1.
Algo le pasó a Morrissey y no es bueno. Nuestro tan, tan amado Morrissey. Morrissey, que fue uno de los enormes poetas del rock, un crooner de buena ley, un romántico elegantemente maldito y un trovador de un erotismo eléctrico, pero sexualmente ambiguo; este charming man que fue una voz de lucha contra la monstrua Margaret Thatcher y su cruzada neoliberal que dejó a la clase obrera de su amado Manchester –y la de Inglaterra entera– de rodillas, ensangrentada; nuestro Morrissey, que fue un lúcido e inquebrantable defensor de los derechos de los animales (los animales no-humanos, de pronto), predicador virulento del vegetarianismo; ese derviche de los escenarios que cambió, que mejoró, que salvó la vida de tantos adolescentes solitarios, o escondidos en sus placards, dándoles una voz de consuelo liberador dentro de sus melancolías y desesperaciones… Ese flaco hermoso que fue un ícono de millones de acólitas, ha envejecido tan pero tan mal. Ahora tiene 67 años y se ha convertido en una parodia de sí mismo. Es innegablemente xenofóbico y racista. Ha manchado su legado para siempre. Su último disco es digno de un Elvis gordo y empastillado dando lástima en shows para apostadores enviciados en Las Vegas. En su nube de narcisismo, resentimiento y estancamiento espiritual y creativo, nos ha dejado solos. A nosotros que lo amábamos incondicionalmente.

Dirán que no es así. Dirán que hay que separar la obra del artista. Dirán que es una exageración. Pero están equivocados. Hay cosas que no se deben perdonar. Por más devastador que sea, hay personas amadas con quienes hay que cortar lazos completamente. Hay que matar el amor que uno tiene en su corazón para dejar lugar para otro amor. O, por lo menos, para dejar un lugar vacío, como un cuarto limpio y bien iluminado, a la espera de la aparición de otro ángel.
2.
Ya vamos a hablar del genio indiscutible del asombroso cantautor de Manchester, pero para los que rechazan lo recién dicho como una exageración caprichosa e indebida, escuchen unas cosas, por si no las sabían.
En los años justos antes de la pandemia, Morrissey brindó su apoyo fervoroso al incipiente partido político For Britain, liderado por una mujer llamada Anne Marie Waters. Disuelto en 2022 después de cinco años de su fundación, fue un movimiento de derecha extrema, antiislámico, antiimigrante, anti-Unión Europea, ultranacionalista. Una de sus campañas centrales, por ejemplo, fue eliminar leyes contra los discursos del odio. En su momento, Waters, fascinada con el apoyo del bardo de Manchester, lo agradeció públicamente, diciendo que el resultado fue un enorme salto de conocimiento y acercamiento al partido de miles de personas.

Morrissey dijo acerca de For Britain que lo inspiró a votar por primera vez en su vida, y que las propuestas de Waters lo llenaban de esperanza. La respuesta de la industria de la música y de gran parte de su base de fanáticos fue feroz, pero Morrissey, confrontado con su giro ideológico, solo redobló su apuesta. En una entrevista que condujo su sobrino, Sam Esty Rayner, para el sitio web oficial del cantante, dijo:
“En Gran Bretaña, si acusas a alguien de ser racista les estás diciendo que te has quedado sin palabras. Estás cerrando cualquier debate y huyendo. La palabra ahora no tiene sentido. En el fondo, cada uno prefiere su propia raza. ¿Eso hace que todos somos racistas?”
Hay más. En una entrevista con The Guardian en septiembre del 2010 declaró sobre los chinos:
“¿Viste eso en las noticias sobre cómo tratan a los animales y el bienestar de los animales. Absolutamente terrorífico. No podés evitar sentir que los chinos son una subespecie.”
¿Suficiente? En una entrevista en el documental de 2003 llamada The Importance of Being Morrissey (un juego de palabras con el título de la obra de Oscar Wilde, La importancia de llamarse Ernesto) dijo sobre los mexicanos:
“Me gustan mucho las personas de México. Me resultan terriblemente amenas. Tienen fantástico pelo, piel y -en general- muy buenos dientes. Es una gran combinación.”
