Introducción
La crisis fronteriza que estalló en Ceuta entre el 30 de julio y el 2 de agosto de 2026 no fue un pico de la ya discutida presión migratoria transmediterránea. Ni siquiera lo fue para la ya constante presión transfronteriza sobre los exclaves españoles de Ceuta y Melilla; sino la manifestación más nítida hasta la fecha de que los especialistas en seguridad, derecho internacional y académicos denominan “migración forzada instrumentalizada”: “la migración instrumentalizada como el uso deliberado de flujos migratorios —creándolos, facilitándolos o deteniéndolos— por parte de actores estatales o no estatales para desafiar, coaccionar o extraer concesiones políticas, financieras o territoriales de otro Estado”.
En un lapso de menos de setenta y dos horas, entre 50.000 y 72.000 personas cruzaron la valla que separa Marruecos de la ciudad autónoma española, desbordando a una localidad de apenas 84.000 habitantes (que ya dispone de una cantidad notable de inmigrantes marroquíes y descendientes de estos, hasta el 50% del total) y dejando más de 100 muertos (no por represión, española o marroquí, sino en ahogamientos y aplastamientos entre ellos en la desesperación por cruzar). El episodio reabre, con una escala inédita, un interrogante que Madrid viene buscando ignorar desde hace años: cómo lidiar con Rabat, que ha convertido el control (o el descontrol deliberado) de sus fronteras en un instrumento de coerción geopolítica contra Madrid, con el que mantiene disputas territoriales o busca instalarlas.
En este artículo, intentamos deslindar brevemente “relatos” de hechos verificados, mirar el tema desde una perspectiva realista de geopolítica y RR. II. alejada de visiones ingenuas o “buenistas” cuyo impacto en la política exterior puede ser negativo. Pensamos la cuestión en lo que se denomina “zona gris”, que permite leer la frontera de Ceuta no como un problema humanitario en el marco de una “crisis migratoria”, sino como un punto de fricción donde se cruzan la arquitectura de seguridad euromediterránea, la política de bloques de Washington y Tel Aviv, la política exterior española y las asignaturas pendientes con que el Reino de Marruecos desafía a España en el norte de África.

Estatuto jurídico-histórico
Ceuta se integró a la Corona de Castilla en 1580, tras la unión dinástica de Felipe II con Portugal (hasta ese momento era un territorio lusitano conquistado en 1415 al sultanato de Fez), y ratificó su pertenencia a España mediante el Tratado de Lisboa de 1668; Melilla había sido conquistada directamente por España en 1497 a otro Reino también con sede en Fez. Según el derecho internacional y los españoles, ambas ciudades preceden en más de tres siglos a la constitución del Estado marroquí independiente en 1956. Sin embargo, si ampliamos la mirada (como hace Marruecos), si retrotraemos los antecedentes al Sultanato, ambas ciudades son peninsulares solo desde unas décadas antes del antecesor del Estado moderno: el Sultanato de Marruecos como antecedente del actual Estado data de 1545 (aunque su control del conjunto del territorio es posterior) y la dinastía de 1666, en lucha por lograr la autonomía plena de los turcos. Los exclaves hispanos fueron disputados en el siglo XVI y XVII. Pero podemos considerar la presencia española continua hasta hoy, siendo plazas soberanas en el continente africano y en pleno territorio marroquí. Otro detalle a tener en cuenta es la existencia de largos periodos de muy débil presencia de las autoridades de Marruecos en la zona del Rif (franja norte del país, donde están estas ciudades). Por todas estas razones, el Comité de Descolonización de la ONU nunca las catalogó como “Territorios No Autónomos” (a diferencia de Gibraltar, por ejemplo): sus habitantes tienen representación plena en las Cortes Generales y no existe una potencia administradora sobre una población sometida, sino son consideradas territorio metropolitano español.
La doctrina del “Gran Marruecos”, formulada originalmente por el partido nacionalista Istiqlal en el periodo de la independencia, considera al actual Estado marroquí heredero del Sultanato anterior en su máxima extensión. Esta abarcó en forma de una soberanía de diverso grado de efectividad, desde Mali en la curva del Níger hasta la costa norte disputada con los europeos (Mauritania completa, el Sahara español, partes de Argelia, partes de Mali y los exclaves españoles). Actualmente Rabat concentra sus reclamos en el Sahara, Ceuta y Melilla (aunque no deja de insinuar concepciones geográficas más amplias, que a veces presionan a las Canarias).
