Vuelve Robin Wood

ENTREVISTA Luciano Saracino impulsa y edita la colección que recupera el enorme legado de uno de los guionistas más prolíficos de la historieta argentina. De la mano de Ovni Press, «Gilgamesh» será el primer volumen.

“¿Regreso? Si yo nunca me fui, siempre estoy volviendo”, podría decir Robin Wood, legendario guionista de la historieta argentina. Su legado está formado por una auténtica y enorme biblioteca de aventuras, en la que hay una constante: la fascinación por el ser humano enfrentado al poder, al tiempo, a la violencia y, sobre todo, a sus propias limitaciones. Generaciones enteras de argentinos se formaron leyendo sus obras: Nippur de Lagash, Mark, Dago, Savarese, Gilgamesh el inmortal, Aquí la Legión, Helena, Pepe Sánchez o Dennis Martin, son nombres que atesoran millones de personas.

            Robin Wood no era un seudónimo, como durante mucho tiempo creímos sus lectores. Ese fue el nombre real de un gurí paraguayo descendiente de australianos, nacido en 1944 en Colonia Cosme, una pequeña comunidad en Paraguay fundada por labriegos utópicos australianos descendientes de irlandeses y escoceses. Wood pasó buena parte de su vida viajando entre Argentina y Europa. Y su importancia dentro de la historieta argentina solo es equiparable, por cantidad, influencia y trascendencia de sus historias, a la de Héctor Germán Oesterheld.

            Radicado en Buenos Aires, Wood trabajó con dibujantes fundamentales de la historieta argentina —Lucho Olivera, Alberto Salinas, Enrique Breccia, Cacho Mandrafina, Juan Zanotto, Carlos Vogt, los hermanos Villagrán y muchos otros— y produjo miles de páginas. Entre sus personajes, Nippur de Lagash ocupa un lugar especial. Creado en 1967, junto con Lucho Olivera, es un guerrero sumerio que atraviesa distintas civilizaciones del mundo antiguo. La serie permitió a Wood desarrollar una narrativa histórica que combinaba aventuras, épica y una particular reflexión sobre el poder, la violencia, la justicia, la amistad y el destino. Nippur se convirtió en uno de los personajes más populares de la historieta argentina.

            Otro personaje fundamental fue Gilgamesh el inmortal, con Lucho Olivera. Partiendo del héroe de la epopeya mesopotámica, Wood y Olivera imaginaron a un hombre condenado a la inmortalidad que atraviesa miles de años de historia humana. La serie le permitió desarrollar temas mucho más filosóficos: el sentido de la existencia, la soledad, la muerte, el progreso, la guerra y el destino de la humanidad.

            Wood fue, ante todo, un narrador popular de extraordinaria imaginación y productividad, y dentro de ese marco aparecen —a veces con mucha fuerza— sus preocupaciones filosóficas y morales. Su relación con Italia fue especialmente importante. Allí Dago —un noble veneciano esclavizado— alcanzó una enorme popularidad y Wood se convirtió en uno de los guionistas más reconocidos internacionalmente, galardonado con el premio Yellow Kid (el Oscar de los cómics). De hecho, durante décadas su obra circuló con tanta intensidad en Europa como en Argentina.

            Robin Wood murió en 2021, a los 77 años, en Paraguay.

            El escritor, guionista y narrador argentino Luciano Saracino empieza en estos días a concretar una iniciativa suya que viene a llenar un vacío: editar en Argentina la obra monumental de Robin Wood. El 4 de septiembre (hoy) sale de imprenta Gilgamesh: El Inmortal 1, volumen que recopila los primeros episodios de aquella legendaria historieta de Wood y Lucho Olivera. Pero para llegar hasta acá, Luciano desplegó una intensa labor: para empezar viajó a Paraguay a proponerle la idea a Graciela, la viuda de Robin Wood.

            Luciano nació en Buenos Aires, en 1978. Tiene una amplia obra que abarca la historieta, la literatura infantil y juvenil y el cine. Su producción abarca más de cien libros publicados, obra traducida a numerosos idiomas y premios internacionales como el Alicante, el Premio ALIJA a Mejor Historieta para Jóvenes y la medalla de Legionario del Libro en Uruguay. Obtuvo un galardón no formal que está entre los que atesora con más amor: fue el continuador de Dago, una de las aventuras más exitosas de Wood, cuando su autor ya no pudo escribirla por la enfermedad que finalmente terminó con su vida. Luciano, además, es el director de Germán, últimas viñetas, una miniserie de 13 episodios sobre Héctor Germán Oesterheld, protagonizada por Miguel Ángel Solá.