Esto sigue y sigue y sigue. En otra entrevista -conducido por alguien que se hizo llamar John Riggers (hay sospechas de que fue una entrevista hecha por Morrissey mismo)- publicada en su propio sitio web, dijo:
“Creo que el National Front generó mucha atención hace cuarenta años con títulos periodísticos como: ‘El Frente Nacional es un partido de ideas.’ Es lo mismo ahora con For Britain. Tienen ideas. No quiere decir que todo el mundo esté de acuerdo con todas sus ideas, pero claramente están preocupados con la identidad de Gran Bretaña.”
El Frente Nacional es un partido fundado en 1967 por A. K. Chesterton (primo del escritor G. K. Chesterton) que anteriormente fue miembro de La Unión Británica de Fascistas. Entre sus perlas está la declaración, en una biografía que escribió sobre el político inglés Oswald Mosley, dentro del concepto de un líder fuerte denominado Führerprinzip:
«El fascismo no es un sistema importado del extranjero; es la expresión moderna del espíritu histórico británico, que llama a nuestra raza a sacudirse la apatía, restaurar la disciplina y cumplir su destino imperial.»

Bueno. Allí tenemos a nuestro amado Morrissey.
Vamos a la obra. Pero antes, hago un breve paréntesis en primera persona.
3.
Descubrí The Smiths a los 13 años cuando salió su álbum homónimo. Desde ese momento, Morrissey ocupó un lugar absolutamente central en mi vida: en mi mundo interior, en mi concepto de la escritura, de la sexualidad, y del estilo, en términos generales. Me cortaba el pelo como Morrissey (aún tenía pelo), y cantaba sus canciones en mi cabeza todo el tiempo. Lo fui a ver en concierto en cualquier oportunidad que pude. Leí con fascinación su autobiografía, cuyo primer capítulo está a la altura de un cuento Dublineses, de James Joyce. Me asombró su nouvelle, List of the Lost, sobre un equipo de corredores de cross-country en una escuela de Nueva Inglaterra. Leí absolutamente todas sus entrevistas, y coleccionaba las revistas inglesas como la biblia, The New Musical Express. Coleccioné también libros sobre The Smiths y Morrissey mismo y los releía como palabra sagrada. Morrissey era un poeta, y tras la designación extraña de Bob Dylan como Premio Nobel de Literatura, pensé que a Morrissey le tendría que haber correspondido uno también.

4.
Una vez, en Dublín, esperé en la entrada trasera del teatro donde cantaba, anticipando su aparición. Arribó en un enorme SUV, como los que usan los presidentes de los Estados Unidos. Se bajó del auto. Tenía puesto un sobretodo negro, mortalmente elegante. Me puse a correr como Jesse Owens para ir a abrazarlo, pero sus patovicas se pusieron delante mío. Hombres duros. Frené, con las manos alzadas en un signo de paz, y no pasó nada. Pero les juro que Morrissey me dirigió la mirada y que nunca, hasta ese momento en mi vida, fui tan feliz.
Cuento esto porque fue la misma experiencia de miles, si no cientos de miles, o aún más, de fanáticos. Para muchos de nosotros Morrissey no fue un cantante. Fue un mejor amigo, fue un ídolo, fue todo.
La pérdida supera el desconsuelo. Es como perder una de las mejores partes de tu ser.

5.
Y ahora, vamos a todo lo que perdimos.
Es muy posible que tengan un recuerdo totalmente nítido de dónde estaban en el exacto momento en el cual oyeron los primeros estribillos de la guitarra de Johnny Marr -el otro pilar de The Smiths o el centro pilar de The Smiths- de la canción How Soon Is Now?.
