El Mundial fue de las plataformas, del espectáculo deportivo, de miles de millones de dólares, de la avanzada africana, pero sigue siendo fútbol, un juego de pelota.
En el Mundial 2026, el seleccionado argentino reafirmó que el fútbol es “la dinámica de lo impensado”, con magia y mística. Protagonizó un camino repleto de sufrimiento y placer. Un grupo de jugadores y cuerpo técnico que se potenció con el correr de los años.
Quedó trunco el deseo de sumar una nueva estrella, pero el subcampeonato de la Selección Nacional se sumó a los cuatro títulos: dos Copa América, un Copa de Campeones Conmebol-UEFA y la Copa Mundial 2022, conseguidos desde que Lionel Scaloni se hizo cargo de la Selección Nacional.
Lionel Messi jugó contra la selección del país en donde se educó, desarrolló y consagró como futbolista, y que tal vez fue el día en que un futbolista único se convirtió en leyenda.
Mundial XL
El Mundial de Fútbol, el acontecimiento deportivo más popular y masivo del planeta, en su vigésima tercera edición, sin proponérselo, permitió que una bandera con la inscripción: “Las Malvinas son argentinas” en las manos de los jugadores en el campo de juego se convirtiera en el mensaje político más concreto visto en el mundo.
Un Mundial XL que duró 39 días, donde compitieron 48 equipos que jugaron 104 partidos; fraccionado en tres países anfitriones en conflicto comercial y fronterizo, en dieciséis sedes y tres inauguraciones con shows americano y sus mascotas: el águila Clutch, en Estados Unidos, el alce Maple, en Canadá y el jaguar Zayu, en México. Nombres que ya se olvidaron.
Un torneo que tuvo cuarenta y cinco cámaras por estadios, de redes sociales, de YouTube, de tiktok, de Instagram, del algoritmo, de la tecnología. De la viralización con selfis y auto videos de simpatizantes en las tribunas festejando un gol. No hay forma de captar o procesar todo lo que sucede en reels infinitos. “Vivimos en una era de vigilancia, velocidad, pantallas, algoritmos, hiperexposición y deseo instantáneo. En este mundo, el fútbol ya no podía seguir siendo el mismo”, sostiene el periodista y escritor chilenos Juan Pablo Meneses en su libro Postfútbol.
Presenciamos un campeonato en donde se analizaron los movimientos de los jugadores, sus desplazamientos y su rendimiento procesando un volumen masivo de información de unos 54.000 terabytes (TB) por encuentro, equivalente a unas 540.000 películas en 4K. Un TB permite guardar alrededor de 250.000 fotos o 500 horas de video en alta definición.
Fue el Mundial del VAR. De la sumisión a la tecnología, que no es neutra, tanto como la IA que no es infalible. Un grupo de tecnólogos manejó las decisiones de juego (ya no se gritan goles, se gritan fallos). Tuvo la aparición del Macht Momentum (impulso del partido) que a través de un análisis deportivo que mide qué equipo está dominando el juego minuto a minuto y qué probabilidades tiene de marcar un gol en el corto plazo y se grafica en pantalla.
También fue el mundial en que se partieron los dos tiempos de juego en otros dos tiempos con la pausa de hidratación de los jugadores con la posibilidad de emitir más publicidad. Cada una de las pausas fueron de tres minutos de extensión. La TV debía mostrar los primeros 20 segundos y los últimos 30 de cada corte. Eso significó que para publicidad se dispusieron 170 segundos por partido. Por esta decisión reglamentaria, se obtuvieron un total de 4 horas, 54 minutos y 10 segundos más de publicidad.
Producto fútbol
El Mundial fue el de los miles de millones de dólares. En 1978, el presidente de la FIFA João Havelange, se propuso hacer del fútbol un producto y también convertir a esa entidad en una multinacional, proyecto que fue creciendo en la presidencia de Joseph Blatter, a pesar del FIFAgate, y continuando hoy con Gianni Infantino. En este mundial se ve claramente que alcanzaron aquellos objetivos en casi cinco décadas.