Rabat hace una lectura jurídica distinta y presenta a Ceuta y Melilla como “presidios ocupados”, apelando a la contigüidad geográfica como argumento de soberanía. Esa disputa de fondo (nunca resuelta, solo administrada) es la que provee el sustrato de legitimidad interna que Rabat invoca cada vez que activa episodios de presión fronteriza.

Cronología: lo que ocurrió y lo que no
Si bien la migración hacia España y Europa existe previamente, se considera que esta comenzó a ser instrumentalizada a partir del 2000. Pero el actual asalto a Ceuta es el mayor repunte de llegadas irregulares registrado en un solo evento en territorio de la Unión Europea, y superó ampliamente los antecedentes de 2005, 2014 y 2021. Es el hecho más grande de todo Occidente (América y Europa occidental y oriental) después de la Segunda Guerra Mundial, a la que hay que retroceder para ver una situación de esta magnitud numérica.

Dos factores estructurales explican por qué la avalancha de 2026 alcanzó esta escala inédita. El primero es de inteligencia: sindicatos policiales como el IGC y la AUGC advirtieron desde el 24 de julio sobre la acumulación de personas en Fnideq (Castillejos) y Tetuán, y el Gobierno español no dimensionó a tiempo la magnitud del movimiento. El segundo es jurídico: una sentencia del Tribunal Supremo del 8 de julio de 2026 —que declaró ilegal la devolución inmediata en el mar de quienes cruzan a nado, distinguiéndola del rechazo en frontera aplicable a quienes saltan la valla— fue interpretada, correcta o interesadamente, como el fin de las devoluciones en caliente. El propio Gobierno de Pedro Sánchez, y no solo redes de tráfico de personas como se argumentó públicamente, reconoció que ese malentendido alimentó la convocatoria a cruzar. La coincidencia entre el fallo judicial y el 27º aniversario de la entronización de Mohamed VI (fecha en la que el monarca pronuncia su discurso del Trono) no permite probar coordinación estatal marroquí, pero sí establece una ventana de oportunidad que Rabat creemos intentó explotar en su estrategia de guerra híbrida. Debe considerarse además la política internacional de la actual administración española, muy concesiva con Marruecos, y de roces con EE. UU. e Israel (aliados de Marruecos).
La migración como arma de la guerra híbrida, política internacional y globalización
En agosto de 2010, durante una visita oficial de tres días a Roma para celebrar el segundo aniversario del Tratado de Amistad entre Italia y Libia, Muhamar Gadafi declaró: “Mañana Europa puede dejar de ser europea, e incluso negra, porque hay millones de personas que quieren entrar. No sabemos qué pasará, cuál será la reacción de los europeos blancos y cristianos ante esta marea de africanos no educados. (…) Si Libia no actúa como guardián, la migración se convertirá en un problema irreversible para Europa. Por eso pedimos 5.000 millones de euros al año a la Unión Europea para detener la inmigración ilegal en nuestras fronteras.” La frase sin filtros de Gadafi expuso en Italia tempranamente el dilema que hoy enfrenta España y la Unión Europea en la frontera sur: Europa se ha vuelto dependiente los Estados del norte de África para que hagan el “trabajo sucio” de contención en sus fronteras. Si bien lo de Gadafi era una herramienta de presión transparente ante la inmigración masiva subsahariana que ya inundaba Europa globalizada, ciertamente la posibilidad de instrumentalizar estos flujos como herramientas de presión, es evidente. No es el único caso, hay más, por ejemplo el trato de la UE con Turquía en 2016, por la crisis Siria (pagando 6.000 millones de euros a Erdogan); como los acuerdos millonarios previos con Marruecos para blindar Ceuta, Melilla y las Canarias derivan directamente de esa misma doctrina que Gadafi formuló públicamente en 2010.
La politóloga estadounidense Kelly Greenhill presentó el concepto de coercive engineered migration para describir el uso deliberado, por parte de un Estado, de flujos migratorios reales o amenaza de los mismos como palanca de negociación frente a otro Estado. El Barcelona Centre for International Affairs (CIDOB) (uno de los centros de análisis de política internacional de referencia en España) clasificó ya el episodio de 2021 como un caso paradigmático de conversión de personas vulnerables en instrumento de coerción interestatal. El Parlamento Europeo, en junio de 2021, condenó explícitamente el uso por Marruecos del control fronterizo y de menores no acompañados como mecanismo de presión política contra España, sentando un precedente institucional que la crisis de 2026 vuelve a poner en primer plano.
