LEY. La realidad pareciera emerger de una ficción apocalíptica y absurda. El 23 de junio de 2023, la legislatura provincial de Misiones con el voto unánime de sus integrantes, aprobó la ley VIII N°105 de Promoción de Bioinsumos, con la cual en uno de sus artículos se prohibía el uso del glifosato. La norma ubicaba a la provincia en una lista integrada por Neuquén y algunos municipios entrerrianos, que ya habían elegido el camino de eliminar agroquímicos en los cultivos. Con la sanción de la ley, la provinciatambién se sumaba a un listado internacional, integrado por países como Vietnam, Francia, Países Bajos, Bélgica, Portugal, Alemania y Colombia. Si bien, no en todos los nombrados la prohibición era total, sí, imperaban fuertes restricciones en el uso del nefasto herbicida.
En un territorio altamente contaminado por el accionar de la industria forestal y otras producciones, la medida era no solo revolucionaria, sino sumamente auspiciosa, en cierta forma era modificar parte de la matriz productiva, pero, las cosas no iban a resultar del modo en el que fueron pensadas. Por un lado, el ejecutivo provincial anunció con bombos y platillos la creación de la empresa Agrosustentable, la cual iba a fabricar un bioherbicida ecológico, orgánico y natural, sin embargo, resultó ser que el herbicida una vez aplicado, no operaba precisamente con el propósito para el cual había sido creado, sino todo lo contrario. El resultado, parecía un chiste macabro.
A ese fracaso se le sumó la judicialización de la normativa por parte de empresas forestales, organizaciones de productores tealeros y yerbateros, quienes presentaron recursos de amparos en distintos juzgados de la provincia. Esto hizo que la ley a pesar de estar vigente nunca fuera aplicada y se continuó fumigando con glifosato como siempre. Ante esta situación rayana en el absurdo, el ejecutivo provincial en una actitud con visos demagógicos en busca de un nuevo plafón político, el 23 de septiembre de este año derogó la ley de un plumazo y de un futuro saludable y en armonía con la naturaleza, se volvió otra vez a un pasado catastrófico que en realidad nunca se había ido.
NOCIVIDAD. Hace unos años atrás en Puerto Piray, recuerdo haber entrevistado a una productora agropecuaria, la cual se había enfrentado a pesar de los aprietes a la pastera Arauco, por la contaminación de los cursos de agua de la zona; incluido el río que le da nombre al lugar. A esto le sumaba el nacimiento de un hijo con columna bífida, como consecuencia de haber estado expuesta al glifosato durante su periodo de embarazo. Según estudios realizados en la Universidad Nacional de Asunción en Paraguay, hay evidencias suficientes de que el glifosato puede interferir en el desarrollo de los receptores neuronales de un feto en el vientre de una madre expuesta a la fumigación. Este impacto neurotóxico provocado por el herbicida, tendría también como consecuencia el desarrollo del TEA (Trastorno del Espectro Autista). Una prueba realizada en un laboratorio con cría jóvenes de ratones expuestos al glifosato, hizo que los ratoncitos, desarrollaran conductas similares a un afectado humano por el autismo o Asperger.
Valeria K, (Su nombre es ficticio) es la veterinaria de un pueblo vecino a Santo Pipó, lugar donde vive en una de las tantas colonias de agricultores de la zona, si bien ella cría animales, sus vecinos si se dedican al cultivo de hortalizas, yerba mate y otras plantaciones que suelen fumigar con glifosato u otros herbicidas similares. No tiene dudas cuando me dice que, no es casual que su hijo sea autista. Consulté con médicos y neurólogos, me fui interiorizando en el tema –me dice con un dejo de rabia- y estoy convencida que el glifosato influyó al estar yo expuesta durante mi embarazo a las fumigaciones de mis vecinos. En la colonia hay otros casos de niños autistas y también muchas personas que nunca han fumado y tienen EPOC o asma y otras que padecen alergias severas. El glifosato es realmente un veneno.
El testimonio de Valeria K. va de la mano y corrobora, en cierto punto, lo expuesto en un artículo publicado por la revista Medicina de Buenos Aires, en el que leemos, ya sin asombro, que las madres expuestas al glifosato presentaban un incremento del 16 % en los casos de autismo con respecto a embarazadas no expuestas. Es evidente e innegable el daño ocasionado por el herbicida; sin embargo, su uso se propaga como si se tratara de algo benéfico, cuando es todo lo contrario. Pienso en esto mientras camino por una de las calles de Gobernador Roca. Durante el trayecto de diez cuadras recorridas, cuento unos seis puffs ya usados de salbutamol arrojados al costado del cordón de la vereda. Este spray es uno de los inhaladores más usados para afecciones del sistema respiratorio, como el asma y la EPOC, tal como señalaba Valeria. Roca es un lugar donde el uso del herbicida es muy popular y recomendado incluso para eliminar la capuera o malezas de las viviendas familiares.
