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Roma: ¿ciudad abierta?

Migrantes en Europa: ¿los desaparecidos de este tiempo? En Roma, las Mani Rosse marchan cada semana en silencio contra las políticas migratorias restrictivas, inspiradas en las Madres de Plaza de Mayo y encabezadas por el exdiplomático Enrico Calamai. Por Mariano Pacheco

Quizás a quienes lean esta crónica les suene su nombre porque lo han escuchado en el documental Enrico Calamai, una vida por los Derechos Humanos, film que recupera la activa intervención del exdiplomático italiano respecto de los exiliados latinoamericanos en Europa, sobre todo de Chile y Argentina, países en los que se desempeñó como diplomático en los años setenta. Fue entonces, en tiempos de las dictaduras de Pinochet y Videla, cuando organizó una red que proporcionó ayuda logística, incluidos pasaportes y documentos falsos, para que perseguidos políticos pudieran marcharse rumbo a Italia y huir así de las dictaduras latinoamericanas coordinadas por el Plan Cóndor.

A Enrico no lo conocí en marzo pasado, cuando estuvo en Argentina para participar de la movilización por los 50 años del último golpe cívico-militar, ni días después, cuando la CTA le organizó un homenaje en la sede de ATE Nacional en Buenos Aires, sino a mediados de junio, en Roma, cuando una amiga argentina, Alicia Calderone, nos invitó a sumarnos a una concentración que se lleva adelante cada jueves, desde mediados de 2018, frente al Ministerio del Interior de Italia.

El ejemplo de las Madres y de las Abuelas de Plaza de Mayo recuperado en estos tiempos para sentir –como decía el periodista argentino Rodolfo Walsh– la satisfacción moral de un acto de libertad: el de difundir información silenciada por el poder. En este caso, el ejercicio tiene que ver con denunciar una de las atrocidades de este mundo que más golpean a Europa y ejercer una solidaridad horizontal que promueva y sostenga un paradigma de justicia en la conversación ciudadana, en tiempos en que el espacio público aparece fuertemente tomado por los discursos de odio.

Es la persistencia de un testimonio que rinde homenaje al pasado mientras se compromete con las problemáticas actuales. Pero, a diferencia de los cánticos y los gritos habituales de las manifestaciones, en este caso quienes organizan la protesta han elegido que los reclamos se presenten solo a través de los cuerpos que caminan en silencio (otra forma de testimonio y de denuncia), con las manos pintadas de rojo, en clara alusión a la sangre derramada por los migrantes. De allí su nombre: Mani Rosse Antirazziste.

–¿Por qué marchar en silencio? –le pregunto a Enrico, quien en un perfecto castellano me explica:

–Es como un ritual. Consideramos la complicidad del gobierno italiano con las muertes de migrantes como algo muy serio. Por eso nuestras manos rojas, que simbolizan las manos ensangrentadas de los gobiernos que llevan adelante esta política de exterminio.

Para Enrico, la política migratoria italiana no es un caso aislado, sino parte de una compartida por los distintos países de la Unión Europea que especulan, dice, con que llegue la menor cantidad posible de personas. Según sus propias palabras, “buscan hacerlos desaparecer” y por eso considera a esas muertes de migrantes “crímenes de lesa humanidad”.

–Hay una decisión. Es lo que en economía llaman dumping. Es un dumping de vidas humanas. Un migranticidio: se busca la eliminación física de las personas migrantes, a través de la colaboración entre los distintos gobiernos europeos.

¿Dolce vita?

Son cuatro días intensos de recorrida por la ciudad: del Coliseo al Vaticano; del Campidoglio al Foro imperial; del Vittoriano a la Piazza del Popolo; del Panteón a la Piazza di Spagna. El “recorrido de Bernini” bajo el sol, con casi 40 grados; la caminata por la muralla, hasta llegar al Museo Delle Mura; la Piazza Navona (con su Fontana dei Quattro Fiumi) y el jardín de los naranjos… Seguimos todo el recorrido que nos recomienda Alicia, profesora de Artes, que nos aloja y nos guía en esa ciudad que siempre parece tener algo más por descubrir. ¡La Fontana di Trevi! ¡Cómo no pasar por aquel ícono donde Federico Fellini filmó la famosa escena de La dolce vita!

Así que, cuando nuestra amiga argentina nos insiste en que no nos perdamos la oportunidad de estar allí, no dudamos en sumarnos a esa intervención de “Mani Rosse Antirazziste”, que se lleva adelante cada semana bajo la consigna “Migramos para vivir / No para morir”.