Fuentes de inteligencia, mandos militares y policiales españoles calificaron la secuencia de julio-agosto de 2026 como una operación de conflicto en «zona gris»: el uso de medios no militares (migración, desinformación en redes, maniobras “cognitivas”, presión económica) para alterar la conducta de un adversario sin cruzar el umbral de un conflicto armado declarado. Conviene, sin embargo, no afirmar taxativamente: no existe evidencia pública de una orden o plan conocido, declaraciones, expresas del Estado marroquí para organizar la avalancha, y el propio análisis especializado distingue entre una hipótesis estratégica sólida (avalada por la reiteración cíclica del fenómeno desde 2005) y la prueba de una operación planificada al detalle. Pero esta es la virtud de la “zona gris”, como de cualquier otra acción inclusive violenta en ese terreno, que debe admitir como mínimo la “negación plausible”. El problema de esta situación es que el tamaño de la avalancha y los 140 muertos coloca el tema en un nivel que expone a Marruecos (no olvidemos son multitudes de ciudadanos dispuestos a arriesgar la vida con tal de escapar de su país), y desafía la política exterior española de Pedro Sánchez.
Es de destacar un tema que solo hemos abordaremos lateralmente: Marruecos ha logrado ser sede del próximo mundial con España y Portugal, (¡Argentina, Uruguay y Paraguay!) está gastando fortunas en estadios enormes y busca arrebatarle a sede de la final a España. Puede parecer secundario, pero para la dinastía marroquí es una apuesta para aparecer como un país serio, y hacerlo con España es un gesto que debería ser de confraternidad.
Volviendo a la cuestión de la inteligencia, las agencias españolas antes de la avalancha final, habían detectado un crecimiento de la presión y concentración de personas en la frontera (mayor a la que es permanente), informaron a sus superiores que mediante redes se estaba anunciando que cruzar a España era muy fácil con el argumento de la decisión de la Corte Suprema de inhabilitar “devoluciones en caliente” para algunas formas de cruce ilegal, etc. De hecho la inteligencia militar inclusive hipotetizó el día exacto por las variables que al gobierno marroquí podían resultarles favorables. Sin embargo, el gobierno de Pedro Sánchez busca enfriar el tema hacia el interior de España deslindar en lo posible a Marruecos de responsabilidades, y acordar con el mismo culpar a mafias del tráfico de personas. Es que este hecho inédito coloca a la política migratoria extremadamente progresista de España en un límite difícil de sortear. Ante sus propios ciudadanos (al menos los “más españoles” que no son todos, pero pueden ganar elecciones aún) y ante la Unión europea donde hoy a nivel estados se está revirtiendo a la anterior política de “puertas abiertas”.
La respuesta del gobierno español parece ser mantener la línea respecto de Marruecos: “apaciguar”, mostrar voluntad de no responder como si se tratara de un adversario sino de un socio. Sánchez vetó la voluntad del Rey de España de viajar a Ceuta para no malquistar al Sultán. Teniendo en cuenta que el viaje del monarca hispano no era más que un “gesto”, impedirlo es toda una definición de que la política continuará. Lo mismo podemos decir de la respuesta de Madrid a Italia, cuando Meloni ordenó la suspensión temporal del régimen de libre circulación de Schengen para los vuelos y conexiones marítimas procedentes de España si no corrige su política migratoria, ahí sí Madrid respondió más agresivamente con amenazas de reciprocidad.
El problema que enfrenta toda la arquitectura europea y el progresismo español se basa en que la libre circulación de bienes, capitales y personas, es la clave del mundo que se fue construyendo en el siglo XXI. Eso indudablemente afecta elementos básicos de la soberanía como el hecho de la responsabilidad de los estados individuales en definir quiénes es ciudadanos, quién entra a su país para establecerse. La libre circulación de capitales, personas y bienes globalmente son tres patas de un sistema en el que la caída o limitación de uno de estas lo coloca en entredicho. El progresismo es específicamente sensible a la libre circulación de personas por “cuestiones morales”, pero también lo ha sido a la de capitales y bienes. Pero es un dato duro de la realidad que más allá de los partidos “Soberanistas”, la derecha liberal y el conservadurismo europeos construyó “demasiado confiadamente” este sistema, no por valores morales liberales.

