2018, año de la resistencia social

Años políticos y años sociales. Los horizontes y los desafíos de la oposición al gobierno para los meses que vienen: del rol de la calle a la política por fuera de las estrategias fosilizadas.

En la jerga militante se suele hablar de año social y año político. Lo que define esa división son las elecciones. A nivel fiscal, los años “políticos” son años de expansión, de mayor gasto, los años “sociales” –dependiendo de la situación coyuntural– son de estabilización o de ajuste, salvo excepciones. Y a nivel de ciclo político, los años electorales son de ordenamiento interno, de canalización de fuerzas sociales en opciones políticas, de síntesis natural o forzada; son momentos de cosecha. Mientras que los años no electorales, los “años sociales”, son tiempos de siembra.

 

Desde esta perspectiva, acaba de terminar la cosecha y hay que volver a sembrar. Sin embargo, lo sabe un campesino tanto como un ingeniero agrónomo, el terreno sobre el cual trabajar tiene los achaques de los ciclos anteriores y sobre todo del último. Es evidente que el terreno sobre el cual sembrará el gobierno es mucho más fértil que el que tiene la oposición peronista.

 

Sobre el resultado electoral ya se han escrito muchas cosas y muy interesantes. Sólo se reseñarán algunos elementos que componen el nuevo escenario, el nuevo “terreno”.

 

Cambiemos domina la escena política y camina a paso redoblado hacia la reelección. Es eficaz en una gran diversidad de aspectos: en la articulación de la elite empresaria, en la comunicación política y manejo de los medios de comunicación y los servicios de inteligencia, logrando así destacar sus aciertos, operar sobre las resistencias y desatar una batalla cultural sostenida en los animales de los billetes y en el “San Martín emprendedor”. Batalla cultural del liberalismo mejor formado.

 

Mientras que del lado opositor, con respecto al desempeño electoral se pueden observar muchas cosas, pero en principio es importante resaltar dos. Como observa Pablo Papini, entre otros, el fracaso de las opciones peronistas gobierno-friendly, y en segundo lugar, el fracaso de la teoría del helicóptero, destacada por Alejandro Grimson. Sobre esto, algo más.

«El 2018 tendrá algunas similitudes con el 2016, ambos son años ‘no-políticos'»

La teoría del helicóptero sostiene que este gobierno va hacia una crisis y lo que hay que hacer es alertarla y estar listos para cuando suceda. ¿Pero si esta crisis no sucede? Grimson nos recuerda que el neoliberalismo no fracasó en todos los lugares del mundo, o mejor dicho, fracasó en pocos, y que el incremento de la deuda puede explotar en algún momento, pero no sabemos cuándo.

 

El peronismo hoy está en crisis. Tensionado en las dos expresiones que parecen imposibles de sintetizar y en estrategias perdedoras: gobierno-friendly –Urtubey-Massa-Pichetto– y pos helicóptero –Cristina y la unidad ciudadana “acá empieza todo”–.

 

En dos textos muy sugerentes de la revista Panamá, se plantea la crisis desde otros planos, una crisis programática y una crisis de la militancia. Y ambas se dirigen a un mismo punto, hay que revitalizar el debate interno, hay que dejar de usar a Perón y a Evita cuando nos quedemos sin ideas, hay que volver a escuchar, imaginar y convocar.

 

Por último, la política es un campo relacional. Todas estas crisis que vive el peronismo quizá no se expresarían tan cristalinamente si no fuera por la inteligencia del oponente. Ya parece indiscutible que el “macrismo no es un golpe de suerte” (Natanson). No es la dictadura, mantuvo todas las políticas sociales del gobierno anterior, tomó muchas demandas de los sectores medios y hasta algunas de alcance popular –aunque sea de forma superficial– como la lucha contra la corrupción y el narcotráfico y sostuvo lo que Ignacio Ramírez llama “clivaje asimétrico”, el antikirchnerismo es superior al antimacrismo. La grieta garpa.

