El ensayista y escritor italiano Antonio Scurati acaba de publicar en castellano el último volumen de su monumental pentalogía sobre Benito Mussolini, el creador del fascismo y dictador italiano. Este tomo abarca desde la caída del régimen, a partir del desembarco de los Aliados en Italia, hasta la ejecución del Duce y sus principales colaboradores a manos de los partisanos en 1945. La imagen de sus cuerpos colgando de una estación de servicio en Milán es probablemente de las más conocidas sobre la época, pero bastante menos lo son -y eso que las hubo- las bestialidades perpetradas por los camisas negras y escuadristas en aquellos años. Si pensamos las cosas de esta manera, cobran mucho más sentido los primeros párrafos con los que el escritor italiano presenta M. El fin y el principio: “Hoy, más que cuando di comienzo a este relato, un número consistente y creciente de italianos, europeos y estadounidenses tienden a ignorar, a negar e incluso a añorar esta terrible historia. De esta manera, se preparan para repetirla bajo nuevas formas. Hoy, más que nunca, se hace necesario seguir contándola. Asumir la responsabilidad. Frente al pasado, al presente y, por encima de todo, al futuro”.
¿Sobre qué escribe Antonio Scurati? ¿Sobre el pasado, sobre el presente, sobre el futuro? Quizás, en realidad, su principal tema sea el de la responsabilidad: qué hacer frente al auge de la barbarie, la brutalidad y la intolerancia con la que hoy convivimos. De allí que su increíble trabajo de escritura es tanto un libro sobre el fascismo y sus condiciones de expansión y posibilidad como, página a página, una interpelación cívica y política.
Solo una cruzada histórica y literaria de esa magnitud explica el esfuerzo que implican los cinco tomos de M, para los que el novelista empezó a trabajar en 2010 (y publicó a partir del 2018). Quería narrar el auge y la caída de Benito Mussolini a través de un innovador género que él mismo denomina «novela documental». La obra, que abarca desde 1919 hasta 1945, combina una narración inmersiva con documentos históricos de la época, y logra un retrato perturbador y riguroso del dictador y la Italia que lo sostuvo. La saga se convirtió en un fenómeno literario mundial, y fue adaptada a una aclamada serie de televisión.
El primer volumen, M. El hijo del siglo (2018) abarca el período de 1919 a 1925, y ganó el Premio Strega 2019. Arranca con la fundación de los Fasci Italiani di Combattimiento, y sigue el ascenso de Mussolini, desde su expulsión del Partido Socialista hasta su discurso del 3 de enero de 1925, momento en que, tras el asesinato del diputado Giacomo Matteotti, asume la dictadura. Luego, M. El hombre de la providencia explora la consolidación del poder de «Il Duce» (1925-1932). El autor narra cómo Mussolini transforma Italia en un Estado totalitario, abordando episodios como el afianzamiento del partido único, la propaganda de culto a la personalidad y las guerras coloniales en África. En M. Los últimos días de Europa (1936-1940) Scurati muestra cómo Mussolini cae fatalmente en la alianza mortal con la Alemania nazi y sus consecuencias. Cuenta el encuentro entre Mussolini y Hitler, la imposición de las leyes raciales en Italia (1938) y la firma del Pacto de Acero, que condujo directamente a la Segunda Guerra Mundial. Todo es tinieblas, sensación que se acentúa en la cuarta entrega, M. La hora del destino, que se ocupa del fracaso militar de Italia en sus proyectos de expansión, dejándola exhausta y humillada ante su aliado y con Mussolini convertido en títere de Hitler. La novela culmina con la caída del régimen en julio de 1943.
En la quinta entrega el ensayista elige la materia prima del pasado para hablar del futuro, para preguntarnos a los lectores qué haremos. La excusa: los últimos 600 días de Mussolini, desde la República de Saló (el régimen títere en el norte de Italia) hasta su captura y ejecución en abril de 1945.
