La vida en serio

LECTURAS. Juan Fernando García presenta el segundo volumen de la poesía completa de Juana Bignozzi, que reconfigura su obra a partir de libros, inéditos y otros materiales.

Comienzo este recorrido por la poesía de Juana Bignozzi con dos citas incluidas en el segundo volumen de La vida en serio. Obra completa (1958-1997) (Adriana Hidalgo), publicado recientemente. Ambas dan cuenta de la singularidad de su poética, única en nuestro acervo cultural: subrayo las palabras de Diana Bellessi del prólogo de Mujer de cierto orden reeditado en 1990: “Una escritura sin afectaciones. Con los artificios mínimos y necesarios que la representación exige. Escrita como al descuido, al olvido, de la historia central. Virulenta y tierna, pasada por esa melancolía irónica que caracteriza a los espíritus de la Reina del Plata. (…) No es trascendente, por eso se puede creer. Pasa el tiempo y aún se puede, creerla, a Juana Bignozzi, desamparada y fuerte, diciéndole a quien la lee, un plus de sentido cada vez, un poco más, más allá de lo que ella misma tal vez, quiso decir.”

            Me interesa especialmente este comienzo porque aproxima una lectura pasada por el tamiz de una relectura, más de veinte años después de su primera edición. Bellessi ya era una cabal representante y figura central de la siguiente generación de poetas mujeres, de la que también formaba parte Irene Gruss —heredera legítima de la poética de Bignozzi—, quien en Regreso a la patria, escribía en la contratapa: “Para malestar de los antólogos que ubican su obra como no desprovista de ironía’ se encontrará en Regreso a la patria bastante más que esto: una mordacidad inoculta quizá justificada por la realidad personal y también por un estilo limado, raspado y moldeado (’no olvidaré en el final el principio […] no me otorgaré la redención’) por pura perseverancia. Ese raro empecinamiento de lo que constituye la historia de un poeta, esa nada rara unión de vida y un lenguaje.”

Archivo Juana Bignozzi

            Cuando la editorial Adriana Hidalgo comenzó con el plan de editar la poesía completa de Juana Bignozzi (Buenos Aires,1937-2015), al cuidado de su albacea Mercedes Halfon, dividió todo el material en dos volúmenes, con el título general La vida en serio, un poema emblemático del libro Mujer de cierto orden que contiene esos versos que un joven admirador declara “me los tatuaría”: “Ahora miro una mujer ni linda ni fea,/ pienso que la pequeña vida continúa/ y que todo dolor importante tiene testigos,/ aunque sean un perro, el sol o las mentiras.”

            El volumen I de La vida en serio empieza por algunos textos de 1998 no incluidos en libros, La ley tu ley (2000) —título que dio nombre a la obra reunida publicada en 2001—, más los libros que le siguieron, incluido el póstumo publicado bajo el título Novísimos. En este volumen, Halfon también incluyó un libro breve y de una potencia única que Juana había excluido de la obra reunida de 2001, y que había publicado el hoy mítico sello Siesta, de Santiago Llach y Marina Mariasch, en 1998: Quién hubiera sido pintada; además, una serie inédita, La escalera de Aracoeli, cuyos poemas Juana supo leer en público. Empezamos por el final y volvemos al principio.

            El recientemente distribuido volumen II de La vida en serio cubre un arco de libros éditos y otros materiales que vienen a reponer algunas ausencias del volumen de 2001. Entre ellos, dos libros que la poeta había decidido no publicar: los de la joven Juana, Los límites (1960) y Tierra de nadie (1962). Una Juanita de la edad de la chica que sonríe en esa espléndida foto que cierra el tomo. Completan el volumen II algunos poemas de fines de los años 50 aparecidos en revistas o los de aquella preciosa antología del grupo El pan duro y otras curiosidades hasta el momento del destierro de Bignozzi. Entre esas perlas, el poema “Marcel de los Boulevares” aparecido en 1958 en Nuestra palabra, publicación del Partido Comunista, y que sería su primer poema publicado. Luego, vendrán Mujer de cierto orden (1967), Regreso a la patria(1989), Interior con poeta (1993) y Partida de las grandes líneas (1997). ¡Grandes libros todos!

            Como valiosos materiales se suman textos complementarios: prólogos, contratapas, donde brillan los nombres citados de Gruss, Bellessi, Beatriz Sarlo, Ana Porrúa, Eduardo Romano, Daniel García Helder y Matín Prieto, además de la imprescindible y completísima cronología de Vanina Colagiovanni, autora de Juana Bignozzi. Todo se une con la noche, la biografía publicada en 2023.

