No hagan leña del pino caído.

En los últimos días Fernando Solanas tuvo un ripio. Un lapsus, un acto fallido, dirán los que quieran ver ocultos deseos en las exuberancias verbales del cineasta. Dijo de algunas provincias que tenían un voto de baja calidad, aludiendo a los triunfos kirchneristas en Salta y Catamarca y dejando a los periodistas tan estupefactos como si vieran a Mariano Grondona y Nelson Castro protagonizar la segunda parte del film Sur, haciendo los pepeles de hijos de Ulises Dumont y Nathan Pinzón, respectivamente.

El gobernador Urtubey, uno de los beneficiarios de ese voto de baja calidad, se sintió aludido, lo que suena bastante lógico, si bien el cineasta no había aludido específicamente a él. Pero Urtubey saltó como monja manoseada en el 60 y, sorprendentemente, saltó con el sonsonete predilecto de algunos papanatas de las provincias: “La intelectualidad de Buenos Aires cree que todos los que no votan como ellos son brutos e incultos”.

Y fue sorprendente porque el gobernador Urtubey no es un papanatas y debería saber que Solanas no pretende que voten cómo él, sino que lo voten a él. Y más sorprendente es su idea de que para encontrar a quienes creen que “todos los que no votan como ellos son brutos e incultos” tiene que tomarse el trabajo de ir hasta Buenos Aires, cuando le bastaría con caminar unos metros hasta el Club 20 de febrero. Y aún más sorprendente es que vea a Fernando Solanas como “la intelectualidad de Buenos Aires”, como si en Buenos Aires no hubiera intelectuales, o todos los intelectuales fueran de baja calidad.

Osvaldo Nemirovsci, por su parte, denunció a Solanas ante en Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo. Debe ser por eso del voto de baja calidad, pero en tren de sorprendernos tanto, sorprende que no haya denunciado también al gobernador de Salta, que discriminó a los porteños, a los bonaerenses y a los intelectuales, o al menos a los intelectuales de ambas regiones. Pero Nemirosci se explicó al manifestar, y por escrito, encima judicial, en papel Romaní, su “total repudio, rechazo e indignación por declaraciones que muestran un alto nivel de discriminación, racismo y anacronismo”.

Está bien, muy bien, aunque eso de procesar penalmente a alguien por anacronismo es muy fuerte, excesivo casi, por más que se trate de un intelectual de Buenos Aires. Pero Solanas se defendió de unos y otros –y hubiera bastado con que cerrara su boca para que también alcanzara a defenderse de sí mismo–, pero no atinó a defenderse de Nemirosci. Anacrónico, le había espetado Nemirosci, que viene a ser la forma elegante, de salón, de decirle a uno “Viejo de m…”.

“Me sacaron de contexto”, dijo Solanas, que es lo que se dice cada vez que se mete la pata hasta las verijas, y a continuación aclaró: “Mis declaraciones estaban referidas a la situación feudal y brutal de clientelismo y chantaje que ejerce el poder en esas provincias feudales. El que no vota no recibe los planes sociales, le retienen el documento”.

Al que no vota le retiran el documento. ¿Y cómo van a votar, si les retienen el documento?

Uno no tiene más remedio que exclamar, presa del pasmo y el desasosiego más profundos: si eso hacen los señores feudales de Salta, retener los documentos y después enojarse porque no votan, qué no harán los pobres, que son incultos y les dan sus documentos vaya uno a saber a quienes y para qué. Porque hasta dónde se sabe, la asignación universal por hijo se cobra en el cajero automático, mediante una tarjeta magnética.

De manera que, señores pobres, ya saben: ustedes voten con baja calidad, si quieren, y para dejarlo tranquilo a Solanas, denle nomás los documentos a los señores feudales, pero ni dormidos les dejen manotear la tarjeta de débito.

Y Nemirosci, por favor, un poco de sentido común: no puede andar denunciando a todos por anacronismo, por más que alguna gente mayor ya no sepa lo que dice.

Es una lástima, pero así es el destino del hombre: volverse viejo sin hacerse mejor.

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