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Las paradojas de Peter Thiel

Un recorrido incómodo por las ideas, negocios y contradicciones de Peter Thiel. La promesa de libertad se cruza con el control, y la tecnología deja de ser herramienta para convertirse en poder. Por Eric Calcagno

Parece que Peter Thiel está en lo que queda de Argentina. Que no es mucho, habida cuenta de nuestra historia. Pero que tampoco es tan poco como quisiera el régimen de Milei, empeñado en empequeñecernos. Quizás por eso Peter Thiel está aquí.

Lo menos que podemos decir de este germano-norteamericano criado en Sudáfrica es que cultiva y practica el arte de la paradoja. El problema es que no lo sabe. Hace poco The Economist publicó una nota sobre “la evolución de Mr. Thiel”. Es así como recuerda a un Peter Thiel de 2007 enojadísimo porque un sitio web de mucho chisme y poca política como Gawker Media publica que Thiel es gay. ¿Cómo? Si Peter, que estudió en Stanford, domina el ajedrez, especuló con éxito en Wall Street, creó PayPal con Elon Musk, financió a Facebook, ¿es víctima de tal noticia? Así que Thiel esperó y financió al luchador y actor Hulk Hogan en la demanda realizada en 2012 por la filtración de un video íntimo, lo que llevó a la quiebra a Gawker Media. Cuando le preguntaron sobre el hecho, Peter dijo que no era censura, sino una advertencia. Vaya a saber qué es peor. Es que para Thiel no es posible andar por ahí con información de la vida personal de ricos y famosos, ya que en general en Estados Unidos se los suele confundir con políticos. Vaya paradoja, para el estudiante de Stanford que denunciaba en una publicación estudiantil de extrema derecha quiénes eran los profesores sospechosos de marxismo. Que como sabemos, es una secta satánica. También mandó un acólito a gritarle “¡Puto! ¡Puto!” “¡Ojalá te mueras de SIDA!” a un profesor homosexual. “Fue para testear la libertad de expresión”, adujo. En la convención republicana de 2018 Peter Thiel afirmará con orgullo la condición de gay. Eso queda muy woke para un fascista. Paradojas… Quizás lo que le molestaba no era la “noticia”, sino que alguien supiera algo de él, sin que él lo supiera. Una curiosa y justificada preservación de la vida privada, para alguien que ganará miles de millones de dólares gracias a la violación de la vida privada de los demás, que demasiadas veces los dejó también privados de país, sociedad, casa, familia y vida.

Otro medio especializado en finanzas, como Bloomberg, recuerda los tiempos del inicio. “Esquiva las reglas, evade la ley, apuñala a tu socio, traiciona a tus amigos” son las características de lo que se conoció en Silicon Valley como las reglas de la “mafia de PayPal”. Ya sabíamos que los mafiosos tienen códigos, nos lo dijeron. El código es no tener códigos. Arbitrariedad es autoridad. ¡Marche otra paradoja! Quizás inspirada por Girard, uno de los profesores del joven y bullineado estudiante Thiel, cuando le advirtió que no basta con creer en algo, sino que es más importante que algunos demás crean en lo que uno dice. Así lo confirma Bloomberg. Los creyentes en Thiel creen que el progreso técnico “debe avanzar sin cesar, con poco cuidado por los costos sociales o los peligros que pueda ocasionar”. Es la Trinidad “Tecno-Libertaria” de Thiel: “progreso tecnológico es mayor libertad individual, es avance científico e incluso salvación eterna”.

Pero estamos en el jardín digital de las paradojas que no se bifurcan. En el Edén de Thiel no es necesario esperar a la muerte para alcanzar la salvación. Es posible salvarse de la muerte aquí y ahora, sólo basta evitarla gracias a cambiar la sangre vieja de las venas por sangre nueva, obtener trasplantes y aplicar tecnología. De allí la relación con Jeffrey Epstein, aunque digamos que Peter Thiel estaba más interesado en los consejos financieros del estafador, así como en las experiencias realizadas en el rancho de Nuevo México, mucho más que en las delicias pedófilas de la Isla St. James. ¿Elige tu propio delito?

