Las ausencias santafesinas en la fallida sesión para voltear el DNU 70, hace un par de semanas, y la coronación de un convenio de compensación de deudas con dinero fresco para la provincia, días atrás, constituyen la puesta en práctica concreta de una resbaladiza política de acuerdos entre la gestión de Maximiliano Pullaro y el gobierno nacional de Javier Milei, que apunta hacia un pacto de no agresión electoral para 2027.
La misma pecera
Con una rápida revisión de cualquier indicador de la economía real santafesina (salvo el complejo agroexportador, que no es poco, pero no es todo ni mucho menos), se advierte rápidamente que el programa económico nacional resulta lesivo. El ejemplo más evidente es que el aglomerado Gran Rosario quedó al tope de la desocupación a nivel nacional en el segundo trimestre, con un 11,5%.
Las cuentas públicas también están sumamente tensionadas. La sistemática caída de la coparticipación, que explica el 65% de los ingresos tributarios de la provincia, contribuye a explicar el hecho de que Santa Fe hoy sea la segunda jurisdicción subnacional (detrás de Tierra del Fuego) con mayor déficit financiero del país. En el gobierno provincial argumentan que en ese dato juega fuertemente la decisión de sostener la obra pública con endeudamiento.
En cualquier caso, no deben buscarse allí las razones para el persistente respaldo político de Pullaro a Milei. Existe una lógica política que se encuentra en su universo de votantes. Y es que en la provincia de Santa Fe hay una mayoría electoral consolidada que es refractaria al kirchnerismo en particular y al peronismo en general. No es inmodificable, pero la foto actual es esa. Dicho de otro modo: ambos comparten base de sufragantes.
Hay ejemplos que son muy nítidos. En 2023, Pullaro obtuvo un impactante 58,47% de los votos en la elección de gobernador, sin rivales serios en el arco no peronista, tras unir en el frente Unidos desde socialistas hasta macristas y evangélicos, incluidos, obviamente, los radicales. Dos años después, en los comicios de diputados nacionales, La Libertad Avanza obtuvo un 40,3% y Provincias Unidas, un 18,36%, lo cual hace una suma de 58,66%. Casi calcado.
¿Qué es lo que pasó? Más allá de los cuidados que deben tenerse al comparar una elección provincial con una nacional, lo cierto es que en ambos casos ese universo de votantes coincide en el rechazo a la propuesta justicialista. En consecuencia, tanto Milei como Pullaro se lanzaron en 2025 a pescar en la misma pecera. Ganó el pescador más grandote, al calor de la ola violeta que arrasó en casi toda la Argentina.

Imitemos el ejemplo
En este contexto, Pullaro tiene como meta fragmentar y/o desinflar la oferta opositora, especialmente en la fracción de votantes que, como ya ocurrió en octubre del año pasado, puede adelgazar su propio peso electoral, al punto de poner en riesgo su reelección.
No es un experimento nuevo. Ya lo hizo el año pasado, pero no en la elección de diputados nacionales, sino en los menos visibles comicios de convencionales constituyentes provinciales, en los cuales la clave estuvo en el diseño de la góndola más que en el producto propio.
En aquella oportunidad, el gobernador fue a la cabeza de la lista del oficialismo. No llegó al 35%, casi 24 puntos menos que dos años antes. Obtuvo más de medio millón de votos menos que en 2023.
En una elección de tercios, ese desempeño electoral de Pullaro le podría haber costado un dolor de cabeza. Pero no ocurrió porque el panlibertarismo y el panperonismo (por caracterizarlos muy genéricamente) sufrieron una profunda balcanización en sus respectivos hemisferios. Un poco por sus propias cuitas internas, otro poco por la operación política del gobierno de Unidos.
Esa fue la ocasión que mostró, de manera muy evidente, lo que pretende el mandatario santafesino para 2027. La Libertad Avanza llevó en lo más alto de la nómina a Nicolás Mayoraz, un sólido diputado nacional surgido de la pelea contra el aborto legal, hábil en la batalla legislativa y propietario de una lengua karateca. Su problema: el bajo nivel de conocimiento. Es decir, un candidato que, per se, no aporta votos.
Con todo, eso no implicaría necesariamente un drama para la performance libertaria. De hecho, también el año pasado, el primer candidato a diputado nacional por LLA, Agustín Pellegrini, era (es) un absoluto desconocido para la enorme mayoría de la población y, sin embargo, su lista sacó más del 40% de los votos.
¿Y entonces? La diferencia estuvo en el compromiso de la Casa Rosada con una y otra elección. En la de convencionales constituyentes, que le interesaba a Pullaro, era prácticamente imposible encontrar un afiche, un spot o una publicidad en redes que identificara a Milei con Mayoraz. En la de diputados nacionales, que movilizaba al presidente, ocurrió todo lo contrario, incluido el cierre de campaña nacional en Rosario, con el León de cuerpo presente.
Así, la idea del santafesino es un pacto de no agresión: vos no confrontes a fondo contra mí en la elección de gobernador, yo devuelvo gentilezas en la presidencial.

Efectividades conducentes
Ese sendero acuerdista entre Pullaro y Milei hacia 2027 es escarpado y su pavimentación —o, por lo menos, su ripiado— se negocia ásperamente entre votaciones en el Congreso y (escasos) recursos para la provincia de Santa Fe.
Como ya se dijo, el acompañamiento al gobierno nacional tuvo recientemente un episodio de altísimo voltaje con la decisión de que la presidenta del bloque Provincias Unidas y exvicegobernadora santafesina, Gisela Scaglia, así como también el PRO-pullarista José Núñez, no dieran quórum para la sesión del DNU 70.
También debería anotarse en esa cuenta el renovado respaldo público de Pullaro a la suspensión de las PASO a nivel nacional. Todo ello, mientras a escala provincial se aprobó hace dos meses una reforma electoral que incluye primarias hasta para vicegobernador.
En paralelo, el ministro de Economía de la provincia, Pablo Olivares, anunció días atrás un acuerdo de compensación de deudas entre Nación y Santa Fe que, en la práctica, la Casa Gris exhibe como una modalidad de incorporación de fondos frescos.
La novedosa metodología, en apretada síntesis, es la que describió Zoom semanas atrás en Morosos incobrables: la administración libertaria autoriza adelantos de coparticipación para Santa Fe —entre otras provincias— por hasta 400 mil millones de pesos y el gobierno de Pullaro toma parte de esa plata prestada para cobrarse deudas nacionales.
Si bien el contorno para este acuerdo ya estaba definido en líneas generales, su implementación política y técnica fue vidriosa, según pudo saber este medio. En los despachos del gobierno santafesino describen las tratativas con Carlos Guberman, secretario de Hacienda de la Nación, como un forcejeo con un pitbull furioso.
Como sea, el caso revela tanto el sentido de un eventual pacto entre las Casas Rosada y Gris como las dificultades para concretarlo en los hechos. La dirección está definida, pero, como decía Tu Sam, puede fallar.
