América Latina: ¿por qué suben los precios?

IPS, especial para ZOOM. Los villanos de la película en el encarecimiento de los alimentos son 13 y pasan por razones estructurales y coyunturales, asociadas a la oferta y a la demanda, según el Sistema Económico Latinoamericano y del Caribe (SELA). 26 países latinoamericanos y caribeños, coincidieron en que la región debe responder a la crisis de precios de los alimentos con un programa regional de seguridad alimentaria.

«Es preciso actuar en diferentes frentes, desde una coordinación política que defienda los intereses regionales», dijo a IPS el secretario permanente del SELA, el mexicano José Rivera, a las puertas de una reunión regional que diagnosticó el problema el fin de semana.

La reunión buscó insumos para apuntalar una posición concertada de América Latina y el Caribe mientras delibera en Roma la Conferencia de Alto Nivel sobre la Seguridad Alimentaria Mundial.

«Las reuniones se multiplican porque hay conciencia de que la crisis alimentaria afecta con más fuerza a quienes tienen una vida más precaria», dijo a IPS el francés Gerard Gómez, jefe de la oficina para la región de la Organización de las Naciones Unidas.

Diez millones de personas en la región podrían sumarse a los 80 millones que ya no pueden procurarse los alimentos mínimos que necesitan, dijo Gómez al evocar un estudio de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).

¿Por qué suben los precios?

Un estudio del SELA identificó 13 razones, estructurales y coyunturales y que están relacionadas tanto a la oferta como a la demanda de alimentos.

La primera es el aumento de la inversión financiera en commodities (materias primas). En los últimos tres años, mientras la inversión en oro y metales se mantuvo estable, en otros commodities se multiplicó por siete.

Analistas del Banco Internacional de Pagos de Basilea, Suiza, estiman en 30 por ciento la incidencia que en los precios de los alimentos tiene la especulación financiera, a partir de los siete billones de dólares invertidos en «otros commodities» entre 2004 y 2007, frente a menos de un billón en los cuatro años precedentes.

Esta causa se asocia con la segunda, que es la debilidad del dólar y las bajas tasas internacionales de interés, que lleva a los agentes financieros a buscar refugio en la adquisición de materias primas y da impulso a sus precios.

La tercera es el aumento de los precios del petróleo, que no sólo es un insumo para la producción y transporte, sino que genera incremento en el consumo en países que producen hidrocarburos, recordó Rivera.

Cuando el crudo rondaba los 30 dólares por barril, en 2000, una tonelada de leche en polvo se compraba en 1.500 dólares. Ahora que el petróleo pasa de 130 dólares, la tonelada de leche en polvo se cotiza sobre los 4.500 dólares.

Las restricciones a la exportación de alimentos son otra razón. Países de Asia, al igual que Ecuador en América Latina, han restringido las exportaciones de arroz, mientras otros, como Argentina, han impuesto restricciones y cobrar tributos a las ventas externas de carnes y granos.

La quinta razón coyuntural es la reducción de los stocks, en particular de cereales, que desde 1995 merman a razón de 3,4 por ciento anual. Históricamente, las existencias de cereales eran 30 por ciento de la producción global, y ahora están en torno a 20 por ciento.

Entre las causas estructurales está el aumento de la demanda en Asia. Por ejemplo, el consumo de maíz en el sur, este y sudeste de esa región, sumadas, se cifró en 200 millones de toneladas en el período 2003-2004, y en 227 millones de toneladas en 2007-2008.

También crece la demanda de alimentos para uso animal, sobre todo de maíz. Estados Unidos destinó a ese fin 47 por ciento de los 332 millones de toneladas que produjo en 2007.

Agrocombustibles en el banquillo

Otro «villano» es el aumento de la demanda para biocombustibles. El dedo del SELA apunta al maíz para etanol en Estados Unidos y la colza para biodiésel en Europa. «De los 48 millones de aumento del total del consumo doméstico de maíz en 2007, casi 30 millones de toneladas se destinaron exclusivamente a la producción de etanol».

