Mas allá de Fitzcarraldo: auge y ocaso de la inserción global amazónica

Cuando el Amazonas se acopló a la segunda revolución industrial (y lo que pasó después)
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Fitzcarraldo (1982)

La segunda revolución industrial, la del acero, los ferrocarriles, las industrias químicas y la propulsión a vapor, abrió una ventana de oportunidad para la inserción de la cuenca amazónica en lo que hoy llamaríamos una cadena global de valor. La producción y provisión de borracha (o seringueira) para uso médico -por ejemplo, para la producción de preservativos sin costura- y productivo -como parte de los motores a combustión interna y para la producción de neumáticos- dio lugar a un período de auge amazónico, particularmente en las ciudades de Belém do Pará y Manaos. Fitzcarraldo, el ya clásico film de Werner Herzog que nos extasía con los gestos y miradas de Klaus Kinski y la exuberancia amazónica, refleja una época, un período en el cual el capitalismo global y los diversos emprendedores locales y europeos veían en la borracha la fuente de la abundancia y el progreso. En las líneas que siguen nos proponemos hacer un primer análisis acerca de la emergencia y el ocaso de la inserción amazónica en la cadena global de valor de la borracha.

 

Las condiciones materiales para la inserción global

El látex de la seringueira ya era usado por tribus indígenas para impermeabilizar diferentes objetos cuando el francés La Condamine descubrió el método para transformarlo en borracha (científicamente denominada Hevea brasiliensis) y usarla para la producción de jeringas, principalmente. De hecho, si bien en bajo número, ya a partir de 1800 se registra la presencia de importadores de seringueira estadounidenses en la cuenca amazónica para la producción de botas impermeables. No obstante, para la plena conformación de la cadena global de valor de la borracha fueron necesarias otra serie de condiciones materiales. Por un lado, en la década de 1840 Charles Goodyear inventa el proceso de vulcanización, lo que permite que la borracha mantenga su forma y consistencia ante extremos térmicos, sea resistente a los solventes e imperecedera. Eso permitió el uso en industrial de la borracha en gran escala, generando un nuevo vector de demanda.

«Fitzcarraldo, el ya clásico film de Werner Herzog, refleja una época, un período en el cual el capitalismo global y los diversos emprendedores locales y europeos veían en la borracha la fuente de la abundancia y el progreso»

En segundo término, la apertura de las aguas amazónicas a la navegación a vapor fue otro proceso central para la incorporación de la región al flujo de comercio global. El debate sobre esta apertura se inicia en 1826 y ocupa buena parte del siglo XIX, en paralelo al incremento del flujo comercial. Las posiciones giraban entre una apertura total, para usufructuar las virtudes del librecambio, y una apertura restringida, con subsidios y concesiones parciales a las pocas empresas locales. En concreto, en 1853 se le otorga el monopolio de la navegación a la Companhia de Navegação e Comércio do Rio Amazonas, propiedad del Barão de Mauá, una especie de emprendedor schumpeteriano tropical, quién llegó a conformar un holding industrial en diferentes regiones de Brasil, contando con aceitados vínculos con el capital inglés. Ante los reclamos y la presión de otros proto-capitalistas, miembros de la aristocracia paraense, en 1866, la navegación del río Amazonas es abierta a la competencia de otras embarcaciones y capitales. No obstante, en la práctica, durante el período de auge de la borracha, Mauá terminó vendiendo su empresa a la Amazon Steamship Company, de capital inglés, la cual ejerció, de hecho, el monopolio de la navegación amazónica entre 1871 y 1911, durante el período de fiebre de la borracha.

