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¿Hay 2027 para el peronismo? 

Las derrotas del Gobierno empiezan a mover el tablero. Gobernadores que toman distancia, un peronismo que vuelve a ordenarse y una pregunta que empieza a recorrer la escena: ¿hay 2027? Por Demian Verduga

Fue en febrero de 2018, en el pueblo La Pedrera de San Luis. Alberto Rodríguez Saá —entonces gobernador de esa provincia— dijo: “Contémosle al pueblo argentino que hay 2019”. Todavía era el mejor momento de la presidencia de Mauricio Macri. El líder del PRO había consolidado su poder cuatro meses antes, en las elecciones legislativas de octubre de 2027. Había ganado a nivel nacional y derrotado a Cristina Fernández en la provincia de Buenos Aires. El proyecto de Cambiemos parecía invencible. La creencia extendida era que Macri tenía casi garantizada la reelección. 

La frase de Rodríguez Saá resultó ser premonitoria. Las contradicciones del propio modelo de acumulación financiera impulsado por Macri comenzaron a socavar la aparente estabilidad. El ministro de Economía de ese momento era Luis “Toto” Caputo, el mismo que está ahora con Javier Milei. El dólar saltó por el aire al mes de las declaraciones de Rodríguez Saá. Macri comenzó un camino descendente que desembocó en un nuevo triunfo del peronismo en 2019. 

La pregunta ahora —en agosto de 2026— es: ¿hay 2027 para el peronismo? Los acontecimientos de los últimos días parecen indicar que sí. La derrota del gobierno con la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada confirma que algo está cambiando en el aire. Algunos gobernadores de origen peronista que estuvieron dispuestos incluso a respaldar la reforma laboral de Milei, como el tucumano Osvaldo Jaldo, se dieron vuelta. Le quitaron el apoyo al proyecto ideado por Federico Sturzenegger. Antes y durante el debate del proyecto en el Senado, el gobierno tuvo que retirar del texto original los capítulos que promovían la extranjerización de la tierra y modificaban la Ley de Manejo del Fuego. 

Todo sucedió mientras en las calles alrededor del Congreso la Rosada desplegaba uno de los operativos de represión más salvajes que se hicieron desde que asumió La Libertad Avanza, que no respeta el derecho a la protesta garantizado por la Constitución. 

Los números. 

No es fácil dilucidar cuáles fueron los motivos por los que los gobernadores que le dieron soporte político a Milei con varias de sus iniciativas cambiaron de postura. Lo que sí podemos asegurar es que hubo coordinación. No fue una casualidad que todos los senadores que responden a mandatarios como Jaldo, el catamarqueño Raúl Jalil o el salteño Gustavo Sáenz, cambiaran de postura en simultáneo. 

Una explicación posible es que sea un cálculo de la ecuación electoral. En el Área Metropolitana de Buenos Aires no se percibía, pero en el interior del país el rechazo a la ley de extranjerización de la tierra era potente. Una encuesta publicada por la consultora Zubán-Córdoba a finales de julio contenía entre sus preguntas una sobre la iniciativa de Sturzenegger. La consulta era: «¿Cree que hay que limitar la venta de tierra por parte de extranjeros?» El 80% contestó que sí. Sturzenegger no es muy amigo de tomar en cuenta los equilibrios políticos. Actúa como un purista del modelo neocolonial que impulsa. En el gobierno hay personas que tienen más olfato sobre lo que pasa en la calle, incluso el flamante jefe de Gabinete, Diego Santilli. Evidentemente hicieron silencio o no fueron escuchados por el presidente. 

Estaba en el aire el rechazo a esta iniciativa. La vicepresidenta Victoria Villarruel le había dicho a Patricia Bullrich semanas atrás que debatir esta norma luego del triunfo de Argentina sobre Inglaterra en el mundial era un error, que se había reactivado un espíritu nacionalista que multiplicaría el rechazo. Tenía razón.

En la misma medición Zubán-Córdoba se consulta por el respaldo a la gestión de Milei. El 65,3% desaprueba el accionar del gobierno y un núcleo duro de 33,4% que lo respalda. Al ser consultados por el rumbo del país, dos de cada tres piensan que va en la dirección equivocada. El indicador más demoledor para cualquiera que pretenda hacer una evaluación electoral es la respuesta sobre la situación económica personal. El 53% respondió que estaba peor desde que asumió Milei y un 14,4% que estaba igual de mal. Es decir: el 67% tiene una mala situación. Hay 16,7% que dijo que estar igual de bien y 13,4% que sostiene que mejoró.   

Son números complejos para un presidente que está transitando su tercer año de mandato y que aspira a la reelección el año que viene. 

¿No serán estos indicadores los que en parte explican la posición de algunos gobernadores? ¿No será que olfatean que es hora de tomar distancia? ¿No será que ven al gobierno nacional como un Titanic que ya chocó contra el iceberg y que no hay forma de evitar que siga entrando el agua y el barco se hunda? 

Incógnita peronista 

En este contexto, el peronismo sigue transitando un momento complejo en el que se juntaron varias crisis en simultáneo: la derrota electoral de 2023, sectores que empujan la renovación del liderazgo y, la líder histórica, Cristina Fernández, presa política y proscripta. Es un combo difícil de administrar en simultáneo. 

A pesar de esto, las señales de los últimos días muestran algunos indicios de por dónde pasarán los debates. Sergio Massa ha tomado la decisión de volver a la escena política. Llevaba más de dos años de bajo perfil. Tras el fracaso del gobierno con la Ley de Tierras, desde el massismo salieron a instalar en distintos medios que el tigrense había operado para que los aliados de Milei rechazaran el proyecto de extranjerización de la tierra. No es importante cuánto haya de cierto en esa información. Lo central en términos políticos es que muestra que Massa quiere salir al ruedo y que no descarta volver a disputar la candidatura presidencial del peronismo.

Axel Kicillof, por su parte, sigue construyendo su Movimiento Derecho al Futuro (MDF) en todas las provincias. Este fin de semana participó de la marcha a San Cayetano y se mostró con organizaciones sociales y sindicales de peso. Es una señal del músculo político que viene construyendo el gobernador bonaerense que también aspira a postularse a la presidencia. 

Del lado cristinista, que tiene un acuerdo con Massa, hubo mensajes de distensión. Máximo Kirchner reconoció en una entrevista con Alejandro Bercovich que no tiene diferencias ideológicas significativas con Kicillof. Fue un gesto. Máximo suele ser el encargado de arrojar dardos a Kicillof, de manera más o menos explícita, acusándolo de no ser leal a Cristina. Esos ataques tenían por objetivo que los votantes de CFK se enojaran con el mandatario bonaerense. Quizás la comprobación de que este efecto no se logra haya colaborado con que bajen los decibeles.

Desde el massismo están convencidos de que el peronismo puede ganar y de que de alguna manera habrá unidad. En el entorno de Kicillof proponen públicamente una primaria para definir el candidato. A los tumbos, algunos melones parecen acomodarse. Es lo que suele pasar cuando un partido de poder olfatea que puede retornar al gobierno y que hay 2027.  

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