“Tu destino está en los demás/ tu futuro es tu propia vida/ Tu dignidad es la de todos./ La vida es bella, tú verás/ como a pesar de los pesares/ tendrás amor, tendrás amigos”.
José Agustín Goytisolo, “Palabras para Julia”.
La abundancia informativa obtura la capacidad de pensar, escuchar, escribir, producir. Ya no podemos discernir —por la velocidad asfixiante con que circulan y el fácil acceso— entre las verdades y las verdades a medias, fake news y noticias basura. Nos convertimos en meros consumidores de un menú que nos descompone el alma, al punto de naturalizar las crueles medidas que aplica un gobierno cuya única política pública es la crueldad. Esta realidad profundiza las angustias colectivas, sintiéndolas personales.
La sensación de desesperanza que nos invade es colectiva, aun cuando el mandato político, pretende que las consideremos penurias individuales. Agobio, cansancio, bronca, nos invaden de distintas maneras, según nuestras realidades: ¿Cómo llego a fin de mes? ¿Por qué me pasa esto a mí? Las deudas abruman, y la lista de males es tendencialmente inagotable. Tanto que podríamos decir que más de la mitad de nuestro país, vive alguna situación socioeconómica crítica, con diversos grados de complejidad.
Los informes no oficiales —y aun los oficiales— nos muestran el aumento de los problemas de la salud mental de la población, algo realmente preocupante.[1] Por primera vez la principal causa de muerte en nuestras juventudes es el suicidio. Alguien me dijo una vez, que es el momento en el que sentimos que la vida nos supera. Siempre me movilizó esa definición de tanto desabrigo.
Un cachetazo a la sociedad: ¿qué sentimos frente a un joven que no quiere vivir?, ¿qué nos están diciendo con sus dramáticas determinaciones? Es una interpelación a toda la comunidad. Si tomaron una decisión personal de esa magnitud es porque no pudieron sentir lo colectivo.
Y el Estado está ausente; sin acciones de prevención, tan necesarias; sin otra reacción que la burda mentira de que no hay plata. ¿Será que también a esto lo consideran un “asunto entre privados? Las agendas del nuevo orden colonial se desentienden de las verdaderas necesidades locales. In-visibilización de la realidad. Si no lo veo, no existe. La única política es la del ajuste. Y lo que están ajustando es la vida misma.
Los medios y las tecnologías: la digitalización de nuestras vidas
¿Qué ves? ¿Qué vez cuando me ves? Cuando la mentira es la verdad. Los medios de comunicación y las tecnologías influyen en la percepción de la realidad, la circulación de la información y la participación ciudadana en la sociedad. Es tanta y tan abrumadora la información que circula que muchas veces no se puede distinguir lo irrelevante de lo importante. Los grupos de comunicación hegemónicos ofrecen una información atomizada. Y lo hacen de manera perversa, en pedacitos y quienes podemos, la vamos armando como un rompecabezas que no quieren que se vea. El objetivo no es otro que impedir la construcción colectiva, y lo cumplen concentrando la riqueza en manos de pocos. Forjan nuevas esclavitudes que nos van despedazando, para que ya no sea posible pensarnos como comunidad. Reivindican un modelo de país que profundiza la individualidad y sus efectos: la soledad, la tristeza y la crueldad. Nos la imponen a través de un ablandamiento cultural, utilizando las redes sociales, la IA, un abrumador aparato de propaganda que nos deja una sensación de derrota, de imposibilidad, de desmovilización.
Los sectores más vulnerables y vulnerados son los más afectados. Y una clase media que va cayendo, que se resigna a la mera supervivencia, cansada de tantas desigualdades, que siente que no habitan el mismo mundo que el presidente. ¿Cuánta de esa gente los habrá votado? ¿Cuántos de entre ellos/as lo hicieron presas del desencanto, descreídos por propuestas de políticas anteriores que no llegaron a convertirse en acción y solo potenciaron el malestar?
No sé si importan tanto las respuestas a estas preguntas, como la necesidad —cada vez más acuciante— de que comencemos a reconocernos como grupo, como pares, en territorio, como ciudadanos distintos, pero semejantes, con proyectos que podemos abrazar juntos, como la construcción de una nación democrática para todos y todas. ¿Acaso no tenemos la autoridad de nuestras muchas construcciones colectivas? No una autoridad presuntuosa, sino ofrecida con la mano extendida para avanzar en las utopías que se construyen desde la política, donde las decisiones, y la participación en proyectos hechos de la insobornable esperanza, pueden quebrar la atomización que nos imponen. Porque seguimos siendo un todo y entendemos que todo nos impacta.
