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Lo sintético versus lo natural

No hay elecciones, pero parece. Y donde sí hay, suena la alarma. ¿Qué hacemos con la IA? ¿Matarla con la indiferencia? Por Yeyé Soria

Este no es un año electoral, pero lo parece. Por un lado, porque la brecha abierta entre quienes ejercen eso que seguimos llamando política, parece ensancharse, y quienes están en el interior de esa práctica, han entrado en la espiral de las urgencias que les demanda el armado, tanto de las campañas por venir, como de las alianzas, internas y/o cuanto sea que necesiten para continuar en los lugares de los que no se quieren desprender. Por el otro, porque las angustias, las necesidades, las exigencias de supervivencia de las grandes mayorías populares no encuentran respuestas de ningún tipo en la casta gobernante, ni la sensibilidad suficiente en una oposición que se muestra más urgida por su propia suerte que por la de la sociedad que mañana querrá que los voten.

Los/as votantes pasamos de ser “votantes” a usuarios de servicios, pero, ¿qué esperamos de nuestros representantes? ¿Que cumplan sus promesas de campaña? ¿Que nos sorprendan con una política innovadora? ¿Que nos cuenten cómo están ejecutando el presupuesto? ¿Tienen presupuesto? ¿Cómo van a rendir cuentas?

Preguntas añoradas, puesto que es el tipo de interrogantes que tradicionalmente tenían los votantes, pero hoy, ¿sabemos qué se están preguntando?

Y, en ese escenario, encima tenemos que lidiar con la Inteligencia Artificial. ¿Cómo y cuándo saber qué de lo que vemos, de lo que oímos, de lo que nos muestran es verdad, o producto de esa “herramienta”?

La pérdida de credibilidad en la política como institución de la democracia, se debe en parte, a que los políticos en los cuales la sociedad civil confió, no lograron traducir el discurso en obras que resuelvan problemas básicos; mucho menos en atacar los males estructurales que sabemos en crisis. Lo que rodea a las elites está plagado de una puja de intereses que no son los populares.

En verdad, prevalece la corrupción y, por supuesto, por el surgimiento de nuevos híper liderazgos individuales, y narrativas de polarización emotiva que, a largo plazo, desgastan el debate legislativo y empobrecen de políticas de Estado. Cuando todo es blanco o negro la sociedad desarrolla rechazo: es la consecuencia de la crisis de representación que los partidos están atravesando.

El contexto de este año sombrío no es favorable para la ardua empresa de volver a darle el valor que la palabra política necesita. Porque la necesitamos para recuperar una vida digna. Lo que se expande es el discurso sintético, la polarización, la violencia y el individualismo: eso que la casta gobernante llama batalla cultural.

Un estudio reciente analizó discursos de parlamentario británicos, y los resultados fueron preocupantes. El uso de IA generativa para elaborar discursos va en aumento en proporciones gigantes: 1 de cada 10 palabras —en esos discursos— fueron generadas por IA. La reacción de los parlamentarios medidos fue, inicialmente, la negación, pero al expandirse estos alarmantes resultados vinieron las explicaciones. Por ejemplo, los representantes de la Cámara de los Lores y los Comunes analizados, admitieron el uso de IA y la atribuyeron a la necesidad de destinar ese tiempo de elaboración de discursos a estar más cerca de sus representados.

Esta explicación pudo calmar a algunos, pero en general produjo aún más rechazo. Es aquí donde la demanda de autenticidad frente a lo sintético es que se materializa.

Las herramientas de IA brindan grandes beneficios, no vamos a negarlos acá. Efectivizar el uso del tiempo automatizando tareas repetitivas, mejora la toma decisiones, por ejemplo, porque analiza grandes volúmenes de datos y nos ofrece tendencias o escenarios posibles de riesgo o crisis, entre otros muchísimos beneficios, pero hay actividades que se esperan que sean desarrolladas plenamente por humanos y en esta expectativa es que se abren los debates en torno a su uso.

Existe un dilema ético en el empleo de la IA en la política, porque se abre la brecha entre una efectividad ideal en el uso del tiempo y lo sintético de los resultados. El pensamiento estratégico anclado en el territorio al que se representa pierde lugar frente a propuestas generalizadas vacías de demandas genuinas con nombre y apellido.

La sociedad acepta el uso de la IA en marketing, pero en política el rechazo es cada vez más intenso. Los ciudadanos se preguntan por la poca autenticidad de los discursos, pero lo que rechazan con más énfasis es la deshumanización: no se sienten identificados, los conceptos sintéticos no representan sus demandas.

El riesgo democrático surge frente al incremento de estas prácticas. Para dimensionarlo, basta observar cómo las deepfake, la desinformación y las fakenews están presentes, primeramente, en la comunicación de campaña para luego apropiarse de los discursos de gestión, validando o desaprobando acciones de gobierno poniendo en juego la confianza.

El domingo 4 de octubre se disputaron elecciones presidenciales en Brasil y, siguiendo la línea mundial de incremento de contenido generado con IA para campaña, se pudo observar que el sector liderado por Lula Da Silva hizo la petición de retiro de al menos 7 videos producidos con IA para generar desinformación puestos en circulación por el sector del candidato a presidente Flavio Bolsonaro. Pero, lo más alarmante son las cifras que podemos conocer gracias al Proyecto Vigia* que nos informa que contabilizó 920 contenidos generados con IA entre el 16/08 y 26/09, de los cuales 554 eran deepfakes, 29 publicados por los mismos candidatos y 371 no estaban rotulados.

Las sociedades sienten la necesidad de denunciar los casos de desinformación y reclamar la identificación de contenido sintético, pero en nuestro país el camino hacia una regulación es lento, en especial porque el presidente promueve una política de desregulación del uso de IA. La posición de Milei no es aislada, pertenece a un bloque de líderes mundiales donde es prioritario abrirse paso en la carrera de la “superinteligencia” encabezada por Donald Trump. Pero también hay que destacar que existe un contrapeso a esta postura, y es la encabezada por China. Su presidente, Xi Jinping, afirmó que la IA tiene que estar siempre bajo un control humano porque los riesgos de perder el control son muy grandes.

Lo humano en política está indudablemente en el pueblo, allí es donde nacen las propuestas y los valores de nuestros representantes, de nuestros partidos y de nuestros derechos. Es el lugar sagrado para defender y fomentar su uso. Sí, hay que invitar a nuestros políticos a escuchar más, caminar más y conocer más a su pueblo porque lo mediático ya quedó chico, las redes están invadidas de contenido sintético y si no hay escucha real la representación, y por lo tanto los votos, que se necesitan para cambiar el rumbo no llegará.

*Proyecto VigIA de la Agência Lupa es un programa de monitoreo diario enfocado en rastrear, investigar y analizar contenidos electorales generados o alterados mediante inteligencia artificial, con especial atención en los deepfakes. https://www.agencialupa.org/observatorio-lupa/projeto-vigia/

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