 

Un tercer elemento era necesario para el take off amazónico: la provisión de mano de obra. Desde que los portugueses iniciaron el proceso de colonización desde Belém do Pará, en el siglo XVII, no les fue simple el proceso de dominación de la población indígena local. Las características territoriales en sí (exuberante vegetación, infinidad de afluentes fluviales, el calor, las serpientes, la malaria, la fiebre amarilla, etc.), la ocupación jesuita y el conocimiento del territorio por parte de las tribus locales les daba un cierto margen de resistencia frente a los intentos de los colonos portugueses. La introducción de esclavos negros fue una variante utilizada, no obstante la venta de esclavos estaba centralizada en Bahía y Recife, llegando a Belén un número menor, sobrante de las otras capitales. Ya concretamente durante el período de la borracha, la inmigración desde el nordeste del Imperio fue un elemento principal. Entre 1860 y finales del siglo XX, el Maranhão, sufre una gran sequía que lleva a la llamada transumância amazónica. Según Furtado (2003), entre 1872 y 1900, la población de Belém do Pará y de Manaos pasó de 329.000 a 625.000. La mayor parte de este crecimiento se explica por la migración nordestina. Finalmente, la composición de la mano de obra se completa con los inmigrantes europeos, principalmente ingleses y holandeses, aunque también italianos, franceses y españoles y norteamericanos, que venían a cumplir funciones de capataces o con ansias de pequeña propiedad tropical.

 

Mapa de la Cuenca Amazónica
Mapa de la Cuenca Amazónica
La cadena global de valor de la borracha y el ecosistema de la belle époque amazónica

El Amazonas portugués comienza a conformarse cuando en 1616 Castelo Branco funda el fuerte de Presépio, dando origen a la ciudad de Belém, como respuesta al intensivo contrabando de las llamadas drogas do sertão (cacao, castañas de pará, guaraná, etc.) por parte de holandeses, ingleses y franceses. Ya a inicios del Imperio de Brasil, en 1822, por tratarse de una región apartada de la capital (Rio de Janeiro) y no estar inserta en ningún ciclo de comercio extensivo, como el del café, y no contar con minas de oro, Belém do Pará gozó de un alto grado de autonomía política y administrativa. Tal es así que si bien la independencia de Portugal fue declarada en 1822, Belém continuó respondiendo a los portugueses hasta 1823. La dinámica política de Belém gravitó así en torno a la autonomía relativa del resto del territorio brasileño, con períodos excepcionales de poder criollo, como el generado a partir de la rebelión cabana en 1835 (la cual incluyó la conformación de milicias criollas y una suerte de guerra de guerrilla tropical) y el dominio por parte de una elite más próxima a Portugal que al resto del actual territorio brasileño.

 

La producción de borracha pasó de alrededor de 150 toneladas en 1830 a 31.000 toneladas en 1911. La emergencia del ciclo de la borracha trajo nuevos actores al ecosistema empresarial y social amazónico. La inmigración europea y estadounidense portaba financiamiento, tracción a vapor, seguros, contactos en los mercados de destino, personajes klauskinskianos diversos, empresarios y buscavidas schumpeterianos con ansias de reinos privados tropicales y cierto personal calificado para explorar las propiedades de la borracha (geógrafos, naturistas, etc.). Entre la aristocracia de Belém estaban los que entraron en la fiebre de la borracha, una suerte de protocapitalistas amazónicos, y los que la resistían, ya que absorbía mano de obra utilizada para las actividades tradicionales: pesca, agricultura, ganadería y otros tipos de actividades extractivas. Los inmigrantes del nordeste imperial, con cierta cultura agropecuaria, se sumaban en este ecosistema, con ansias de acumulación primitiva o, principalmente, como capataces o simples empleados -podríamos agregar en este segmento también a algunos mestizos que lograban ascender en la escala social amazónica.