El crujir diplomático español: Sáhara, Argelia, Washington, Tel Aviv
La posición negociadora de España frente a Marruecos está condicionada por decisiones tomadas fuera del terreno migratorio. En marzo de 2022, el Gobierno de Sánchez reconoció el plan marroquí de autonomía para el Sáhara Occidental como la base “más seria, creíble y realista” de solución, en un giro que rompió las relaciones diplomáticas y energéticas con Argelia (con el cierre del gasoducto Magreb-Europa como consecuencia inmediata) y privó a Madrid de su histórica capacidad de arbitraje regional entre Rabat y Argel. Ese mismo reconocimiento de la soberanía marroquí sobre el Sáhara había sido iniciado por Washington bajo la primera administración Trump en diciembre de 2020 y fue mantenido por las administraciones posteriores, lo que consolidó a Marruecos como socio protegido por la arquitectura de seguridad estadounidense en el norte de África. Durante la crisis de 2026, Donald Trump criticó públicamente a España por su comportamiento en la OTAN y por su postura crítica hacia Israel, mientras Washington evitaba toda crítica clara a la pasividad marroquí en la crisis de Ceuta.
El resultado es una España sin palancas de presión sobre Rabat: cualquier endurecimiento diplomático arriesga reabrir la “válvula migratoria” de manera descontrolada, mientras el propio Ministerio de Defensa continúa financiando a la gendarmería marroquí como parte de los acuerdos de cooperación fronteriza. Esta es, en términos de la lectura centro-periferia, una relación de dependencia estratégica asimétrica: España necesita la cooperación de Marruecos para administrar su frontera exterior con la UE, y ese mismo requerimiento limita su margen de crítica pública frente a episodios que, de producirse en cualquier otro vínculo bilateral, activarían una respuesta de mayor firmeza.
La crisis expuso divisiones profundas dentro de la Unión Europea antes que una respuesta unificada de solidaridad con España. La presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, calificó las imágenes de “inaceptables” y ofreció el apoyo, aunque recordó que Ceuta y Melilla tienen un régimen particular dentro de Schengen y que el ingreso al exclave no habilita acceso automático a la Europa continental. Italia, con Giorgia Meloni a la cabeza, exigió la suspensión de España del espacio Schengen (una demanda que otros socios, entre ellos Francia, muy permeada por el tema inmigración, no acompañaron). Sánchez, por su parte, difundió cifras de Frontex mostrando que las entradas irregulares por España (234.760 entre 2021 y 2026) fueron menos de la mitad que las registradas por Italia (478.600), cifras que son reales, como las expulsiones que son muy pocas y proporcionales en cada caso. Aunque en Italia los últimos años los ingresos han disminuido notoriamente.

El comentario del embajador israelí ante la ONU, Danny Danon, cuestionando por qué España “sigue manteniendo enclaves coloniales en África”, fue interpretado en Madrid como un cuestionamiento a la soberanía española sobre Ceuta y Melilla, en momentos de fricción bilateral por la posición española sobre Gaza. La acusación de Irán, que atribuyó la crisis a una maniobra conjunta de Washington y Tel Aviv, debe leerse como una hipótesis posible, o más bien, de acción indirecta (o de dejar hacer, o de no condenar) a partir de que ambos países mantienen roces con Madrid y buenas relaciones con Rabat (Marruecos es parte de los “Acuerdos de Abraham” y tiene cooperación militar y de inteligencia con el Estado judío). Ciertamente es difícil pensar que Marruecos se aventurara a una acción planificada de este tipo sin un mínimo “guiño” o aceptación a nivel inteligencia estratégica. Salvo que mantengamos la idea ingenua de una espontaneidad “migrante” a la que solo debemos recibir. Pero cualquiera sea el resultado en RR. II. la política exterior del gobierno de Sánchez se encuentra en aprietos, y sus decisiones sobre Ceuta y Melilla en esta coyuntura pueden colocar en entredicho la soberanía española de esas ciudades, como alentar o desalentar la política híbrida de Marruecos al respecto, e inclusive perjudicar la reproducción del Partido Socialista a la cabeza del gobierno español.

Balance: ¿éxito táctico o descontrol para Rabat?