Cumplir, no solo por obligación, sino por convicción, con nuestro derecho a elegir. Tenemos que volver a llenar el voto de sentido. Crear conciencia de su importancia. Empoderarnos, que de eso se trata. Sin temor, animarnos a pensar; y si es en voz alta, mejor. Conversar, sentirnos parte de un todo que se llama Patria. Allí donde la calidad de vida se construye con muchas voces. ¡No sentirnos solos debería ser un derecho que nadie pueda transgredir!

Las “pruebas” Pisa
La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico es un organismo internacional que coordina políticas económicas y sociales en sus países miembro para mejorar la calidad de vida y fomentar el desarrollo global. Las pruebas Pisa surgen de esta organización. Y aquí retorna una pregunta formulada tantas veces: ¿tienen en cuenta, los cráneos que las formulan, las diversidades socioeconómicas, culturales y presupuestarias entre todos los países que participan?
Generan grandes títulos en los medios de comunicación y opiniones en algunos sectores de nuestra sociedad en desmedro de la educación pública y de los jóvenes, fortaleciendo así la educación para pocos. Las “pruebas” terminan mostrando resultados que son la expresión de lo que estamos viviendo. Avances de tecnologías en las redes sociales que promueven un uso excesivo junto con la IA, irrumpen en la construcción de pensamiento, de procesos, de tiempos, de atención en un mundo que nos lleva a la vida digitalizada. Se trata de una realidad mundial. La paradoja desgarradora es que los mismos que exigen infancias y juventudes pensantes, pujantes, emprendedoras, llevan adelante políticas que producen desigualdades profundas, y subterráneamente van generando subjetividades superficiales en sus razonamientos, en sus pensamientos, que no les permiten mirarse, hacer un alto, proyectarse junto a los otros, pensarse colectivamente.
A esta realidad global, es necesario sumar la realidad argentina. La falta de financiamiento para la educación que se viene sosteniendo y profundizando en los últimos años, provoca —entre otras tantas consecuencias— falta de mantenimiento de los establecimientos educativos; salarios miserables; eliminación de programas de capacitación y de infraestructura… y, dolorosamente, podríamos seguir. El presupuesto 2027 prevé, para educación, el 0,8% del PBI, frente al 6% que fija la Ley Nacional de Educación vigente hasta 2023. Esto es lo que están haciendo. ¡Cómo no se van a expresar diferencias en los resultados entre los jóvenes de los sectores más vulnerables y los más beneficiados socioeconómicamente!
El rendimiento de un joven que come cuatro comidas al día, no puede ser igual que del que come una o dos. No es lo mismo el resultado en sus aprendizajes de quien tiene un hogar donde hay adultos que trabajan, que otro en el que viven de changas. Jóvenes que se ven con un futuro y jóvenes que apenas viven el presente. Todos tienen 15 años. Esa es la condición de la “prueba” Pisa.
No es un problema solo de la educación. Es la política. Es parte de la atomización de la realidad. Culpamos a quienes no son culpables y libramos de culpa a los auténticos responsables.
Y nada de esto niega los cambios que la escuela debe hacer, más temprano que tarde. Para eso, hace falta decisión política y presupuesto para que la educación pública se fortalezca. Las pruebas Pisa son una muestra más de lo que estamos viviendo como sociedad pauperizada. ¿Cuál es el camino que vamos a elegir? ¿Seguir como estamos, destruyéndonos internamente, mientras el equilibrio fiscal está —falsamente— equilibrado? ¿O el de comenzar a construir o reconstruir espacios del pensar y actuar juntos, interpelándonos, aunque duela?
Desandar caminos y volver a andar. Valorar la acción política frente a la incertidumbre que nos desafía permanentemente. Aquí estamos para alejarnos de la soledad, de la tristeza, para escucharnos, mirarnos y proyectar un presente y un futuro que sea nuestro. De nuestra Patria tal como la sentimos y la seguimos soñando, porque no es imposible.
Lo imposible es este rumbo de miseria y destrucción.
[1] Díaz, C.A. (2026): «Salud mental: cambiar la narrativa», Revista Zoom, 18 de septiembre. Disponible en: https://revistazoom.com.ar/salud-mental-cambiar-la-narrativa/
