La noche que la calle venció al Palacio

Crónica de la multitudinaria vigilia que dio vuelta la histórica votación en Diputados que otorgó media sanción a la legalización del aborto. La "revolución de las hijas" en primera persona.

“Esto es historia”, sentenció Brenda, estudiante secundaria de San Martín, mientras maquillaba a su mamá, Marta, con sombra y glitter verde. Eran cerca de las 8 de la noche y, alrededor de ellas, un grupo de mujeres de diferentes edades esperaban su turno para pintarse. Iban a volver temprano, pero a último momento decidieron alargar un poco más su estadía. El clima las había encantado, pero no el meteorológico, que se mantuvo por debajo de los 10 grados durante toda la noche.

 

Ellas habían viajado juntas, en el mismo micro, y Brenda tuvo la idea de llevar el kit de maquillaje que ya había usado para ir a un pañuelazo con sus amigas. “Me contacté por Facebook con la agrupación feminista para venir y les pedí que hablaran con mi mamá para que me dejara venir hasta tarde. Al final, la convencieron de venir a ella también”, relataba en tono irónico. Sin hacer muecas para no arruinar el arte de su hija, Marta relataba: “Pasé toda la vida convencida que el aborto estaba mal. Cuando mi hija se empezó a empoderar, me llevó a mí con ella”.

La plaza amaneció dividida en dos por vallas, con un corredor seguro de 20 metros en el medio. El lado norte estaba destinado a las organizaciones y manifestantes en favor de la legalización del aborto, mientras que el sur sería ocupado por quienes estaban en contra. La separación fue efectiva y no hubo comunicación entre las dos partes a lo largo de toda la votación, aunque al llegar a Avenida de Mayo el vallado se cortaba y se abría un territorio franco en el que confluían manifestantes de pañuelo verde y celeste, e intercambiaban miradas curiosas.

 

El lado norte de la plaza, reservado para las posturas pro aborto legal, estuvo en movimiento desde las 6 de la mañana, de forma ininterrumpida. Sobre Rivadavia se levantaron alrededor de diez carpas, de las cuales tres correspondían a la Campaña por el Derecho al Aborto. Una se aprovechaba para dar alojo a grupos que llegaban desde el interior de la provincia y el país, otra tenía una pantalla que reproducía la sesión de diputados en vivo y en la tercera se realizaban charlas debate. Varios espacios políticos de la izquierda, el kirchnerismo y el peronismo, se ubicaban a medida que llegaban a lo largo de la avenida Callao y las columnas casi llegaban a Corrientes.

Desde el mediodía, la plaza pro aborto empezó a ocuparse y llegó a su pico máximo entre las 6 y las 8 de la tarde, momento en el que la multitud concentrada llegaba hasta la avenida 9 de julio. Los pañuelos verdes no alcanzaron y para las 5 ya era difícil conseguir uno. Algunos optaron por llevar bufandas, mantas, guantes, camperas de ese color, para no dejar de vestir la insignia distintiva, para aportar lo propio a la gran oleada.

 

Brenda estudia en una escuela católica y privada, con clases de catequesis y misas semanales. Por esa razón, se sintió interpelada con una canción que un grupo de mujeres entonó a dos metros de donde pintaba a su mamá. Era una reversión feminista del tema religioso “Alma misionera”: “Llévame donde las pibas necesiten una hermana, necesiten las ganas de vivir”. Después de asegurar que la iba a llevar a su escuela, reflexionó: “las feministas tenemos las mejores canciones”.

Las pibas ya votaron

Lo cierto es que el “feminismo sub 20” del que Brenda forma parte se convirtió en el gran protagonista de la vigilia. Algunas llegaban con uniforme, otras faltaron a la escuela para poder ir. Iban con su Centro de Estudiantes, con sus padres o con grupos de amigos, y una pequeña parte se quedó hasta entrada la madrugada. Luana fue una de ellas. No tuvo clases ayer porque sus profesores habían convocado a paro y, cuando se enteró de la medida, se alegró y se preocupó a la vez: iba a tener más tiempo para organizar la salida a la plaza de Congreso con sus compañeros, pero no iban a poder realizar el pañuelazo en las aulas que tenían programado para esa mañana. El miércoles se levantó temprano, mandó mensajes al grupo de WhatsApp del colegio y acordaron punto de encuentro para viajar en transporte público al Congreso. Llegaron alrededor de las 5 de la tarde, como gran parte de los manifestantes que se quedaron hasta entrada la noche.

