Evo Morales, una nueva victoria en la revolución cotidiana

El 9 de abril pasado el presidente de Bolivia Evo Morales comenzó una huelga de hambre, acompañando una protesta popular, ante las acciones de un grupo de legisladores de la derecha, financiada y asesorada por Estados Unidos, como se puede confirmar en la serie de documentos que ya son públicos y desnudan esta injerencia eterna.

Es la primera vez en la historia que un mandatario se sienta sobre una colchoneta en el piso, comienza una huelga de hambre y asume la representación de una protesta del pueblo, ante los nuevos intentos de obstaculizar un proceso de recuperación de justicia y dignidad e impide que se burle la voluntad popular.

La huelga de hambre del presidente, acompañado por unas tres mil personas tanto en Bolivia como en otros países donde residen bolivianos, recibió el apoyo mundial de muchos sectores, ante el entendimiento de que Morales estaba otra vez enfrentado a acciones de golpismo “suave”, un eufemismo para decir simplemente que no hay militares en las calles, pero sí generales de la desinformación, capitanes del shock terrorista mediático, y partidos dependientes de órdenes externas.

El Sistema de la Organización de Naciones Unidas (ONU) saludó el acuerdo logrado en el Congreso el 14 de abril pasado, que permitió la promulgación de la Ley Electoral y posibilitó que Morales abandonara la medida de fuerza.

Fue una nueva entre tantas victorias acumuladas en esta lucha cotidiana a la que debe hacer frente por su decisión de gobernar para las mayorías.

El presidente promulgó finalmente la ley electoral que normará las elecciones generales de diciembre de este año.

“Es otro día más, inolvidable, otra fecha memorable, gracias a la conciencia del pueblo boliviano y gracias a la participación de los distintos sectores, trabajadores, obreros, originarios, universitarios y profesionales”
, señaló Evo.

Las trabas significaban un estancamiento para no dejar paso a la posibilidad de que finalmente ese país, convertido en un laboratorio de experimentos contrainsurgentes de Estados Unidos prácticamente desde lo años ’50, pudiera refundarse a favor de las mayorías que fueron olvidadas durante más de 500 años.

Bien lo dijo Morales, “el pueblo boliviano sigue escribiendo historia” al agradecer a los dirigentes obreros y sindicales de Bolivia, España y Argentina que se declararon en huelga de hambre para exigir la norma. También hizo un recuento de todo lo que intentó la oposición más dura, incluyendo diversas demandas de inconstitucionalidad para frenar medidas como la nacionalización de los hidrocarburos, en su momento.

Sólo conociendo la tragedia vivida por el pueblo boliviano por más de cinco siglos de dominación colonial, neocolonial e imperial, podría entenderse la creatividad con que un presidente, orgulloso hijo de aymaras, desentierra los espejos para que los pueblos del mundo nos miremos en el recuerdo de aquellas viejas culturas que nunca fueron derrotadas.

Desde los años ’90, cuando conocí al presidente Evo Morales siendo un respetado dirigente sindical cocalero, hasta estos tiempos en que lo he visto ya como presidente de Bolivia, siempre me ha admirado su serenidad, su paciencia verdaderamente revolucionaria y la sabiduría modelada por sus ancestros, su vida cotidiana y los instintos de sobrevivencia de su pueblo.

Lo recuerdo nítidamente cuando llegó a Mar del Plata, en noviembre de 2005, cuando aun era candidato presidencial.

La ciudad estaba realmente tomada por una profusión de agentes de seguridad de Estados Unidos y propios, barrios enteros convertidos en zonas de seguridad.

Eran las exigencias del gobierno del entonces presidente George W. Bush, quien venía a la Cumbre de las Américas convencido de que iba a regresar con la aprobación de todos los países de la región a su propuesta recolonizadora del Área para el Libre Comercio de las Américas (ALCA).

Hasta el espléndido mar en esa costa atlántica algo fría estaba literalmente tomado por la marina de guerra de Estados Unidos, mientras helicópteros, aviones, sobrevolaban la ciudad.

Un dispositivo aterrador, que no debió sorprender a Evo, acostumbrado a los constantes ensayos de guerra sucia de las fuerzas especiales creadas por los asesores norteamericanos en su país. Los mismos que aterrorizaban a los campesinos y de las que él fue víctima una y otra vez.

Al borde de esa cumbre de las Américas, que marcó un hito en la historia, transcurría la Cumbre de los Pueblos, una creativa instancia latinoamericana, donde se confunden movimientos sociales, de pueblos originarios, sindicales, políticos, de derechos humanos, la otra América, subsumida pero eternamente resistente.

Es un hito para no olvidar el momento en que los presidentes de los países del Mercado Común del Sur (MERCOSUR) dijeron “No” a Bush en la voz del entonces mandatario argentino Néstor Kirchner.

El MERCOSUR había dado un viraje al proceso integrador, desde un simple acuerdo aduanero y comercial, heredado de los años ’90, a una instancia de construcción política que avanzaría con el tiempo, a pesar de muchas dificultades y obstaculizaciones.

La llegada de nuevos gobiernos que entendían que la sobrevivencia de la región estaba inevitablemente ligada a la unidad latinoamericana, produjo un dinamismo singular, ante la arrolladora fuerza de la Venezuela de Hugo Chávez.

