Profundización de los cambios o la restauración conservadora

Las encuestas de opinión anuncian que “la candidata de Lula”, Dilma Rousseff, ganará en primera vuelta cómodamente. Luego de dos gestiones consecutivas del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, el Partido de los Trabajadores garantizará la continuidad del proceso político y la estabilidad en la región.

Este domingo habrá elecciones en Brasil. Están habilitados más de 135 millones de electores para votar la presidencia de la República, renovar dos tercios del Senado (54 senadores), toda la Cámara de Diputados (513 diputados) y 27 gobiernos estaduales con sus respectivas asambleas legislativas y parlamentarios al MERCOSUR. Si ningún candidato a presidente y a gobernador obtiene más del 50 por ciento del sufragio habrá segunda vuelta a realizarse el 31 de octubre 2010 (Ley 9.504 de 1997). La Constitución brasileña prevé única reelección inmediata de cuatro años, razón por la cual Luiz Inácio Lula da Silva no es candidato en esta oportunidad, a pesar de su enorme popularidad (más del 80 por ciento de aprobación según varios sondeos de opinión). Con este respaldo, el ex tornero mecánico, líder del Partido de los Trabajadores (PT) y primer dirigente sindical de América Latina que llegó a presidente, instaló como candidata a su discípula Dilma Rousseff para dar continuidad a su proyecto político y al PT en el gobierno. En el último tramo de la campaña, la “candidata de Lula” demuestra un imparable ascenso frente a sus contrincantes más cercanos como José Serra (Partido de la Social Democracia Brasileña -PSDB-) y Marina Silva (Partido Verde -PV).

Con un pasado guerrillero, Rousseff, de 62 años, se perfila a convertirse en la primera mujer presidenta del Brasil. De esta manera, el escenario preelectoral presagia la victoria de la candidata del PT sin que sea necesaria una segunda vuelta electoral. Ni siquiera el propio Lula da Silva, conocido por su carisma, ganó en primera vuelta en las elecciones de 2002 y de 2006. En el hipotético caso de que Rousseff no obtuviera más del 50 por ciento de los votos este domingo, de acuerdo a la última encuesta realizada por la consultora Datafolha, Dilma podrá vencer sin dificultad en un ballotage, en el cual obtendría el 52 por ciento de los votos frente un 24 por ciento de José Serra y un 10 por ciento de la candidata “verde”. Otros análisis proyectan que la posibilidad de un segundo turno dependerá mucho del crecimiento electoral de Marina Silva y de una reducción de los indecisos, que representan el siete por ciento de los 135 millones de electores. Los sondeos auguran además que la ex ministra de Lula podría llegar a contar en un eventual gobierno con una mayoría calificada en el Parlamento, conformada por el PT y sus aliados (PMDB, PDT, PCdoB, PSB, PTC, PSC, PRB, PR y PTN), suficiente para impulsar cualquier reforma de la Constitución Nacional.

Los otros candidatos

Sin mucho marketing y aparatos, en estas elecciones también se presentan los candidatos de la izquierda tradicional como el veterano dirigente y fundador del PT, Plínio Arruda Sampaio, representando al Partido Socialismo y Libertad (PSOL); Zé Maria de Almeida, obrero metalúrgico, candidato del trotskismo morenista por el Partido Socialista de los Trabajadores Unificados (PSTU); Ivan Pinheiro, por el Partido Comunista Brasilero (PCB); y el Partido de la Causa Obrera (PCO), con la candidatura de Rui Costa Pimenta. Fustigando a los partidos de la derecha como los “tucanes” (PSDB) y sus aliados “demócratas” (DEM), nombre que ostenta en Brasil el partido de la dictadura militar, sin dejar de pasar factura a Lula por las deudas sociales pendientes, mientras reclaman la auditoría de la deuda externa, una reforma agraria y medidas económicas de fondo, más allá del asistencialismo.

En diálogo con Revista Zoom, Gonzalo Adrián Rojas, politólogo argentino de la Universidad Federal de Campina Grande (UFCG), Paraíba, considera que la enorme dispersión de estas candidaturas dificultó aún más la presencia de un programa socialista, clasista e independiente de los otros bloques. “Mientras Plínio Arruda Sampaio critica las políticas del gobierno de Lula y se desgasta al enfrentarse con la mayoría de su propio partido que defendía una visión de la política parlamentarista, el candidato trotskista defiende un discurso socialista abstracto e independiente de las pocas luchas sociales en curso en el país”, sostiene el politólogo argentino radicado en Brasil.

El poder mediático y la farandulización de la política

Después de que Luiz Inácio Lula da Silva ganara las elecciones de 2002, en un país de la inmensidad de Brasil, muchos se han preguntado cómo un sindicalista pernambucano llegó a la presidencia sin el apoyo de los medios masivos de comunicación. La respuesta quizás está en que Lula ha sabido marcar una comunicación directa con la población, que sobrepasa cualquier interposición de los monopolios mediáticos. Debido a su enorme popularidad, el líder del PT trasladó su experiencia a su candidata, quien no sufre tanto acoso mediático como sí lo tuvo Lula. Gonzalo Rojas sostiene que esto se explica porque el grupo de la burguesía que representa a los grandes monopolios mediáticos ha obtenido muchas ganancias durante las dos gestiones de Lula. El analista político entrevistado denomina a este sector del grupo económico como la “gran burguesía interna que sostiene la división internacional del trabajo y que capitaliza parte de sus empresas con capital extranjero”. Por lo tanto, esta gran burguesía no se empecina por cambio político alguno y apuesta por la continuidad de Dilma Rouseff, “hegemonizando una alianza productivista con las principales organizaciones sindicales gubernamentales” y “que se complementa con una alianza de los sectores populares desorganizados beneficiarios de las políticas compensatorias del gobierno”, considera Rojas. Al sostener esta caracterización descree que haya un desarrollo capitalista autónomo en Brasil, más aún después del agotamiento del modelo de acumulación “fordista-productivista” ante el avance de elementos neoliberales y la hegemonía del capital financiero.