            — Cómo surgió la iniciativa

          — La iniciativa surge porque había un vacío, había ahí algo que tenía que aparecer. No se estaba publicando la obra de Robin Wood. La historieta argentina está pasando por un momento saludable en donde hay un montón de material nuevo de autores nuevos que están produciendo obra actualmente y un montón de libros clásicos que están saliendo. De Robin Wood parecía como que había una traba. Así que la iniciativa sale de la ausencia. Y por supuesto, aparece desde un deseo. Yo tenía ganas de que estuvieran esos libros y cuando un deseo no se cumple de afuera hay que cumplirlo desde adentro. Así que si nadie publicaba los libros de Robin Wood, me puse como una especie de gesta. Era un sueño raro, un sueño imposible. Era un sueño ¿y quién soy yo para traer la obra de Robin Wood de vuelta a la vida? Y bueno, mirá, parece que era yo nomás.

            — ¿Cuál es el plan? ¿La idea es publicar la obra completa? ¿Es posible?

            — La idea es publicar a los personajes más emblemáticos. Por eso se llama Colección Robin Wood dentro de la editorial Ovni Press, en su sello Bastión que publica historieta nacional actual, autores fundamentales de la historieta reciente argentina y luego clásicos, por ejemplo: Carlos Trillo y Robin Wood. La idea es traer de vuelta a las librerías a los personajes más importantes de Robin Wood, así que largamos en esta primera instancia con Gilgamesh el inmortal, con Nippur de Lagash, con Dago y con Savarese. Esos son los cuatro primeros que saldrán a la calle, cada volumen con más de 400 páginas en blanco y negro.

Robin Wood y Luciano Saracino en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, 2013.

            — ¿Gilgamesh serán dos volúmenes?

            — Sí. Y editaremos uno nuevo siempre que se acaba uno de los que estamos publicando. La idea es publicar obras completas, que esté toda la obra de esos personajes y hacer lo máximo posible. ¿Hasta cuándo? Eso lo va a decidir el público. Si hay público para esto, si el público realmente estaba esperando que se publique a Robin Wood, vamos a publicar todo. Y si no, bueno, acá están estos cuatro que son representativos y muy hermosos. Así que empezamos con Gilgamesh, Nippur, Dago, Savarese y después seguimos con todos los demás. Imaginate que yo tengo muchas ganas de que salgan Mi novia y yo, Jackaroe, Dennis Martin, El cosaco, Pepe Sánchez, hay un montón de obras muy hermosas. ¡Ojalá que esto dure para siempre!

            — ¿Cómo llegaste a ser el editor de tan apasionante desafío?

          — Yo tenía un vínculo muy hermoso con Robin Wood, de admirador a admirado, de discípulo a maestro. Cada vez que venía a la Argentina nos encontrábamos. Me tocó entrevistarlo en la Feria del Libro, me tocó participar en charlas junto a él y por supuesto que me tocó compartir cenas, botellas de vino, charlas, intimidad. Sé que nos queríamos mutuamente. Yo lo admiraba y lo quería muchísimo y él tenía un hermoso recuerdo mío. Así que Graciela sabe muy bien que yo a Robin Wood lo quiero, lo admiro y lo respeto y lo voy a cuidar. Así que básicamente era “vos no sos editor, pero si te querés volver editor para cuidar la obra de Robin, dale”. Me volví editor para cuidar la obra de un autor fundamental. Eso trajo consigo un montón de complicaciones, por supuesto, porque no soy editor y estoy haciendo esto por amor, simplemente por amor. No lo estoy haciendo por el dinero, no lo estoy haciendo por la trascendencia, no lo estoy haciendo por la fama, no lo estoy haciendo por conseguir chicas… Lo estoy haciendo para que estos libros existan, porque estos libros merecen existir. Bueno, con esa tenacidad, esa terquedad, esa prepotencia no alcanza. Así que hubo que convertirse en editor de verdad, hubo que aprender el oficio. Y me parece que para bien o para mal estos libros van a ser preciosos.

