Cuando la nueva política muere de vieja: aparece en campaña el debate sobre el Fondo del Conurbano

Por Causa Popular.- Si el duhaldismo es una de las expresiones de las viejas prácticas de la política que el Presidente Kirchner y su esposa dicen querer terminar, hay que reconocer que el centro de estas devaluadas prácticas se hayan en el sólido poder territorial que ha sabido construir el caudillo bonaerense, hoy ex presidente. Este poder se consolidó durante la década del 90 mediante dos pilares fundamentales que están íntimamente relacionados: el Fondo de Reparación Histórica del Conurbano Bonaerense, y el efectivo triángulo territorial formado por Intendentes, punteros y policías bonaerenses. Paradójicamente, el pasado jueves en el acto realizado en Mercedes (del que dieron cuenta todos los medios de comunicación), el presidente se refirió críticamente a uno de estos pilares flanqueado por una de las bases fundamentales del poder que los alimenta: numerosos intendentes peronistas del conurbano.

En el acto realizado en Mercedes, provincia de Buenos Aires, el presidente Néstor Kirchner volvió a sostener que “hay que renovar la política, hay que renovar la dirigencia”, para luego advertir que “lo único que los puede retirar es el voto del pueblo argentino que definitivamente marque el camino y el rumbo”.

Kirchner también salió al cruce de los dichos de “chiche” Duhalde, y expresó que “si conocen tanto la Provincia de Buenos Aires, ¿por qué la dejaron caer tanto al piso?”.

Pero la replica no se quedó ahí, y apuntó directamente a la administración de su marido en la provincia: “El Fondo del Conurbano, al que aportamos todos los Gobernadores, tenía 3 millones de dólares por día; Dios quiera que lo hayan invertido bien, aunque a lo largo del tiempo parece que no ha sido así”.

Las expresiones del presidente fueron realizadas en un acto formal, donde se anunció la construcción de viviendas y de la autopista Mercedes-Luján. La comitiva de Kirchner fue una clara demostración de poder territorial: además del gobernador Felipe Solá, había una decena de intendentes.

Entre ellos, el de La Matanza, Alberto Balestrini; de Florencio Varela, Julio Pereyra; de Ezeiza, Osvaldo Granados; de José C. Paz, Mario Ishii; de Moreno Andrés Arregui; de Ituzaingó, Alberto Descalzo y, de Merlo Raúl Othacehé. Todos ellos habían asistido también al acto de Cristina Kirchner en La Plata, muchos hasta hace poco en las filas del duhaldismo o del menemismo.

Entre las declaraciones y los asistentes, el pasado jueves quedaron una vez más de manifiesto las contradicciones propias que atraviesan al gobierno de Néstor Kirchner. Cada uno de los intendentes que fueron testigos privilegiados del discurso del presidente fueron los caudillos territoriales que armaron los escenarios propicios mediante forzadas movilizaciones -siempre a cambio de algún bolsón de alimentos, chapas, o ropa- para que el “El Padrino” pudiera inaugurar hospitales, escuelas, calles, y numerosas obras públicas financiadas con los 3 millones diarios a los que aludió Kirchner.

Incluso, pocos habitantes del conurbano desconocen que la poderosa red de Manzaneras – financiada por el Banco Mundial y el “Fondo del Conurbano” – comandada por la hoy candidata a senadora por la provincia de Buenos Aires por el PJ, “chiche” Duhalde, funciona en una íntima relación con estos mismos intendentes que aplaudieron el “combativo” discurso de Cristina Fernández de Kirchner en La Plata.

A esta misma Red, que nació en 1994, Felipe Solá no sólo la mantuvo intacta sino que además aumentó su presupuesto en un 20 por ciento.

Hoy, quien manejaba 360 millones de pesos – un millón por día aproximadamente – para financiar las 35 mil manzaneras, no cuenta ya con esos fondos. Por el contrario, las arcas del ministerio de Desarrollo Social cuentan con 6100 millones que se reparten selectivamente en las numerosas visitas al conurbano con las que el presidente profundiza su cruzada territorial, un dato para nada menor para explicar las causas de la sangría de intendentes que sufrieron las tropas duhaldistas.

