¿Qué siente Juana Aguirre? ¿De dónde vienen sus indefinibles inspiraciones, en busca de lo experimental más allá del folk y del pop? Entre lo orgánico y lo electrónico, la cantante y compositora de 36 años editó en abril de 2025 su segundo disco solista, Anónimo, y el martes 11 de agosto a las 21 lo presentará junto con las canciones de su primer disco, Claroscuro (2021), en el Teatro Coliseo (Marcelo T. de Alvear 1125), en Buenos Aires. Allí, Juana Aguirre confirmará por qué es una de las voces más interesantes de la escena musical argentina sin clichés ni adjetivos: no necesita definiciones urgentes para cautivar.
¿Qué prepara para el recital del Teatro Coliseo, sin dudas un esperado hito en su trayectoria? Será una noche que conjurará lo íntimo y lo expansivo, uniendo etapas, texturas y distintos momentos de su obra, y recorrerá su más reciente trabajo así como su disco debut, Claroscuro. En el último año, la artista convirtió sus canciones en territorios en movimiento constante: según adelanta la convocatoria, “en cada presentación revela capas nuevas, cambia la respiración de los temas y resignifica el vínculo entre voz, electrónica, folk y manipulación sonora”. Así desafía Juana Aguirre.
En junio pasado, explicó a Página/12 sus búsquedas con la canción y el universo electrónico: su visión creadora se compone de collages sonoros, ambientaciones, beats y ruidos inesperados, para vestir su voz íntima y dulce —a veces luminosa, otras oscura, siempre con sutiles respiraciones— y sus temas macerados con obsesión y vitalidad. Lo digital dialoga permanentemente, en formas minuciosas y también abarcativas, con su introspección natural lejos de la banalidad. Juana Aguirre es profunda sin esfuerzo e incluso se permite insinuar líneas de raíz folklórica: también la conmueve el canto anónimo.

En su disco Anónimo ella tuvo a cargo la producción artística, pero en algunos temas trabajaron Ezequiel Kronenberg (“La noche”), Juan Stewart (“Lo divino») y Cruz (“Las espinas”). Y así configuraron un disco que no requiere comparaciones ni alineamientos con otras bandas o solistas, para ser explicado. ¿Qué vibra en Juana Aguirre? Como dijo la artista a Página/12: “Mi primer álbum fue muy para adentro, muy introspectivo y sensible. Este disco, Anónimo, tiene un costado más casero, que también relaciono con algo medio de observador”. Y lo extendió en su disco en vivo de octubre de 2025: Una casa sin esquinas.
“Las mañanas”, “La noche”, “Las espinas”, “Automático”, “Lo divino”, “Un nombre propio”, “Las ramas” o “Los pilares” son algunos de los títulos de Anónimo: el disco funciona en sus pliegues mínimos y también en su potencia general. Genera extrañeza y seducción. Abre preguntas sobre la propia inspiración y plantea tensiones contenidas que nunca estallan: persisten en equilibrio en cada canción. “Más allá de que hay temas súper íntimos, como ‘Lo divino’, hay otros en los que entran en juego distintas temáticas”, le contó Aguirre a Página/12. Y confió: “Para mí el disco sucede todo dentro de una casa”.
¿Cómo funciona su poética? ¿Qué circula en sus letras? Juana Aguirre escribe en “Las mañanas”, la canción que abre el disco, que parece una invocación espectral y coral: “Mañana la gente saldrá de su casa. Encuentra la puerta, no siempre las ganas. Volví para verlo, el sol de tu cara”. Y sigue: “Dejaste en mi mesa la flor más dulce. No sé qué dirán los días, yo traje todas mis ganas. Prefiero que no me lo digas, no espero nada”. En Indie Hoy, en julio de 2025, Aguirre graficó el proceso creativo de “Las mañanas”: “Tenía las flautas grabadas y un día Cruz, el productor, estaba tocando la drum machine y pasó por un seteo hermoso, sobre el que empecé a cantar, y se armó una versión hermosa”.
Allí funciona “un proceso más de laboratorio con él, de que cada uno arme set y empezar a probar y tocar —describió Aguirre—. En este último tiempo esos sets se expandieron. Antes era súper reducido y ahora se va complejizando porque vamos sumando herramientas”. Tras los repiques de redoblante sobre una línea digital inesperada —que se acelera—, Aguirre canta en “La noche”: “Entró por la espalda, no quiso quedarse. Llevate los huesos, dejame la carne. Pedí que regrese el santo a tu casa. Olvida tus manos, la noche te alcanza”. Y dice el coro con la voz aniñada: “Tengo la ilusión de guardarte junto a mi colección de olvidos”.
