Ignacio Ramonet: Cooperativismo

Por Ignacio Ramonet La Voz de Galicia

He estado participando, en el sur de Francia, en un apasionante congreso sobre Globalización y cooperativismo en el que han intervenido responsables de toda suerte de cooperativas tanto francesas como de otros países europeos. Se trataba de contestar a la pregunta: ¿qué puede el cooperativismo frente a la mundialización liberal?

En primer lugar, dijeron algunos, la globalización tuvo aspectos positivos para las cooperativas; les ha abierto nuevos mercados, les ha permitido mejorar la calidad de sus productos y de sus servicios, y las ha vuelto más eficaces. Aunque la situación difiere de un país a otro y también de la capacidad de las cooperativas a adaptarse a los desafíos que plantea este nuevo orden mundial. Sin embargo, las cooperativas a menudo son objeto de ataques del sector privado, en gran parte a causa de la ignorancia de la opinión pública sobre su carácter diferente que las distingue de las demás empresas.

Se ha insistido en la importancia estratégica de construir un sistema de comunicación eficaz en el seno del movimiento cooperativista para explicar mejor a la ciudadanía qué son las cooperativas. Y por qué defienden una concepción de la producción, del trabajo, de la solidaridad y del reparto muy diferentes del mercantilismo dominante. Pues son entidades económicas que colocan al ser humano -y no a la mercancía- en el centro de sus preocupaciones.

Se dijo que las cooperativas no son sólo entidades de carácter económico, sino que poseen una función social y medioambiental, y que pretenden construir solidaridades humanas. Una cooperativa es diferente en el sentido que su objetivo primordial consiste en servir a todos sus miembros, a la vez que busca un impacto benéfico en el seno de la comunidad en la que despliega sus actividades.

También se recordó que para evitar convertirse en meras sociedades anónimas movidas por la obsesión del beneficio, las cooperativas deben aliarse con otras entidades semejantes para resistir mejor a la globalización. La cooperación entre federaciones nacionales es una manera de construir solidaridades comunes a escala internacional a fin de contrarrestar la ofensiva de las empresas globales.

El compromiso con la comunidad también es un principio sagrado del movimiento cooperativista que no sólo piensa en sí mismo sino en todo lo bueno que puede procurarle a la colectividad local o regional en la que opera. Eso también deberían entenderlo los gobiernos más sabios, que deberían hacer las reformas necesarias para que las cooperativas puedan convertirse en aliados y procuren servicios complementarios -de educación, cultura, formación, defensa del patrimonio, etcétera- al conjunto de la comunidad.

El objetivo de una cooperativa es la promoción de sus miembros, y no la maximización del producto de su capital. Por consiguiente, están predestinadas a ofrecer a sus miembros más asistencia y más ventajas en términos de precios. Porque tienen una estructura descentralizada y son menos costosas, poseen asimismo mayor aptitud para proponer soluciones inteligentes a los problemas que plantean los efectos de la globalización.

Se subrayó que es de importancia estratégica -cuando la globalización tiene tendencia a borrar las identidades y a confundirlo todo en una identidad general- que las cooperativas no renuncien a su identidad local o regional. La proximidad de los miembros de la cooperativa y el saber hacer especifico de la región son bazas que hay que saber utilizar con éxito asegurado.

Se dijo, en conclusión, que las cooperativas deben movilizar a sus miembros para hacer presiones a nivel nacional y europeo en favor de la aplicación de reformas indispensables para construir una sociedad que, en vez de favorecer el desarrollo a corto plazo, proteja el medio ambiente, coloque al ser humano en primer plano, favorezca la justicia social. Y estimule la solidaridad entre todos los ciudadanos.

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