INICIOS. Al igual que su hermano Federico, pero dos años después, Therese Elisabeth Alexandra Nietzsche nació en la villa de Röcken, en Sajonia, en 1846. Ambos, hijos de un ama de casa y un clérigo de la Iglesia luterana, tuvieron también un hermano menor que moriría a poco de nacer. Poco tiempo después, el pastor luterano abandonó este mundo, dejando a la viuda en una situación incómoda, subsanada en parte por la mudanza a la casa de la suegra, donde vivieron con ella y las hermanas solteronas del padre. A pesar de ser dos años más chica, Elisabeth puso un énfasis llamativo en el cuidado de su hermano, motivada tal vez por las constantes enfermedades infantiles que Federico contraía, más allá del cuidado prodigado en ese universo de mujeres puesto a disposición del único varón de la casa.
Aún faltaban muchos años para que Elisabeth publicara un extenso artículo en la revista Die Zukunft, cuyo editor y fundador de origen judío era Maximilian Harden. La nota, titulada La Enfermedad de Federico Nietzsche, fue publicada en enero de 1900, meses antes de la muerte de Federico. En la misma hace una descripción contraria a la realidad y crea un niño fortachón y saludable: “Desde su nacimiento, mi hermano fue un niño extraordinariamente fuerte, con un color de piel sano y moreno, y mejillas sonrosadas. Él afirmaba siempre que durante toda su infancia había tenido el aspecto de un joven granjero: regordete, moreno y rubicundo”. Proclive a tergiversar y modificar la realidad, esa expansión de vitalidad también la extiende a toda su familia y, en la misma obra, escribe: “Nuestra madre era de una elegancia, fuerza y frescura corporal maravillosa, y nuestro padre había sido un hombre sano, algo que parece que se olvida a causa de su muerte prematura y la enfermedad del último año de vida”. A consecuencia de su miopía, se cayó rodando por los siete escalones de piedra que daban hacia el patio empedrado y murió a los once meses de una conmoción cerebral.
Lo cierto es que, una vez pasada la adolescencia y ya entrando en las edades casamenteras de la época, los caminos de los hermanos Nietzsche se bifurcan. Federico deja de frecuentar a Wagner, pródigo en melodías musicales y también en virulentos discursos antisemitas. Aunque el músico será importante en una determinación tomada por Elisabeth al casarse con Bernhard Förster, un profesor de escuela secundaria que promovía activamente la Petición Antisemita, en la cual se solicitaba al canciller Bismarck la expulsión de los judíos del territorio alemán. Esa iniciativa, llevada adelante como líder de la Liga del Pueblo Alemán, una organización proto-nazi de la cual era fundador, hizo que Förster perdiera su puesto de docente en Berlín.
Esa militancia activa llevada adelante por su hermana y su cuñado, y alentada por Wagner, llevó al filósofo a distanciarse de los tres. El petitorio no fue tenido en cuenta, aunque el antisemitismo fue creciendo socialmente, alentado por los pogromos que sucedían con virulencia en la Rusia de los zares y en la vecina Polonia. Desalentados por el fracaso de la petición, por un lado, pero alentados por un libelo escrito por el mismo Wagner, por otro, en 1887, a dos años de haber contraído matrimonio, parten desde el puerto de Hamburgo junto a 14 familias a las que lograron entusiasmar para fundar la colonia Nueva Germania, una utopía de sociedad de arios puros a establecerse en el medio de la selva paraguaya, con el fin de escapar de la contaminación judaica que invadía Europa.
PARAGUAY. El país llevaba poco más de diez años de finalizada la devastadora Guerra de la Triple Alianza, donde gran parte de la población masculina fue diezmada por los ejércitos invasores. La crisis demográfica debía superarse, al igual que la económica. A instancias del general Patricio Escobar, por entonces presidente de la República y al frente de la reconstrucción, se abrieron las puertas de la inmigración. Lo misterioso de todo esto es por qué tanto Elisabeth como Bernhard eligieron un lugar tan remoto, con un clima caluroso completamente diferente al de su lugar de origen y del cual desconocían todo. Si el motivo era alejarse de la “contaminación semita” que invadía Europa, tal como lo pregonaba Wagner en su texto, había lugares quizás más cercanos y menos hostiles. Sin embargo, los dados ya estaban echados o las cartas jugadas.
