,

El silencioso plan de Victoria Villarruel

Una alianza nacida para conquistar el poder terminó convertida en una disputa silenciosa por heredarlo, entre traiciones, viejas lealtades y una crisis que acelera todos los tiempos. Por Ricardo Ragendorfer

A la vicepresidenta Victoria Villarruel le bastó con autorizar el voto a distancia de la senadora Anabel Fernández Sagasti (UxP), debido a su avanzada gravidez, para que los altos mandos del régimen libertario le saltaran a la yugular; desde Diego Santilli hasta Pablo Quirno, pasando por Patricia Bullrich (quien la tildó de “mamarracho”). Y pese a que, al final, el Senado revocaría dicha autorización.

No era para menos; porque el mal ya estaba hecho: ese asunto incidió en el desplome del capítulo sobre la “extranjerización de tierras”, el plato fuerte del proyecto de ley ideado por Federico Sturzenegger, al que decidió bautizar con el criterioso nombre de “inviolabilidad de la Propiedad Privada”.  

Si bien esta trama en particular todavía tiene un final abierto, se advierte en Villarruel una metáfora política que bien vale reconstruir.

La primera vez que el espíritu público reparó en esta abogada de 51 años fue en el Luna Park durante el atardecer del 13 de agosto de 2023, cuando Javier Milei la presentó como su compañera de fórmula para las elecciones de ese año.

La sintonía entre ambos era casi romántica.

Él apeló a una dicción muy suave, para decir:

—Nos hemos elegido mutuamente…

Y ella, no sin una pizca de rubor, solo agregó dos palabras:

—Somos pares.

A continuación, se tomaron de las manos para las cámaras.

Lo cierto es que en Villarruel ya palpitaba una historia intensa. Pero aún la mantenía bajo una razonable reserva para así no espantar a los votantes.

El león amaestrado

Sin ser tan rústica como la ya olvidada Cecilia Pando, “Viky” —como la llaman sus adláteres— sobrellevaba con empeño su gesta en defensa de los genocidas desde el llamado Centro de Estudios Legales sobre el Terrorismo y sus Víctimas  

(CELTyV), una ONG de su propio cuño. Asimismo, había publicado dos libros al respecto, además de trajinar programas televisivos, tipo Intratables. Esta militancia a favor de lo que ella llama “memoria completa” supo brindarle una módica celebridad y el aprecio del mismísimo Jorge Rafael Videla, a quien visitaba con frecuencia antes de que él pereciera sentado en un inodoro del penal de Marcos Paz.  Entre otros criminales bendecidos por su cariño resaltó Miguel Etchecolatz y su esbirro favorito, Norberto Cozzani, un violador serial de mujeres cautivas.

Pese a estas cuestiones, su debut electoral no provocó demasiado escozor en el electorado.

Claro que el origen de su incursión en la política estuvo ligado al carácter castrense de su núcleo familiar, el cual formateó su cosmovisión.

Cuando ella nació —en 1975— su padre, el coronel Marcelo Villarruel (a) “El Cachucha”, formaba parte del “Operativo Independencia” contra el ERP en Tucumán; allí se lo recuerda por sus interrogatorios en el Centro Clandestino de Detención (CCD) “Escuelita de Faimallá”. En tanto que su tío, el capitán Ernesto Villarruel, integró la patota del CCD “El Vesubio”, bajo la órbita del Regimiento III de La Tablada. Los uniformados de la familia se completan con el contraalmirante Laurio Helvio Destéfani, su abuelo materno, un historiador de la Armada que publicó diez tomos sobre esa fuerza y que, a tal fin, fue enviado un tiempo a España para revisar sus archivos. Allí conoció al oficial  franquista Manuel Aznar, padre del futuro Presidente del gobierno por el Partido Popular (PP), José María Aznar, quien ya en este siglo puso en contacto a la nieta con señeras figuras de la ultraderecha española; entre ellos, Santiago Abascal, quien en 2013 —luego de romper con el PP— fundó Vox, una falange neofascista que ahora tiene 52 representantes parlamentarios, además de haber construido, cinco años después, una suerte de “internacional negra”, con fuerte presencia en Uruguay, Colombia y Venezuela. De tal proyecto no fue ajena la Fundación “Disenso”, otro think tank de Vox nutrido con cuadros de varias naciones.

Pues bien, en el mayor de los sigilos, la buena de Victoria pasó a ser la delegada de Vox en Argentina.

En este punto entró en escena Javier Ortega Smith, el lugarteniente de Abascal en Vox. A este sujeto se lo vio junto a Villarruel en agosto de 2019, durante su visita a Buenos Aires, al ofrecer en el Círculo Militar una conferencia ante un público que lo aplaudía a rabiar. Así, con aquel sencillo pero emotivo acto, Vox puso una pata en Argentina, al igual que en Paraguay y México, mediante un sello bautizado “El Club de los Viernes”, cuyo crecimiento se cifraba en la organización de eventos. Desde entonces, los viajes de Villarruel a Madrid se tornaron frecuentes. En aquella ciudad la recibía el mismísimo Abascal, quien tomaba nota de sus logros. El más prometedor fue la captación de Milei.