            — Vos fuiste el que siguió escribiendo los guiones de Dago cuando Robin ya no pudo escribir. ¿Sentías este proyecto como parte de esa “posta” que te dejó el gran creador?

            — Mira, yo con Dago tengo una historia que me une en la vida entera. Recuerdo perfecto el momento en el que vi, yo tenía 12 años, estaba yendo a mi colegio, guardapolvo blanco, Villa del Parque. En Villa del Parque en la vía del tren hay un kiosco de revistas y yo estaba esperando para cruzar y vi ahí al ladito mío, a la altura de mis ojos, una revista de las que publicaba Columba y estaba puesta ahí con ganchitos, colgada. Giré y me miró. Había un tipo en la portada con una mirada increíble, unos puños levantados y unas cadenas. Y decía Dago el esclavo. Solamente eso. Y me volví loco. Y fui y me la compré. Era una colección de “Clásicos” que sacaba Columba, que recopilaba historias de un solo personaje. Esto era diferente a todo lo que leí antes, me provocaba algo distinto. Dago fue el primer beso de amor profundo con la literatura. Y lo leí toda mi vida, lo fui siguiendo todo lo que podía porque además también uno como lector en ese momento era medio como un antropólogo, o un arqueólogo, tenía que ir buscando, tenía que ir revisando, tenía que ir recorriendo, tenía que ir para atrás, no era como ahora que es mucho más fácil, uno consigue todo fácilmente. Había un autor que se llamaba Robin Wood y todo lo que publicaba en esas revistas (en El Tony, en la D’Artagnan, la Intervalo, la Fantasía), todo lo que él escribía a mí me gustaba. Ahí me di cuenta de que había guionistas y que uno podía armar su camino de lector a través de los guionistas. Y yo fui un lector que hizo eso. Me gustaban las historietas más por los guionistas que por los dibujantes. Es raro porque la historieta es muy visual, pero a mí me gustaban sus guionistas y entre ellos había tres: Oesterheld, Robin Wood y Carlos Trillo. Seguí el camino de esos tres. Y medio como que hasta acá llegué y eso me pone muy contento. Luego, en 2020 conocí a Robin Wood, armé una amistad, un vínculo. Yo fui un joven guionista reconocido en Argentina y cuando venía Robin Wood de la feria me ponían a hacer charlas con él, era el alumno y el maestro. El discípulo y el sabio. El joven autor de historietas con el consagrado autor de historietas. Bueno, nada, caminos, vinos, risas, vida.

Luciano Saracino

            —¿Cómo llegas como guionista a continuar Dago?

            — En el 2020 se caía el mundo, yo estaba solo en mi casa, no podía salir ni a la vereda, tenía miedo. Y me llaman, un teléfono que yo no tenía agendado y en esos días yo atendía todo lo que fuera porque necesitaba hablar con gente. Atiendo y me cuentan que Robin Wood no podía seguir escribiendo porque estaba enfermo, Robin Wood tenía alzheimer y si yo quería escribir Dago. Porque él sugirió que había un joven autor en Buenos Aires “que cuando le pregunté qué personaje mío le gustaría escribir él me respondió Dago”. Él se acordaba de eso, él tenía Alzheimer y se acordaba de eso. Así que yo pasé mi pandemia escribiendo Dago, yo salvé mi tristeza porque apareció Dago. Entonces, por supuesto que yo a Robin Wood tengo muchísimo que agradecerle, por supuesto que viene de acá la colección Robin Wood. A mí Robin Wood me volvió lector, amante de la literatura y a mí Robin Wood me salvó en el medio de la pandemia. ¡Así que cómo no voy a hacer lo posible para hacer real esta colección Robin Wood tan hermosa que está saliendo!

            — ¿Qué dificultades operativas encontraste? Por ejemplo el acceso a los originales.

