Los carpinchos rebeldes

La presencia masiva de carpinchos en el Nordelta también revela otras presencias. Estas son tanto o más preocupantes que la del roedor expulsado de su hábitat por una movida inmobiliaria.
todos organizados

NARCOS.

La idea de desarrollo inmobiliario sobre los humedales del delta del Paraná le surgió al ingeniero ítalo-argentino, Julián Astolfoni en 1972. Inspirado en las Villes Neuves de París y otros emprendimientos urbanísticos europeos, el proyecto fue aprobado en 1992 cuando Duhalde gobernaba la Provincia de Buenos Aires. En 1998 Astolfoni —dueño de la empresa Supercemento, de la cual fue socio Antonio “Tonino” Macri, padre del actual intendente de Vicente López, Jorge Macri — junto al empresario Eduardo Costantini, comenzaron a hacer realidad la idea y un año después lanzaron el primer barrio, La Alameda. En el 2000 entregaron el primer lote para su construcción. Esta es, sucintamente, la historia de cómo nació esa “ciudad pueblo”, tal como la define el mismo Costantini, quien para concretar ese estado dentro del estado, destruyó ecosistemas, al desaparecer gran parte de la flora y la fauna del lugar, aparejada con el cambio de curso de algunos arroyos para comodidad de los 40.000 millonarios que viven en el lugar.

La destrucción de los humedales, también ocasionó y ocasiona frecuentes inundaciones en las zonas aledañas, ya que no hay absorción de las aguas de las precipitaciones pluviales. Esto parece pasar a segundo plano, siempre que, desde los balcones los ricos habitantes puedan disfrutar de los espejos de agua artificiales y permanecer impasibles ante estas catástrofes causadas a sus vecinos pobres.

La exclusividad de la urbanización está a la vista de todos; para entrar a la misma, hace falta un permiso otorgado por la presidencia del consorcio administrador. Este permiso es usado por unos 10.000 trabajadores y trabajadoras que atienden a razón de un empleado por cada cuatro habitantes. El permiso no garantiza ningún derecho y muchas veces, las empleadas domésticas han realizado denuncias sobre hechos discriminatorios, como cuando en los transportes que las acercan a los lugares de trabajo, las segregan o “porque huelen mal” o “porque hablan en guaraní”.

El lugar cuenta para protección de sus habitantes con unas 200 cámaras de seguridad y cientos de guardias armados para la protección de los mismos, y si bien se registran algunos robos organizados desde el exterior, la mayor delincuencia se encuentra adentro. El mismo Eduardo Costantini ha declarado en diversas ocasiones que la “ciudad pueblo” está llena de narcos, a confesión de partes, relevo de pruebas indica la lógica. En el año 2012 fue detenido el narcotraficante colombiano Jesús López Londoño, conocido como “Mi Sangre”.  En el año 2014 en una investigación llevada adelante por el juez ligado al Opus Dei, Alberto Santamarina, fueron allanados los domicilios de Raymond Anthony Martínez Grajales (Parcela 90, Fracción 13 Benavídez y Complejo Benavídez 1, Nordelta); Mariela Grajales Gómez (La Alameda 53, Tigre y De los Jazmines 3, Nordelta); José Martínez Grajales (De la Angostura 25, Nordelta); Natalia Arboleda Buitrago (La Alameda 53, Benavídez); Claudia Natalia Arias Célis (Agustín García 6549, Benavídez) y Jesús Antonio Yepez Gaviria, todos ellos sospechados de conexiones con los cárteles de la droga colombianos, cuya misión es la del lavado de activos. En la mayoría de los casos, los investigadores constataron que las adquisiciones de propiedades se llevaron a cabo solamente a través de un boleto de compra, es decir, sin proceder al cambio de titularidad del inmueble en la escritura. «Son narcos y tienen sicarios, ningún ‘vivo’ va a ir a revender la propiedad que ya le cedió a uno de estos personajes», señaló a la prensa una fuente oficial que participó de las pesquisas. Pero también, la población se nutre de narcos vernáculos, en 2019 fue detenido Martín Asci, jefe de una banda dedicada a la comercialización de drogas sintéticas, en la zona norte de la provincia de Buenos Aires y residente de la exclusiva urbanización.

Si los narcos eligen el bucólico emprendimiento inmobiliario para lavar sus ganancias, los empresarios no se quedan atrás; la empresa Supercemento, de la cual Tonino Macri se desvinculó en 1986, es manejada en la actualidad por la viuda de Astolfoni, Carola von Wandelfels y su sobrino Lucca Astolfoni, que vive en Italia. Supercemento es otra de la empresa socias de Odebrecht en el judicializado contrato de AySA, la cual hizo obras por US$ 261 millones para el gobierno de Rodríguez Larreta. Eso incluye la del arroyo Vega y la interrumpida nueva traza de la autopista Illia en UTE con Rovella Carranza y Panedile. La empresa es la tercera adjudicataria de obra pública en la ciudad de Buenos Aires.

19.300.