El economista comenzó a frecuentar “El Club de los Viernes”. Fue en ese ámbito donde Villarruel puso el ojo en su singular temperamento. Y al poco tiempo, fue convocado para inaugurar allí un ciclo de conferencias que, para su propia sorpresa, llegó a reunir unos 500 oyentes.

Su flamante mentora no tardó en presentárselo a Ortega Smith.

—Así que tú eres mi famoso tocayo. Me han hablado mucho de ti —fue la frase del dirigente español, en medio de un cálido apretón de manos.

Al “tocayo” le brillaban sus ojillos verdosos, tal vez al intuir que su vida acababa de dar un vuelco. No se equivocaba.

De modo que Milei, lejos de ser un producto milagroso del rechazo que genera la “casta política”, era en realidad una criatura prolijamente amaestrada para deslumbrar al sector más vulnerable del electorado.

Así fue que, poco a poco, comenzó a ser  “la voz de los sin voz” o —como le gusta definirse— el hombre que vino a “despertar leones”. Y nada menos que con Villarruel de Pigmalión.

¡Pobre jamoncito!

Durante la mañana del 28 de diciembre de 2023 —a dos semanas y media de su llegada al Sillón de Rivadavia—, Milei, acompañado por la primera línea del flamante Poder Ejecutivo, se asomó al balcón de la Casa Rosada para saludar a una multitud inexistente, puesto que en la Plaza de Mayo sólo había un puñado de turistas y algunos peatones. Tal escena remitía al cuento de Hans Christian Andersen, El nuevo traje del emperador, referido a una prenda que —según le habían hecho creer al monarca en cuestión— resultaba invisible a los ojos de los estúpidos y los incapaces de ejercer su cargo. De manera que el tipo, convencido de lucir semejante indumentaria, se exhibió desnudo ante sus súbditos, sin que nadie se atreviera a decirle la verdad. De un modo similar, el Presidente seguía en el balcón como si nada.

Pero en aquella imagen también se deslizaba un detalle más coyuntural: la tensión entre él y la vicepresidenta: ella, al principio, estaba en un extremo del cuadro y, luego, al colocarse junto a Milei, éste la miró de soslayo con un dejo de desprecio, antes de retirarse de allí.

Ya estaba todo mal entre ambos.

De acuerdo con un rumor que corría por entonces, la furia de Milei hacia esa mujer tuvo por origen una reunión que, a sus espaldas, ella había mantenido con Mauricio Macri en el country de Villa La Angostura, donde él suele pasar las fiestas y gran parte del verano.

Al parecer, el jefe del PRO quiso saber si Villarruel estaba preparada para hacerse cargo del Gobierno en caso de que Milei no pudiera sostenerse.

—Si fracasa, nos arrastra con él —fueron sus palabras.

Y ella respondió:

—Estoy en condiciones de garantizar la institucionalidad.

Ese diálogo le llegó a Milei. Y por boca del propio Macri, con la intención de inyectar entre ellos la semilla de la discordia. Así es él de rebuscado.

En paralelo, ya había otro problemita.

Es que, tras el balotaje, Villarruel había pactado con Milei que las áreas de Seguridad y Defensa quedarían bajo su control. Pero que en esos ministerios, para su sorpresa, aterrizaran, respectivamente, Bullrich y Luis Petri, resultó una afrenta para su investidura.

Se dice que hubo un factor determinante para que Milei la relegara a la única tarea de tocar la campanita en el Senado: su visita —también a espaldas de él— al embajador de los Estados Unidos, Marc Stanley. Aquel encuentro al Presidente lo habría contrariado sobremanera.

Por un tiempo, Villarruel disimuló sus desavenencias con Milei. Tanto es así que, entrevistada por Jonatan Viale en marzo de 2024, atribuyó aquellas versiones al modo con el que “Javo” se movía entre su hermana Karina y ella. Fue cuando tuvo el atrevimiento de exclamar: “¡Pobre jamoncito!”.

La última vez que Villarruel intercambió algunas palabras con Milei fue en el desfile del 9 de julio de ese año.

Desde entonces, las estocadas de la vice sobre el primer mandatario se caracterizaron por un estilo casi ajedrecístico.

 Lo cierto es que ella, cuyo imaginario la sitúa a la derecha de Atila, hasta se da el lujo de correr a Milei “por izquierda”, concitando así ciertos elogios por parte de algunos opositores distraídos.

¿Acaso en su proceder subyace el plan de apropiarse del trono de Milei?    

Tamaña puja actualmente transcurre con la pérdida de 259.000 empleos formales y el cierre de casi 25 mil empresas, desde Pymes hasta sociedades de gran envergadura, en un escenario atravesado por protestas multitudinarias en todo el país, sobre las que se aplica una represión atroz. Como la del 6 de agosto en la Plaza del Congreso, cuando se debatía el proyecto de Sturzenegger.

Aquel jueves, Milei estaba de gira en Colombia y Ecuador. Villarruel lo reemplazaba en el ejercicio de la presidencia, por lo que todas las aberraciones policiales estaban bajo su mando.

Tal vez Macri, mirando la TV en medio de estas circunstancias, recordara esa frase que, hace ya tres veranos, Villarruel le había susurrado a la oreja:

—Estoy en condiciones de garantizar la institucionalidad.

Compartí el artículo