Es imposible explicar música con palabras, por más que las palabras sean un tipo de música. Pero esas notas, melódicas, distorsionadas, dulces y misteriosas, sostenidas en un trémolo electrónico, podrían ser la traducción al sonido de un poema hermético y colosal que te susurra que tienes justo al alcance, pero también justo fuera del alcance, un secreto muy, muy importante sobre qué significa estar vivo. Son 20 segundos de un péndulo sónico, tembloroso, que despiertan algo de tu ser como si estuvieras oyendo unos suaves golpes sobre la tensionada piel de cabra de un tambor chamánico.
Y luego, de repente, tras veinte segundos de este misterio, aparece desde este ruido otro misterio: la inconfundible voz de Steven Patrick Morrissey:
I am the son, and the heir / of a shyness that is criminally vulgar / I am the son and the heir of nothing in particular…
(Soy el hijo y el heredero / de una vergüenza que es criminalmente vulgar / soy el hijo y el heredero de nada en particular).
Y allí estamos a los 40 segundos de una canción que dura 6 minutos y 44 segundos. Una canción que cambió la vida de tantas personas.
El tema era el lado B del single de la canción William, It Was Really Nothing. Salió en junio del año orwelliano de 1984. En el Reino Unido, la huelga de mineros de carbón, que duraría un año, llevaba recién unos meses; en los Estados Unidos, en noviembre de ese año, Ronald Reagan arrasó en las elecciones para continuar su mandato político y su cruzada neoliberal a la par con Thatcher. En ese momento uno de los discos más exitosos del mundo era el álbum debut de Bon Jovi.
Morrissey era pura luz. The Smiths nos salvaron.
6.
Cuando somos muy jóvenes y las primeras flores de nuestro ser comienzan a brotar y nada está definido para siempre; cuando aún podemos ser quienes queremos ser y quienes deberíamos ser, necesitamos mucho: necesitamos consuelo, necesitamos guías, también necesitamos respuestas. Necesitamos amor y alegría.
¿Quién soy y quién seré? ¿Cómo dar nombre a todas estas emociones? ¿Cómo voy a amar? ¿Cómo vivir con esta soledad que es, trágicamente, la esencia de ser humano? Y tantas otras preguntas.
Con su arte, Morrissey nos respondió estas preguntas. Para tantos de nosotros era nuestro poeta, nuestro guía, nuestro espíritu guardián. El que nos cantaba el arrorró.
Pero Morrissey no supo cambiar. No supo evolucionar como artista. Se trabó en su autopiedad y su desenfrenada vanidad, ya, un señor mayor, lamentándose como un adolescente, dando pena.
Podemos mencionar, en paréntesis, a uno de los grandes cantautores de su generación -Nick Cave- a modo de comparación. Cave tiene 69 años.
En 2015, su hijo de 15 años falleció al caer de un acantilado en Ovingdean, cerca de Brighton. Tras esto, Cave escribió dos álbumes: Skeleton Tree (2016) y Ghosteen (2019).
Sobre el último álbum dijo: «Creo que Ghosteen –tanto la música como las letras– es un lugar inventado donde el espíritu de Arthur puede encontrar una especie de refugio o descanso. … Y no lo digo en sentido metafórico, sino literalmente. No es una idea que haya expresado antes, pero siento su presencia en las canciones.»
En 2022 murió su otro hijo, con 31 años de edad y Cave no paró de innovar, de hacer música y arte plástica, de amar a su vida, de tocar en público.
Además, es útil nombrar a Cave, un espíritu bondadoso, un artista sin miedo de cambiar, y un alma abierta. En su sitio web, tiene una sección llamada The Red Hand Files donde fanáticos le hacen preguntas de cualquier tipo y él las contesta con profundidad y cariño.
En junio de 2019, le preguntaron justamente sobre este tema: qué hacer con las canciones de Morrissey que, efectivamente, cambiaron nuestras vidas, cuando su ser actual es repugnante. Hay una respuesta tan, pero tan sabia y tierna que merece leerla completa. Pero, en síntesis, empatiza con el dolor, lo entiende, y reivindica el discurso libre, y lo más importante, cuenta que una vez que saca una canción, no la considera más suya, sino del público. O sea, que sí, hay que separar la obra del artista.
