La Federación Agraria debe ir por sus demandas históricas

Dialogamos con Sebastián Campo, ex presidente de la filial Pergamino de FAA y productor cooperativo nucleado en AFA, sobre los numerosos desafíos que enfrenta hoy en día el pequeño productor agrario.

Esta semana se cumplen 110 años del Grito de Alcorta, hito histórico que dio nacimiento a la Federación Agraria Argentina, agregación de pequeños productores que se organizaron para defenderse de las acciones leoninas de los grandes terratenientes. Actualmente, el pequeño productor agrario se enfrenta a numerosos desafíos: recuperar sus propias demandas sectoriales, sostenerse en la producción en un sector plagado de asimetrías y mantenerse ligado a sus pueblos. Para conocer más sobre estos temas, dialogamos con Sebastián Campo, ex presidente de la filial Pergamino de FAA y productor cooperativo nucleado en AFA.

¿Cómo ves hoy la situación de los pequeños y medianos productores? ¿Qué pasa con la representación gremial del sector?

Lo que creo es que con la creación de la Mesa de Enlace en el 2008 el pequeño productor agropecuario no tiene representación gremial.  No tiene hoy una entidad que lo represente. Soy de los que creen que la Mesa de Enlace ya debería llamarse mesa de desenlace y que cada entidad vuelva a retomar su agenda de trabajo. La Federación Agraria (FAA) debe ir por sus demandas históricas y habituales porque los problemas son los mismos que hace veinte o treinta años: una Ley de Arrendamientos y una segmentación en la aplicación de retenciones. Necesitamos que todos esos abusos cometidos por los actores concentrados, los tenedores de la tierra o los que trabajan la tierra –estoy hablando de los pooles de tierra– contra los pequeños productores –que tienen una cosechadora, un tractor, una sembradora o brindan servicios– se tengan en cuenta. 

Las grandes luchas que nos debe la FAA se dan porque está mezclada con otras entidades que no tienen nada que ver con los principios de nuestra agremiación. La Federación Agraria nace en 1912 en contra de los intereses de los terratenientes, que abusaban de aquellos colonos desde una posición dominante. Muchas veces nuestros bisabuelos eran analfabetos o no conocían el idioma, aunque sí sabían trabajar la tierra en ese momento donde la pampa había empezado a ser alambrada. El Grito de agosto de 1912, que convocaba a los chacareros a “No Sembrar”, fue una denuncia de todos estos abusos. Nosotros con estos contratos leoninos, con cómo nos pagan la mercadería, no trabajamos más. Entonces, ¿cómo puede ser que 100 años después esas dos culturas tan distintas se encuentren juntas en un mismo espacio de reivindicación? La Sociedad Rural, por ejemplo, fue fundada en 1866 para representar los intereses de los grandes terratenientes, con otro propósito. Cuando uno ve el derrotero histórico y los comportamientos que ha tenido esa entidad uno se pregunta con la FAA puede formar de la Mesa de Enlace. 

Es cierto que hay temas que te van a unir, por ejemplo, el estado de los caminos rurales. Si los caminos están malos me afectan a mí que voy a ver 50 hectáreas y al tipo que va a ver 2000 hectáreas. Lo mismo pasa con la seguridad rural, ahí es cierto, necesitamos más patrulleros, más monitoreo. Ahora, si vamos hablar de una ley de arrendamientos, no creo que los intereses sean los mismos; si vamos a hablar de una progresividad de los impuestos no creo que vayan a ser los mismos los objetivos. Por lo cual, mi sensación es que la Mesa de Enlace vino un poco a distorsionar esa realidad. 

Ya es hora, ya cumplió un ciclo, si sirvió o no, cada uno sabrá. Si me preguntas a mi yo creo que no. Si yo pregunto cuál es el balance de la ME desde el 2008 hasta la fecha, que pasaron 14 años, cuál es el legado: ¿qué hizo la Mesa de Enlace por los pequeños productores? La verdad es que no fue demasiado. Excepto por esa lucha del 2008 no hay mucho para contar. Evidentemente como esto no funciona… ¿No será hora de que cada una tome su sendero? 

