Un chileno le propone a un argentino que vive en Alemania que haga un programa de radio por internet. Son los tiempos de la pandemia mundial del COVID-19. Entre filósofos que arriesgan el colapso del capitalismo y un porvenir venturoso para la humanidad, personas que continúan percibiendo su salario (o una parte de él) pero bajo la estricta consigna de no salir de sus casas, magnates que incrementan sus fortunas y comienzan a imaginar un futuro hogar fuera del planeta y millones que, poniendo en riesgo sus vidas, salen cada día a yugarla por migajas que no alcanzan, se multiplican diversas iniciativas culturales. Es que, entre la depresión de muchos y el entusiasmo de otros tantos, se van encontrando diferentes modos de mitigar tanta incertidumbre. Uno de ellos es el “Salón Berlinés”, un podcast de Radio Bukowski que con el tiempo se transforma en un ciclo semanal de encuentros presenciales. ¿Y si sale bien?
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José Luis Pizzi estudió Arquitectura en La Plata, trabajó en una compañía de seguros en su Río Negro natal, cursó y terminó la carrera de Derecho en la Universidad de Buenos Aires, pasó de alquilar con amigos un departamento en Recoleta a terminar a la intemperie, viviendo por un tiempo en distintos recovecos de las calles porteñas.
Después trabajó como verdulero y como kiosquero. Se recibió. Fue abogado de personas de la Comunidad Homosexual Argentina, luego de que se realizara en nuestro país la primera “Marcha del Orgullo”. Antes de instalarse en Berlín vivió en Madrid, previo paso por algún rincón de Brasil. Durante sus primeros tiempos en Europa trabajó en una inmobiliaria, como vendedor puerta a puerta, y en la administración de un bar, hasta que pudo poner sus papeles en regla y desempeñarse nuevamente como abogado.
Ya instalado en Alemania, además de comenzar a estudiar el idioma local, laburó como parrillero y en la organización de eventos literarios en una librería. La pandemia lo llevó a indagar los territorios virtuales y realizó un podcast y un ciclo de entrevistas a distancia con escritoras y escritores. En septiembre de 2021, cuando la peste comenzaba a quedar atrás, abrió el Salón Berlinés, primero en el barrio de Kreuzberg y luego en Schöneberg, donde funciona hasta la actualidad, en un espacio que antiguamente fue un supermercado y hoy aloja oficinas que se alquilan para distintas tareas laborales.
—¿Cómo se dio todo este recorrido? —pregunto torpemente.
—Si hubiese tenido una familia adinerada, capaz no hacía nada de todo esto —contesta con una sonrisa mientras se acomoda los anteojos.

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Desde que me despierto tengo a Rodolfo Walsh en la cabeza, a su libro Operación Masacre. Es 9 de junio y creo que alguna publicación que vi en redes sociales la noche anterior me quedó resonando en la cabeza: se conmemoran 70 años de los fusilamientos de José León Suárez perpetrados por la dictadura de entonces contra los peronistas insurrectos que buscaban llevar nuevamente a Perón a la Argentina y restituir al peronismo al gobierno tras el golpe de Estado del año anterior. “¿Qué tan lejos de la Residencia de Puerta de Hierro habré estado durante mi estadía en Madrid?”, pienso, mientras admito que nunca se me ocurrió pasar a conocer aquel lugar.
Reviso mi agenda y veo que tengo anotado: “escribir notas, preparar columnas”. Sigo saliendo por teléfono en mis columnas semanales en la radio. Vuelvo a reposar mi mirada en el papel. Leo: “los 30 años de la pueblada de Cutral Có, los 40 de la muerte de Jorge Luis Borges…”. Me digo que estoy harto de las efemérides, pero así y todo intento escribir.
Le pregunto a Orshi, la húngara que nos consiguió el alojamiento en aquella casa comunitaria en el emblemático barrio de Kreuzberg, si puede prestarme su computadora: mi celular apenas funciona y la crisis económica argentina me llevó a descartar la idea de comprar una nueva notebook cuando la que tenía dejó de funcionar y ya no fue posible arreglarla (otra vez). “Solo con voluntad no alcanza”, me dije, luego de luchar un rato largo contra el “ordenador” (como le dicen en Europa a la “compu”): tras varios intentos indagando en la configuración del equipo, consulto a Orshi, quien me intenta aclarar algo del uso de acentos en húngaro que no termino de comprender. Desisto de escribir, tomo apuntes para la columna radial finalmente en mi libreta de papel, esa que llevo a todos lados. Preparo un mate y parto hacia Schöneberg.

