Nada es igual después de la poesía de Circe Maia

LECTURAS | Juan Fernando García recorre los versos de una de las grandes poetas uruguayas contemporáneas, que este año ganó el Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda y cuya obra completa acaba de llegar a la Argentina.

Hace unos pocos meses, la poeta uruguaya Circe Maia recibió un importante galardón para las letras americanas: el Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda. Distinción que en ediciones anteriores, a lo largo de los últimos 20 años, recibieron entre otros, Elvira Hernández, Rosabetty Muñoz, Juan Gelman, Raúl Zurita.

            Celebra la poesía uruguaya, plena de poetas mujeres brillantes e ineludibles, celebramos con Circe Maia, quien comparte la gloria del presente con otra poeta longeva y en actividad, Ida Vitale. Y ambas pertenecen a esa generación arrolladora que nos gusta reconocer como poesía rioplatense: Marosa di Giorgio, Idea Vilariño, Selva Casal, Cristina Peri Rossi.

            En marzo de 2008 volvía de la playa en Uruguay y planeé unos días en Montevideo. El librero del local abajo del hotel donde me hospedé en aquellos tórridos días me comentó que acababa de salir la obra poética reunida de Circe Maia pero que por tratarse de una librería de viejo él no la tenía. Fui a una más grande sobre la peatonal y ahí estaba ese rubicundo tomo negro coeditado por la Biblioteca Nacional y Rebeca Linke. Fascinado, lo miré con deseo pero el final de esas vacaciones uruguayas me había dejado quebrado. Entonces, se me ocurrió escribirles a las editoras y decirles que iba a escribir una reseña del libro en la revista Ñ y si podían dejarme un ejemplar en el hotel. Acciones de un desesperado lector, podría haberse llamado esa escena y este recuerdo. Así fue que, a la tarde, tenía el ejemplar conmigo y unos meses después, el editor de la revista cultural me dio una página para dar cuenta de esa publicación, ilustrada con una simpática foto de la poeta con una paloma posada muy cerca de su sonriente y luminoso rostro.

            Podría decir que conocía poco a Circe (¿quién olvidaría ese nombre tan mítico?), más allá de algunos poemas sueltos y una antología que circulaba en estas costas y recordaba alguna de sus colaboraciones en el mítico Diario de Poesía. Aquel volumen ilustrado con el dibujo de un árbol eléctrico y rojizo sobre el que caían unas contundentes gotas de lluvia se volvió imprescindible entre mis lecturas de poesía (que empecé a compartir con los alumnos del taller de aquellos días y aún hoy, en las aulas de la universidad, porque encontré ahí una voz que nos estaba hablando en la cercanía, en lo inmediato, y su poética parecía condensarse en unos versos prístinos:

Junto a mí

Trabajo en lo visible y en lo cercano 

y no lo creas fácil. 

No quisiera ir más lejos. Todo esto 

que palpo y veo 

junto a mí, hora a hora 

es rebelde y resiste.

Para su vivo peso 

demasiado livianas se me hacen las palabras.

            Esos versos cifran su poética. Había algo cercano, pero también había una ética de la propia labor. Y ahora que estaba todo en mis manos, como una ofrenda ¿cómo no iba a compartirla? Y resonaban en mí esas palabras que destaca Tatiana Oroño en la contratapa del volumen: “Nada es igual después de la poesía de Circe Maia.”

Circe Maia. La pesadora de perlas – Circe Maia y María Teresa Andruetto, de Esteban Monteleone y Juana Luján. Captura de pantalla.

            Han pasado 18 años de aquella anécdota y de aquel encuentro y este 2026 la trae al centro un premio importante y una edición de esa obra en nuestro país. La insoslayable editorial cordobesa Caballo Negro publicó la poesía reunida bajo el título Un río secreto. Y es como decir una vez más, celebremos, Circe está en casa.

            Nacida en 1932 en Montevideo, su periplo literario comienza, según su cronología, en 1944 con la edición que lleva adelante su padre Julio de Plumitas: poesías de mis 10 y 11 años. De ahí saltamos a 1958 con la publicación de En el tiempo, libro que marca el comienzo y cierta frecuencia en la publicación de sus libros. Este primero “maduro”, llevará un epígrafe de Antonio Machado, figura clave de la generación del 27 para leer la poética de Maia: “Ni mármol duro y eterno/ Ni música ni pintura/ Sino palabra en el tiempo” y un prólogo donde declara: “Una de las veces que Antonio Machado se refiere a la poesía, la define como ‘respuesta animada al contacto del mundo’. La relación con la realidad es, por consiguiente, estrecha, íntima, se trata de un diálogo. Vemos en cambio, muy a menudo, que la poesía se ha vuelto monólogo, perpetuo girar del pensamiento sobre sí mismo, oscuridad expresiva, acumulación de imágenes.” Y ahí resuenan los versos del poema “Junto a mí”, lo visible, lo cercano… un lenguaje que descubra y no cubra, como dirá más adelante en ese prólogo.