La Federación Agraria tiene que agarrar la ley de semillas, la ley de arrendamiento, y la ley de acceso a la tierra, que pueden ser instrumentos crediticios disponibles en el Banco Hipotecario, en el Banco Provincia o alguna otra entidad, para que el pequeño productor sea capaz de comprar la tierra y para que no se concentre en la persona que tiene la plata para comprarla. A veces se dan casos que en una familia un hermano o hermana deciden vender su campo y el hermano que es productor no le pueden comprar esas 20 o 30 hectáreas. No estamos hablando de grandes volúmenes. Es una herramienta que puede estar a disposición del productor agropecuario para poder acceder a la tierra. En este momento no hay un marco de protección y estímulo que haga que esa chacra que se vende la pueda comprar alguien que trabaja la tierra o alguien que la quiera trabajar. Por el contrario, queda para algún empresario que la compra para resguardar su capital o para alquilarla. Volviendo a la relación entre los gremios y el Estado, siento que hoy no tengo una entidad gremial que me represente

Ahora, te pregunto más como productor federativo e integrante de Agricultores Federados Argentinos ¿Cómo ves el vínculo con las exportadoras? En particular el caso Vicentin, que es un ejemplo paradigmático de nuestra provincia. Sería interesante conocer tu mirada porque desde el agro se han planteado posiciones muy diferentes.

En ese momento, cuando se dio el conflicto con Vicentin SAIC, yo estaba ejerciendo la presidencia de la filial Pergamino de Federación Agraria. Nosotros nos negamos a asistir a cualquier tipo de manifestación a favor de esta empresa. Primero porque había tomado el mayor crédito otorgado por el Banco Nación, de unos 18 mil millones de pesos, mientras que los pequeños productores estábamos tomando a un interés de 60% a 70%. Fíjate la paradoja: para los pequeños productores era inaccesible el crédito y a Vicentin le daban ese dinero, con todo el trasfondo que tiene la empresa y todas las dudas que hay en torno a la empresa. Mi cooperativa fue una de las damnificadas de ese no pago. Yo no sé el monto, pero sí sé que no fue mucho para AFA, porque se empezó a observar que algo ocurría en Vicentin SAIC y se empezó a buscar otros canales de comercialización. 

Si me preguntas a mí, me parece que el gobierno nacional fue muy tibio. Cuando se plantea la intervención –que nada tiene de estatización, es más bien una auditoría– se hace para saber por qué no se estaba cumpliendo con el pago, ya que había tenido un crédito tan beneficioso y grande.  Era simplemente la realización de una auditoría que por un par de manifestaciones terminó por eyectar a Javier Delgado –interventor designado y gran dirigente agrario– y nos quedamos con la duda eterna de que es lo que había pasado con Vicentin SAIC. Ahí el gobierno debería haber seguido firme con la iniciativa de intervención para ver si posteriormente se podía armar algo con las cooperativas. Por ejemplo, AFA, por nombrar la que me integra, carece de un puerto para comercialización y es una de las cooperativas más grandes de Sudamérica. Hubiera sido una buena oportunidad para ver si AFA y ACA podían acercarse a eso. Otra opción era hacerlo directamente público, con un buen sistema de controles para garantizar que los productores tuviéramos un precio justo. 

Por una cuestión de temor a las camionetas cortando las avenidas de las grandes ciudades, perdimos una gran oportunidad. Ni hablar de aquellos productores que han sido damnificados y no han tenido una cooperativa que los proteja. En mi caso, yo como productor ni me entere de lo que Vicentin SAIC no le pago a AFA. AFA tuvo la espalda suficiente para protegerme. Pero hubo casos en los que no fue así y fue el productor el afectado.

Ese error del gobierno le dio tiempo a la empresa para hacer un vaciamiento rápido, le dio tiempo a prepararse, cuando en realidad era evidente de que Javier Delgado debería haber seguido trabajando ahí adentro y debería haber presentado públicamente los resultados de esa auditoría, que son básicamente los balances. Además de tener un diagnóstico y ver cuál era la mejor salida, ¿por qué no hacerlo público? Vicentin SAIC fue la empresa que más se benefició con el Banco Nación durante el 2019. Creo que nos perdimos una enorme oportunidad y de manera innecesaria. 

En la zona sur de la provincia de Santa Fe se instaló el primer Nodo Territorial de Transición Agroecológica en todo el país. Este evento contó con la presencia de diferentes productores de la región ¿Cómo ves esta política tendiente a estimular la adopción de la perspectiva agroecológica?

A ver, yo tengo 41 años y empecé a trabajar en esto hace 23 años. Si vos a mi hoy me decís “Seba, de hoy para mañana tenés que trabajar sin usar ningún fitosanitario o agroquímico” yo no sé hacerlo. Porque nuestra generación perdió toda la parte de labranza de la tierra; cuando yo empecé ya no se hacía. En esos años se cometían errores inadmisibles en el uso de estos productos, y nadie decía nada. Entonces se me dan dos planteos: primero, yo creo que no es por prohibición sino por estímulo. Pergamino es una ciudad que hoy tiene una cautelar que le impide hacer aplicaciones en 1095 metros alrededor de la ciudad. Eso obligó a los productores a no aplicar más y no se les ofreció una salida. Están atrapados porque no saben cómo hacerlo y tienen que aprenderlo. 

