El capitalismo obsesionado consigo mismo

FRAGMENTO «Exocapitalismo. Economía absolutamente sin límites», de Marek Poliks y Roberto Alonso Trillo.

¿Qué hacer cuando el capitalismo ya no nos necesita? En este libro, Marek Poliks y Roberto Alonso Trillo no realizan otro manifiesto, sino una advertencia: el aparato crítico está agotado, el capital se desacopló de lo material y se está volviendo invisible, así que es en vano intentar resistirlo, sin proyectar una alternativa teórica real. A continuación reproducimos un extracto de Exocapitalismo. Economía absolutamente sin límites, de Marek Poliks y Roberto Alonso Trillo (Caja Negra).

Es todo tan homogéneo: “El capitalismo es un actor único y malvado que controla unilateralmente el planeta”; “El Estado y el tecnocapital actúan en concierto para desplegar mecanismos perversos de control operativo y vigilancia sobre la población global”; “El sujeto virtuoso de la humanidad moviliza a una multitud heroica y, por la fuerza de su mero volumen y la forma en la que todo eso depende irreversiblemente del sacrificio humano, su potencia laboral destruye la arquitectura depredadora que se le opone”.

            ¡Aguantar, aguantar, aguantar!

            La ortodoxia crítica se ralentiza, está cansada, internet no se le da especialmente bien, es probable que jamás haya atendido en la barra de un Starbucks ni haya pasado horas en un cubículo anónimo. Sus adeptos más jóvenes, aunque sean nativos digitales, están crónicamente subempleados, ausentes, ahogándose en deuda estudiantil (o en el costo de la oportunidad estudiantil) que exige el ingreso al aparato crítico. Pocos tienen la paciencia necesaria para el lenguaje gelatinoso y narcotizante de la economía LinkedIn, del enclave libertario del Forex, del trading de alta frecuencia y las memecoins, de la depravación enfundada en el sweater con cierre que supone trabajar en los crematorios administrativos de McKinsey, Deloitte o Accenture, ni para las implacables oscilaciones anímicas del capital de riesgo que engrasan todo lo anterior. Esta impaciencia es –usando la jerga de los de arriba– un blocker: el aparato crítico subestima el poder de la economía del software, tropieza al intentar articular la densidad morfológica del capitalismo digitalizado, ignora por completo la muerte funcional del trabajo y no comprende la escala.

            No es que nosotros sí lo entendamos… ni de casualidad. Caeríamos bajo sospecha si fingiéramos que nos distinguimos por nuestro desprecio o nuestro hastío del aparato crítico (eso ya casi se ha convertido en el uniforme obligatorio, en el requisito mainstream para formar parte del club de la crítica). Pero, con un poco de suerte, lo que sigue contiene una cosmología tan radicalmente alternativa del estado contemporáneo de las cosas que logre reventar la rigidez del discurso dominante.

            En el corazón de nuestra tesis está la idea de que el capitalismo no es un gran actor monolítico y direccional que mueve el mundo según sus ambiciones. Para nosotros, el capitalismo es algo muy pequeño, granular, fisible: un germen, un algoritmo de autocorrección entre dos o más… mundos. La proliferación de tantos tipos distintos de capitalismo en la Tierra se relaciona directamente con la expresión de este patrón germinal de pensamiento a través de pilas infinitas de mundos sobre mundos sobre mundos.

            Además, como indica el título de este libro, sostenemos que el capitalismo no es sociogénico, que no está construido socialmente, que no depende del campo social humano, que no opera a través de la ideología ni como esta. El “exo-” del exocapitalismo no es un lifting semántico, ni un nuevo flujo de capital, sino la delimitación tajante de ese capitalismo que no toma al humano como su sustrato.

            Llamamos “cosmología” a nuestra teoría, menos en el sentido de hacer afirmaciones grandiosas sobre el universo que en el de un sandbox, un entorno aislado de desarrollo, un arenero conceptual desde el cual desmantelar conceptos sobredeterminados, pensar a través de aquello que puede ser o no ser capitalismo (pasamos mucho tiempo identificando cosas que parecen capitalismo, pero puede que no lo sean).

