De prisa, de prisa

Tabaré Vázquez jugó fuerte, satisfizo a la oposición y descolocó a muchos de sus partidarios. Se pronunció por un acuerdo con Estados Unidos, dejando de lado razones ideológicas; además, quitó a su fuerza política la llave para decidir un factible TLC y trasladó la resolución a todo el espectro político.

“El último tren pasaba, el martes de madrugada, y yo lo pasé durmiendo y nadie me dijo nada.”

Jaime Ross.

Tal vez el desgraciado accidente ferroviario de Young muestre los riesgos con que se mueve el gobierno progresista, cuando su presidente ejemplifica con la metáfora del tren la necesidad de aprovechar la oportunidad que brinda Estados Unidos para estrechar de inmediato los lazos comerciales.

El miércoles 9 el presidente Tabaré Vázquez dijo que “el tren, algunas veces, pasa una sola vez”, y llamó a dejar de ver las negociaciones con la lente ideológica para avanzar hacia un acuerdo con la primera potencia del mundo.

Sus dichos provocaron distintas reacciones, mayoritariamente de alborozo entre los asistentes a la jornada realizada en Punta Cala, y preocupación en otros muchos que, extramuros, esperaban una definición presidencial sobre el llevado y traído acuerdo comercial con Estados Unidos.

Desde mediados del año pasado, especialmente luego del fracaso del Alca, el tema de un acuerdo comercial de este tipo ha dividido al partido de gobierno.

Una lectura compartida por partidarios y opositores es que Vázquez apuntó a allanar el camino hacia un tratado bilateral con Estados Unidos. Para ello se posicionó de forma muy pragmática, afirmando que “quien encara las relaciones comerciales entre países con actitud mercantilista pura, con soberbia, o de manera mendicante, o crea que los negocios para ser buenos tienen que ser turbios, se equivoca.

Como también se equivoca quien en nombre de los principios cree que el comercio es asunto de ideología. Se equivoca o desconoce el mundo en que vive”.

Luego dijo que los acuerdos bilaterales no son contrarios al espíritu de integración regional que Uruguay plasma en el Mercosur y sí complementarios con esa estrategia. Tras señalar que los acuerdos comerciales son una herramienta, “un instrumento para acceder a mercados grandes, dinámicos y exigentes”, dijo no aferrarse ni descartar ninguna sigla, ni tampoco “descartar a priori explorar caminos que en el contexto de una agenda país conduzcan a que las uruguayas y los uruguayos (…) tengan la posibilidad de ejercer plenamente el inalienable e ineludible derecho a edificar sus propias vidas a partir de su propio trabajo”.

El mensaje presidencial culminó con una advertencia mayor: la posibilidad de definir un TLC o su sucedáneo estará en manos de todos, ya que “este tema no lo resuelve sólo una fuerza política, este tema lo resolvemos entre todos los uruguayos”.

Todas las miradas al frente

Como siempre sucede en la grey frenteamplista, sus principales dirigentes sectoriales, incluidos los comunistas, se han preocupado, al menos públicamente, por ubicar los conceptos del presidente dentro de las resoluciones de la fuerza política. Así todos (o casi) dijeron que Vázquez no hizo más que reafirmar la otra gran dirección de las resoluciones orgánicas, “aumentar el flujo comercial con Estados Unidos”. Sin embargo, la preocupación por un posible desconocimiento de las resoluciones tomadas sobre un TLC recorre a los distintos sectores.

Fuentes del Mpp dijeron a BRECHA que plantearán que el tema vaya a la Mesa Política del FA, y que ya piensan en un frente (sin Asamblea Uruguay) como el formado para modificar la reforma tributaria, con el fin de hacer respetar el mandato del congreso y el Plenario Nacional.

A diferencia de lo ocurrido cuando la aprobación del tratado de protección de inversiones con Estados Unidos, distintos dirigentes sectoriales advirtieron que la voluntad de acatar un ucase presidencial no es la misma.

Si las líneas esbozadas en la interna frenteamplista después del discurso presidencial se concretan, uno de los peligros latentes es que el FA se encamine hacia un parteaguas, con el consiguiente alejamiento de algunos sectores (o parte de ellos) del gobierno.

Ante esa grave perspectiva, los grupos ensayan distintas estrategias. Mientras el Mpp y el Partido Socialista apuestan a la negociación interna y a hacer pesar su caudal electoral en el momento de definir las líneas gubernamentales estructurales, el Partido Comunista va un paso más allá.

