La posibilidad de predecir en qué momento el humor social cambiará es casi nula. Se trata de uno de los misterios de la política. Hace pocos meses, a fin del año pasado, el presidente Javier Milei parecía invencible en la opinión pública. Después de aplicar un ajuste brutal, pasando su motosierra por jubilaciones, universidades, salud y programas para personas discapacitadas, ganó igual las elecciones de medio término. El resultado sorprendió al propio gobierno nacional, que esperaba una contienda más pareja con el peronismo.
Se hicieron muchas lecturas sobre qué pasó ese 27 de octubre de 2025. La interpretación que el mileísmo eligió —es comprensible— fue que la población había respaldado el rumbo que Milei le impuso al país desde el 10 de diciembre de 2023. Una restauración conservadora extrema con apoyo popular, basada en el único logro que el presidente pudo mostrar: la estabilidad monetaria que redujo la inflación a costa de ir dinamitando el tejido productivo argentino.
Hubo otras interpretaciones sobre el resultado electoral que, miradas a la distancia, parecen más acertadas. Son las que explicaron el triunfo por cuestiones más coyunturales. La inestabilidad financiera que se había desatado en las semanas previas a la elección nacional, luego del triunfo del peronismo en la provincia de Buenos Aires, más la amenaza de Donald Trump sobre quitar el respaldo financiero al país si Milei no ganaba, desataron el temor a un descalabro que agravaría aún más la situación.
¿Por qué es posible sostener que esto fue lo que pasó el año pasado? Esencialmente por lo que está ocurriendo en el inicio de este otoño de 2026.
Números
La encuestadora Zuban-Córdoba midió la aprobación a la gestión mileísta y sus números de marzo fueron demoledores. Casi el 60% de la población —el 58,4%, para ser exactos— desaprueba la gestión del gobierno y un 34% la respalda. Ese tercio podría considerarse, a esta altura, el núcleo duro del presidente, que en su proporción coincide con la base antiperonista histórica.
La caída del respaldo a la gestión de Milei coincide con varios escándalos de corrupción. El más novedoso es el que tiene como protagonista al jefe de Gabinete, Manuel Adorni. Empezó por haber llevado a su esposa en el avión presidencial a la décimo quinta gira que Milei hizo por Estados Unidos para la “Argentina Week”. La punta del ovillo fue lo menos importante. Haber llevado a su esposa en el avión podía verse como un abuso de poder, pero no es fácil considerarlo un delito. Al avión se pueden subir invitados especiales del presidente. Es cierto —sin embargo— que en 2024 el actual gobierno firmó el decreto 712/24, presentado como un paso para terminar con los “privilegios”. La norma regula el uso de los aviones públicos. Dice en su artículo primero: “Prohíbese su utilización en cualquier actividad aérea que, por su condición, pueda ser considerada propia de una aeronave privada”. ¿Trasladar a la esposa de un funcionario hace a la función de esa aeronave? Seguramente no, pero el tema podría haber pasado de largo.
El punto es que luego apareció un video con Adorni y su familia volando en avión privado a Punta del Este y una casa de 230 mil dólares en un country de Exaltación de la Cruz. La propiedad no figura en las declaraciones juradas de Adorni. La reacción del jefe de Gabinete, además, no ha sido la mejor. En su entorno están seguros de que toda la situación es “fuego amigo”. La enmarcan en la interna entre el asesor presidencial Santiago Caputo y Karina Milei, la hermana del presidente, que considera a Adorni parte de sus filas. Puede ser que haya un exceso de paranoia, en una época en la que todo el mundo tiene la posibilidad de filmar. De hecho, ahora el gobierno dice que fue una trabajadora del aeropuerto de San Fernando.
El otro escándalo que coincide con esta caída en las encuestas del presidente es el que producen las novedades de la criptoestafa Libra. El timbero Mauricio Novelli, para quien Milei trabajó antes de ser presidente, fue quien armó el nexo entre el jefe del Estado argentino y Hayden Davis, el estadounidense que creó la criptomoneda que se utilizó para la estafa. Esta semana se descubrió que el día en que Milei promovió Libra en sus redes sociales habló al menos cinco veces con Novelli en los minutos previos al posteo. La información surgió del peritaje del celular de Novelli. En el teléfono también se encontró el borrador de un supuesto contrato entre Milei y Davis, por el cual el presidente argentino cobraría cinco millones de dólares por su tarea publicitaria. De confirmarse, todo sería absolutamente ilegal.
Es la economía, estúpido
“Es la economía, estúpido”. La frase se la dijo el expresidente estadounidense Bill Clinton a uno de sus asesores, cuando estaban en la campaña electoral que lo llevaría a la presidencia. Más allá de los escándalos de corrupción que están sacudiendo al gobierno de Milei, puede asegurarse que “es la economía”, como dijo Clinton, la que está socavando la popularidad del presidente.
La gestión Milei se había sostenido hasta ahora basada en las expectativas sobre el futuro, más que en las mejoras del presente. Milei no es un conservador clásico. Es un personaje carismático. Logró conectar con una fibra emocional de millones de argentinos. Eso fue lo inédito. La derecha argentina encontró un personaje carismático que vendió las mismas viejas recetas que ya fracasaron.
Ese rasgo carismático despertó mayor confianza en una porción muy amplia de la sociedad, que creyó realmente que el ajuste salvaje sería sobre la “casta” y que había que pasarla mal unos meses para después estar mejor, como si se tratara de una familia que hace un esfuerzo para terminar de pagar un crédito y luego, con casa propia, puede utilizar sus ingresos para disfrutar. No es así en la economía de un país. El objetivo de la derecha es que la Argentina sea más subdesarrollada de lo que es: sin industria, ni cine ni ciencia. En ese modelo no hay forma de que la situación de la mayoría alguna vez mejore.
Esto es lo que parece haber comenzado a percibir la población, ahora que el desempleo roza el 8% y que hay cientos de miles de argentinos que perdieron su trabajo y migraron a las aplicaciones, que les pagan cada vez menos porque hay sobreoferta de esos servicios.
La consultora CB es una de las preferidas del gobierno nacional. Pronosticó el triunfo de Milei en octubre pasado cuando la mayoría de las encuestadoras lo daban perdiendo. CB preguntó en su último sondeo de marzo: ¿cree que su economía familiar estará mejor o peor en un año? El 48% respondió que pensaba que estaría peor y el 31% —núcleo duro— dijo que mejor. Es una señal clara de que las expectativas sobre el futuro cambiaron. Al gobierno nacional cada vez le cuesta más sostener el relato de que allá, a lo lejos, en algún lugar al final de este padecimiento, está la tierra prometida.