Un viejo sueño de los héroes de la independencia de la colonia española, comenzaba a fructificar casi dos siglos después.

Allí estaba Evo. Lo recuerdo parado, serena y humildemente, en una de las entradas abiertas hacia el más grande estadio de Mar del Plata. Se estaba esperando la llegada del presidente Hugo Chávez que hablaría ante una multitud —más de 50 mil personas marcharon ese día por las calles de esa ciudad balnearia.

Morales estaba a un paso de las elecciones presidenciales del 18 de diciembre y se había dado tiempo para venir a Mar del Plata. Vestido sencillamente, con una campera que lo cubriría de la fría llovizna que cayó sobre todo ese día, esperaba en la cola formada ante un pequeño e improvisado puesto de venta de aguas, sodas y sándwiches. Se trataba de calmar la sed de los participantes en la marcha, que no habían tenido tiempo ni de beber agua ni de comer, pese a lo avanzado de la hora.

Me acerqué a Evo para entrevistarlo, aunque fuera brevemente. Sentados ambos sobre unas altas e incómodas banquetas, divertidos por el febril movimiento a nuestro alrededor, que no lo alteraba en lo mínimo, le hice mis preguntas.

Debo confesar que estaba asombrada de su tranquilidad y su mirada bondadosa, inteligente y abarcadora. Una serenidad muy difícil de mantener en una ciudad, en un país que vive apresurado, no sabemos bien para qué.

Inmensamente lejano a la imagen de cualquier candidato presidencial, Evo Morales resignificaba el concepto de la humildad.

Recuerdo que aunque algunas encuestas lo mostraban como absolutamente favorito, él se cuidaba mucho de cualquier triunfalismo, en momentos en que diversos medios del poder trataban de poner dudas sobre esos sondeos y hasta dejaban traslucir que su triunfo podría llevar a un golpe de Estado de la derecha en Bolivia.

“Hay que esperar con paciencia. Si el pueblo de Bolivia quiere que ganemos no habrá nadie que lo pueda detener. Si ya llegó su tiempo así será. Nos hemos preparado para esa posibilidad, con lo que tenemos, pero no queremos adelantarnos. Esperaremos con tranquilidad los resultados. El pueblo ha hecho una larga experiencia de lucha en estos años. Nos han matado muchos compañeros pero nuestro pueblo mostró una fuerza y una sabiduría en su marcha y en sus acciones, que ya es historia”,dijo entonces.

Evo Morales no ha cambiado en nada en esa, su forma de avanzar, pisando firme, tocando la tierra, la realidad.

Esto es casi imposible de entender para quien no conoce la historia, dura, dolorosa y fascinante de un país como Bolivia, de un pueblo como el boliviano. Parodiando al jesuita, antropólogo y escritor Bartomeu Meliá, paraguayo por elección, cuando dice “creo que nadie puede vivir en un país si no lo descubre y lo inventa cada día”, podemos afirmar que nadie puede escribir, entender o amar un país si no lo toca con sus manos.

Y más aún un país que se ha redescubierto a través del desenterramiento de sus espejos y que puede inventarse cada día.

Bolivia se reinventa de variadas y mágicas formas, lo que no sólo sorprende a los especialistas en destrucciones contrainsurgentes y guerras sucias, sino también a muchos analistas,que a veces dudan ante las audacias de un gobierno que remueve cada día las estructuras más caducas del viejo poder.

Si no sucediera esto: ¿cómo podía enfrentarse Evo Morales a la eterna injerencia de Estados Unidos, a sus planes tantas veces repetidos, que sorprende que sigan “sorprendiendo” —valga la redundancia— a muchos políticos o analistas?

¿Cómo podría enfrentarse Morales a esa derecha del medioevo, brutalmente racista, refugiada en un pasado que ya no existe, que no logra sobrevivir, aunque lo intente dando manotazos de ahogado que finalmente terminan aferrándolos al lodo?

Incomparable es la situación de Bolivia con otros países de la región. Hay que hundirse hasta el fondo de un abismo de más de 500 años para entenderlo.

Hay que buscar en los laberintos de un colonialismo feroz que nunca se fue, para comprender el hecho revolucionario, la revoltura histórica que comenzó el 18 de diciembre de 2005 cuando Evo Morales ganó con el 54 por ciento de los votos, enfrentándose a una de las más perfeccionadas campañas de la injerencia eterna, contra conspiraciones que se multiplican hasta extremos burdos, pero crueles.

Detrás del primer triunfo de Evo y de los que le siguieron, hay un largo camino de resistencias también múltiples.

Los sucesos posteriores confirman que no se trataba de un simple cambio de gobierno. La sola elección de Morales significó un acto revolucionario, donde por primera vez la verdadera mayoría ignorada, soterrada, comenzó a ser visible, a subir su voz, a desprenderse de los viejos miedos coloniales. Habían aprendido en largas marchas en carreteras y caminos, ganando otras guerras como las del agua, las del gas, y más.

Pero esencialmente habían ganado la batalla cultural desenterrando los espejos para mirarse como eran, como fueron, como son. Morales con su huelga de hambre junto a los suyos mostró que gobernar para un pueblo implica el renacimiento de todas las magias y todos los fuegos.

Este artículo se publicó originalmente en Cuba Debate.

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