El miércoles 9 por la noche varias organizaciones sociales (el Pit-Cnt, Fucvam, la Feuu, la Onajpu y Redes, entre otras), más los comunistas, el Pvp y el 20 de Mayo, reunieron casi un millar de personas bajo la lluvia para manifestar su rechazo a un TLC.

Así emerge un nuevo ingrediente en la disputa por el rumbo del gobierno. Y los comunistas parecen decididos a reforzar la negociación interna con la movilización callejera, para que el “ruido de la gente” sea escuchado por el Poder Ejecutivo.

Entre los sectores moderados con una visión crítica del proceso de acercamiento a Estados Unidos, como la Vertiente Artiguista, existe confianza en la percepción del peligro de división por parte de Vázquez. Por eso sostienen que el “olfato” presidencial permitirá que las aguas vuelvan a su cauce, abriendo un proceso de discusión para que la negociación sea transparente y no quede en manos exclusivas de técnicos (en el Fa se afirma que entre los negociadores nombrados por los cinco ministerios implicados hay un solo frenteamplista).

Incluso sostienen que la intención de Estados Unidos es más “política” que comercial y tiene como fin torpedear el Mercosur, por lo que podría rebajar las contrapartidas, haciendo que el acuerdo sea menos gravoso para Uruguay que los firmados con otros países.

Sin embargo, y más allá de la postura notoriamente contraria de la mayoría del FA a los acuerdos comerciales tipo con Estados Unidos, tampoco es claro hasta dónde algunos sectores resistirán el disciplinamiento.

Esto porque en esa tensión entre las definiciones programáticas y la estabilidad del gobierno, algunos pueden decidir por la última opción. Los hechos han demostrado, en varias ocasiones, que se ha instalado una “lógica del poder” (tratado de inversiones, envío de tropas a misiones de paz, anterior participación en las maniobras Unitas) más fuerte que las definiciones político-ideológicas. Esa conducta ha generado en la masa militante del FA una fuerte desazón y una parálisis importante de su accionar. Además ha generado diversos cortes horizontales, aun en sectores moderados como el Nuevo Espacio y la Alianza Progresista.

El producto esperado

No es posible entender el discurso del presidente sin atender al escenario montado. El auditorio del evento del miércoles 9 fue convocado por la Cámara de Comercio Uruguay-Estados Unidos y por el Consejo de las Américas, una organización de origen estadounidense cuyo fin es fomentar la apertura de mercados y el desarrollo económico.

La reunión contó con la presencia del representante comercial adjunto de Estados Unidos para las Américas, Everett Eissenstat, y del ex embajador de Chile en Estados Unidos, Andrés Bianchi, entre otros. Todas las intervenciones de los miembros no gubernamentales, incluida la del presidente de la Cámara, Horacio Vilaró, y, especialmente, la del embajador chileno, se dirigieron a mostrar las bondades de la apertura de los mercados y los beneficios que han deparado a los distintos países los TLC bilaterales firmados con la primera potencia del mundo.

Las palabras de Vázquez, y también la de los ministros de Economía e Industria, Danilo Astori y Jorge Lepra, merecieron el elogio de los presentes (no así las del canciller Reinaldo Gargano). Es que el presidente trasmitió el mensaje de un gobierno dispuesto a explorar un acuerdo comercial, sin descartar los contenidos de un TLC o del APC firmado por Perú.

A diferencia de Gargano, el presidente omitió referirse a los elementos característicos de las políticas comerciales de los países desarrollados que han trancado las negociaciones en la OMC, como los subsidios a los productos agrícolas y a las exportaciones en general, los aranceles, las cuotas y demás.

Tampoco definió la postura del gobierno uruguayo ante aspectos sensibles en ese tipo de acuerdos, como el trato nacional a las empresas extranjeras, los perjuicios que podría acarrear la inflexibilidad estadounidense en la cuestión de la propiedad intelectual o la demandada apertura de los servicios y de las compras estatales a empresas de aquel origen.

También Vázquez tuvo la precaución de fijar un escenario más amplio que su propia fuerza política para la resolución definitiva del tema. Ello permitiría eliminar las resistencias mayoritarias que un TLC ha provocado en filas frenteamplistas. El argumento de la necesidad de una política de Estado en esa dirección hace casi inoperantes las resoluciones contrarias del último congreso del FA, así como de su último plenario, que rechazó un acuerdo comercial con Estados Unidos con el formato y los contenidos conocidos hasta el momento.

Pero la posibilidad de que la aprobación de un TLC se apoye en la oposición política, con votos contrarios de su propia fuerza en el Parlamento, no parece tampoco un camino redituable y fácil de recorrer.

