Cacerolazos: el hecho maldito

Imágenes y apuntes sobre el primer cacerolazo contra el gobierno de Macri
Georgina García
Georgina García

Pasó, finalmente, el primer cacerolazo contra Mauricio Macri. La extrañeza, cierto sentimiento de “cambio de ropas” hizo que algunos prefirieran desechar ese término y recurrir al menos tradicional “ruidazo” -porque también ahí parece haber una pesada herencia. Pero llámese como se llame, se trató de una protesta ciudadana y masiva -una más- que, como siempre, genera tensiones e interpretaciones. Se sabe: nunca es fácil analizar un cacerolazo. Pero indagar en las razones que lo movilizan es una tarea insoslayable si se quiere entender por dónde van las demandas sociales y su cauce -o no- más allá de las estridencias. El de este jueves 14, insistimos, fue el primer cacerolazo -mantengamos, por ahora, esa definición clásica– contra el gobierno de Cambiemos: una manifestación espontánea y multitudinaria que, como tal, sugiere una serie de lecturas.

 

La primera y más obvia es que el impacto del tarifazo derivó en una crisis inesperada -sobre todo para el oficialismo- a poco de iniciarse un segundo semestre que, prometían, venía a actuar como un bálsamo tras un inicio de gestión cargado de malas noticias. ¿Quién hubiera imaginado este escenario hace apenas unos meses atrás? ¿El gobierno de Macri es tan torpe como para cometer semejante error político de tan grueso calibre? ¿O el tarifazo es un efecto natural de una idea que, a falta de mejor metáfora, se tradujo en la reprimenda a unos argentinos que quieren “vivir como ricos en un país pobre”? En cualquier caso, el aumento de tarifas tuvo un efecto demoledor en las economías domésticas y en las pymes, y eso terminó de desestabilizar a un año que, hasta ahora, guarda saldo económico negativo. Políticamente, la continuidad del ministro Aranguren quedó al borde del cadalso y el futuro oficialista depende de una serie de sensibles decisiones que harán que esta tormenta se capee con relativo éxito, se facture con una gruesa marcha atrás que horade la arquitectura del gobierno o se mantenga en una temeraria inmovilidad que haga que estas protestas, muy probablemente, no sean las últimas.

 

Por otra parte, y desde el punto de vista del impacto, es probable que la movilización condicione la decisión que debe tomar la Corte Suprema en diez días. Además, intentará empujar y ayudar a que el 22 de agosto, cuando se unifique la CGT, sea declarado el primer paro nacional contra el gobierno. Más allá de que un cacerolazo rara vez hiere de muerte -y hasta quizás apenas lastime, si se lo sabe manipular-, lo cierto es que la imagen de ciudadanos sueltos golpeando cacerolas en algunas esquinas históricas de la clase media urbana debería leerse, al menos, como una molestia para el gobierno de un espacio político que recogió parte de su discurso y su condición de posibilidad electoral de expresiones similares -con otros contenidos, es verdad, pero con formas quizás no demasiado diferentes a las que se vieron este jueves. ¿Cuántos votantes de Cambiemos salieron a cacerolear? No es cuestión de contar costillas sino de observar la complejidad que se esconde detrás de todo voto y que ni una parte del kirchnerismo ni una parte del macrismo suelen querer ver. Las cacerolas no son “K” –ahora-; son un significante vacío y como tal producen una serie de problemas y desafíos. De un lado del mostrador, el riesgo de la subestimación. Creer que la protesta contra el tarifazo estuvo aparateada políticamente sería otro error de lectura más para un gobierno que dice aprender a gobernar en gerundio. De hecho, es posible imaginar lo contrario: que la de este jueves haya sido una bronca “de a pie” sobre la que no pocos dirigentes sedientos de votos y de una línea que no aparece intentarán, con torpeza proverbial, tender sus propias ropas. Del otro lado del mostrador, por su parte, el lado B de ese mismo problema: la incapacidad de darle un cauce político al conflicto, La pregunta que flotó como un murmullo entre el rechinar del teflón fue: ¿dónde estuvo la política? Si el cacerolazo dialoga, en parte, con el devenir inmediato del movimiento obrero organizado, también lo hace con la política, porque ahí donde el primero camina, con sus enormes diferencias, hacia la unidad, la segunda se desarma en disputas internas, mezquindades y liderazgos histéricos. De esa bronca también parece emerger este cacerolazo.

 

Por lo demás, pasó la primera gran protesta ciudadana contra el gobierno de Macri -en su séptimo mes de gobierno. Una suerte de hecho maldito para el universo Cambiemos que no lo podrá subsumir a denuncias de herencias recibidas ni a errores de principiantes ni a valijas ni a cajas de seguridad, pero también un hecho maldito para una oposición que deberá saber leer sus demandas y articular con inteligencia sus estructuras para no festejar empates ajenos mientras el gobierno insiste en su curso de acción. Todo el resto, es puro ruido.

 

Georgina García
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Obelisco | Télam
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Acoyte y Rivadavia | Télam
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Plaza de Mayo | Télam
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Obelisco | Télam
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Georgina García
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