El análisis de costo-beneficio para Marruecos arroja un resultado que se deberá ver en el futuro. En el plano de la coerción bilateral, la crisis demostró (una vez más) la fragilidad de la frontera española y la disposición de Madrid a absorber el costo político antes que romper relaciones con Rabat; en ese sentido, se ha llegado a metaforizar que Mohamed VI arroja “proyectiles humanos” dentro de una lógica de guerra híbrida de bajo costo y alto rédito político. Pero la existencia de numerosos menores no acompañados (cuyo número, según fuentes militares españolas, se multiplicó por siete respecto de episodios anteriores) y de población subsahariana en tránsito vuelve a erosionar la imagen internacional de Marruecos ante foros de derechos humanos, en una repetición del desgaste reputacional ya observado tras 2021. La incógnita de fondo, no saldada por la evidencia disponible, es si el Estado marroquí calibró la magnitud exacta del movimiento o si la lógica de «grifo migratorio» que activó excedió su propia capacidad de control una vez en marcha, forzándolo a intervenir el 31 de julio para cerrar accesos y dispersar concentraciones que presionaban por cruzar. No puede ser una buena imagen de un país el hecho de que su propia población esté dispuesta a arriesgar la vida para escapar de la miseria.
Para España, el costo inmediato es doble: un desgaste institucional interno: colapso de los centros de acogida, exposición de la falta de fallas graves de inteligencia o de las cabezas políticas de la misma inteligencia, tensión entre el fallo del Tribunal Supremo y la respuesta política del Ejecutivo, activación de una corriente social de rechazo a la política exterior del gobierno, etc.; y un desgaste externo, con una Unión Europea que, lejos de cerrar filas, utilizó el episodio para presionar por un blindaje mayor de la frontera exterior y para cuestionar, asumiendo las posiciones de los “soberanistas”, neofascistas o como se los quiera llamar, la propia permanencia de España en el espacio de libre circulación si no altera sus políticas ya que (salvo Francia) los demás estados significativos fueron muy críticos con la política de Madrid al respecto.
La crisis de Ceuta de julio-agosto de 2026 nos advierte, en una escala multiplicada por seis los antecedentes de 2021, que la instrumentalización de la migración se ha consolidado como herramienta recurrente de presión en la relación hispano-marroquí, en línea con el marco conceptual de la migración forzada orquestada como propone la literatura académica desde hace más de una década. Sin embargo, tres preguntas permanecen abiertas: primero, si existe o no una instrucción estatal directa marroquí verificable detrás de la secuencia de julio, más allá de la hipótesis estratégica (sólida pero no probada) que sostienen fuentes militares y policiales españolas; segundo, si la sentencia del Tribunal Supremo del 8 de julio funcionó como detonante genuino o fue una excusa coyuntural que produjo la amplificación del “efecto llamada”, para una presión que de todos modos se habría producido; y tercero, si España está en condiciones de recomponer algún margen de autonomía frente a Rabat (cuestión relacionada con el frente argelino que sacrificó en 2022), en un contexto donde Washington y Tel Aviv ya han mostrado que no actuarán como mediadores neutrales. Mientras esas incógnitas no se despejen con evidencia adicional, la integridad efectiva de la frontera de Ceuta seguirá subordinada a los tiempos y oportunidades tácticas de Rabat, que tiene la iniciativa estratégica en esta guerra híbrida con su “socio” español, mientras que no existe una disuasión efectiva de Madrid o de Bruselas.
Es de destacar por último un tema general que enmarca la cuestión migratoria sea o no instrumentalizada. La presión que produce un continente con una explosión demográfica, asolado por guerras, saqueo y atraso, sobre un continente que aparece (como lo hizo en el pasado Roma a los germanos y demás bárbaros) como una luz atractiva de un posible futuro mejor, y que está en decadencia demográfica al traer a la vida menos niños que los necesarios para reponer su población.