            En su esplendoroso libro Otras vidas, Marosa dirá de Circe y su obra:

            “En su cántico está la vida cotidiana, el rito diario, pero todo trémulo, tocado, como leve y definitivamente alterado. Vienen señas, se oyen avisos, la presencia alta y recta, o sigilosa, está de nuevo ahí. En un escenario de salas, jardín casero, río, hierbas, espejos, canastas de costura, cucharas, ollas, días, noches, aparentemente iguales, surge la luz de color desconocido, y corre erizado todo, alertando, salando, congelando.”

            Además de su obra poética, otra labor importante de Circe Maia es la traducción, de los filósofos presocráticos a Shakespeare, y esa tarea también ha conllevado sesudas reflexiones que la editorial uruguaya Rebeca Linke publicó bajo el título La casa de polvo sumeria, sobre lecturas y traducciones (algunas de ellas aparecidas anteriormente en las columnas del Diario de Poesía que mencioné  en mi evocación).

            Uno de los grandes temas de la poesía de Circe es el tiempo y en los poemas atendemos a ese tópico que se profundiza en una interrogación filosófica, que une tiempo-ser-experiencia-realidad y sus caras contrapuestas. Donde la experiencia del mundo –la experiencia filosófica– sucede lejos de toda teoría, porque puede afirmar lacónicamente: “Lo más hondo no es íntimo.”

            Lo visible, lo cercano: el paisaje, Montevideo o Tacuarembó; lo doméstico, la casa ancestral, los objetos familiares, lo transparente de un objeto nimio, una piedra o una camisa; aquella “respuesta animada al contacto del mundo” que definía la poesía de Antonio Machado y que en la poética de Circe es una marca ineludible.

            Suscribo, con énfasis, lo que dice y cómo lo dice María Teresa Andruetto en el prólogo a la antología La pesadora de perlas que ella compila en 2023 para la editorial cordobesa, Viento de fondo.

            “Es extraña Circe: muy sencilla y a la vez sumamente compleja. Tiene un pensamiento muy sofisticado pero escribe sobre lo más cotidiano y ha elegido una manera de retirarse (no del todo, porque publica, pero ha dosificado al extremo su vida pública) para poder hacer verdaderamente una obra y para hacerla, así como la ha hecho, escribiendo en medio del quehacer doméstico, conjugando ahí poesía sobre la corrosión del tiempo, sobre la vida que se desliza sin que nos demos cuenta, sobre la búsqueda de la luz y de las pequeñas cosas de la vida doméstica y del diario asombro de vivir…” Y agrega: “Sabe el valor que tiene lo que hace, pero juega un poco a no saber y yo creo entender por qué. No se trata de una coquetería ni de falsa modestia, sino de la condición necesaria para escribir la poesía que escribe, porque ella escribe a condición de que no parezca que está escribiendo y entonces todas sus elecciones apuntan a una vida lo más sencilla posible y para hacer esa obra única.”

María Teresa Andruetto y Circe Maia. La pesadora de perlas – Circe Maia y María Teresa Andruetto, de Esteban Monteleone y Juana Luján. Captura de pantalla.

            El temblor de la política –de la experiencia personal a la visión colectiva–, que también se hará patente en esa pieza hermosa que es la prosa de Un viaje a Salto: la dictadura que reverbera condensada en esta breve y bella pieza, que trae en sus pliegues el encarcelamiento de su compañero y padre de sus hijas:

Cartas

Te mando unos dibujos. Muchos besos. 
Saqué notas muy lindas. Muchos besos. 

Y así, entre beso y beso de papel, las noticias 
la palabra animosa, la esperanza. 

(Todo lo que se calla y no se escribe 
late, entre letra y letra, en el papel en blanco.)

Y también, lo que llamaríamos un rasgo de su formación: la écfrasis como recurso para acercarse a la pintura: Vermeer, Paul Klee, Van Gogh, los dibujos de Fidel Sclavo o Sandino Núñez. También conforman el universo Circe Maia.

Difícil elección, pero dejaré por acá uno de mis poemas favoritos:

Poemas de Caraguatá

I

A la hora final
cada uno tendrá su pequeño paisaje
para borrar con él esa penumbra
de habitación de enfermo.

Este trozo de río no está mal, por ejemplo,
para guardarlo así: las costas verdes
rodeándolo, brillante, silencioso.

Y son dos movimientos:
mientras el bote avanza
sin ruido, hacia delante,
la imagen, al contrario,
va hacia atrás, silenciosa,
abriendo el pensamiento
y ancla profundamente.

Cuando toque soltar amarras
de una vez para siempre
el viajero no habrá de ver los muros
–frascos, cama, remedios–
sino este río inmóvil
bajo la luz del sol, resplandeciente.

(en Dos voces, 1981)

Imagen de portada: Circe Maia. Audiovisual. Homenaje a Circe Maia, de la Biblioteca Nacional de Uruguay


Píxel | Revista Zoom

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