Ya en el lugar, le pregunto a Enrico cómo reaccionaron las autoridades ante la protesta. Me cuenta que al principio la quisieron prohibir, ya que por ley no es posible realizar manifestaciones en esa zona. “Durante los primeros meses nos echaban, pero luego llegamos a un acuerdo”, explica en un primer momento. Y luego agrega: “como la Constitución garantiza el derecho a la protesta, incluso en esa zona, si se comunica previamente el día y el horario en que se va a realizar, en un momento decidimos adoptar esa estrategia: cada mes elevar por escrito a las autoridades correspondientes el cronograma de concentraciones y esperar, a su vez, la respuesta del gobierno, también por escrito”. Finalmente, exclama con énfasis: “No pedimos autorización, comunicamos”.

Durante esos largos minutos que pasamos parados en la vereda, con las manos pintadas y sostenidas en dirección a la calle, veo las reacciones múltiples, diversas, de los transeúntes y automovilistas: están los turistas o ciudadanos locales que no entienden muy bien de qué se trata, los que se oponen férreamente, los indiferentes y quienes acompañan con alguna sonrisa o saludo al pasar.

Enrico muestra paciencia, dice que hay que poder atraer a los indiferentes.

–A veces nos insultan. “¡Vayan a laburar!”, nos gritan. Nos dirigen todo tipo de insultos, que prefiero no reproducir. En cambio, otras personas apoyan. Pero hay que entender que incluso los que nos insultan es porque están heridos por lo que ven. Les molesta ver la realidad.

En la fila hay varias personas más de Argentina. Algunas de ellas llegaron durante los años de dictadura y se quedaron. Otras migraron con la crisis de 2001, con la de Macri… Pienso en mi propio caso y en lo difícil que me resulta volver a padecer las consecuencias de las medidas del “laboratorio libertariano” en curso. “El mundo actual no es muy auspicioso en ningún lado”, pienso. Y consulto a Enrico por el momento actual de avance de las extremas derechas en Italia.

–El problema es la derecha, en general, no solo la extrema derecha. Quieren la guerra. Hoy Europa está en manos de gobiernos que quieren sostener una economía de guerra frente a Rusia, que reacciona frente a Ucrania, que pone en riesgo sus fronteras. Estamos en riesgo de una tercera guerra mundial, con un gobierno como el de Trump en Estados Unidos que financia a la extrema derecha en todo el mundo occidental. La guerra es el proyecto orgánico que responde a sus intereses políticos y económicos.

El porvenir es largo

La protesta termina, la policía se retira. Nos limpiamos las manos y, con una pequeña comitiva de compatriotas, nos dirigimos hacia la embajada argentina. Frente a ella hay un monolito en homenaje a las Madres de Plaza de Mayo, símbolo de la dignidad que contrasta con claridad con el actual gobierno infame de nuestro país.

–La extrema derecha quiere transmitir sensación de impotencia. Pero no es real. Si la gente sale a las calles, toma las plazas, la situación puede cambiar.

Enrico, que casi me dobla en edad y tiene un largo recorrido político, es entusiasta pero no ingenuo.

–Con esto no cambiamos la realidad, está claro, pero evidenciamos lo que pasa. Podemos hacer muy poco, pero no renunciamos a eso poco que podemos hacer: denunciar.

Recuerda luego la fuerza de Taty Almeida. Me cuenta que la vio por última vez el 24 de marzo en la Plaza de Mayo, poco antes de su fallecimiento (el 14 de junio). “Ella sabía que estaba a punto de morirse, pero transmitió fuerza, vitalidad hasta el final”.

Me pregunto si es algo de esa fuerza la que lleva a este puñado de activistas a reunirse semanalmente para alzar sus manos pintadas de rojo y señalar las políticas migratorias y fronterizas expulsivas de los malos gobiernos, esas que convierten en una condena a muerte el derecho a la movilidad y a la búsqueda de una vida diferente en Europa.

Pienso –e inmediatamente me confirman– que ni la acción ni el día en que realizan aquella actividad es casual. La denuncia de las muertes y las desapariciones de personas migrantes en el Mediterráneo y a lo largo de las fronteras europeas está fuertemente inspirada en la Ronda de las Madres de Plaza de Mayo, esa que nació un día de otoño de 1977, en medio del terror dictatorial argentino, y que se sostiene, cada jueves, hasta el día de hoy. Esas Madres –que, me dice Enrico, son vida generosa, igualitaria, anhelo de justicia– se han transformado en un símbolo mundial.

Antes de partir, y tras un afectuoso saludo, me cuenta:

–El otro día, cerca de mi casa, me crucé con una pareja. Iban con su hija adolescente, quien al verme me palmeó en el hombro y me dijo: “Mani Rosse Antirazziste. ¡Bravíssimo, muy bien!”.

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