«La emergencia del ciclo de la borracha trajo nuevos actores al ecosistema empresarial y social amazónico»

Finalmente, los indios, negros y otros mestizos eran quienes cargaban con las actividades de recolección de la borracha, sin acceso a derechos ni representación sustantiva, y sobre quienes recaían diferentes tipos de violencias. Generalmente, el empleo de estos grupos en la explotación de la borracha se hizo bajo la denominada esclavitud por deuda, establecida a través de la propia relación de trabajo, en la cual los seringueiros, o sea los recolectores de la borracha, eran provistos de alimentos y herramientas por parte de los protocapitalistas que centralizaban la producción y manejaban la red desde Belem o Manaos, entrando en un esquema de deuda permanente con estos. En suma, se trató de un ecosistema empresarial que combinaba los tres componentes étnicos de la desenraizada colonización brasileña (europeos -recargados con la presencia inglesa y norteamericana-, negros e indios nómades), los avances ya de la segunda revolución industrial y una serie de características territoriales y patrimoniales que conformaban una suerte de terra de ninguém de río adentro.

 

El auge de la borracha cristalizó un ambiente de abundancia y exaltación liberal en la elite amazónica. Con la inserción en el capitalismo global, la dotación de recursos y las ventajas absolutas como mayor productor de borracha del mundo, se encargarían de encaminar a los trópicos en el tren del progreso ilimitado, el de los povos civilizados. Este espíritu de época no fue solo un estado de ánimo sino que se transformó en una serie de manifestaciones culturales, urbanas y sociales concretas. La recaudación generada por el flujo exportador y el gasto de la elite incentivó una verdadera transformación en Manaos y Belém. El progreso llegaba con teatros que estrenaban las mejores óperas de Europa. El Teatro Amazonas de Manaos simbolizó el pretendido iluminismo amazónico, un enclave de progreso europeo (inspirado en la Ópera Garnier de Paris) en medio de los trópicos. Se construyeron también los primeros cines brasileños y se abrían talleres fotográficos. Se imprimían diarios en francés, alemán e inglés. Como una suerte de after office amazónicos, florecían los cafés, bares y cervecerías, en donde extranjeros y locales terminaban de cerrar contratos y discutir potenciales nuevos negocios. Surgían paseos de final de semana, a islas cercanas, por ejemplo, a Mosqueiro o Marajó, en las cuales los europeos construían residencias, hoteles y asociaciones deportivas.

 

En 1907, el consumo per cápita de diamantes en Manaos era el más alto del mundo. El costo de vida a inicios del siglo XX en Belém o Manaos era cuatro veces superior al de Londres o Nueva York. La pauta de consumo y el padrón de ocupación territorial también se diferenció. Se impulsaron reformas urbanas, se pavimentaron calles y se impuso un primer proceso de gentrificación local, dando lugar a la emergencia de los primeros barrios de periferia urbana. Se avanzó en un proceso de cierta electrificación e iluminación del centro de Belém y de Manaos. Manaos fue la primera ciudad latinoamericana en tener tranvía eléctrico, de mayor extensión que el de Nueva York. La elite paraense importaba manteca y harina de trigo de Estados Unidos e Irlanda y ropa de Europa. Eran usuales los viajes de los hijos de la elite amazónica a París. Por su parte, la dieta de los indios, negros y mestizos se conformaba principalmente por manteca de tortuga, arroz, harina de mandioca, mandarinas y ananá producidos localmente.

 

Placio Antônio Lemos. Belém de Pará. Construido entre 1868 y 1883. Foto: Camila Thiers
Placio Antônio Lemos. Belém de Pará. Construido entre 1868 y 1883. Foto: Camila Thiers
Imperialismo ambiental y fin de ciclo

