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Elecciones en Estados Unidos: la geopolítica de Milei se derrumba

El retroceso electoral de Trump pone en crisis las alianzas y dependencias que Milei construyó para sostener su gobierno. Por Demian Verduga

El mundo acaba de cambiar. Javier Milei, ¿lo sabe? El presidente argentino se dedicó durante los casi tres años de su mandato a una tarea política central: ser el súbdito preferido de Donald Trump. Hizo 18 viajes a Estados Unidos para ir a cultivar esa relación con el trumpismo. Le trajo resultados. En 2025, el Tesoro de Estados Unidos intervino en el mercado de cambios argentino para sostener el dólar cuando faltaban dos semanas para las elecciones de medio término. Ese gesto frenó una corrida que amenazaba con disparar el precio de la divisa estadounidense y con hacer que Milei llegara a la elección sin el único logro que le podía mostrar a la sociedad. Nadie puede hacerle una corrida a quien fabrica los dólares.

El apoyo explícito de Trump también le sirvió a Milei para ordenar factores de poder dentro de la Argentina con los que el presidente mantiene distintas pulseadas, la mayoría por negocios. La resignación con la que el “doctor chatarrín”, apodo con el que Milei ridiculizó a Paolo Rocca, aceptó el destrato del presidente, y el disciplinamiento de sectores sindicales y del Poder Judicial se explican en gran medida por el respaldo de la Casa Blanca. Es un apoyo que en la Argentina construye gobernabilidad con factores de poder.

El resultado de las elecciones de este 3 de noviembre en Estados Unidos, en las que el ala más a la izquierda de los demócratas ganó de modo arrollador, puso a tambalear la principal base de sustentación de Milei. Es como si le hubieran quitado el banquito en el que se suele parar para dar sus discursos de inicio de sesiones en el Congreso.

Para ciertas personas, puede resultar un análisis político abstracto, que no tiene traducción directa en la vida real. En ese punto hay que repasar el modo de funcionamiento del capitalismo especulativo, que se basa en gran medida en apuestas y creencias. ¿Por qué funcionó la intervención del Tesoro en 2025 para mantener el precio del dólar en la previa a las elecciones legislativas? Entre otras cosas porque el supuesto “mercado” recibió la señal de que el gobierno de Trump iba a actuar como si Argentina fuese una provincia estadounidense. Una cosa es hacerle una corrida a un gobierno argentino, otra hacérsela a la Reserva Federal que emite todos los dólares que quiere.

Esa intervención inédita es la que explicó en parte la victoria de La Libertad Avanza en las legislativas. Trump la combinó con una amenaza que hizo en la Casa Blanca, con Milei sentado enfrente, cuando dijo que si los argentinos no votaban al libertario retiraría el respaldo financiero. Fue una especie de Braden o Perón del siglo XXI. El punto es que, en esta ocasión, por múltiples motivos, la sociedad argentina se asustó y prefirió agachar la cabeza frente al emperador.

El tiempo pasa rápido. A solo 12 meses de ese momento en que se consolidó que la base de sustentación de Milei era Trump, el presidente naranja, que empujó una guerra que hizo subir el petróleo por encima de los 100 dólares y disparó la inflación global, perdió de manera aplastante las elecciones en su país.

Temblor en la Rosada

El impacto en el gobierno argentino es inocultable. En la Rosada tratan de sopesar qué puede pasar en los próximos meses cuando el “mercado” asuma que la Argentina ya no tiene ese prestamista de última instancia, un papá rico que sale al rescate de un hijo que reventó la tarjeta de crédito. Algunos efectos se pueden demorar semanas. Otros ya están tocando a la puerta. El riesgo país, del que vive pendiente el gobierno porque su modelo se basa en la especulación financiera, saltó a 852 puntos por encima de la tasa de interés estadounidense al día siguiente de la derrota de Trump. Una comparación: el mismo indicador en Brasil es de 194 puntos básicos. Es decir: el riesgo país gobernado por el “socialista” Luiz Inácio Lula da Silva, que se enfrentó verbalmente con Trump, que es miembro de los BRICS, es casi cinco veces más bajo que el de Milei. Son datos duros que no se pueden tapar con la retórica libertaria.

El otro punto que el mileísmo está mirando es lo que ocurrió con la base electoral trumpista. Creen que en la Argentina puede estar pasando lo mismo con Milei. Los datos indican que una porción importante de votantes que en 2024 apoyaron a Trump en esta ocasión fueron a expresar su voto castigo respaldando a los demócratas. El vicepresidente de EE. UU., J. D. Vance, se hizo eco de ese malestar en Twitter. Dijo, expresamente, que habían perdido “por la guerra”, en referencia al conflicto con Irán. Y por no ocuparse “del costo de vida” de los trabajadores. Fue una toma de distancia absoluta del presidente Trump. Es un gesto que echa un manto de incertidumbre sobre si Vance puede estar siendo parte de un intento de juicio político contra Trump, proponiéndose como el nuevo líder de los republicanos.

Todo puede ocurrir después de un resultado tan contundente como el del martes 3 de noviembre. Cualquier presidente que pierde una elección de medio término y no tiene la posibilidad de la reelección por delante, como es el caso de Trump, se transforma en pato rengo. Pero si la derrota es aplastante, ya es un pato (Donald) al que le pueden faltar las dos patas y no solo una.

Ese nivel de incertidumbre que sufre el soporte político de Milei cambia el escenario argentino. Y se suma a otra derrota geopolítica que el presidente había sufrido pocos días antes, el triunfo de Lula contra Flávio Bolsonaro en el balotaje.

Juan Perón solía decir que la política exterior era la que marcaba las reglas, la que condicionaba y determinaba la política interna. Como en tantas otras cosas, el General tenía razón. Este es el peor momento geopolítico de Milei por las apuestas que hizo, las alianzas que rompió y las dependencias que construyó. No hay forma de que eso, más tarde o más temprano, no impacte en la ya durísima situación del pueblo argentino.

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