Archivo Juana Bignozzi

            De todos los materiales disponibles para acercarse a la vida y la obra de Juana, debemos sumar el documental de Mercedes Halfon y Laura Citarella Las poetas visitan a Juana Bignozzi y un reciente volumen de entrevistas, compilado por Osvaldo Aguirre, bajo el juanísimo título: Contra los miserables.

            Un deseo: ojalá alguien digitalice ese capítulo de Portarretratos, un programa del Canal de la Ciudad donde María Moreno la entrevista y la filman a Juana en su casa, caminando por su barrio, es decir en las inmediaciones del Congreso.

            La edición de una obra reunida o, como en este caso, la poesía completa de una poeta de la estatura de Juana es motivo de celebración. Los lectores que seguimos sus pasos desde aquellos primeros noventa (en las ediciones de Libros de Tierra Firme, de su amigo José Luis Mangieri), estábamos esperando que también se reeditaran los dos primeros. Y agradecidos con su albacea que tomó esta decisión que redunda en el encuentro de nuevos viejos lectores.

            En 2005, dicté un taller en Malba sobre la poesía del 60 e incluí la obra de Bignozzi. Por aquellos días, la frecuentaba en su casa del barrio de Congreso y un mediodía, invitado a almorzar, me atreví y le pedí si me prestaba los primeros libros (de los que conocía apenas dos o tres poemas). Juana buscó en su escritorio y volvió solo con Tierra de nadie que me prestó bajo compromiso de devolvérselo ni bien terminara el curso. Y así hice. Supe en ese momento que no me iba a prestar Los límites, y no lo reclamé. Frecuentarla, cenar o salir con ella y su esposo Hugo Mariani fue un privilegio, un regalo que me habilitó la poeta Andi Nachon. El día que la conocí sentí que estaba conociendo un monumento de la historia de la poesía argentina (¡perdón Juana por esta imagen que odiarías!) y en medio de una conversación banal en el bar King Sao sobre la naturaleza dijo la que considero una frase indeleble: “Para mí una maceta es el Amazonas, por eso vivo en Congreso”. A partir de esa noche, fui invitado a cenas, compartí salidas, algunos bares. También, vinieron a la presentación de mi libro en 2006. Después, sobrevino lo que muchos saben y que muy bien se refleja en los testimonios de su biografía. Juana era brava. Pero atesoro una experiencia intensa y amorosa.

            Si pensamos en el contexto de su aparición en la escena poética de los 60, podemos vislumbrar algunos pocos nombres de poetas mujeres. Por caso, vienen los de Alejandra Pizarnik y Susana Thénon, dos estéticas opuestas a las búsquedas que Bignozzi sella para siempre en aquel libro de 1967 Mujer de cierto orden. En este libro fundamental, su poética parece cifrar todo el porvenir de su obra —con distintivos matices formales en los libros siguientes— y ahí es donde comprendemos la decisión de no incluir los primeros libros en su obra reunida. Una decisión del editor García Helder que Juana acompañó. Y si vale la pregunta hoy, a once años de su muerte: ¿qué hace a una obra sino todo lo que escribió? Y es ese el momento que estamos celebrando porque Juana es ya para la posteridad la poeta de los versos certeros, de tensiones ideológicas, de la ironía flagrante, la que evoca y brinda con amigos al amanecer, la que trae la pintura y las visitas a museos del mundo, y también, a pesar de los 30 años vividos en Barcelona, la que siempre estaba volviendo, porque su poética siempre fue cercana: “Me leen con asombro porque estoy viva, en sentido poético. Les asombra que alguien de los 60, puro y duro, como yo, escriba algo que a ellos les interesa. La prueba para un poeta es si te leen los jóvenes. Que te lean los de tu edad y que no te lean los jóvenes significa que tu primera eternidad está perdida. Cuando yo muera, si no me está leyendo alguien de 40, hay algo ahí que salió mal, que escribí para la nada. En los últimos años de tu vida escribís para el vacío”, declaraba en 2010 en una entrevista de Capelli y Selci.

            Sin ánimo de hacer futurología, más o menos al tanto de las lecturas de poesía que conmueven a las nuevas generaciones, auguro que Juana está en su prime.

            Si en un arrebato me incitaran a elegir mi poema favorito de Juana, no podría uno, seguro, toda selección así demandada es fallida, deudora. Pero creo que volvería a un poema de amor, rareza por lo explícito del gesto, para su esposo Hugo Mariani, de Regreso a la patria.

H. M.

Qué haría yo sin tus flores
Qué haría yo sin esta permanencia
de tu gesto y tu lugar
Qué haría yo si debiera pensar
en pérdida olvido y sobre todo final
Qué haría yo si no tuviera
la certidumbre de tu memoria

Foto de portada: archivo Juana Bignozzi

Píxel / Revista Zoom

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