La borracha fue un ‘bien de progreso’. Permitió avances en la medicina, como las jeringas y los preservativos antes mencionados, industriales, principalmente en la industria automovilística, y bélicos, a través del uso militar de los motores de combustión interna. Las causas del fin del ciclo borrachero en el Amazonas también podemos encontrarlas en el dominio de la experimentación y el avance científico y tecnológico inglés. En 1876, el inglés Henry Wickham, quien se había establecido en Santarém, Pará, en las márgenes del río Tapajós, contrabandeó 70.000 semillas de Hevea brasiliensis para el Royal Botanic Gardens de Kew, reconocida institución británica con tres siglos de historia en el estudio da la botánica. Cuentan que Wickham, bajo encomienda del consulado británico en Belém, escondió las semillas en cajas debajo de cascaras de banana y castañas, y que no le fue muy difícil sortear los controles aduaneros locales. Apenas 2.000 semillas germinaron en suelo victoriano (a Wickham le pagaron por las 2.000, no por las 70.000). No obstante, luego de un período de prueba y estudio, sus replicas fueron trasplantadas al sudeste asiático, particularmente en Malasia, Birmania y Ceilán. Las semillas se adaptaron perfectamente al territorio asiático, convirtiéndolo, tres décadas después, luego del proceso de relocalización y crecimiento, en el principal proveedor-competidor de la Amazonia brasileña.

 

El imperio británico siempre tuvo en claro la importancia de la biodiversidad. Si bien representado de manera romántica en la figura de Wickham, el imperialismo ambiental estaba inserto en una estrategia de largo aliento, que contaba con financiamiento tanto público como privado, en el período de auge del iluminismo victoriano. La botánica, en el siglo XIX, cumplía un rol similar al de la biotecnología actual. De hecho, en los Estados Unidos, las conferencias del botánico Jacob Bigelow en Harvard se titulaban “Elementos de la tecnología”. La botánica, una ciencia aplicada al desarrollo de una agricultura en gran escala, llevó a fundar auténticos centros de I+D, antecedentes de los actuales laboratorios biotecnológicos. Por eso, el avance victoriano sobre los trópicos, principalmente en India pero también en Amazonas, contaba entre sus puntas de lanza, además de marinos y coroneles, a geógrafos, jardineros, naturistas y botánicos destinados a descubrir nuevas especies vegetales y animales que pudieran tener impactos medicinales, industriales, bélicos, etc. La Hevea brasiliensis no quedó exenta de este proceso. Y, como se dice en Pará, las plantas no son nacionalistas.

 

El desarrollo de la borracha asiática le dio a Inglaterra el monopolio global de un producto estratégico (repetimos, tanto en términos medicinales, productivos y bélicos), en un ciclo industrial que duró hasta la Segunda Guerra Mundial y contribuyó para la popularización posterior de la borracha sintética. La producción inglesa, principalmente en Malasia, se diferenció de la amazónica ya que al ser implantada fue desarrollada con técnicas de siembra y cosecha pensadas con el objetivo de aumentar sus rindes. La borracha era sembrada en hilera, bien próximas unas de otras, en un esquema similar al de la siembra directa actual, lo cual permitió superar considerablemente la productividad por hectárea amazónica, en donde la borracha crecía de manera silvestre, sin tener un origen pensado para su explotación. Iniciado el siglo XX, los precios de la borracha comenzaron a caer, ante la entrada al mercado de la producción asiática. En 1911 el entonces gobernador de Pará, João Coelho, envió al botánico suizo Jacques Huber a Asia, a analizar la situación de la borracha y las posibilidades de respuesta por parte de la región amazónica. No obstante, ya era tarde para que el ecosistema empresarial de la belle époque amazónica logre reaccionar, frente a la reorganización de la cadena de valor global.

 

Teatro Waldemar Henrique - Antigo Museu Comercial do Pará
Teatro Waldemar Henrique – Antigo Museu Comercial do Pará. Foto: Camila Thiers
Territorio, inserción global pasiva y gasto de una latecomer tropical

Belém y Manaos aún hoy conservan un paisaje urbano que refleja el boom borrachero. Las principales avenidas, iglesias, plazas, palacetes, cines y teatros datan de la belle époque. Si bien algunos se mantienen altivos, muchos dan muestras de abandono, el paso del tiempo y la pérdida de significancia actual. El período post-borracha implicó un fuerte crecimiento del desempleo, de la emigración, el crecimiento de los barrios periféricos y del aumento en los indicadores de violencia. Actualmente, las economías de Pará y Belén se mueven principalmente por el turismo, la minería, el comercio de frutas, verduras y pescados y la ganadería. Tres ideas pretendemos destacar sobre la belle époque, de plena vigencia para nuestros días, aún a ser exploradas más en detalle.

