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¡Tres mesas escrutadas en Columbus, Ohio!

El dinero puede comprar campañas, pero no siempre victorias. La derrota que desafía a los gigantes de Silicon Valley y sacude el tablero estadounidense. Por Eric Calcagno

… Y entonces es pegar la oreja a la ajada Spika para escuchar con chisporroteos de fondo a la WSQK 94.5 FM («The Squawk») y anotar con un lápiz graso en un papel fino las primeras mesas que caen con el veredicto del escrutinio. ¿Qué mesas? ¿En qué barrios? ¿Con qué diferencias? Tal contienda es interesante porque se trata de uno de los escaños que pueden contribuir a cambiar el color político del Senado de Estados Unidos. Además, los candidatos se presentan en extremos opuestos. En esta esquina está Sherrod Brown, “el demócrata”, que tiene 73 años de edad y muchos más en ejercicio de la política. Fue diputado del Estado, pasó al Ejecutivo local, luego representante de Ohio en Washington siete veces y al fin tres veces senador. Ahora vuelve por la banca. En la otra esquina encontramos a Jon Husted, de 59 años, “el republicano”, que fue designado como senador cuando JD Vance asume como vicepresidente de Trump. Ahora con 59 años le toca validar pergaminos. También pasó por la legislatura local, que llegó a presidir, estuvo en el Senado de Ohio y fue vicegobernador. Trump le alabó las pompis en público. Es cierto, hay que tener suerte en política. No parece haber cultivado esas virtudes, el tal Jon Husted.

En efecto, cuando fue secretario de Estado de Ohio se vanagloriaba por la reducción de personal, el menor gasto público para mayor satisfacción de los contribuyentes. No así de los ciudadanos que recibieron las facturas cada vez más elevadas de electricidad brindada por la Ohio FirstEnergy gracias a nuevos marcos regulatorios votados a tal efecto. Si bien Jon no quedó involucrado, tuvo la elegancia de defender a la empresa durante el juicio iniciado en 2018 por el Fiscal de Estado gracias a una investigación del FBI contra la empresa por cargos de corrupción, conspiración, lavado de dinero y robo agravado. Es que los muchachos de la energía se gastaron unos 60 millones de dólares en campañas políticas a favor de candidatos republicanos, para así conseguir la mayoría necesaria con objeto de garantizar el aumento de las tarifas para los usuarios y subsidiar a las centrales propiedad de la misma empresa. ¡Qué lindo es el negocio de la electricidad! ¿Como en Argentina?

Jon Husted parece orgulloso de los apoyos que recibe. La NRA (Asociación Nacional del Rifle), National Border Patrol Council (Consejo de Patrulla de Fronteras), asociaciones de ingenieros, cámaras de la construcción, asociaciones pro-policía y pro-portación de armas. Todo un perfil, que se puede ver en internet.

Sherrod Brown también tiene un website. Con la típica foto de pareja norteamericana feliz. Ah, la esposa de Sherrod es Connie Schultz, ganadora de un premio Pulitzer en 2005 por “sus incisivas columnas que dieron voz a los desfavorecidos y marginados”. Y esa es la propuesta de Brown. Luego de recordar la oposición a los tratados de libre comercio por las consecuencias negativas sobre el empleo local, así la migración interesada de empresas en busca de horizontes menos exigentes en derechos, lo que afectó la actividad, Sherrod Brown ataca a Jon Husted. Y va directo. Desde resolver la atención médica cara y selectiva a las faltas en insulina, afirma la necesidad de bajar los precios de los medicamentos, establecer las tarifas de servicios públicos, prohibir que los parlamentarios y familiares puedan tener acciones en la bolsa de valores, que les permitió ganar 635 millones de dólares el año pasado… y last but not least… ¡data-centers!

Para Brown, Husted es el responsable de que Ohio sea el territorio con más data-centers de Estados Unidos. Hay afiches por el campo. “¿Ve ese data-center? Husted lo hizo”. “Se comen nuestra tierra, se tragan nuestra agua… y una vez que terminan de construir, suben los precios de la electricidad”. Según The Guardian, la Cámara de Comercio de Ohio descubrió que entre 2017 y 2024 se otorgaron 2.500 millones de dólares en exenciones fiscales para la instalación de más de 200 data-centers. Cuando Jon Husted era vicegobernador. Felices los contribuyentes. Menos felices están Amazon y Google, que son los principales que están en Ohio, aunque también Meta y Anthropic. Es por eso que abrevaron en millones de dólares la campaña en contra de Brown. Así le significaron a Husted. No es bueno que gane un candidato que se opone a la instalación de data-centers. Porque entonces será una pésima señal para los demás candidatos en el futuro.