De todas formas, el presidente conservó en su discurso una cierta dosis de ambigüedad como para virar, tanto si las contrapartidas son exageradamente lesivas como si el ruido de su fuerza política es demasiado fuerte.

Primera movilización contra el TLC

El miércoles 9 por la noche varios centenares de personas y dirigentes políticos y sindicales se reunieron en la Plaza de Cagancha para dar a conocer una proclama, de la cual se extraen algunos párrafos:

– “Hoy estamos amenazados por un proyecto imperial de la primera potencia económica y militar mundial que busca imponer su influencia y dominio en Latinoamérica eligiendo a nuestro país como lugar para quebrar el proceso de integración y unidad de los pueblos”.

– “Derrotado en la cumbre de Mar del Plata el proyecto Alca por la acción conjunta de los países del Mercosur más Venezuela, Estados Unidos cambió de estrategia para impulsar TLC bilaterales con distintos países. A nosotros nos incluye ahora no por razones económicas, sino porque pretende afectar el Mercosur, como ayer afectó a la Comunidad Andina de Naciones.”

– “Estamos debatiendo, ni más ni menos, sobre si continuaremos insertándonos en el mundo como un país dependiente, exportador de unos pocos rubros con muy bajo valor agregado -que eso son los productos que le exportamos a Estados Unidos- o si, por el contrario, podremos impulsar un país productivo con altos niveles de calidad, intensivo en conocimiento, agregando valor y empleo calificado, en donde el mercado interno y las actividades exportadoras no sean contrapuestas, sino que se complementen.”

– “¿Y qué pasará con las compras públicas? Las miles y miles de pequeñas y medianas empresas que hoy le venden al Estado con márgenes de preferencias del 10 por ciento con respecto a las empresas de capital extranjero, ¿perderán esa preferencia, tal como exigen estos tratados y acuerdos? ¿Podrán competir con las grandes empresas trasnacionales yanquis que exigen ‘trato nacional’ para ellas?
¿Que pasará con la industria del medicamento, que tanta inversión en ciencia y tecnología ha realizado y que emplea a miles de uruguayos? Recordemos que estos tratados nos imponen condiciones muy fuertes con respecto a la propiedad intelectual, que impiden la producción de medicamentos por nuestros laboratorios y que tendrán incidencia en los precios de los mismos.”

– “El pueblo uruguayo no debe considerar como una fatalidad la aceptación de un TLC. No es nuestro camino ni el de Latinoamérica.”

Lo que se dijo en Punta Cala. Exposición pública de diferencias

El ministro de Economía, Danilo Astori, subrayó los conceptos planteados por el presidente e hizo una descripción de los problemas que enfrenta el Mercosur y las razones que habilitarían a que Uruguay firmara un acuerdo con Estados Unidos, a pesar de que ello puede contrariar la regla de negociación conjunta.

Astori señaló que junto a ese capítulo se aprobaron otros. Por ejemplo, “no adoptar ninguna medida restrictiva al comercio entre los socios”. Eso, sostuvo, no se cumplió.
También se dispuso “eliminar medidas impositivas, fiscales, cambiarias, financieras, monetarias” que perjudicaran el comercio entre los países. Tampoco se cumplió, aseveró.

Luego detalló otros incumplimientos, por lo cual “no se puede pretender cumplir uno y no los demás”. No obstante, el titular de Economía subrayó que sin renunciar a resolver esos problemas, “tenemos una válvula de escape absolutamente clara que es la de progresar en acuerdos bilaterales fuera de la región”.

Astori minimizó la repercusión de un acuerdo con Estados Unidos en el funcionamiento del bloque regional, afirmando que las importaciones de Uruguay y Paraguay no alcanzan en sus compras extra Mercosur más que al 5 por ciento del total de la mercadería que ingresa a los países miembros.

El canciller Reinaldo Gargano también coincidió con el planteo de Vázquez de combinar principios con pragmatismo. Pero en su intervención puso énfasis en los aspectos necesarios a resolver en un posible acuerdo con Estados Unidos. Primero indicó la necesidad de que se reconozcan las asimetrías existentes, para luego señalar que el “objetivo de Uruguay es mejorar el acceso al mercado para sus productos, mediante rebaja de aranceles, eliminación de cuotas y no aplicación de subsidios a las exportaciones”.

Asimismo reclamó que se establezcan mecanismos para compensar las distorsiones provocadas por los subsidios que Estados Unidos aplica al sector agrícola. También demandó que se contemplen “los límites que nuestra legislación interna establece en temas de gran relevancia, lo recalco, como telecomunicaciones, propiedad intelectual y compras del sector público”.

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