Ese es el número de hectáreas que abarca el delta del Paraná con sus islas y humedales, un sistema conformado por unas 700 especies de plantas, 50 de mamíferos, 260 de aves, 300 de peces y más de 30 de reptiles, es decir, una riqueza biológica frecuentemente atacada por las actividades humanas ligadas al agronegocio, principalmente la ganadería.

En el año 2020 se registraron 3700 focos de calor entre todas las islas que conforman el delta, los incendios que cubrieron de humo y cenizas a la ciudad de Rosario y parte del conurbano bonaerense, son provocados para incentivar el rebrote de las pasturas con que se alimenta al ganado. Esta actividad es definida por los técnicos del INTA, entre otros, como “Pampeanización”. Es decir, el traslado de actividades propias del bioma de la pampa húmeda a otros lugares propicios para su desarrollo, sin tener en cuenta la destrucción del medio ambiente y los ecosistemas donde se llevan a cabo.

Ante esta devastación ocasionada por esta especie de gentrificación rural, con fines netamente económicos, deberíamos preguntarnos, si no sería necesario un nuevo relevamiento de las cifras de especies, tanto de animales como de vegetación existente en la actualidad. Además, podríamos evaluar la afectación sobre otras actividades ligadas con un sentido más humano y de respeto a la naturaleza, como el de la pesca artesanal, para dar un ejemplo. Porque si tenemos en cuenta el peligro de incendio que acecha sobre el resto de la selva Paranaense (debido a la bajante del Río Paraná y la migración de aquellas especies animales capaces de hacerla)  ya no hablaríamos de una superpoblación en un lugar donde podrían establecerse, sino de expulsos de un sistema natural. Esto nos remite a lo que ocurre con los humanos que abandonan los campos y los montes, corridos por la agroindustria y los emprendimientos inmobiliarios, para asentarse en las villas de las grandes ciudades. Al igual que sucede con los carpinchos, que hoy son motivo de queja por la vecindad de los millonarios del Nordelta, los cuales destruyeron su hábitat.

CARPINCHOS.

El más grande delos roedores goza de una simpatía inusitada, en las redes circulan imágenes y videos donde se lo ve durmiendo la siesta con tortugas, patos, garzas y con peligrosos yacarés. También, confraternizando con humanos que los sientan a la mesa para compartir un almuerzo campesino o con otros paisanos compartiendo una mateada. En el imaginario político y popular, el carpincho es un animal peronista, debido a esa sociabilidad amorosa que lo caracteriza.

Cuando aparecieron las primeras notas y videos de los habitantes del Nordelta quejándose de una mal llamada superpoblación de la especie, la solidaridad con ellos no tardó en llegar; aparecieron carpinchos con la boina del Che Guevara, o con la bandea soviética sobre el Berlín capitulado por los nazis. El animalito es reconocido como ícono de la lucha contra el capitalismo. No hay que olvidar, que en las denuncias contra ellos, algunos mostraban fotos donde los carpinchos habían atacado a los caniches histéricos de esos ricos del Nordelta y comido las plantas de los jardines.

Decir que la “ciudad pueblo” de Nordelta se construyó en un lugar que no correspondía, no es agregar nada nuevo.  Tal como la ministra de Seguridad de la Nación declaró a Radio 10: “Es una manera en que la naturaleza devuelve a las personas el daño que le hacen”. Y agregó: “Todos sabemos el daño ambiental que producen estos emprendimientos inmobiliarios y la dificultad de los jueces para detenerlos”. En sintonía con esa declaración, el Ministerio de Medio Ambiente señaló que, el avance de la urbanización afecta a nuestra fauna nativa de manera directa. Los vecinos del Nordelta tienen que encontrar la forma de compensar el daño, remarcó Sabina Frederic en sus declaraciones a la radio y vinculó a los carpinchos con la búsqueda de agua, debido a la bajante histórica del río en el cual viven.

Hay que tener en consideración que en la selva paranaense viven 1500 especies de mamíferos, más de 500 de aves y unas 300 de peces, y que el Delta del Paraná forma parte de ese sistema ya altamente contaminado y destruido. De este, solo perdura un 7% de las 47.000.000 hectáreas que existían originalmente, y que de ese exiguo porcentaje, un 50% se ubica de manera bastante fragmentada en la provincia de Misiones, donde técnicos especializados de organismos nacionales e internacionales vaticinan su desaparición para el próximo verano, debido a los incendios producto de la sequía que asola el territorio.

Entonces, ya no solo hablaremos de los carpinchos, sino de una catástrofe de mayores dimensiones que se puede resumir en el aforismo del inefable filósofo rumano Emil Cioran: “El hombre segrega desastre”. Aunque podríamos reformularlo; en lugar de hombre, debiéramos nombrar al  capitalismo como el originador de todos estos males, fomentados por la expansión sin control de la frontera agropecuaria, la sobreexplotación de los montes y el desarrollo de infraestructura, como lo son rutas, represas y los negocios inmobiliarios sobre tierras públicas, propios de las políticas neoliberales.

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