Es así como pocas veces las grandes corporaciones jugaron en la “tercera cámara” del gobierno de los Estados Unidos. La del poder que dan los monopolios económicos, hoy hegemonizados por la oligarquía de Silicon Valley. Quizás pensaron que podían repetir esa edad dorada de los “robber barons”, que mancharon con corrupción generalizada las dos presidencias de Ulysses Grant —nacido en Ohio— después de la guerra civil estadounidense. Fueron los tiempos de Rockefeller en petróleo, Carnegie en acero, Vanderbilt, Gould y Stanford en ferrocarriles, J.P. Morgan en finanzas. Compraban políticos como hambreaban obreros, cuando no los mandaban ametrallar. A los trabajadores, claro. Sin importar leyes. “La competencia es para los perdedores”, como dijo Peter Thiel. Después de afianzar el poder, que moldeó la cara visible de Estados Unidos durante mucho tiempo, se dedicaron a la “filantropía”, fundaron universidades, bibliotecas, pagaron científicos. Tal práctica no borra los crímenes cometidos, sino que los legitima.

Esa “tercera cámara” dedicó más de 12.000 millones de dólares a estas elecciones de 2026. Eso es posible porque la Corte Suprema de Estados Unidos permitió el financiamiento sin límites de las campañas políticas. Fue de a poco, estuvieron años, pero al final se logró. El “Brennan Center for Justice”, una fuente confiable, sostiene que “algunas industrias con grandes capitales, especialmente aquellas relacionadas con la tecnología o las finanzas, dominan el mayor gasto electoral. Las corporaciones y sus presidentes ejecutivos destinan decenas de millones para elegir a sus candidatos preferidos, mientras buscan políticas de gobierno que favorezcan sus utilidades (…) Además, los fondos de financiación anónimos (llamados dark money) de fuentes no declaradas continúan aumentando y son cada vez más difíciles de rastrear. Muchos grupos que gastan grandes sumas de dinero para influir en las elecciones ocultan la identidad de sus donantes y, cada vez más, canalizan sus gastos a través de otras entidades para enmascarar aún más a sus fuentes de financiación”. Si quiere, frecuente OpenSecrets.com. Allí encontrará qué empresas o países financian qué candidatos y por cuánto. De cualquier partido. De Estados Unidos, claro. No en Argentina.

¡Qué lejos quedamos de aquellas elecciones norteamericanas de medio término allá por 1990, cuando se gastaron menos de 800 millones de dólares! Aunque la cantidad de dinero fue en crecimiento elección a elección, más en las presidenciales que solo en las legislativas, el salto al abismo comienza a principios de siglo y se consolida en el decenio de 2020. Y dejemos toda esperanza aquí, la monetización de la relación política aumentará cada vez más, incluso en los Estados Unidos. En cantidades insospechadas, siempre culpables.

Escuchamos a los candidatos demócratas que ganaron esta noche. Festejan, están contentos. Está bien. Para muchos electos, esta noche será la mejor noche de sus vidas políticas. Es cuando ganás y todavía no asumiste. Sin duda es justicia. Hay mujeres, como Hinojosa, que será gobernadora de Texas. Hay un cristiano ortodoxo de origen griego, Chris Pappas, que será senador por New Hampshire, que agradeció a su esposo en el discurso de la victoria. Hay un musulmán que ganó en Michigan. Además se llama Abdul. Con mucha emoción, el joven James Talarico, un profesor de secundaria también muy religioso, ganó la banca del Senado por Texas, toda una novedad. Tuvo el honor de que Elon Musk, otro wannabe robber baron, le dedicara millones de dólares de campaña negativa, en especial en X. De allí que Talarico dedicara una mención especial a aquellos que apostaron tanta plata para tan pocos resultados. Es cierto, David vence a Goliat. A veces. No siempre. Es más, solo lo hizo una vez. En la Biblia. Las demás…

Es demasiado pronto para decir las cosas que ya sabemos todos. Y como en todo, queremos avizorar un cambio de época, por una que al menos si no puede ser tan justa como la deseamos, que al menos sea menos sangrienta y por favor menos estúpida. Tal vez un paso se ha dado en esa dirección. Junto con la fe, también jugaron las subas de la nafta para el auto, del diésel para los tractores, de las impagables facturas. El camino es largo y empinado. “El entusiasmo es hermoso”, decía el general sudista “Stonewall” Jackson durante la guerra civil estadounidense, “pero la disciplina decide el día”.

Veremos qué pasa con las convicciones ganadoras cuando la ola azul demócrata que gana en volumen e importancia encuentre a la roca gris de la realidad. Eso vale para nosotros, pues en asuntos imperiales azules y colorados suelen ser similares. Sin embargo, con estos resultados no parece que los periódicos rescates financieros en favor del régimen que cunde en la Argentina sean tan fáciles como en el pasado. Es probable que en la conformación de las comisiones parlamentarias de relaciones exteriores existan mayorías demócratas, que no olvidarán el florido pensil de Javier Milei. ¿TMAP? Ups.

Clarea. Ya son muchas horas, la Spika se queda sin pilas. Apenas se puede escuchar que en Ohio Sherrod Brown le gana a Jon Husted por 49,7 % del voto contra 45,5 %. Y sí, para ganar hay que pelear. “No queda sino batirse”.

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