Fuentes
Artículo14 (31/7/2026). «Qué es una guerra híbrida y qué tiene que ver con la crisis migratoria en Ceuta». https://www.articulo14.es/internacional/que-es-una-guerra-hibrida-y-que-tiene-que-ver-con-la-crisis-migratoria-en-ceuta-20260731.html
“Clave Geopolítica” https://www.youtube.com/watch?v=_Mdsp72rayk , https://www.youtube.com/watch?v=l-s5_2IFmzA
CNN en Español (1/8/2026). «La sentencia del Tribunal Supremo, en el centro de la crisis migratoria de Ceuta en España». https://cnnespanol.cnn.com/2026/08/01/espana/sentencia-tribunal-supremo-crisis-migratoria-ceuta-trax
“Cosas Militares” https://www.youtube.com/watch?v=Q5UYyyZvv-k&t=583s , https://www.youtube.com/watch?v=BSMO2Cieb-g
“Descifrando la guerra” https://www.youtube.com/watch?v=7rBDR9-WotQ
Diario Sabemos. «Marruecos aplica la guerra híbrida contra España». https://diariosabemos.com/analisis/marruecos-aplica-guerra-hibrida-contra-espana_518128_102.html
El Diario (25/2/2014). «Las cuentas de Rajoy: entre 2004 y 2011 hubo 13 «asaltos» al día en las vallas de Ceuta y Melilla». https://www.eldiario.es/desalambre/asaltos-dia-mariano-rajoy_1_5005196.html
El Español, Observatorio de Defensa (31/7/2026). «La instrumentalización de la migración y la guerra híbrida: la presión de Marruecos que ahoga a Ceuta». https://www.elespanol.com/observatorio-defensa/20260731/instrumentalizacion-migracion-guerra-hibrida-presion-marruecos-ahoga-ceuta/1003744339941_0.html
El Español, Observatorio de Defensa (3/8/2026). «»El problema lo ha creado Marruecos»: expertos en geopolítica ven la invasión como una «palanca» sobre Ceuta». https://www.elespanol.com/observatorio-defensa/20260803/problema-creado-marruecos-expertos-geopolitica-ven-invasion-palanca-ceuta/1003744342632_0.html
El Independiente (31/7/2026). «»Guerra híbrida» de Marruecos contra España: por qué llegan miles a Ceuta ahora». https://www.elindependiente.com/internacional/2026/07/31/guerra-hibrida-de-marruecos-contra-espana-por-que-llegan-miles-a-ceuta-ahora/
EscudoDigital. «¿Cómo ha reaccionado la UE ante la crisis migratoria de Ceuta y la respuesta de Pedro Sánchez?». https://www.escudodigital.com/internacional/europa/reaccionado-ue-crisis-migratoria-ceuta-respuesta-pedro-sanchez.html
Estrella Digital (2/8/2026). «Ceuta después del Supremo: por qué el estado de excepción no resolvería la crisis migratoria». https://www.estrelladigital.es/articulo/tribunales/ceuta-supremo-crisis-migratoria-estado-excepcion/20260802133322449421.html
Euronews (1/8/2026). «La crisis migratoria de Ceuta provoca fuertes reacciones en toda Europa». https://es.euronews.com/my-europe/2026/08/01/la-crisis-migratoria-de-ceuta-provoca-fuertes-reacciones-en-toda-europa
“Geoipolinómicos” https://www.youtube.com/watch?v=ie7xvX01T5g&t=1621s
Guillermo Pulido https://www.youtube.com/watch?v=KiGnP8xQcj8
Infobae (1/8/2026). «Última hora de la crisis migratoria de Ceuta… EEUU eleva a nivel 3 su advertencia de viaje». https://www.infobae.com/espana/2026/08/01/ultima-hora-de-la-crisis-migratoria-de-ceuta-y-el-cruce-masivo-de-la-frontera-en-directo/
Infobae (2/8/2026). «La crisis de Ceuta, en cinco claves: de las falsas promesas de asilo a la avalancha de 60.000 personas y el papel de Marruecos». https://www.infobae.com/espana/2026/08/02/la-crisis-de-ceuta-en-cinco-claves-de-las-falsas-promesas-de-asilo-a-la-avalancha-de-60000-personas-y-el-papel-de-marruecos/
La Nación (3/8/2026). «La crisis de Ceuta reveló las fracturas de la UE y reavivó las sospechas sobre Marruecos». https://www.lanacion.com.ar/el-mundo/la-crisis-de-ceuta-revelo-las-fracturas-de-la-ue-y-reavivo-las-sospechas-sobre-marruecos-nid01082026/
Moncloa.com (1/8/2026). «Vox capitaliza la sentencia devoluciones Ceuta para exigir a Sánchez un giro migratorio». https://www.moncloa.com/2026/08/01/sentencia-devoluciones-ceuta-vox-3409028
Moncloa.com (3/8/2026). «Crisis Ceuta Irán: Teherán denuncia a EEUU e Israel por el castigo a España por Gaza». https://www.moncloa.com/2026/08/03/crisis-ceuta-iran-eeuu-israel-3409993/
The Conversation (2026). «Ceuta: claves para entender el laberinto de una crisis migratoria permanente» (cita a Kelly M. Greenhill y al CIDOB). https://theconversation.com/ceuta-claves-para-entender-el-laberinto-de-una-crisis-migratoria-permanente-288843