 

Saltar la grieta

Café de por medio, un dirigente social señalaba un elemento constitutivo de la marcha de San Cayetano en agosto de 2016. “Para que la demanda de los trabajadores más pobres, los trabajadores de la economía popular, pudiera hacerse visible necesitábamos que quedaran desdibujadas las etiquetas políticas. Las tres organizaciones convocantes (CCC, Barrios de Pie y CTEP) tenían componentes kirchneristas, antikircheristas, ex kirchneristas, autonomistas, maoístas, etc. Así, la masividad del hecho hizo visible la demanda de un sector”.

 

El 2018 tendrá algunas similitudes con el 2016, ambos son años “no-políticos”. En ese entonces, la resistencia social multipartidaria fue la que tuvo mayor capacidad para frenar iniciativas y plantear demandas: obligó a revisar los tarifazos, a sancionar una ley como la de emergencia social. Demandas que ganaron la disputa por su legitimidad y su corrimiento de la grieta. Algo similar puede decirse de la marcha contra el 2×1 a genocidas o el #niunamenos.

«La siembra es la construcción de nuevas demandas, es entender los problemas y negociar soluciones»

El año que entra parece ser más desafiante para la oposición social. Un gobierno revalidado en la gestión y con gimnasia de poder tiene una agenda de reformas que irá mostrando mientras mide el timming social. ¿Hasta dónde podrá avanzar?, se pregunta Diego Genoud.

 

Mientras esperamos que la dirigencia peronista y su militancia piensen cómo reconstruirse, la tarea del 2018 está dirigida a la oposición social.

 

En un texto previo a las elecciones generales, Martín Rodríguez reflexionaba en torno a los usos de la grieta, sus trampas, y dejaba entrever su salida. La “grieta” impide discutir los conflictos reales, las discusiones sociales. Así pasó con Santiago Maldonado. Se lo quiso kirchnerizar y así borrar su desaparición forzada.

 

El año social
Foto: Caro Costa

El año no electoral también es un año legislativo. Muchas de las discusiones se cierran temporariamente ahí. 2016 dejó algunas marcas que sería bueno no repetir. Sólo dos leyes impulsadas por la oposición mayoritaria lograron sancionarse: la mencionada Ley de Emergencia Social (que terminó siendo consensuada con el gobierno) y la Ley Antidespidos. Ninguna de ellas fue promovida por el bloque mayoritario en el congreso, el FPV-PJ.

 

La política opositora en el congreso se dividió entre los acuerdistas (gobierno-friendly) y los testimoniales (helicóptero). Las únicas leyes –va de vuelta– que salieron vinieron de la calle (movimientos sociales y CGT) y fueron producto de la negociación de muchos bloques opositores.

 

2019 está a la vuelta de la esquina. Quizá no haya tiempo para construir una opción peronista competitiva. Y tampoco se puede esperar un acuerdo milagroso. El nuevo tiempo exige lo que proponen Agustín Cesio y Martín Schuster en el texto linkeado más arriba: volver a escuchar, a debatir los temas sin miedo a sacar los pies del plato. ¿Cuál sería el plato? ¿No son chicos ahora los platos?

 

La siembra es la construcción de nuevas demandas, es entender los problemas y negociar soluciones. Quizá nos enseñen más el movimiento de mujeres, los trabajadores –en su gran heterogeneidad–, los estudiantes, los científicos, los organismos de derechos humanos… todos aquellos que tienen claras sus demandas y que no están atadas a un espacio partidario.

 

No es una proclama antipolítica. Es una forma de resistir y construir el basamento para una opción popular. No alcanza con remarcar los aciertos del pasado, no alcanza con los cuadros de Perón y Evita. Hay que sembrar un futuro que tiene que ser mucho más amplio que las opciones presentes. Volver a los contenidos, a pensar un programa.

 

Macri ya comenzó a lanzar sus reformas para el año que viene. Una reforma fiscal, otra institucional y hasta laboral. Sumado a esto, se viene un nuevo aumento de tarifas –con un tarifazo nuevo, el del transporte. Y finalmente, la escalada represiva, con presos políticos, Santiago Maldonado, muerto luego de la represión de gendarmería, y operaciones en las movilizaciones populares. El debate social está abierto.

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