En el Mundial, los ingresos económicos para la FIFA se alimentaron de tres fuentes principales: los derechos de trasmisión para TV, streaming y plataformas digitales. Los patrocinios, en sus distintas categorías. Están las empresas con “patrocinio global”, que firman por un solo año y pagan por eso entre 65 y 75 millones de dólares. Están los “socios corporativos” que relacionan sus marcar a la FIFA y pagan por eso entre 150 y 250 millones de dólares por cuatro años. Una de ellas es ADI Predictstreet, fundada en marzo de 2026, que pertenece al mercado de predicciones y de apuestas deportiva. Actualmente está siendo investigada en Alemania porque se sospecha que puede utilizarse para blanquear dinero y para el uso de información privilegiada.
La venta de entradas y su reventa también formó parte de los ingresos para la FIFA. En este mundial los precios no estaban determinados, como siempre sucedió, sino fueron “precios dinámicos”, a oferta y demanda y su reventa la manejó a través de su propia app oficial. Así, si una persona quería vender su entrada lo hizo por esa aplicación pagándole el 15 por ciento mientras que el que compraba también le pagaba el mismo porcentaje. Negocio redondo para la FIFA: 30 por ciento más por la entrada que ya había vendido.
El organismo internacional estima un ingreso total de 13.000 millones dólares (más del PBI de dos países participantes: Curazao y Cabo Verde). La cifra oficial se conocerá en 2030, antes del próximo Mundial porque el cierre de su balance se realiza cada cuatro años. Comparativamente: en 1998, en Francia, su ingreso fue de 400 millones de dólares. En Catar fue de 7.500 millones de dólares.
El Mundial fue de los miles de millones de espectadores: 6.760.000 en 104 partidos con un promedio de 65000 espectadores. Esta cifra superó el registro histórico conjunto de Rusia 2018 y Qatar 2022. En cuanto a la cantidad de audiencia entre televisión y plataformas digitales tuvo un alcance de 6.500 millones de personas. Mientras que las visualizaciones digitales sumaron unos 20.000 millones.
Vale un ejemplo. Datacivis es una plataforma que puede leer en tiempo real y a nivel global una palabra, un tema, un personaje, una situación, un evento para saber que narrativa hubo sobre el tema. El partido completo entre Argentina-Egipto, en el mundo, lo vieron lo que se compara con 13 argentinas en simultaneo. Y, por su parte, la conversación y las impresiones en redes alcanzó a 19 argentinas en simultaneo.
Mientras que las impresiones en redes sociales del partido significaron 128 argentinas hablando del tema. Para el tráfico en internet fue la primera vez en la historia que tantas personas usaron la red por un tema.
Cifra histórica
El Mundial fue de los jugadores hijos de emigrantes africanos que representaron a otras selecciones. De las historias de la superación individual, de su épica, de su sacrificio por llegar a una meta. De los 1248 jugadores 289 representaron a una selección que no es del país en que nació. Casi la cuarta parte son afrodescendientes, cifra histórica que se divide entre las selecciones africanas y los jugadores de la diáspora en equipos europeos y americanos. Hasta en la selección de Japón el arquero Zion Susuki es hijo de padre ghanés.
La migración vinculada al futbol tiene un problema político: al mismo tiempo que las potencia endurecen las políticas migratorias, la FIFA encontró la veta para facilitar el traspaso de nacionalidades. Desde 2020 flexibilizó las condiciones para que un jugador se desempeñe en un país que no es el de su origen, permite que los jugadores que solo hayan diputado tres encuentros o menos antes de los 21 años puedan cambiar de camiseta con las condiciones familiares adecuadas.
La diversidad cultural es uno de los conceptos que más promovió la FIFA, sin embargo, en los primeros días del torneo hubo una controversia debido a que periodistas y futbolistas se vieran obligados a abandonar el español durante varias intervenciones con los medios. FIFA debió aceptar que las preguntas se hicieran en ambos idiomas. Pero esta entidad no intervino en ninguna oportunidad en los problemas de visado de distintas delegaciones aduciendo que eran decisiones de cada país organizador.