Como le dijo Aguirre a Indie Hoy: “En Anónimo fue liberadora la idea de no tener que responder a ninguna formalidad. Ahora estoy empezando a interesarme en la deconstrucción de la canción. Gané más libertad en el hacer sin cuestionarme tanto si estaba bien o mal. Tenía mucho respeto de producir mi música y en Anónimo me planteé hacerlo como me saliera”. Y reveló: “A muchas canciones las escribí con una idea de producción, ya instrumentándolas, tocando o haciendo algo en la computadora y dándome cuenta que era una canción”. Así, a la vez fluyeron para ella la composición y la producción.
En esa interacción también hubo una representación: una composición de seres a partir de la voz principal, que se descompone en otras, y en los sonidos múltiples, gracias a lo digital. “Hay algo del disco, que además me lleva un poco al nombre, que para mí lo habitan un montón de personajes distintos más allá de que sea yo quien aportó la voz como instrumento. Siento que están representados un montón de personajes y entidades”, le dijo Aguirre a Indie Hoy. ¿Cómo funciona esa entidad y esa voz, en la rockera y minimalista “Las espinas”? La poesía, allí, es primal, y la melodía atrapa con su corporalidad.
Dice la letra: “Corté la flor. Andaba triste de tenerte en pensamiento. A lo mejor no es la palabra lo que nombra esto que siento. La noche es larga. Quizás el mar calme mi sed y me acompañe. Tendré coraje para enfrentarme a las espinas de mis males”. La segunda parte es igual de vívida: “Como la piedra, todo en el tiempo vuelve un día a ser arena. Haré el intento de atravesar con tu ternura este lamento. Que me hace falta para que el viento venga y se lleve tu nombre. La noche muere, pero la flor reclama tu recuerdo”.
En Anónimo siguen los pliegues orientales de “Automático”, las guitarras folk y el sorprendente estribillo de “Volvieron”, las voces expandidas —casi bagualeras— de “Lo divino” y, entre otros temas, en “Un nombre propio”, más allá de la mitad del álbum, Aguirre enuncia para nombrarse en lo indefinible: “Demasiado tarde para convertirme en algo. Mis formas se desarman. Nadie pudo vernos. Y el tiempo deshizo la flor. Siempre recuerdo tu mirada”. La voz levita en la canción, con teclados, ecos, repeticiones de su canto y efectos incidentales para suspender el tiempo: Juana Aguirre abre lo nuevo en cada interpretación.
En la misma nota sorprendió al decir: “No soy una gran música: no estudio, no ensayo, no practico. Entonces (…) llega un punto en que se me agotan los recursos. A veces siento que hay ciertos mecanismos que son un poco repetitivos”. Aunque también deslizó: “En la computadora pasa que es medio ilimitado y la experimentación puede venir desde muchos lugares. Ahora, por caso, me compré un pedal de guitarra y me abrió a todo otro mundo”. Y “el proceso de composición de Anónimo se transformó mucho por esto de necesitar nuevos estímulos. Entonces aparecieron las herramientas digitales”.
Durante años, Juana Aguirre integró Churupaca, una banda con canciones rioplatenses, ritmos latinoamericanos, flamenco y música klezmer. Hoy se prepara para un largo viaje con las canciones de Anónimo: el 17 de mayo estará en Madrid, el 19 en Lisboa, el 21 en Tenerife, el 22 en Canarias, el 27 en Barcelona, el 29 en Montpellier, el 31 en Berlín, el 2 de junio en Londres y el 5 en Copenhague. Será la extensa antesala de su concierto, el 11 de agosto en el Teatro Coliseo, para corroborar su presente entre el pop, la búsqueda digital, la experimentación y la poesía interior sin ansiedad. Como dice en “Las mañanas”: “No sé qué dirán los días; yo traje todas mis ganas. Prefiero que no me lo digas, no espero nada”.
Foto de portada:: Ven a visitarme — Juana Aguirre [EN VIVO Niceto Club], captura de pantalla.
Píxel / Redacción Zoom