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Llego al Salón Berlinés después de un largo recorrido por el barrio, tras una recomendación que brinda una de las integrantes de la casa, una italiana que habla un rudimentario castellano, pero se hace entender. “Es el más queer de esta diversa ciudad”, comenta. No sé si por el horario o porque no recorrí algunos rincones emblemáticos del lugar, pero no entendí el porqué de la referencia al pasear por sus calles. Tampoco fue fácil encontrar un café: surge la inquietud de la procedencia de esta tradición, claramente presente en París, pero bastante ausente en otras ciudades europeas que recorrí. De camino pasé por algunos lugares que me habían aparecido como recomendación en ChatGPT: las calles Akazienstraße y Goltzstraße, el Rudolph-Wilde-Park.
José Luis da la bienvenida con un abrazo y muestras de simpatía y amabilidad. Llego a él a través de Marie Laure, una argentina residente en París que recomendó conocer aquella experiencia y a su mentor. En una barra improvisada por su hija ofrecen unos vasitos de vino y una suerte de facturas rellenas de verduras, carne o queso que, como todo por aquellos pagos, tienen un nombre que me resulta inentendible e imposible de pronunciar.
Charlamos un buen rato con José Luis antes de que comience la actividad de música y poesía. Me cuenta que, si bien perciben desde 2022 un apoyo económico del Senado de Cultura de Berlín para favorecer el diálogo entre hacedores de la cultura de ambas lenguas, la iniciativa se sostiene a fuerza de persistencia y prepotencia de trabajo; que primero funcionaron en el barrio Kreuzberg y que en 2027 dejarán Schöneberg para pasar a funcionar en la parte de atrás de un emblemático bar de la zona de Comenius-Garten (Jardín Comenius), donde vive, y en donde todos los veranos hacen una fiesta. Luego busco en internet y encuentro que esa zona se caracteriza por ser “una de las joyas ocultas más fascinantes del histórico barrio de Rixdorf, en el distrito de Neukölln”, diseñado conceptualmente en torno a la filosofía y las enseñanzas sobre el “ciclo de la vida” de un erudito checo.
Punto de encuentro y debates, de construcción y ampliación de un público, pero también de intimidades, los salones fueron un factor fundamental en la pujanza cultural de esta “ciudad-capital-de-la-literatura” que, durante décadas, se vio atravesada, partida (literalmente) por las disputas político-ideológicas entre capitalismo y socialismo y que hoy es una de las zonas europeas con mayor creatividad artística. Aunque quienes llegamos desde Argentina nos vemos tentados de pensar también en la importancia que los salones literarios tuvieron en la propia historia de la patria, con sus polémicas estéticas y sus disputas políticas. Estoy por comentarle algo de todo esto a José Luis, pero la gente que llega comienza a saludar y el hilo de mis pensamientos se desvanece.
Él también pregunta por mi recorrido (de vida, en general; de ese viaje, en particular). Respondo brevemente y continúo tratando de indagar el suyo.
—Además integro el grupo literario “Los Unbekannte” —dice en un momento— y se apresura en aclarar que son migrantes que escriben en castellano desde Berlín y que están por publicar su cuarto libro.
Luego agrega que está por cerrar Salón Berlinés, Voces argentinas, un libro que compila textos de alrededor de 60 escritoras y escritores de Argentina que en algún momento pasaron por Alemania, o por alguna de las actividades que realizaron en Córdoba y en Buenos Aires, las dos ciudades en donde se presentará próximamente.

—La antología fue pensada por el escritor Juan Carlos Méndez, que compila el libro conmigo y con Iair Kon, otro escritor que también forma parte de la organización de las actividades del Salón.
De Salón Berlinés. Voces argentinas participan algunas personas de renombre internacional que pasaron por el lugar: el crítico Alan Pauls, la archivista y activista Mabel Bellucci, el documentalista Ernesto Ardito, la escritora Fernanda García Lao. Y ya tiene fechas y lugares de presentación en Argentina: el sábado 19 de septiembre, a las 19 horas, en Centro La Puerta de la ciudad de Buenos Aires (Sánchez de Bustamante 549) y el viernes 25, a las 20 horas, en el Espacio Cirulaxia de la ciudad de Córdoba (Pasaje Pérez 12).
Publicado por la editorial Abrazos, el libro cuenta con diseño de portada de Ana Paula Ibáñez y con un retrato de cada autor, de cada autora, realizado por el propio José Luis, quien aclara:
—¡Son todos dibujos míos, eh! Viste que ahora se hace todo con inteligencia artificial, pero yo lo hago para despuntar el vicio nomás, porque me gusta.