Si se tiende a un camino que se direcciona hacia la agroecología eso tiene que estar acompañado por las universidades y por el INTA. Se debe primero poner al productor la caja de herramientas para que vea cómo producir de esa manera. 

En segundo lugar quisiera contar  las atrocidades que uno hacía hace veinte años con las aplicaciones de fitosanitarios. Hoy no me imagino estar manipulando agroquímicos sin guantes, sin una máscara, en condiciones climáticas adversas, sin un equipo de alta precisión para que el producto salga del equipo y vaya a la hoja. Es decir, en veinte años ha cambiado mucho y también ha variado la calidad de los productos que utilizamos. Hace varias décadas nosotros usábamos productos peligrosísimos. En la actualidad a nadie se le ocurre hacer eso. Yo creo que hay que buscar un punto intermedio entre la aplicación cero y el manejo desmedido que se hizo hace veinte años. Si me preguntas a mí me parece  apasionante la agroecología, la miró con muchísima admiración. De hecho vengo trabajando en proyectos vinculados a la generación de biofertilizantes.  

¿Tenes contacto con productores que trabajan de manera agroecológica?

Si, te cuento un caso para que veas algunos problemas que se dan en la producción. Tengo una cosechadora y le hago servicios a un productor que se vio afectado por la cautelar, por lo que decidió producir de manera orgánica en esa zona. Yo sembré y coseché sorgo en una zona de exclusión. Me dio unos cincuenta quintales, mientras a mi vecino le rindió veinticinco en esa misma zona. Le dio la mitad que a mi ¿Sabes que es lo peor? Que el sorgo mío y el de mi cliente fueron al mismo silo y se mezclaron. Le dio la mitad y vale lo mismo. Sería muy distinto decir “Ya que vos haces un producto orgánico y agroecológico, te sacamos las retenciones”. Yo tengo un 12% de retenciones por trigo, sorgo y maíz, y está bien que lo pague, pero al productor que lo trabaja de manera agroecológica,  teniendo un rindes menor, al menos que no le cobren retenciones. 

Un tema frecuente en las discusiones sobre agro es la cuestión del desarraigo. La migración del productor a la ciudad, donde hoy tenemos espacios rurales bastante despoblados o pueblos con crecimiento vegetativo. Parece que las generaciones que vienen deciden no quedarse en los pueblos rurales ¿Qué pasa con la identidad de los productores, con las familias?

Yo vivo en un pueblo en el que somos 1300 habitantes. Algún censo supo dar, contando la población rural, cerca de 4000. Mis compañeros de la primaria, de los treinta y pico que éramos, quedamos ocho o diez y mis mejores amigos los tengo que ir a visitar a Rosario o a Bragado. Han optado por otras profesiones y el pueblo no supo darles esa opción. La suerte que tenemos los que estamos en el campo es que estamos arraigados en nuestros lotes y nos quedamos en el pueblo. También uno puede dividir el arraigo en dos: por un lado está esa vida de pueblo, que ya comente;  por otro lado uno puede pintar el paisaje esos montecitos abandonados, de las casas abandonadas en el campo. Ahí sí que estamos en problemas, porque en el campo realmente no ha quedado nadie. Uno cuando vuelve del campo a la noche no ve más lucecitas prendidas en las distintas chacras, si no que se ven montes apagados, montes tristes. La política no supo darle –aun teniendo mejores herramientas tecnológicas que en la década del 40’ o el 50’– ningún soporte. Esos tipos vivían en sulki, con una conectividad nula y sin embargo estaban enraizados en el campo. Hoy esa misma familia no elige más la casa de campo, sino que vive en la ciudad. 

Uno defiende la vida en los pueblos pero hubo un abandono por etapas: el del campo a los pueblos y el del pueblo a las ciudades. Me pregunto ¿En treinta años a nadie se le ocurrió hacer pequeños parquecitos industriales en los pueblos? Convocar a cuatro o cinco empresas pequeñas que le den valor agregado a ese novillo, a ese cerdo, a ese trigo, a ese maíz ¿Y si en Acevedo con 1300 habitantes instalamos una pequeña sala de faenar para ovino? ¿Y si fomentamos la producción ovina? ¿Se podrá? 

Juntemos los productores, aprovechemos las cooperativas que tenemos enclavadas en todos los pueblos. Ahí le das trabajo al contador, al abogado, al obrero faenado y al molinero. Lamentablemente uno ve cómo se van apagando los pueblos. Yo no puedo creer que para entrar a Capital por Acceso Norte la gente tarde hora y media o dos horas a paso de hombre para llegar a sus trabajos. Si supieran que en un pueblo para ir a trabajar uno llega de manera inmediata. Ese arraigo en los pueblos, para que trabaje el abogado, el obrero, el productor no se está dando porque faltan las industrias.

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