Los teléfonos celulares suelen ser un semillero de jaquecas. Eso ahora lo sabe en carne propia el consigliere predilecto de la ultraderecha regional, Fernando Cerimedo, porque del suyo fue exhumado un mensaje de audio que él, durante la noche del 13 de agosto pasado, envió desde Bolivia a un abonado de dicho país, al que, simplemente, identifica como ECG. Allí le expresa:
“No le digas a nadie, pero nos vendió la amiga de Enrique. ¿Te acordás de la Nadia? O la eliminamos ya o estamos jodidos…»
Su interlocutor no le contesta. Y él, tras unos minutos, pregunta:
“¿Conoces a alguien que pueda hacer el trabajo?”.
Cuatro días después, a su celular ingresó un texto del tal ECG:
“¡Hermano, en este momento le dispararon!”.
Tal vez, entonces, Cerimedo haya exhalado una bocanada de alivio.
Desde luego que la frase en cuestión no faltaba a la verdad, ya que a las 20:35 de aquel lunes, Nadia Beller fue acribillada a tiros frente al Swiss Hotel, en Santa Cruz de la Sierra, por dos sujetos disfrazados de repartidores.
De modo que semejante noticia le llegó a Cerimedo en tiempo real. Pero no aún su epílogo: las balas –calibre 32– la habían herido levemente, antes de que la moto utilizada por los sicarios no arrancara. Debido a eso tuvieron que robar otra para replegarse. Gajes del oficio.
Sin embargo, lo más inquietante es que ECG fuera, en rigor, el teniente coronel Erik Correa González, nada menos que el mismísimo jefe de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Narcotráfico (FELCN), de Bolivia; un área clave del aparato de Inteligencia en ese país.
¿Acaso el azar lo había convertido en testigo del ataque a esa mujer?
Claro que, por estas horas, las sospechas del fiscal general del Estado, Roger Mariaca, apuntan sobre él. Y por carácter transitivo, se extienden hacia el presidente boliviano, Rodrigo Paz Pereira, quien –dicho sea de paso– es en la actualidad el cliente principal de Cerimedo.
En cuanto a las desavenencias entre Beller y este último –quienes hasta entonces habían sido una feliz pareja– ya corrió un río de tinta. Aunque no así sobre su mar de fondo, donde hay peces gordos, empezando por Paz Pereira.
El presidente protocolar
Este hombre de 59 años, líder del partido Primero la Gente (PG), supo llegar al Palacio Quemado en noviembre del 2025, quebrando así casi dos décadas de gobiernos del Movimiento al Socialismo (MAS), presididos, primero, por Evo Morales y, después, por Luis Arce (sin contar el golpe de Estado que por unos meses, en 2019, convirtió en mandataria de facto a Jeanine Añez).
Lo cierto es que las malas artes de Cerimedo —profusión de fakes, junto al uso intensivo de bots, entre otros trucos— cincelaron ese milagro proselitista.
Desde la asunción de Paz Pereira fue posible constatar que, en todos los actos oficiales, pululaba a su alrededor un tipo enjuto, de pelo largo, barba en candado e indumentaria al estilo “Serpico”. Muy pocos estaban al tanto de sus funciones. Y su pasado no resultaba menos enigmático. Era Correa González.
De hecho, su existencia saltó a la luz tras el ataque contra Beller, a raíz de las comunicaciones que mantuvo con Cerimedo.
Hasta entonces se mantuvo en el anonimato que le confería su oficio de espía profesional, sin que trascendieran sus destinos y misiones.
Pero el contacto por WhatsApp con Cerimedo lo puso al descubierto.
Así fue que, el 25 de agosto, tuvo que declarar ante el fiscal Mariaca. En tal ocasión reconoció haber intercambiado mensajes con Cerimedo el 7 y el 17 de agosto. Según sus dichos, en la segunda de esas comunicaciones, Cerimedo le preguntó si sabía algo de Nadia, puesto que no se podía comunicar con ella. Pero —siempre según Correa González—, le fue imposible ayudarlo, ya que no se encontraba en Santa Cruz de la Sierra. Después se determinó la falsedad de tal afirmación, en la que él también omitió la llamada —realizada ese mismo día— en la cual lo anotició a Cerimedo sobre el ataque a Nadia.
En definitiva, Correa Gozález quedó en el lote de los sospechosos, junto con Cerimedo. Fue una súbita voltereta del destino para ambos.
En el caso del argentino —quien ahora purga una detención preventiva de 180 días en la cárcel de Palmasola— resulta increíble que hasta días antes haya obrado como si fuera el verdadero presidente de Bolivia, impartiendo directivas a Paz Pereira, quien solo ejercía su cargo de manera protocolar.
En el caso del jerarca de la FELCN –quien ahora está en capilla– no deja de sorprender que, hasta ese momento, fuera los ojos y oídos del régimen.
¿Acaso así funciona en Bolivia la actual dialéctica del poder?
Cerimedo quedó solo y espera
Desde su celda, Cerimedo difundió el 30 de agosto un video exculpatorio, en el cual hasta se permite algunos pucheritos.
Es que la Justicia boliviana le arrojó el Código Penal por la cabeza, y no sin involucrar a otros encumbrados personajes.
Así su prontuario fue creciendo como una bola de nieve.
Es que, a su rol en el “feminicidio en grado de tentativa” contra Beller, se le sumó, casi de inmediato, un procesamiento por “enriquecimiento ilícito”.
Después hubo una tercera denuncia penal —radicada en el departamento de Beni— por “tráfico de sustancias controladas” en grado de “confabulación”.
Cabe destacar que, en los próximos días, Beller ampliará sus denuncias contra Cerimedo con dos temas explosivos: la venta ilegal de combustible y el plan para la exportación clandestina de oro a Dubái.
En cuanto al primer asunto, Cerimedo contaría con la complicidad de la primera dama boliviana, María Elena Urquidi. Y que su stock diario supera los dos millones de litros, los cuales son reducidos en el mercado negro a razón de un peso boliviano por litro, con una ganancia de 150 mil dólares diarios.
En cuanto al segundo asunto, ese intento —según Beller— habría sido por 189 kilos de oro. Pero se frustró por la detención, en una escala intermedia, de un cómplice identificado como Adrián Lema, de 22 años, quien tiene un lazo amistoso con Catalina Paz, la hija del presidente. Y fue detenido semanas atrás en el aeropuerto de Viru Viru con cuatro valijas repletas de esa valiosa carga.
Cerimedo y sus cómplices mantenían estas trapisondas en el mayor de los sigilos. Hasta que ocurriera el ataque contra Beller. Y ella, en ese instante, no vaciló en prender el ventilador.
Cerimedo quedó así a la intemperie.
Por lo pronto, Rodrigo Paz se apresuró en despegarse de él no sin una tajante declaración pública:
—Nunca hubo un contrato. Por eso nunca hubo entre nosotros un vínculo directo de trabajo.
De nada le valió su urgencia aclaratoria. Apenas unas horas después, la prensa boliviana difundiría una fotografía de Paz Pereira y Cerimedo durante la reciente cumbre Escudo de las Américas, en la que ambos suscribían un acuerdo con el secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio.
¿Acaso nunca hubo entre Paz Pereira y él un vínculo directo de trabajo?
Pero eso no alteró la calma que impera en el país del altiplano.
Mientras tanto, el bueno de Correa González sigue en funciones.
En cambio, tras los barrotes, Cerimedo quedó solo y espera.
Si su mala racha perdura, ¿abrirá la boca?