Así, EEUU no permitió ingresar a Michel Kuka Mboladinga simpatizante de República Democrática del Congo que permanecía absolutamente quieto durante el partido en homenaje a Patrice Lumumba, mártir anticolonialista africano y el primer jefe de Gobierno de ese país luego de independizarse de Bélgica.
Lo mismo sucedió con la delegación de Irán que tenía previsto instalarse en Tucson, Arizona, pero terminó estableciéndose en Tijuana después de que el presidente estadounidense, Donald Trump, afirmara que Irán era libre de participar, aunque no podía garantizar su seguridad.
La rutina iraní durante el torneo fue de dormir y entrenar en Tijuana, cruzar la frontera por la mañana los días de partido y regresar a México por la noche.
La selección iraní fue el primer país en disputar una Copa del Mundo mientras se encuentra en guerra con el anfitrión. El 27 de junio, Irán estaba jugando contra Egipto, en el estadio de Seattle, en el mismo momento en que EEUU bombardeaba la ciudad de Teherán. Al retirarse del vestuario, los jugadores dejaron una nota: “Para nosotros, el fútbol no son solo resultados, sino una prueba de carácter. Un equipo puede clasificarse, pero solo con integridad y honor se permanece erguido ante la historia”. Irán finalizó el torneo sin una sola derrota.
Premios millonarios
La FIFA repartió 727 millones de dólares, una cifra récord que representa un aumento del 50 por ciento respecto de Qatar 2022, de los cuales se destinaron 655 millones de dólares en premios deportivos. El campeón del torneo recibió 50 millones de dólares, mientras que el subcampeón embolsó 33 millones. El tercer puesto obtuvo 29 millones y el cuarto, 27 millones.
Los equipos que finalizaron entre el quinto y el octavo lugar cobraron 19 millones de dólares, mientras que los ubicados del noveno al decimosexto puesto recibireron 15 millones. A partir de allí, quienes terminaron entre el 17° y el 32° lugar obtuvieron 11 millones y las selecciones que quedaron del 33° al 48° puesto cobraron 9 millones de dólares.
Además, cada selección recibió un millón y medio de dólares adicionales para cubrir gastos de preparación, lo que garantizó un ingreso mínimo de 10 millones y medio de dólares a cada equipo, incluso para aquellos que no superen la fase inicial del torneo.
También la FIFA repartió 250 millones a los clubes que cedieron a futbolistas. Para dicha circunstancia pagó 5.000 dólares diarios por cada convocado. Así un club que cedió a un jugador y llegó a la final, por ejemplo, que estuvo 50 días concentrado, aproximadamente, lo compensó con 250.000 dólares.
El fútbol XXL
La multinacional FIFA apuesta a mayor fragmentación, ya dispuso que el Mundial 2030 se disputará en Uruguay, Paraguay y Argentina y en España, Portugal y Marruecos. Uruguay albergará el primer partido para celebrar los cien años del primer certamen, que fue ganado por la selección de Uruguay en 1930. Podrá tener 64 selecciones, 16 más que este Mundial y los seis países anfitriones obtendrán la clasificación automática al torneo.
Otra novedad que ampliará la oferta del negocio: entre los espectadores se encontrarán miles de millones de las primitivas generaciones nativas digitales y que tendrán la primera oferta masiva de contenidos en plataformas educados por fuera de los medios tradicionales.
Mientras tanto, démosle al fútbol el lugar de juego que se merece: países en conflictos y sufrientes, se alivian con los goles de sus equipos. Por eso escuchemos a Messi, que después del partido contra Inglaterra, destacó el orgullo que tenía por regalarle alegría al país porque “hay gente que no tiene trabajo, que no llega a fin de mes”. Es cierto, pero la Argentina puede ser más feliz, más allá de un partido de fútbol.