“Hoy, la autopreservación nos obliga a todos a mirar el mundo con otros ojos, a tener ideas nuevas e innovadoras, y así despertar de ese largo período de letargo intelectual y hecho de olvido que tan engañosamente se denomina Ilustración”. Este es el fondo de la cuestión. Por supuesto, Peter Thiel tiene una versión muy optimista del siglo XVIII. Sí, es el tiempo de la enciclopedia de Diderot y D’Alambert, que pone el saber general a disposición de todos, los que puedan pagarla. También el siglo XVIII es el auge de los monarcas absolutos y también la discusión del contrato social; es la guerra de independencia de Estados Unidos y el auge del tráfico de esclavos; es la Revolución Francesa y también el etnocentrismo; es el pueblo en armas y la guillotina sobre simple denuncia. ¡Vaya sombras que tuvo el Siglo de las Luces! La propuesta de Thiel es conservar lo absoluto, el dinero, la esclavitud, el etnocentrismo y la muerte para dejar de lado todo lo demás. Autopreservación, lo llama. ¿Para quiénes? Bueno, no para las mujeres, que deben dejar esa costumbre de votar. Aunque luego dice que igual el sufragio no sirve para mejorar nada. Así lo escribe Thiel para el “Cato Institute”. Y ni siquiera necesitó desentender el teorema de Arrow. Es que a Peter no sólo le interesa ganar dinero, que le sobra, sino tener razón, que no entiende. Así comete conferencias donde está prohibido reproducir cualquier cosa que diga Thiel, en un extraño pero consecuente ejercicio de la libertad de expresión. ¿Alguien dijo paradoja?

Al menos si le creemos al The Guardian, que igual logró reconstituir el mensaje de Peter Thiel en esas juntadas que logró llevar hasta la Academia Francesa (la que está cruzando el Pont des Arts). Hábleme usted de decadencia. Allí es donde Peter se confiesa, y mezcla a Thomas Hobbes el contractualista con Saurón el del Señor de los Anillos; Leo Strauss anuncia los tiempos de la hegemonía norteamericana con la seguridad del Apocalipsis bíblico; sobran las citas de comics mezcladas con Carl Schmitt. Y hay juegos de video, obvio.

En síntesis, es un delirio conceptual hecho con suficientes palabras difíciles para que quienes lo escuchan se sientan inteligentes. Pero sobre todo surjan deseos de comprar los excelentes, infalibles y precisos productos que vende ¡¡¡Peter Thiel!!! Hay uno para cada demanda. ¿Empresa privada que quiere mejorar ventas? Tenemos el perfil de cada consumidor para usted. ¿Privacidad? ¡Te la debo! ¿Quiere usted controlar la sociedad civil? Thiel provee a la migra yanqui (ICE) de la información necesaria. Hoy cazamos inmigrantes, mañana identificamos disidentes. Es que gobernar es prever. También podemos cruzar una cantidad de datos inimaginable sobre quien sea, donde sea, cuando sea: convertimos en información para que ninguna bomba sea malgastada. Consulte en Gaza. En Irán. O en el Líbano. ¡Hasta puede elegir el momento! “Papá está en casa” es uno de nuestros mejores productos, que además reúne a las familias para siempre. A menos que prefiera coordinar la logística de producción militar con la entrega al cliente -en tu cara, Amazon- con el control de aviones, misiles y drones que permitan el mejor despliegue costo/efectivo en tropas, tanques y robots. Esas escuelas, universidades y hospitales no se destruirán solos. Presione la opción deseada. Hay civilizaciones superiores. Sólo hay que oprimir. Por eso Peter Thiel entendió que las ganancias no vienen de la libre competencia en el mercado, o tal cosa, sino del monopolio de contratos que puedan obtenerse del Pentágono. Es el concepto del “monopolio creativo”. Vaya pues, otra paradoja más.

En síntesis, el Siglo de las Sombras que nos promete Peter Thiel reniega de la modernidad, pues “la democracia es incompatible con la libertad”. A confesión de parte relevo de lectura. Por supuesto que no es posmoderno, ese dulce tiempo donde ya no valieron los valores y cada cual podía ser lo que quisiera. Peter Thiel es antimoderno. Los pilares de este nuevo credo son: “haz a los demás lo que no quieran que te hagan a ti mismo”; “odia a tu prójimo como quieres que amen a ti”; “si yo no hago, otro lo hará”. Aquí hay valores. Sobre todo hay Bolsa de Valores. Para Thiel, la técnica infalible que él maneja permitirá terminar con la política, que duda demasiado y pone en riesgo a los fundamentos de occidente. Pero a diferencia de los competidores, Thiel de Palantir ofrece una visión del mundo: hay que combatir el anticristo. ¿O él es el nuevo Cristo? ¿O es el necesario anticristo? Para The Guardian, Peter se cree “el individuo que despejará a los individuos; el filósofo que terminará con todos los filósofos; el César que terminará con todos los gobernantes; la persona que entiende todos los secretos”. Como paradoja final, quizás el lema de Thiel sea que no se trata de interpretar el mundo, ni de transformarlo, sino que el objetivo es destruirlo.

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