“Una cosa que sí es real hoy, es que la gran burguesía interna brasileña no quiere menos Estado. Al contrario, quiere más Estado, pero un Estado que transfiera recursos públicos para ese sector como lo hizo el gobierno de Lula al iniciarse la crisis”, reitera.

Según Marco Aurelio García, principal asesor de política externa de Lula, no se puede decir que el país no haya cambiado. Según García, Brasil paró el ALCA y recuperó un conjunto de elementos estratégicos para la elaboración de la política económica y social, y que tiene condiciones de crecer más y de seguir incluyendo a millones de brasileños a través del Programa de Aceleración del Crecimiento (PAC) articulado por Rousseff desde su cargo en la Casa Civil, puesto que la catapultó con una suerte de primera ministra. Desde el Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST), la voz de João Pedro Stédile, uno de sus principales líderes, afirma que lo más importante es derrotar al imperialismo que representa José Serra, lo que implicaría un apoyo implícito a Dilma, pese a que el MST sea criticado duramente por los petistas por no declarar un apoyo más explícito.

Lo cierto y concreto es que el sector que representa el candidato de PSDB, ubicado dentro de la “burguesía compradora” en la caracterización de Gonzalo Rojas, está cada vez más desmoralizado ante el sostenible avance de Dilma Rousseff. José Serra recibe el apoyo de un pequeño grupo de intelectuales paulistas de derecha, y al no presentarse como heredero de Fernando Henrique Cardoso, el ex presidente, quien estuvo ausente durante toda la campaña, declara que Dilma ya ganó en el primer turno.

Por su parte, “Marina Silva aparece como la tercera candidata con un discurso ambientalista policlasista y religioso. Defiende el ecocapitalismo en nombre del desarrollo sustentable, sin relacionar la destrucción del medio ambiente con el capitalismo, y defiende también la enseñanza en las escuelas públicas de las teorías creacionistas (inspiradas en doctrinas religiosas y que niegan la teoría de la evolución biológica) junto con las teorías de Darwin”, describe Rojas.

Un hecho a destacar a dos días de las elecciones es la despolitización de esta campaña, ocultando la situación real de miles de trabajadores brasileños que cortan caña en las factorías y que hoy tienen una media de vida útil igual o menor que la de los esclavos en el período 1850-1880, así como la situación de la población femenina, donde una de cada doce mujeres muere por causa de la violencia doméstica, paradójicamente en una campaña con dos mujeres como candidatas presidenciales. Sumado a esto se da la existencia de un proceso de “farandulización” de la política con un conjunto de candidatos que surgieron en el medio artístico y futbolístico y construido desde las empresas periodísticas, quedando en desmedro el debate sobre la crisis capitalista mundial.

La urgencia de una Ley de Medios en Brasil

En esta última etapa de la campaña electoral el propio Lula acusó a los medios masivos de antidemocráticos y de apoyar a la oposición al hablar en un acto de apoyo a la candidata oficialista en la ciudad Campinas, estado de São Paulo. El Presidente acusó a los holdings de comunicación privados de “destilar odio” al sostener que “no sólo vamos a derrotar a los adversarios en las elecciones, sino también a algunos diarios y revistas que se comportan como si fueran un partido político con candidato que no tienen el coraje de decir que tienen candidato”. La dura réplica de Lula sucedió en la misma semana en que estos conglomerados mediáticos, como los diarios Folha y O Estado de São Paulo, publicaron con amplio despliegue denuncias de supuestos actos de corrupción cometidos durante su gobierno, calificaciones que se han convertido en el principal tema de campaña por parte del candidato presidencial opositor, José Serra. La abolición de la Ley de Medios de la dictadura, en mayo del año pasado, ha dejado un vacío legal por lo que hoy es necesario construir un nuevo marco legal para remplazarla después de tener el apoyo del propio Lula da Silva y la oposición de izquierda y de derecha.

Hasta el momento, la política de comunicación de Lula había ha sido un tanto errática. Durante su primer mandato, entre 2002 y 2006, impulsó la creación de un Consejo de Ética Informativa que no llegó a prosperar. El PT había chocado contra el poderoso lobby de la comunicación, por lo que Lula no podrá concluir su segundo mandato sin atar algunos cabos. Uno de ellos pasa por sentar las bases de una estructura mediática en el país que termine con la situación actual en la que media docena de grandes empresas, todas ellas de matiz conservador, controlan la información (Red Globo, el mayor grupo de comunicación de Suramérica y quinto en la red privada de televisión del mundo, SBT y Record, etc.).

“Estamos esperando con ansiedad esta nueva elección que garantizará la profundización de la democracia en Brasil, con un sistema electoral totalmente informatizado para garantizar seguridad y transparencia de los votos”, asegura una de las voceras de su sede diplomática en Buenos Aires, que prefirió no identificarse. Al tiempo de afirmar “que cualquiera fuera electo Presidente, la relación con la Argentina (y la región) no variará”.

En el escenario internacional, durante la era Lula, Brasil ha tenido un papel fundamental dentro del concierto de las naciones, el cual ya empieza a mostrarse con ciertas ventajas al asumir una posición independiente, aseguran algunos expertos.

Mientras tanto, serán nueve los candidatos que concurrirán este domingo a la competencia por la sucesión en el Palacio del Planalto para ser el presidente número 40 del Brasil.

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