            — Bueno, ahí empieza la película dentro de la colección, que fue conseguir el material. Parece simple, hacemos una colección de Robin Wood, dale, buenísimo, ¿qué personajes? Este, este, este y este, okay, dale. Bueno, ahí en realidad empieza. Ahí empieza un quilombo que ni te cuento, o sea, porque los originales no están completos, están dispersos, lo que está escaneado no está siempre en la mejor calidad. Ahí conté por supuesto con “Robin Wood Producciones”, que es un equipo de gente que tiene lo que hay. Nos enviaron todo, por supuesto, pero lo que hay a veces no alcanza. Faltaban algunas páginas que no estaban bien escaneadas e inclusive algunas que no estaban y hubo que salir a buscar, con coleccionistas. Y apareció un as en la manga: la Biblioteca Nacional, cuyo centro de historietas tiene un bagaje enorme de originales y de material. Por ejemplo en el libro de Gilgamesh había cinco páginas que no estaban en ningún lado. ¡Y la Biblioteca Nacional las tenía! Nos las brindaron, las escanearon, estaban inclusive los negativos de esas páginas. Hubo que volver a tipiar todo, releer lo que estaba tipiado, corregir, porque se hizo un trabajo también de edición, y diseñar nuevamente. Fue verdaderamente un laburo en equipo. Porque sabemos que el héroe, el único héroe válido es el héroe colectivo, ¿no? Y acá el héroe colectivo fueron Graciela, la viuda de Robin, el equipo de Robin, la Biblioteca Nacional y por supuesto el equipo de la editorial Ovni Press, que se mandó un laburo precioso, que es lo que finalmente lleva a este libro tan hermosamente diseñado, esa portada maravillosa, diseñada por Martín Casanova, y bueno, todo lo que vas a ver adentro de ese libro, que es un trabajo en equipo con el objetivo de traer de vuelta a la vida la obra de un autor inmortal.

            — Robin Wood es con Oesterheld un emblema de la historieta argentina y a la vez mundial. No obstante siempre está la sensación de que Wood es infravalorado, en especial por el mundo académico y los estudios especializados. Y sin embargo Umberto Eco, por ejemplo, no ocultaba su fascinación por su obra.

            — Lo que pasa es que Robin Wood le escribía al pueblo, al ama de casa, al obrero, al empleado de comercio, al oficinista. Le escribía al tipo que viajaba en colectivo, o en tren. Robin Wood le escribía a ese al que casi nadie le escribe. Entonces, durante mucho tiempo la academia y la crítica especializada le dio la espalda porque eso no era para ellos, ¿no? El asunto es que cuando lo leían ellos, la academia y la crítica especializada, también les encantaba. Hay una cuestión interesantísima con la historieta, que la palabra misma discrimina, ¿no? Si la ópera es para ellos, la opereta es para el pueblo, el comedor y el comedero, el baile y la bailanta, ¿no? Y así, la historia y la historieta. Entonces, la historieta es para el pueblo y esa historieta, muchísimo más que salía en papel de diario, que valía centavos, que se vendía de a decenas de miles por semana, era una producción masiva, era una producción que necesariamente no tenía que tener demasiado interés. Durante mucho tiempo la academia le dio la espalda, pero ya va a dejar de suceder. El pueblo cuando abraza no suelta. Y el pueblo ha abrazado a los personajes de Robin Wood, porque el pueblo abraza obra más que autor. Así que Nippur de Lagash se volvió lo que es porque el pueblo no soltó nunca. Pensemos qué era eso: una clase obrera argentina leyendo los devenires de un guerrero filósofo de Sumeria, porque Nippur es un guerrero filósofo. Y a mí, pensar que los albañiles de la década del 60 y 70 en mi país leían los devenires de un filósofo sumerio y, bueno, a mí me agarra. O por lo menos me provoca preguntas. Eso era el consumo popular en la Argentina en esos años. Cuando lees a Robin Wood y decís, “Esto leía mi pueblo”, decís, “Apa, qué pueblo, ¿no?” Es impresionante. Ahora van a tener una vida nueva y van a tener un nuevo lector, van a tener, por supuesto, el lector nostálgico, el que lo leyó de chico o de joven y ahora quiere tenerlo para siempre, y va a tener las nuevas generaciones que van a encontrarse con personajes válidos. Y ahí veremos qué pasa. Eso es lo que estamos buscando. Este libro sale en septiembre, el mes de la primavera, y lo que queremos provocar es una primavera en lectores de Robin Wood, que se acerquen a su obra por primera vez. Nosotros ya estamos. Nosotros ya sabemos lo que es esto. Y por supuesto vamos a sumergirnos gustosamente en esta colección. Pero si me pinchás, te digo que esto lo estamos haciendo por los pibes, para que se acerquen a algo que no conocen y que les va a encantar.

Píxel / Revista Zoom

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