El lugar elegido se encontraba a unos 300 kilómetros de Asunción, a la vera del río Aguaray-Guazú y cercano al pueblo de San Bernardino, donde sí existía ya una colonia alemana, pero ajena totalmente a los propósitos del matrimonio Förster-Nietzsche. Si bien el proyecto de establecer la colonia fue presentado en tiempos en que la presidencia era ejercida por Bernardino Caballero, la concreción y desarrollo de la misma se llevó adelante durante el gobierno de Patricio Escobar, quien les arrendó las tierras. Las rarezas de la situación comenzaron a aflorar desde el momento en el cual todos pusieron los pies en el lugar: ninguno de los integrantes de aquel grupo comulgaba ciertamente con las ideas de los estrafalarios promotores de la alocada iniciativa comunitaria. Por otro lado, ninguno jamás había trabajado la tierra y provenían de familias de comerciantes y docentes de pequeños pueblos rurales, a los cuales, sin embargo, el trabajo agrícola les era ajeno. Si algo faltaba para acrecentar las penurias, a esa carencia total de experiencia se sumaba la pobreza de la tierra elegida, donde ningún cultivo prosperaba por más esfuerzos que se hicieran.
Muy pronto las divergencias comenzaron a aflorar. Escobar le prometió a Förster donar las tierras si lograba atraer a 140 familias de nuevos colonos. Ni lento ni perezoso, el ex profesor comenzó a vender parcelas en Alemania, pero con escaso éxito, por lo cual decidió vender las que eran arrendadas a los colonos. Conociendo el origen de las mismas, la mayoría se negó a comprar algo que no le pertenecía al vendedor. Las situaciones se tensaban día a día. Por otra parte, tanto Förster como Elisabeth, quienes se presentaban como los administradores, ni siquiera vivían en la colonia, sino en una casa en San Bernardino, donde se daban una vida de lujos y placeres inauditos para tales circunstancias. Además, tenían empleados como servidumbre a dos matrimonios de colonos. Las acusaciones de estafa comenzaron a caer sobre el ex profesor. Acuciados por las deudas, Elisabeth le escribió a su hermano para pedirle un préstamo de 4500 marcos, que sabemos nunca fue enviado, salvo unos exiguos 300 marcos. Por ese entonces, Förster bebía ginebra por las tardes sentado en una reposera. Desde la galería de la residencia suntuosa que había logrado construir miraba la espesura selvática, por donde su sueño supremacista se escabullía entre los sonidos silvestres y desconocidos para su oído europeo. Agobiado por el peso de la nada y las acusaciones de estafa, una tarde mezcló cianuro y estricnina con el alcohol y se despidió del mundo, abandonando así su utopía infernal y dejándole, de ese modo, el problema a los otros. Para salvar el honor, Elisabeth falsificó el certificado de defunción y, en lugar de suicidio, la muerte declarada fue la de paro cardíaco.
ELISABETH. En 1889, la viuda, quien se había convertido en Elisabeth Förster-Nietzsche, regresó a Alemania. Su hermano ya había perdido la razón y una parálisis progresiva atenazaba sus movimientos a consecuencia de la sífilis. Ante esa cruda contingencia, Elisabeth decidió cuidarlo como en la infancia lejana, al tiempo que escribió un libro en el cual narraba la experiencia de la utopía aria en territorios guaraníes. En 1892 regresó a Nueva Germania, vendió la casa suntuosa que logró construir y habitar con Förster y algunas parcelas que habían sido reservadas para Federico, renuente a tan descabellado despropósito. Todo ese trámite le llevó tres años en cumplimentarlo. Cuando abandonó Paraguay, un 15 de enero de 1895, y ya para siempre, escribió: “Otra gran causa ocupará desde ahora en adelante todo mi tiempo y todas mis fuerzas: el cuidado de mi único y amado hermano, el filósofo Nietzsche, el cuidado de su obra y la descripción de su vida y de sus pensamientos”.