«La FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación) por principio rechaza el uso de los alimentos para la manufactura de combustibles», recordó a IPS su representante en Venezuela, el salvadoreño Francisco Arias.

«Debemos desarrollar investigaciones para producir biocombustibles que no deriven de alimentos», dijo a IPS el delegado de México y embajador en Venezuela, Mario Chacón.

«En nuestro país tenemos una planta llamada higuerilla (Jatropha curcas, también conocida como piñón) que es oleaginosa, y pueden usarse pajas y residuos vegetales en vez de productos alimenticios«, abundó.

Otro factor estructural con peso sobre los precios es el cambio climático, que ha llevado fuertes sequías a países que son grandes productores de alimentos, como Australia, Estados Unidos y Ucrania.

En América Latina, las tormentas tropicales Noel y Olga y el huracán Félix afectaron la producción de alimentos en Cuba, Haití, Nicaragua y República Dominicana. Las inundaciones castigaron zonas productoras en Bolivia y Ecuador.

Por otra parte, han incidido los mayores costos en la producción (fertilizantes, semillas, insecticidas y maquinaria), en el transporte y en la logística (almacenamiento y distribución) de los alimentos, asociados a los altos precios del petróleo.

Un factor de escasa incidencia en América Latina, todavía, son las limitaciones de la tierra y el agua existentes para uso agrícola, y que en otras regiones del mundo compiten con demandas para otros usos, principalmente urbanos. También hay limitaciones para el uso de nuevas tecnologías, producto en países como los latinoamericanos de una baja inversión en investigación y desarrollo. Rivera recordó a este respecto que «la mejor manera de reducir los precios de los alimentos será a través de aumentos en la productividad, más que de la superficie sembrada«.

Finalmente, las políticas proteccionistas en los países industrializados del Norte «han distorsionado durante más de cinco décadas el mercado mundial agrícola«, asentó el SELA.

Por ejemplo, Haití producía hace 30 años casi todo el arroz que consumía, pero debió reducir aranceles para acceder a préstamos multilaterales en los años 80. El resultado fue una masiva importación de arroz desde Estados Unidos, que al ser subsidiado podía bajar su valor, y los productores dejaron de labrar la tierra, perdieron sus trabajos y se marcharon a las ciudades.

Rivera dijo que las políticas de países del Norte, tales como apoyo doméstico, subsidios a las exportaciones y restricciones para el acceso a mercados, «impiden la inversión y expansión de la producción y el comercio en países productores eficientes«.

Las delegaciones presentes en la reunión del SELA, que agrupa a 26 países latinoamericanos y caribeños, coincidieron en que la región debe responder a la crisis de precios de los alimentos con un programa regional de seguridad alimentaria.

Los gobiernos interesados podrían reactivar un Comité de Acción sobre seguridad alimentaria, una figura en boga en los primeros tiempos del SELA (años 70 y 80) para examinar tareas prácticas conjuntas o coordinadas.

«Les he dicho que Colombia, con apenas cuatro millones de hectáreas destinadas a producir alimentos, y Venezuela, que apenas tiene dos millones, podrían acordar un plan para activar otros tres millones de hectáreas en las cuencas de los ríos (compartidos) Orinoco y Meta«, confió a IPS el embajador de Bogotá en Caracas, Fernando Marín.

La reunión señaló que se precisa un fondo económico especial para asistir a países de la región en contingencias alimentarias, tomando como base la disposición de la Alternativa Bolivariana de las Américas conformada por Bolivia, Cuba, Nicaragua y Venezuela, para dotarse de un fondo con 100 millones de dólares destinados a ese fin.

Finalmente, los representantes de la región pidieron al SELA que, después de la reciente Conferencia de Roma, convoque a una reunión para analizar sus resultados y avanzar en la estrategia latinoamericana y caribeña sobre seguridad alimentaria.

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