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“A la rebeldía no se renuncia”

Una voz joven para hablar de la juventud. Para hacerse preguntas, y trazar legados, de los que recoger la esperanza de cambiar esto, de una buena vez. Por Romina Ramírez

Los jóvenes y adolescentes representan un sector del electorado distante del ecosistema de la gestión pública, del escenario partidario político y, también, del centro de la pulsión electoral.

Una investigación Pulsar.UBA (observatorio de la Universidad de Buenos Aires especializado en el estudio de la opinión pública) y la Asociación Conciencia, en la que entrevistaron a más de 2400 estudiantes de 16 a 19 años en todo el país, arrojó el siguiente resultado: el 69% dice tener poco o ningún interés en la política, aunque la mayoría sigue prefiriendo la democracia como forma de gobierno.

Es decir, 7 de cada 10 chicos manifiestan que no les interesa la política, ni hablan de política con sus amigos. En tanto, el 54% cree que la democracia es preferible a otra forma de gobierno, y sostienen que no deben juzgar a las personas por sus opiniones en este ámbito, mientras que el 59% está poco o nada de acuerdo con la idea de que se puede saber si una persona es buena por sus opiniones políticas. También de este análisis se desprende que el 61% podría estar en pareja con alguien con ideas políticas opuestas a las suyas.

Finalmente, el 29% dice estar muy interesado en la política y el 72% de los encuestados afirma que votar es importante, pero no alcanza para decidir lo que pasa en el país. Existe, entonces, una marcada crisis en materia de representatividad por parte de los referentes partidarios de los distintos sectores (tradicionales o emergentes) y su influencia en los jóvenes. Sin embargo, surgen movimientos dentro de las dinámicas de algunos centros de estudiantes, que marcan la agenda de los medios, que construyen un puente entre los chicos y la “cosa pública” (del latín: res publica), así como la reinstauración de espacios de debate que se asemejan a la antigua Grecia, donde la asamblea era el máximo órgano de decisión política.

Benjamín Guaymas Ocampo, de Estudiantes Organizados Tucumán, espacio constituido por estudiantes secundarios y universitarios, expresa que los chicos consideran que no solo es necesario dar el voto cada cuatro años, sino que la democracia deben construirla diariamente con innovación de ideas, invitando al diálogo, y por eso buscan espacios de participación en las instituciones públicas: el Municipio o el Gobierno Provincial, para construir nuevos modos de organización con sus pares que generen proyectos en común. Critica la forma en la que se ejerce la democracia, afirma que el proyecto del presupuesto participativo joven que funciona en Santa Fe y Córdoba (donde se habilita la injerencia de los jóvenes al momento de decidir los destinos de los fondos del Estado) representa un nuevo paradigma en la interacción real de los chicos respecto de la proyección de políticas públicas.

Sobre la vinculación de los jóvenes con los partidos tradicionales, muchos no se sienten cercanos a esta manera de “hacer política”, porque buscan una estructura de valores que va mucho más allá de lo electoral. Generalmente, un año antes de las elecciones, los partidos tradicionales congregan a nuevos militantes para “mostrar a su juventud” en la pulseada frente a las urnas, pero eso no se refleja consecuentemente con un plan de gobierno sustancial. Según Guaymas en el caso de Tucumán —a contrapelo de lo que sucede en otras provincias— muchos chicos están politizados o quieren participar en el desarrollo de programas estatales o de mejoras sustanciales para la comunidad a la que pertenecen, pero no se aferran a una cuestión partidaria. Siguen los valores en los que creen y, de esa manera, se identifican con el referente que encarna esos principios (sin importar su partido o afiliación política). Además, muchos de estos chicos encuentran su lugar de pertenencia en las organizaciones sociales (voluntariados, asociaciones civiles, merenderos, etc.), porque no se sienten parte de ese mundo de la política, que los aleja con prácticas arcaicas o poco amigables.

Germen del movimiento estudiantil secundario y universitario

A lo largo de la historia, la juventud, en Latinoamérica y, particularmente, en Argentina, se convirtió en un verdadero laboratorio de ideas, militancia, participación ciudadana, con una fuerte vinculación con los sectores populares.

Guadalupe Seia,[1] profesora de la Facultad de Ciencias Sociales (UBA) y becaria posdoctoral del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), en una entrevista al canal Educ.Ar expresó que existe una lucha que fue referencia de las banderas de los estudiantes universitarios y secundarios vinculada contra la instalación de las universidades privadas, denominada “Lucha Laica o Libre” con huelgas y movilizaciones de más de 60.000 personas en 1958. Entre las organizaciones más importantes se encontraba la Unión de Estudiantes Secundarios (UES) que surge por mandato presidencial en el segundo gobierno de Juan Domingo Perón, la cual impulsaba acciones fundamentalmente deportivas, aunque más tarde se constituiría en una agrupación de base político ideológica peronista.

