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Qué hacer con las PASO: el debate que abre internas en todos los frentes

Mientras el escenario electoral empieza a ordenarse hacia 2027, oficialismo y peronismo mueven fichas, tensan alianzas y calculan cómo resolver sus propias disputas. Por Demian Verduga

Si la política argentina fuera una nave que está viajando, en este momento estaría transitando justo en la mitad del camino entre la parada de la elección de medio término y la próxima presidencial. Es un punto equidistante que permite ver con mayor perspectiva lo ocurrido en octubre del 2025 y también más cercanía lo que puede pasar en la primavera del 2027. Hay un dato que es central: el presidente Javier Milei no llega a esta instancia del viaje con la fortaleza que parecía tener hace sólo 11 meses. Ese país pintado de violeta que arrojó el resultado de la elección legislativa, con un oficialismo sostenido por el respaldo de la Casa Blanca, es ahora un cuadro descolorido.

El presidente puede festejar que esta semana el índice de inflación arrojó el valor más bajo de los últimos 14 meses, el 1,7 por ciento. El tema es que también se conoció el indicador de actividad industrial. Cayó 5% de junio a julio. Son cifras de catástrofe. Fue la caída más importante de los últimos 16 meses y en el nivel interanual el retroceso fue similar. La inflación baja en parte porque se derrumba el consumo masivo. Las compras en los supermercados retrocedieron 7,7% en los primeros siete meses de este año, según la consultora Scentia.

En este contexto, el “éxito” del dólar estable y el retroceso de la inflación tiene un sabor agridulce para la mayoría de los argentinos. Y esto se refleja en las encuestas. La desaprobación de Milei alcanzó el 58% en el último sondeo de la consultora Atlas Intel. El presidente quedó por detrás de Myriam Bregman, Cristina Fernández, Patricia Bullrich y Axel Kicillof en la medición de imagen de dirigentes políticos de la misma consultora.

Este es el escenario en el que el sistema político argentino debate un punto central de la próxima parada electoral: qué hacer con las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO). La discusión produce divisiones transversales. Hay sectores de la coalición de derecha que gobierno que quisieran sostenerlas y otros que las quieren eliminar. En el peronismo, a pesar del supuesto acuerdo unánime por defenderlas como instrumento para saldar el debate interno, ocurre algo similar. Es una tarea de orfebrería periodística sacarle las capas a esta cebolla.

La carta bajo la manga
En el caso del oficialismo, las posturas son claras. El presidente Milei y su hermana Karina son los principales impulsores de la anulación de las primarias abiertas. Las razones no son muy complejas de entender. Es la clásica especulación de los oficialismos a los que las encuestas les vienen dando mal. Si se suspenden las PASO-piensa Milei-hay más posibilidades de que el peronismo se divida, al no encontrar un mecanismo para resolver la interna por las candidaturas. Si el principal partido opositor va partido a la contienda electoral, la coalición de derecha tiene chances de ganar en primera vuelta arañando el 40% de los votos. Fue la misma apuesta que hizo el peronismo en 2023, cuando ayudó a instalar a Milei por lo bajo para sacarle votos Juntos por el Cambio. El resultado de esa elección mostró que Sergio Massa estuvo a sólo tres puntos de lograr la hazaña. Son un puñado de votos que con un poco más de suerte Milei podría conseguir. ¿Por qué no apostar a lo mismo?

La divergencia dentro de la coalición oficial la encarna Patricia Bullrich. Públicamente se muestra alineada con la reelección del presidente. Dice que ella se guarda para el 2027. Sin embargo, mantiene bajo la manga la carta de postularse el año que viene si Milei sigue derrumbándose en las encuestas. Patricia no está sola en esa aventura. Mauricio Macri —su ex jefe político— tiene una opinión similar. Suspender las PASO obturaría un posible camino de resolución de la interna peronista, pero también bloquea ese camino para la coalición gobernante.

En la derecha —incluyendo al establishment económico— impera la idea de que lo que ahora hace falta para reconstruir una mayoría electoral es un mileísmo con una supuesta sensibilidad social. Si el presidente no acepta dar un paso al costado, aunque las encuestas le indiquen que el rechazo a su figura crece, las primarias abiertas podrían ser vehículo para sacarlo del camino.

A esta especulación por el premio mayor se suma otra de menor envergadura, pero igualmente importante para las estructuras políticas. La amenaza de armar una primaria les sirve a las fuerzas aliadas de Milei para negociar mejores lugares en las listas de diputados, senadores, gobernadores, legisladores provinciales y hasta concejales.

En el peronismo también se consigue
¿Y Boston? Podría preguntar alguien sobre qué ocurre en el peronismo con las PASO. A mediados de agosto hubo una cumbre en el Hotel Emperador en la que estuvieron los gobernadores del PJ que no están alineados con Milei, los jefes de los bloques parlamentarios, además de Sergio Massa, Máximo Kirchner y Axel Kicillof. En ese encuentro-supuestamente-se pactaron varias cosas. Entre ellas se dejó trascender un supuesto acuerdo para defender de las PASO como mecanismo para saldar las tensiones por las candidaturas.

En una época de todo parece ser evanescente, los acuerdos políticos no se escapan. En Chaco, una legisladora del massismo Katia Blanc, votó en contra de realizar las primarias en su provincia. Ese respaldo le sirvió al gobernador radical Leonardo Zdero para suspender las PASO en su terruño. También multiplicó las sospechas sobre si el Frente Renovador, que en este momento es aliado del cristinismo, dijo una cosa en la cumbre del Emperador, pero hace otra en el terreno de juego. La explicación sería la siguiente: Massa apuesta a competir una vez más por la presidencia. Es uno de los posibles candidatos de Cristina para enfrentar al gobernador bonaerense Axel Kicillof. En una primaria abierta, las posibilidades de que el tigrense derrote a Kicillof son muy bajas. En cambio, en una mesa de negociación cerrada, donde lo que cuenta es la capacidad de acumular respaldo de dirigentes y no votos, las chances de Massa crecen, especialmente si cuenta con el respaldo de Cristina, que en principio parece estar dispuesta a apoyar a quien se ponga enfrente de Kicillof.

El axelismo, por el contrario, apuesta todas sus fichas a las primarias para conseguir la renovación que impulsan en el liderazgo del peronismo. Como se dijo al inicio de esta nota, si la política argentina fuera una nave que viaja, el recorrido está en el punto intermedio entre dos estaciones, la contienda legislativa del 2025 y la presidencial del 2027. En esta fase del recorrido, entre otras rarezas, hay una confluencia de sectores peronistas y antiperonistas respecto de qué hacer con las PASO. Es una disputa transversal.

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