Resulta extremadamente difícil pensar que hay algo de renovador en la dirigencia bonaerense que acompaña al presidente en su interna con Duhalde. Incluso muchos de ellos, además de su política clientelar y su relación con la policía bonaerense y el manejo de las cajas del juego ilegal, están seriamente comprometidos con la violación a los derechos humanos y constitucionales de los habitantes de su territorio.

Para muestra basta un botón

El 22 de febrero del 2002 una marcha de los “caceroleros” de San Antonio de Padua, Merlo y Libertad no terminó como ellos lo esperaban. Numerosas personas “con pinta de barra bravas” los atacaron en medio de la calle principal del partido de Merlo.

Según declararon los manifestantes a la prensa, les tiraron piedras, los corrieron por la calle y los rodearon entre varios para darles una golpiza, les pegaron con palos y caños de fundición. Muchos manifestantes -entre los que había mujeres y niños- quedaron con heridas, y otros pudieron escapar refugiándose en los comercios de la zona.

Un testigo aseguró en esa oportunidad que algunos de los agresores bajaron de “un micro de la Unidad Básica 2” del PJ, que dirige quién desde 1992 hasta la fecha es el intendente de Merlo, Raúl Othacehé.

Algunos manifestantes que pudieron escapar de la golpiza, llamaron a la policía, la que tardó 20 minutos en llegar a pesar de que la seccional primera se encontraba a dos cuadras de los hechos.

El diario Página 12, el único medio nacional que cubrió el hecho, llamó a la seccional 1ª de Merlo, a cargo del comisario Claudio Martínez, responsable de la seguridad en ese distrito.

Fue atendido por el “subcomisario Estrada” quien aseguró que todo fue “una pelea entre desconocidos”. Según el oficial, “no hubo heridos”. Luego informó que la dependencia inició un “sumario por daños”, por la rotura de una vidriera.

Las organizaciones populares de Merlo no han callado desde entonces. Al contrario, ahora denuncian que estas prácticas del Intendente que acompaña a Kirchner en la renovación de la política bonaerense, son cosa de todos los días.

Según un lector de Causa Popular que vive en Padua, partido de Merlo, “Hoy Don Corleone maneja la Policía, un pedazo grande de la Justicia de Morón y todo el aparato del PJ con 2000 ñoquis a su disposición que conforman una especie de ejército rentado para todo servicio”.

Con esta fuerza de choque Othacehé acostumbra no sólo a amenazar de muerte a militantes sociales, sino también que está fuertemente sospechado, en muchos de los casos, de haber efectivizado estas amenazas.

Pero el caso de Raúl Othacehé no es una excepción a la regla. En Moreno el intendente Andrés Arregui, cuyo padrino político es quien hoy ocupa el octavo lugar en la lista que encabeza Cristina Fernández de Kirchner, Mariano West, con mayor “prolijidad” que su par de Merlo, también recurre a la práctica de contratar matones para intimidar a los militantes populares que reclaman por sus derechos.

El pasado jueves 14, mientras Arregui acompañaba a Kirchner en su acto en Mercedes, un movimiento de desocupados de la zona, ocupó pacíficamente las instalaciones de la municipalidad para reclamar alimentos y herramientas para emprendimientos prometidos por el intendente un año atrás.

Los desocupados no sólo no fueron atendidos, sino que al caer la noche el propio comisario de Moreno, Walter Asteggiano, abrió las puertas de la municipalidad a 15 matones para intimidar a los manifestantes. La situación no terminó como en Merlo porque el movimiento se retiró del lugar.

El prontuario de quienes encabezan la cruzada contra la vieja política podría continuar hasta aburrir al lector.

Los casos de Raúl Othacehé, Andrés Arregui, o de Osvaldo Granados, el intendente de Ezeiza, muy ligado al asesino de Javier Barrionuevo, un integrante de un movimiento de desocupados, son una muestra suficiente para dar cuenta que detrás de la disputa de poder en el conurbano ocurre algo angustiante. Parece que no hay nada nuevo bajo el sol.

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