Las reivindicaciones gremiales siempre fueron puntos de movilización permanente para los estudiantes, y el derecho a organizarse una conquista, puesto que era un derecho prohibido desde 1936 por la denominada “Resolución de la Torre”, que impedía a los estudiantes y a los Centros de Estudiantes Secundarios intervenir en asuntos que, según el poder, no les incumbían. El boleto estudiantil y las exigencias para mejorar el acceso a la educación fueron los hitos que los convirtieron en los verdaderos protagonistas del cambio. En 1972 los estudiantes de las escuelas técnicas fueron centros de resistencia frente a nuevas normativas que buscaban restringir las habilitaciones que le daban los títulos. Las masivas marchas en Plaza de Mayo de la comunidad educativa evitaron su implementación.

La Noche de los Lápices, no fue un hecho aislado, y dejó como saldo cientos de adolescentes de entre 13 y 18 años asesinados y desaparecidos. Según la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas, se calcula que aproximadamente el 11% de las personas desaparecidas y asesinadas en la última dictadura cívico-militar tenían entre 11 y 20 años. En su mayoría eran estudiantes. En este periodo de nuestra historia, los funcionarios designados en el Ministerio de Educación eran civiles, muy identificados con los sectores de la derecha católica a los que les preocupaba los procesos de infiltración ideológica en las escuelas y universidades, por lo que editaron manuales sobre “marxismo y subversión” que repartieron en las escuelas y las universidades a docentes y autoridades. La dictadura buscaba disciplinar y despolitizar a los jóvenes, reforzando el modelo del estudiante varón que únicamente se formaba en estas instituciones sin ningún otro valor más que disciplina, orden y silencio.

Ser joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta biológica

La recordada frase del presidente chileno Salvador Allende en 1972, se hace presente en cada gesta de los jóvenes estudiantes. En la actualidad las tomas de los colegios y escuelas forjan referentes como Ofelia Fernández, ex presidenta del Centro de Estudiantes del Carlos Pellegrini, que en 2019 resultó elegida la legisladora más joven de Latinoamérica integrando la Lista Frente de Todos.

Siguiendo esta tradición de lucha y conquistas, algunos centros de estudiantes de la provincia de Tucumán ejercieron su derecho a huelga como el caso de la Escuela Normal Superior en Lenguas “Juan Bautista Alberdi”. El punto desencadenante fue un proyecto del Ministerio de Educación de la provincia que contemplaba una modificación en los planes de estudio, razón por la cual se reduciría la carga horaria de los idiomas (Inglés y Francés). Por los problemas edilicios como: aulas con paredes, ventanas, pupitres y sillas rotas, sumado a la invasión de roedores en la institución, intervino la ministra de Educación, Susana Montaldo. ¿El resultado? Los chicos abucheando a la funcionaria y coreando el adjetivo: mentirosa, razón por la cual debió intervenir el mismo gobernador. A este reclamo se le sumó la Escuela Superior de Enseñanza Artística (ESEA), con una sentada para visibilizar una situación que viene desde hace meses: aulas insuficientes (funcionan 10 para 12 cursos) y convivencia con roedores y suciedad, además de situaciones de malos tratos y falta de respeto al estudiantado por parte del personal de limpieza. En esta oportunidad, el mismo Osvaldo Jaldo convocó a sus referentes para desactivar las revueltas estudiantiles y un posible efecto dominó.

Pareciera que la historia y la actualidad nos demuestran un hecho irrefutable: los jóvenes y adolescentes no necesitan de la estructura partidaria para sobrevivir y luchar por sus ideales o valores, conquistando nuevos derechos o defendiendo los ya establecidos. En cambio los partidos políticos son quienes necesitan de sus votos para mostrar el “músculo” o sentar las bases para proyectarse en el tiempo.

La despolitización de nuestra sociedad, nos costó el dolor de juicios interminables, Madres y Abuelas que siguen buscando a sus nietos y a sus hijos, es decir, justicia, verdad, memoria. Nuestra juventud necesita referentes con valores y principios que reconstruyan la esencia de nuestro país, que encarnen el espíritu de aquellos hombres que supieron consolidar la verdadera libertad para instaurar una Patria soberana, una Patria grande y para todos. Porque, como ha dicho con firmeza y en voz alta, Virginia Mones Ruiz (Viru, esposa del Indio Solari), a la rebeldía no se renuncia, se la enarbola como bandera para impulsar un nuevo cambio, para refundar una nueva provincia, una nueva y gloriosa Nación: la nuestra.


[1] https://www.educ.ar/recursos/157813/el-movimiento-estudiantil-en-los-anos-setenta-militancia-

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