Es una obra abrumadora por la erudición, que se lee como una novela policial, el mejor exponente de las potencialidades del maridaje entre la Historia y la Literatura. En este último tomo, la calidad literaria de Scurati deja momentos perturbadores. Por ejemplo, al describir la llegada de los nazis a Milán: “Estos combatientes de la más renombrada división de las SS han tardado diez horas en alcanzar su nuevo objetivo, pero en verdad, llevan diez años de marcha. Marchan sin pausa desde marzo de 1933, cuando se formó esta unidad como núcleo de la guardia personal de Adolf Hitler. Para entrar en Milán, no han tenido que disparar ni un solo tiro, pero no han hecho más que disparar desde junio de 1934, cuando exterminaron a sus hermanos rivales de las SA durante la Noche de los Cuchillos Largos (…) Son profesionales de la violencia a gran escala, perros de guerra, habituales autores de masacres”. Es una época la que termina, pero cuánto de ella quedará en la que se abre: “No vienen de Piacenza los eternos soldados de Hitler; vienen de una era de tinieblas, de las profundidades animales de la especie humana”.

Esa capacidad para pintar personajes y momentos y a la vez transmitir la idea de que el pasado es algo vivo es una de las características que vuelve atrapante la escritura de Scurati. El 23 de marzo de 1919 “el futuro Duce no tenía aquel día nada tras de sí, y ante él tan solo un puñado de hombres delirantes y demacrados sentados sobre un sagrado montón de muertos (…) Eran los facinerosos, los desplazados, los delincuentes, los desilusionados, los resentidos, los traicionados, los fanáticos incapaces de ver con claridad sus propias ideas, los supervivientes que, creyéndose héroes abocados a la muerto, confundían una sífilis mal curada con una cita con el siglo.” Y así, ahora que están derrotados, “esos hombres serán despiadados porque ya han sido derrotados, vagarán por la tierra sembrando muerte porque ya están muertos, son cadáveres insepultos, son los perros negros del mito”.
Scurati no elude cuestiones incómodas de estos tiempos, como la de la violencia instrumental. Nos muestra a los resistentes y los oprimidos, que discuten qué harán con Mussolini, y escribe: “para esos miles de trabajadores en lucha, y para otros muchos millones en toda Europa, su muerte significa que aún hay esperanza de vida en el planeta Tierra”.
De ese choque de fuerzas, en el caldo aún bullente de las heridas que dejó el fascismo, de las esperanzas que llevaron a enfrentarlo, surgió la democracia italiana. Scurati habla imaginariamente con los testigos de la muerte de Mussolini, colgado para el escarnio: “Cortaréis esa soga. La cortaréis, y en el golpe sordo del cráneo afeitado, de la poderosa mandíbula sobre los adoquines de la plaza milanesa, oiréis el tañido del futuro. Ha terminado una era, ha empezado otra. Guerra, dictadura, paz, democracia. Suspiraréis, brindaréis por los amigos perdidos, por el futuro (…) Cortaréis la soga, juraréis y perjuraréis, y sin embargo, jamás podréis perdonaros. Vuestra república nace aquí, en esta plaza, fundada sobre este cadáver colgado de un gancho de carnicero”.
El quinto libro de Scurati habla del pasado, y sin embargo, funciona como advertencia frente a la pereza intelectual y la ingenuidad que no honra el sacrificio de millones. Que con la mejor de las intenciones, pisotea las esperanzas de quienes enfrentaron al fascismo.
Su dedicatoria es: “A todos los que aún creen en la democracia. Que se preparen para luchar”.
¿Qué quiere decir? ¿Qué nos pide? Scurati impresiona porque habla de luchar, en una época en la que parecería que solo las distintas derechas tienen proyectos colectivos. Es firme y tajante. Y nos obliga a preguntarnos: ¿qué significa luchar? Así, el libro de Scurati es anacrónico en dos sentidos. Primero, por la actualidad del tema que trae al presente, y asumiendo que el fascismo no está de regreso, sino que nunca se fue.
Pero sobre todo, por las preguntas que nos obliga a hacernos acerca de la revolución y de la acción colectiva. Si este presente hostil, individualista y reaccionario no nos deja vivir en paz, no se trata solamente de enfrentarlo, sino de luchar, como escribe Scurati, por una alternativa.
Píxel / Revista Zoom
