¿Cuánto puede durar un matrimonio por conveniencia? No tiene una fecha de vencimiento mientras los intereses sean convergentes y los miembros de la sociedad sientan que en la balanza es más lo que ganan que lo que pierden. Ese equilibrio puede quebrarse. Es lo que está ocurriendo con un casamiento político que fue clave para que Javier Milei llegara a la presidencia de la república.
La relación de Milei con Patricia Bullrich ha tenido un recorrido de oscilaciones a gran velocidad. En 2021, cuando Milei se volvió diputado nacional, durante el gobierno de Alberto Fernández, surgió la especulación de una alianza entre ambos para las elecciones presidenciales que se harían dos años más tarde. No ocurrió. Milei olfateó —con bastante acierto— que había un enojo con el conjunto de la dirigencia política. Si él se sumaba a cualquier armado con fuerzas tradicionales, perdería su carácter de outsider. Bullrich, a su vez, se transformó en el instrumento que su jefe político de entonces, Mauricio Macri, utilizó para destruir a Horacio Rodríguez Larreta. El exjefe de gobierno porteño había lanzado su candidatura presidencial de manera prematura y había entendido que no tenía ninguna chance de ganar sino tomada distancia de lo que había sido la presidencia de Macri y el recuerdo que había dejado. Además, Macro todavía no abandonaba la idea de tratar de volver a competir por la presidencia.
Una vez que Bullrich anuló a Larreta, Macri jugó a dos puntas con ella y Milei para la presidencial. Bullrich —se sabe— quedó fuera del balotaje. Al día siguiente la primera vuelta, el lunes 23 de octubre del 2023, Patricia llegó a la mansión que Macri alquilaba en el barrio de Acassuso. Era de noche.
Pulsó el timbre de la entrada que sonó como una campanada y cuando por el portero le preguntaron quién era contestó:
—La montonera.
En el living de la mansión la esperaban sentados en los sillones: Macri, vestido de elegante sport, Javier Milei, que sudaba debajo de su traje, y otros dirigentes del PRO como Cristian Ritondo y Diego Santilli. Milei se puso de pie para recibir a Patricia. Le pidió disculpas por los “excesos” de la campaña electoral y le propuso que se “unieran” para derrotar al kirchnerismo. Patricia asintió con la cabeza y luego lo abrazó mientras cruzaba los dedos de la mano derecha.
Bullrich tenía un objetivo claro. Iba a vengarse del jefe político que la había usado para destronar a Larreta y luego había jugado a la ambivalencia para tender puentes con Milei. Iba a dedicarse a socavar a Macri, arrebatándole el partido. ¿Lo habrá conversado esa misma noche con Milei, cuando ambos cruzaron la puerta de la mansión y caminaron hacia los autos que los esperaban estacionados junto al cordón de la vereda? Todo es posible. Lo cierto es que Milei también estaba interesado en destruir políticamente al fundador del PRO para que no quedaran dudas de que quién era el nuevo cacique político de la derecha argentina.
Entonces empezó el mejor momento de la sociedad Bullrich-Milei. Patricia desembarcó en el Ministerio de Seguridad. Ella y el presidente compartían el objetivo político de jibarizar a Macri. Patricia se dedicó a extraer dirigentes políticos del PRO, quebrando los bloques en el Congreso, atrayendo a otros hacia la gestión nacional. Milei se ocupó de invitar a Macri a comer milanesas una vez al mes para luego ningunear lo que se hablaba en esas reuniones. La hermana del presidente, Karina, tenía además un encono particular con Macri, que la había desacreditado al definirla como una simple hacedora de choco tortas que no podía ser —como es —la pieza clave del gobierno nacional.
El momento culmine de esta estrategia fueron las elecciones del 2025. En las locales de la Ciudad de Buenos Aires, Manuel Adorni, ahora caído en desgracia, le ganó a Silvia Lospennato, la candidata a legisladora porteña que impulsó Macri. En el tramo nacional de la elección, Bullrich sacó más del 50% de los votos en la Ciudad. Encabezó una lista con las siglas de LLA en la que a Macri le dieron un par de lugares, como quien le tira la sobras a una mascota.
¿Crisis matrimonial?
“Todo concluye al fin”, dice la primera estrofa de la canción de Vox Dei, grabada en 1970. Luego de aquel momento culmine del matrimonio político Milei-Bullrich, comenzó una lenta decadencia. Lo que la motoriza es la catástrofe que está provocando la política económica de Milei.
Todo este proceso se parece a lo que le ocurrió a Macri entre fines del 2017 y principios del 2018. El expresidente pasó en pocos meses de ganar la elección de medio término, y llevarse el mundo por delante, a pedir auxilio para evitar el crash financiero que provocaba el modelo especulativo que él había instalado.
En ese momento el establishment económico argentino, que entiende tanto de política como Jorge Luis Borges de comida vietnamita, comenzó a impulsar el denominado Plan V, que consistía en impulsar a la entonces gobernadora bonaerense María Eugenia Vidal como candidata presidencial para 2023. Las presiones duraron más de un año. Macri resistió, buscó su reelección y perdió.
Ahora, el nuevo plan del establishment lleva la misma letra, pero es la B en lugar de la V. Las encuestas muestran que la popularidad de Milei sigue cayendo mientras Bullrich se preserva. Quizás haber salido del gobierno el año pasado —algo que aceptó a regañadientes— haya sido la salvación de Patricia.
Ella siempre tuvo como objetivo la presidencia. Su alianza con Milei fue un movimiento táctico. El nuevo fracaso de la política económica que siempre impulsa la derecha en la Argentina parece abrirle una oportunidad. Macri está fuera de juego, dedicado a bailar en fiestas electrónicas. Milei está pagando los costos de haber aplicado el ajuste salvaje que le acercó Federico Sturzenegger.
El sector del establishment que está ganando con Milei es el que mira con temor el impacto político del plan que ellos mismos diseñaron. La historia les demuestra que el péndulo se mueve y que el sufrimiento que padece el pueblo argentino puede desembocar en una nueva victoria del peronismo, a pesar de la persecución política que aplicaron sobre Cristina Fernández. Patricia emerge entonces como la figura que quizás pueda sostener el barco a flote.
Milei apuesta a una reelección o a “volverse a casa”, como dijo en la reunión anual de AmCham. El presidente quiere morir con las botas puestas. Es una visión romántica que no le sirve a los grupos económicos. Milei quería impulsar a Bullrich para la jefatura porteña. A ella le gustaba la idea hasta que el escenario comenzó a cambiar y ahora aparece la posibilidad de la presidencia. El matrimonio entró en crisis. Milei está durmiendo con el enemigo.