 

La colonización del amazonas no fue un proceso simple ni inmediato ni en la primera colonización, comandada por Portugal, ni en este segundo ciclo de población amazónica. A la resistencia indígena se le sumaban las condiciones geográficas y climáticas. Si bien durante el ciclo borrachero los europeos contaban con la potencia tecnológica de la segunda revolución industrial, los factores territoriales continuaron operando. A pesar de que la explotación amazónica contó con mano de obra esclava o semi-esclava y fue basada en la monocultura productiva, un tercer elemento estuvo ausente en relación al resto de los ciclos brasileños relacionados el modelo de plantation: la gran propiedad con explotación ilimitada de la tierra. De hecho, si bien paulatinamente el desmonte del Amazonas permitió y aún permite la entrada de fazendeiros, la inserción amazónica no fue propiamente agrícola, sino de tipo extractivista silvestre. Esto obliga a pensar el desarrollo y la inserción de la economía amazónica por fuera de la agricultura extensiva, buscando estudiar, preservar y utilizar las fuentes autóctonas de biodiversidad. Los esfuerzos locales en materia de biotecnología deberían orientarse en tal sentido.

 

En relación con lo anterior, aparecen dos elementos interrelacionados: la inserción amazónica en la cadena de valor borrachera fue en extremo subordinada y poco compleja en términos productivos y tecnológicos. De hecho, el extraordinario desarrollo urbano y social durante la belle époque contrasta con un proceso productivo altamente rudimentario, sin mayores encadenamientos productivos y escasos y tardíos esfuerzos científicos y tecnológicos de endogeneización de conocimiento y conservación de la biodiversidad por parte de la elite amazónica. Esto contrasta con la experiencia inglesa, que, a escala planetaria, no solo usufructuó del ciclo de la borracha, como de tantos otros, sino que lo relocalizó en la cadena de valor global, haciendo emerger al sudeste asiático como principal productor borrachero. La experiencia victoriana excede este esfuerzo interpretativo, aunque es útil para entender la centralidad de los esfuerzos locales en ciencia y la técnica, poco estimulados en el ecosistema amazónico de la época.

 

Paradojalmente, buena parte del desarrollo urbano de este protocapitalismo extractivista amazónico dependió de las decisiones de gasto de la elite, sea de sus propios ingresos o de las decisiones que tomaba al ocupar las posiciones claves en Belém y Manaos, las ciudades que centralizaban la recaudación derivada del flujo comercial borrachero. Así como la elite amazónica vivió su esplendor acumulativo en dependencia del gasto del resto del mundo en borracha, lo mejor de los derrames de la belle époque dependieron del gasto de la elite y de sus representantes en el entramado estatal. De esta forma, aquí no presentamos una lectura pacata del gasto, sino que ponemos en relieve su relevancia, no solo en relación al desarrollo urbano sino en infraestructura, salud, educación, ciencia y técnica, preservación y estudio de la biodiversidad autóctona, etcétera.

 

Referencias bibliográficas consultadas:

Daou, A. (2000) La belle époque amazônica. Jorge Zahar Editor.

Furtado, C. (2003) Formação econômica do Brasil. Companhia Editora Nacional

Monteiro, B. (1924) Historia do Pará. Editora Amazónica.

Moura de Figueiredo, A. e Bacelar Alves, M. (2009) Tesouros da memória. Historia y patrimônio no Grão-Pará. Ministério da Fazenda de Belém.

Prado Jr. C. (1942) Formação do Brasil contemporâneo. Companhia das Letras.

 

Se agradecen los comentarios de Eduardo Crespo e Israel Sanches Marcellino a una versión previa de esta nota

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