PRESENCIA. En estos tiempos cobró notoriedad la ingeniera agrónoma Virginia Aparicio, quien trabaja o trabajaba en la Estación Balcarce del INTA. Virginia, además, es doctora en Ciencias Agrarias y una especialista en el estudio de plaguicidas, agroquímicos y agrotóxicos, con una experiencia de veinte años. Desde ese lugar se integró a SPRINT, una investigación internacional financiada por la Unión Europea que reunió a diez países europeos y a la FAO, con la intención de estudiar la presencia y la exposición a plaguicidas en medios rurales y no rurales. Uno de los datos que crispó a las autoridades del INTA y del CONICET fue que en la Argentina se observa una presencia de glifosato y otros agrotóxicos en la población que triplica a la de los países europeos. Una vez revelada esta información, se la intentó censurar de distintos modos: uno de ellos, retirando a la institución del proyecto investigativo; el otro, pidiéndole la renuncia a la investigadora en cuestión, quien, más allá de las presiones, continuó revelando información sensible que se pretendió ocultar. Uno de los datos a invisibilizar, en tiempos donde todo tiende a visibilizarse para tener presencia, fue que, en cien muestras de orina tomadas a voluntarios, en ochenta y cuatro se encontró la presencia de glifosato. Un dato verdaderamente alarmante si se le suma la presencia de otros componentes químicos provenientes de la agroindustria y también contaminantes.
Cuando el por entonces director del INTA, Carlos Parera, se enteró de tal información, como buen representante de los intereses agroindustriales en el organismo, le abrió un sumario a la investigadora y retiró a la Argentina del proyecto. Esto es tan grave y venenoso como la presencia del mismísimo glifosato en las aguas, en la tierra y en el aire que respiramos. Por supuesto que hay sectores productivos con intereses en ocultar la verdad y los altos grados de contaminación que propagan sus prácticas productivas. El arco va desde la Sociedad Rural, Coninagro, CREA, CRA y la Federación Agraria Argentina, que tienen representantes en el directorio del INTA, junto a científicos y representantes del Estado.
Esto, que de por sí es alarmante, porque no solo hablamos de contaminación ambiental, sino del consumo de alimentos altamente contaminados. Virginia, ante esto, se hace la pregunta que nos hacemos todos: ¿es sano comer frutas y verduras? La respuesta es: depende de dónde provengan y del grado de contaminación que tengan.
PARANÁ. El río nace en Brasil y continúa su paso por territorio argentino, donde atraviesa las provincias de Misiones, Corrientes y Entre Ríos, antes de confluir en el delta junto con el río Uruguay. En su travesía recorre cientos y cientos de kilómetros que atraviesan territorios de plantaciones agroindustriales como la soja, el maíz transgénico y plantaciones agroforestales. Su caudal hídrico se nutre de ríos y arroyos, en cuyas márgenes se desarrollan estos cultivos. En uno de sus afluentes del norte misionero, altamente contaminado por glifosato, un grupo de científicos realiza una prueba: arrojan en las aguas del arroyuelo unos cien animalitos anfibios, es decir, renacuajos, un embrión que tiene la misma estructura genética que un embrión humano en el vientre de su madre, en las primeras semanas de vida. Hablamos de vertebrados. Al día siguiente, comprueban que, de las cien crías de futuras ranas, ninguna ha logrado sobrevivir a la nocividad del glifosato. Lo cual corrobora, una vez más, la sospecha de Valeria K. sobre la afectación del agroquímico en las mujeres embarazadas expuestas a la fumigación y también acerca del consumo saludable de frutas y verduras, manifestado por la investigadora Virginia Aparicio, si esas aguas son usadas para el regadío de cultivos de frutales u hortalizas.
La realidad suele tener aristas sorprendentes. Una persona o un grupo de ellas decide dedicarse a los cultivos agroecológicos para zafar de todo el zafarrancho contaminante. Más allá del buen propósito y del empeño, podrá bajar en gran medida los índices de contaminación de una producción, pero siempre algún resto quedará. Pareciera imposible zafar de la situación. En las aguas del Paraná, hasta los peces tienen en sus anatomías restos de agroquímicos y partículas plásticas. En el caudal torrentoso e inspirador de poesía y literatura, también se encuentran antibióticos suministrados al ganado vacuno que llegan a los afluentes a través de la orina de las vacas.
Si bien la provincia de Misiones posee uno de los índices de contaminación más elevados del país, un estudio reciente llevado adelante por un equipo de científicos de la Universidad Nacional del Litoral y el CONICET, entre otros, reveló que uno de los arroyos entrerrianos y afluente del Paraná presentó una concentración de 5002 microgramos por kilogramo en sus sedimentos, siendo uno de los niveles más altos de Sudamérica. Los bioensayos, también como en el arroyo misionero, arrojaron una letalidad del 100 % en anfibios arrojados en las muestras de agua sin diluir de dicho cauce. Lo increíble es que, a pesar del conocimiento de su demostrada nocividad, se continúe usando de manera indiscriminada y alabando sus virtudes por parte de la agroindustria, la cual democratiza el envenenamiento de todas las poblaciones.