            Nuestra cosmología se inspira principalmente en Elena Esposito y Suhail Malik, cuyo trabajo sobre ontología financiera sostenemos con una soltura casi sagrada. De Suhail Malik extraemos un axioma fundamental del núcleo del capitalismo tal como lo entendemos: que la ineficiencia (dilatación temporal, fricción, interposición, mediación) es valor (un principio contrario al que plantean Marx, Weber y sus herederos, para quienes el capitalismo es una carrera desquiciada hacia la eficiencia temporal a toda costa).

            Este principio también les da la vuelta a las construcciones marxistas de valor y precio: ya no son cosas que el capitalista extrae de una fuerza de trabajo, sino que pueden generarse de la nada, independientemente de toda lógica material, por la simple interposición de una latencia entre mundos. (A lo largo del libro hablaremos sobre el re-mapeo del valor y el precio.)

            Nuestra cosmología también tantea con un anhelo casi erótico a Nick Land, no como profeta ni como crítico, sino como apóstata de la agencia humana mientras forcejea (¡sin pensarlo!) con el gran afuera. Para nosotros, el capitalismo forma parte de ese antipático shadowverse, de ese umbraverso o universo de sombras de las grandes cosas, de las imposibles cosas alienígenas, cuya autonomía no es un telón oscuro, sino una invitación a su estudio e interpretación según sus lógicas internas.

            También tomamos prestado de los primeros Deleuze y Guattari –a quienes Land debe tanto– y su primer aporte mayor: El Anti-Edipo. La constelación de esta trinidad profana formula el primer y más contundente argumento: que el capitalismo es una cosa, o un proceso, o una fuerza, o un algoritmo en sí mismo, o un principio que incomoda al aparato crítico obsesionado con los efectos retrospectivos de las imposiciones que este ha ejercido sobre la especie humana. Anclamos nuestro análisis en esa tradición de especulación filosófica habilitada por ese precedente.

            Nuestro análisis aparta su foco del Deleuze tardío, de Foucault, de la Escuela de Frankfurt, de los paranoicos y devoramentes que empuñan pancartas en los patios académicos de BlackRock. Para nosotros, la capacidad del Estado para controlar y regular la sociedad en nombre del capitalismo está grotescamente exagerada en todos los aspectos posibles.

            Si bien nuestra cosmología también lleva el influjo de Silvia Federici (la centralidad del problema de la reproducción social), de Frantz Fanon (las líneas duras que separan a los humanos sobre la Tierra) y de Luciana Parisi y M. Beatrice Fazi (la dignidad interior de la computación), por lo demás está bastante sola. (Se podría decir que Reza Negarestani vive en algún lugar de las notas al pie, como nuestro tío alienado, el sabio que ya ha pasado por todo esto.)

            Pero sí, el título es la tesis. Sostenemos –y esta es nuestra propuesta– que el capitalismo, como exocapitalismo, es infinito, desencadenado, ilimitado, independiente de y absolutamente indiferente a la condición humana, completamente obsesionado como lo está consigo mismo.

            Y afirmamos, además, que el capitalismo no es en sí nuestro enemigo –y aquí es donde más nos distanciamos de la carrera de caracoles marxista–; es, en el mejor de los casos, un metaproceso indiferente, un cáncer, un reemplazo catastróficamente pobre de la estructuración social.

            ¿Y el verdadero enemigo?

            Bueno… nosotros mismos, ¿no?

Marek Poliks (St. Louis, Missouri, 1989) Es investigador especializado en filosofía de la tecnología. Con Roberto Alonso Trillo trabajan en una perspectiva de las herramientas de deep learning que las entienda como infraestructura reproductiva endosimbiótica (es decir, como vehículos inorgánicos a través de los cuales la información biológica, epistemológica y social se codifica, se condiciona a procesos contingentes y se transmite). Actualmente reside en Mineápolis, Minnesota.

Roberto Alonso Trillo (Vigo, Pontevedra, 1983) Es un teórico y artista español cuyo trabajo abarca la teoría cultural, la filosofía de los medios y el sonido experimental. Su investigación se centra en las dimensiones estéticas y políticas del machine learning, con particular atención a la crítica infraestructural y la performatividad. En colaboración continua con Marek Poliks, investiga la teoría de la IA y el diseño especulativo como parte de una indagación más amplia sobre la automatización y la producción cultural. Su práctica interdisciplinar se extiende hacia el arte sonoro, la música post-instrumental y la pedagogía crítica. Actualmente reside en Hong Kong.

Imagen de portada: “Abstract Hexagonal Blockchain Network Background”, Getty Images.

Píxel / Revista Zoom

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