro nos referimos? ¿Qué modelo de patria le estamos legando a las generaciones futuras? Las producciones tucumanas no dejan de recordarnos que la soberanía se práctica y que resistir es un cauce que no se puede detener. Hay que defender lo que es nuestro y nos hace quienes somos: tucumanos, de Tucumán.


[1] https://cinetucumano.com.ar/

[2] https://revistazoom.com.ar/sembrare-las-palabras/ por Rossana Nofal y Carlos Zeta.

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