,

El tablero regional y sus desafíos, tras el batacazo de Lula

La histórica victoria de Lula reconfigura el escenario regional y abre una nueva etapa marcada por un Congreso adverso, una derecha fortalecida y grandes desafíos para Brasil. Por Demian Verduga

Aunque sea redundante, es inevitable señalar que Luiz Inácio Lula da Silva está entre los líderes más importantes de la historia de su país, de la región y del mundo. Se conjugan en él varios elementos que lo transforman en una leyenda viviente. Es el niño que creció en la extrema pobreza con siete hermanos, el tornero que se vuelve líder sindical y funda el partido político más importante de la historia moderna de su país. El político que llega a la presidencia luego de perder tres elecciones consecutivas. Desde el poder transforma la vida de millones de brasileños, se reelige, deja una sucesora que es removida por un juicio político. Lo meten en la cárcel con un juicio amañado. Sale de prisión tras 611 días y vuelve a ganar la presidencia. Busca una nueva reelección a los 80 años, pierde en la primera vuelta y logra una victoria histórica en la segunda para conquistar su cuarto mandato.

Ningún político en la historia de Brasil fue elegido tantas veces para ejercer la primera magistratura. El militar nacionalista Getúlio Vargas gobernó durante 18 años de su vida, de los cuales 15 fueron continuos, entre 1930 y 1945. Getúlio llegó al poder a través de un golpe de Estado y durante esos 15 años no hubo elecciones. Se presentó en las de 1950, ganó, y gobernó 3 años y 8 meses, antes de suicidarse.

La última hazaña de Lula, haber remontado la derrota de la primera vuelta contra Flávio Bolsonaro, es imposible de explicar con un solo elemento. Hay varios. Uno fue el nivel de participación, más del 81 % de las personas habilitadas fue a votar. Fue el mayor nivel de participación en una segunda vuelta en la historia de Brasil. En la era de las redes sociales, proliferaron las imágenes y testimonios de la jornada electoral del 25 de octubre. Camioneros que dejaron su trabajo para viajar cientos de kilómetros y votar. Ancianos llevados en andas por sus hijos hasta los centros de votación. Una veintena de jóvenes moviendo manualmente un auto que intentaba bloquear la salida de micros destinados a trasladar votantes. Una pueblada.

Durante toda la campaña para la segunda vuelta, Lula y el PT habían logrado despertar un nivel de movilización inédito. La Avenida Paulista de São Paulo se desbordó con cientos de miles de personas en el cierre de campaña. Lo mismo había ocurrido en las playas de Copacabana, en Río de Janeiro, en las calles de Belo Horizonte y las de Brasilia, por mencionar algunos de los actos masivos de las últimas tres semanas.

Las manifestaciones —además— no necesitaban de la presencia de la leyenda viviente. Hubo expresiones masivas convocadas por estudiantes y diversas organizaciones. La hinchada del Corinthians realizó su propia marcha para apoyar a Lula. Fueron 20 días que conmovieron al Brasil y provocaron la victoria del PT.

Además de la participación, otra clave fue que Bolsonaro no pudo contener todo el caudal de votos que se suponía que retendría de los candidatos Augusto Cury, Renan Santos y Ronaldo Caiado, que salieron en ese orden detrás de Bolsonaro y Lula. Sacaron entre 2 y 3 puntos cada uno. Cury y Caiado dieron su respaldo explícito a Bolsonaro, mientras Santos se mantuvo neutral.

Las mediciones de la consultora Quaest indican que una porción importante de los simpatizantes de estos candidatos decidió no ir a votar. Ahí aparece una ecuación que quizás explique en parte la forma en que Lula consiguió sacar casi 11 millones de votos más que el 4 de octubre. El crecimiento de la participación fue centralmente de votantes lulistas y hubo una retracción de los de derecha.

Aguas turbulentas

Uno de los desafíos políticos más complejos que tendrá Lula será la relación con el Congreso. Los resultados de la primera vuelta arrojaron un parlamento fragmentado, como es hace mucho tiempo en Brasil, pero con una mayoría en ambas cámaras de expresiones de derecha.

En la cámara baja hay 513 representantes. El partido de Bolsonaro (PL) es la primera fuerza con 121 escaños. Se le suman 10 del partido Novo, con lo que quedan en 131. Del lado lulista se suman 121, con el PT y aliados. Eso deja más de 200 bancas que forman parte del famoso Centrão brasileño, que reúne desde los autodenominados socialdemócratas hasta expresiones de centroderecha. Es uno de los rasgos de la política carioca y su sistema de votación, en el que en cada categoría se vuelve a elegir en la pantalla —el voto es electrónico— y entonces el efecto arrastre del candidato presidencial es bajo.

En el Senado la situación será aún más compleja para Lula. La derecha dura tiene 32 escaños, el Centrão 27 y el lulismo 19. Es de esperar que, con esta composición del parlamento, las fuerzas reaccionarias de Brasil, con el apoyo de Washington, comiencen a mover las fichas para intentar un juicio político contra Lula lo antes posible. La cintura política del líder del PT será central para navegar por esas aguas que auguran tempestades. La leyenda —quizás— vuelva a sorprender.

La región

Hubo un dato alentador en las primeras horas luego de la victoria de Lula. La mayoría de los presidentes de la región —que son de derecha— tomaron distancia de la posición de Bolsonaro, que no reconoció el resultado. También se distanciaron de Donald Trump, que hizo una declaración sosteniendo que Lula había aplicado el “método Joe Biden”. Trump insiste con que los demócratas le robaron la elección del 3 de noviembre de 2020 que consagró a Biden e hizo que Trump no lograra su reelección. Sería un fraude muy extraño, ya que Donald era el presidente y tenía el control de la elección.

El dato para destacar de la región que los presidentes Abelardo de la Espriella (Colombia), José Antonio Kast (Chile), Keiko Fujimori (Perú), Daniel Noboa (Ecuador), Rodrigo Paz Pereira (Bolivia), todos de derecha y alineados con Washington, felicitaron a Lula y reconocieron el resultado. Por supuesto que también lo hicieron la mexicana Claudia Sheinbaum y el uruguayo Yamandú Orsi.

El único que no reconoció el resultado fue Javier Milei, que además fue el más activo en respaldar a Bolsonaro en su campaña electoral y que hizo de insultar a Lula una de sus rutinas. Milei, ¿creerá que sin reconocer el triunfo del presidente del principal socio de la Argentina suma puntos con Trump? Puede ser, en tal caso, demuestra una vez más sus enormes dificultades para actuar como un jefe de Estado. ¿Qué hará con su limitada visión de la política exterior si el próximo tres de noviembre el trumpismo cae derrotado en las elecciones de medio término?

Compartí el artículo