Criado entre mujeres, se puede decir que Nietzsche desconocía el alma femenina. El único amor conocido fue el que mantuvo con la esquiva rusa Lou Andreas-Salomé, que no pasó del mero relacionamiento platónico. Y cuando se decidió a pedirle matrimonio, esta lo rechazó y la relación se enfrió. Durante esos años circulaban en los círculos intelectuales versiones de que Elisabeth y Federico mantenían una relación incestuosa. Las conjeturas se basaban en sustentos un tanto sospechosos, dado que siempre se los veía juntos como si fueran una pareja de jóvenes enamorados. Algunos mencionaban un deseo hecho público por Elisabeth, en el cual describe el sueño de nadar junto a su hermano en las aguas de un lago y después morir ambos ahogados. Tal confesión no es reveladora por sí misma de una relación incestuosa entre hermanos, pero sí puede revelar otras acciones circulantes entre lo real y lo imaginario. Son muchos los que le asignaron en su tiempo a Elisabeth el papel de escritora frustrada. Vale preguntarse si tal afirmación es también acertada, pues con la destreza de su pluma, allí donde había un niño enfermizo, ella creó un infante vigoroso y saludable. Y donde había un filósofo contrario al antisemitismo, a la supremacía racial y al nacionalismo, ella creó un personaje opuesto a todo eso, a partir de la muerte de su querido hermano, ocurrida en Weimar el 25 de agosto de 1900.
Acaecida la muerte, con suma rapidez Elisabeth crea el Archivo Nietzsche, donde reúne todos los escritos, cartas, documentos y todo aquello que aparezca, para comenzar la operación de rescritura y expurgación que realizó en los textos que su hermano había escrito sobre su admirado Max Stirner y con Dostoievski en las críticas elogiosas a la obra Los endemoniados, para dar un ejemplo. Si la obra de Federico, al momento de su muerte, era respetada, no tenía, sin embargo, la difusión masiva que su hermana logró con esas operaciones, no ya sobre textos menores, sino sobre libros enteros, tal el caso de Ecce Homo y Así hablaba Zaratustra, obra a la que convirtió en un best seller, cuando aún no se usaba tal término comercial. Los soldados alemanes leían la obra en las trincheras para alentarse durante los duros combates en el frente ruso.
FINAL. Sin lugar a dudas, Elisabeth, si bien nunca fue una feminista que reclamara por el voto, vestir pantalones e igualdad de derechos ante los hombres, tenía la suficiente fuerza para ganarse lugares determinantes donde su ambición la llevara. Pronto descubrió la importancia que comenzaban a tener los diarios y revistas y hacia ellos se encaminó para divulgar la nueva obra brotada de su pluma y adjudicada a su hermano Federico, quien terminó asociado al nazismo y su liturgia. Heidegger, conociendo o no la malversación realizada por Elisabeth, citaba párrafos enteros con citas adulteradas y atribuidas al filósofo en cuanta oportunidad se le presentara.
La avidez comercial de Elisabeth no tenía límites e incluso se la puede considerar una adelantada a su tiempo y, de vivir hoy, seguramente sería una influencer reconocida en las redes sociales. Postrado en una cama y en medio de vaya uno a saber qué delirios, Elisabeth no solo había reformulado una obra filosófica, sino que también había convertido en atracción turística a su autor moribundo y cobraba las fotografías a quienes quisieran retratarse junto a él en su lecho de muerte. También logró que Hitler se fotografiara junto a ella y un busto del hermano, en un homenaje póstumo al cumplirse un aniversario de la muerte del filósofo bastardeado.
Elisabeth murió en Weimar el 8 de noviembre de 1935, a los 90 años. Podemos conjeturar que en parte nadó con su hermano en las aguas turbias del nazismo al crear un personaje inexistente, pero vivificado en la obra falsificada. Al morir ella, ambos murieron, como en el sueño y en el deseo evocado en la escritura de su diario. Terminada la Segunda Guerra, el Archivo Nietzsche fue cerrado y la verdad acerca de Federico Nietzsche y su obra comenzó a descubrirse. En los años 90, el historiador y profesor de la Universidad de Marburgo, Ulrich Sieg, escribió un libro de título largo, La Hermana de Nietzsche. Elisabeth Förster-Nietzsche y el lado oscuro del poder, donde arroja luz sobre la patraña orquestada con habilidad por la hermana villana, a la cual, sin embargo, y a pesar de las villanías realizadas, pone en el papel de mentora eficaz de la obra de su hermano. Una mentora falaz que, a pesar de ser considerada una escritora frustrada, fue nominada cuatro veces al Premio Nobel de Literatura. En cuanto a la colonia Nueva Germania, la misma aún existe, cuenta con una población de 6000 habitantes, se hablan tres idiomas —alemán, guaraní y español— y la mayoría de los pobladores se dedica a la agricultura y vive ajena a cualquier utopía racial.