Sin embargo, uno de los grandes cantautores ingleses de la generación de Morrissey, Billy Bragg (un incansable defensor y denunciante de las injusticias sometidas a la clase obrera en su país) tomó la siguiente conclusión:
“Los Smiths expresaron el sentimiento de desconexión de mucha gente con la sociedad y les ayudaron a encontrar su propia identidad; y él lo ha destrozado por completo. Me duele mucho por ellos porque también soy un gran fan de los Smiths. Y me duele mucho por Johnny Marr porque es una persona auténtica, un tipo encantador, y no se merece que su legado sea mancillado.”
7.
Morrissey no ha sufrido ninguna enorme tragedia en su vida; cuando era pobre, sin rumbo, y sin ganas de trabajar en algo convencional vivía con sus padres y con beneficios del gobierno (aleluya por un gobierno piadoso). Ahora no sabe cómo expresar su marca que es el sufrimiento por el eterno maltrato (no nos olvidemos que tiene un patrimonio que ronda los 50 millones de dólares).
En su último disco, Make-up is a Lie (2026) canta una canción que intenta conmovernos con las injusticias que no para de sufrir, titulada Boulevard, le canta una balada a una calle, identificándose íntimamente con ella:
Everyone walks all ovеr you / I’ve seen it, they do / I’ve seen it, they do / Boulevard / Birds shit / Schoolboys spit / Right at you / I know how you feel / I know how you feel
Todos te pisan / lo he visto / lo he visto, lo hacen / Boulevard / Pájaros te cagan / Los estudiantes te escupen / directamente encima / sé cómo te sientes / sé cómo te sientes.
Parece un poema de un niño de 13 años, travieso y medio zonzo. ¿O no?
Y. Y. Y… Si no fuera suficiente, Morrissey ha demostrado sistemáticamente un desprecio asombroso hacía sus acólitas. Según The New Musical Express, en los últimos cinco años ha cancelado, a último momento, cerca de 100 conciertos. En general, la excusa ha sido “agotamiento”.

8.
Vamos cerrando.
En la canción Rubber Ring, del disco The Queen is Dead (de 1986), el bardo de Manchester imploraba:
The passing of time and all of its crimes / Is making me sad again / The passing of time and all of its / sickening crimes / Is making me sad again / But don’t forget the songs that made you cry / And the / songs that saved your life / Yes, you’re older now and you’re a clever swine / But they were the only ones who ever stood by you.
El paso del tiempo y todos sus crímenes / me está entristeciendo otra vez más / El paso del tiempo y todas sus crímenes enfermizos / me está entristeciendo otra vez más / Pero no te olvides de las canciones que te hicieron llorar / y las canciones que te salvaron la vida / Si, ya estás más viejo y eres un cerdito listo / pero eran las únicas que estuvieron a tu lado.
La canción termina con el lamento: Do you love me like you used to? (¿Me querés como antes?).
No. Ya no te quiero. Te detesto, porque manchaste una parte de mi alma, me arrancaste una de las cosas más centrales de mi juventud y la de millones. Como Rowling, no supiste callarte la boca. No supiste irte de la fiesta a tiempo. Eres una desgracia.
Cerramos con una canción más, Truly Disappointed, de 1990 de Bona Drag. Cierra con el verso:
This is the last song I will ever sing.
(Una voz de la audiencia gritando en alegría)
Oh, no. I changed my mind again
(la voz de la multitud lamentándose, como las hinchadas de un equipo de fútbol sufriendo un gol contrario)
Good Night, and Thank you.
(Esta es la última canción que cantaré nunca / Oh no, he cambiado de opinión otra vez. Buenas noches, y gracias).
Quédate allí, donde estés Morrissey, con tus millones, con tus rencores, con tus versos mediocres de tu ansiedad, con tus fanáticos ignorantes o fascistas. Ya sos irrelevante: tus opiniones y tu música. Desempolvá el retrato de Dorian Gray que tenés guardado en tu ático y fijate en lo que realmente sos, en lo que te has convertido. Un pequeño, triste, hombre
Buenas noches. Y gracias.
En la imagen de portada Morrisey.
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