 

La Escuela Técnica Jorge Newbery de San Justo es uno de los cuatro colegios con orientación en aeronáutica que tiene el país. Luana, con 18 años y dos de militancia, es la presidenta de su Centro de Estudiantes y la primera mujer en ocupar ese lugar en 75 años que tiene la institución. “De las chicas que entran a cursar, muy pocas pasan del tercero o cuarto año. El 90% de los estudiantes son varones y las chicas somos alrededor de 30 nada más”, explicaba mientras luchaba por mantener firme un cordón improvisado con cañas que delimitaba el espacio de su grupo. No era una tarea fácil: a menos de 50 metros, en el escenario instalado en la esquina de Perón y Avenida Callao, sonaba Jimena Barón y la gente había desbordado las dos cuadras de los costados. “Seremos pocas, pero la mayoría de las chicas vinimos hoy”, aclaró.

Candela y Valentina, de 16 años, fueron a la concentración frente al Congreso con Lara y Mara, ambas de 17. Como la mayoría de las adolescentes, llevaban brillos verdes, maquillajes de colores, flores, firuletes o puños en alto dibujados en los cachetes. Las cuatro estudian en Rudolf Steiner, una escuela privada de Florida que implementa la corriente de pedagogía Waldorf. No tienen centro de estudiantes en su colegio, pero están decididas a armarlo. Salvo Lara, ninguna había asistido a una movilización del feminismo antes, pero en los últimos dos meses organizaron los “martes y jueves verdes” para sus compañeros, con motivo de las audiencias por el proyecto de ley del acceso al aborto. La consigna era que todos llevaran alguna prenda verde a la cursada.

 

-Yo empecé a debatir sobre el feminismo con mis papás cuando tenía 15. Al principio no les gustó nada, pero después entendieron que tiene que ver con mis ideales y con las causas por las que yo quiero luchar, explicó Lara.

 

-Sí, y hay profesores que tampoco te dan lugar para hablarlo en el aula. Pero la mayoría de las chicas están movilizadas por esto, agregó Candela y señaló con una mano a la gente que iba y venía alrededor. Desde el colegio, habían ido directo a la plaza y ya era hora de volver: estaban cerca de la medianoche y al día siguiente había que volver a clases.

Madrugada de incertidumbre

Para las 2 de la madrugada, en la parte sur de la plaza, donde concentraban los autodenominados “pro vida” y apodados “anti derechos”, quedaban menos de 100 personas. Tenían una carpa con sillas para esperar en un lugar cómodo y con calefacción, y una imagen grande de Jesús que habían pegado en la pared de la Biblioteca del Congreso. Sus pañuelos eran celestes y había decoraciones en rosa, los colores de nene y nena.

 

No tenían bombos ni cantaban: oraban en voz baja y esperaban pacientes. Algo esperanzados también. El cancionero feminista invadía el ambiente y retumbaba entre sus rezos con los versos: “¡se nos da la gana de ser brujas, travestis y lesbianas!”. Pero, en parte se habían acostumbrado a esa música de fondo y en parte habían decidido ignorarla.

 

La valla que separaba una plaza de la otra tenía dibujos de niños con la inscripción “sí a la vida” y carteles hechos con fibrón que proponían: “¿y por qué no legalizamos el robo, ya que estamos?”. Una cartulina azul tirada en el piso, amenazaba: “Cambiemos, si legalizan el aborto, no los votamos nunca más”.

 

En el lado verde de la plaza, entre las 3 y las 5 de la madrugada, la avenida Callao era una gran cama comunitaria. A razón de cien personas por cuadra, la gente se había acomodado en el medio de la calle con sus mantas, aislantes y mochilas para esperar ese resultado que no llegaba. La esquina de Rivadavia y Callao, donde se había colocado la pantalla gigante para seguir la sesión en directo, fue la más congestionada a lo largo de toda la noche: alrededor de 200 personas permanecían sentadas frente a la imagen, como si se tratara de un cine al aire libre, entre mates, frazadas y bizcochos. Los diputados que exponían a favor se llevaban las ovaciones, así como los que estaban en contra recibían chiflidos.

El frío se hacía notar y también el miedo: los números iban demasiado peleados. Algunos todavía bailaban en batucadas o murgas improvisadas. “¿Por qué no bailan acá? ¿Qué son todos celestes?”, gritaba una percusionista. Los que estaban sentados y no lograban conciliar el sueño, jugaban a las cartas, leían libros, buscaban las últimas cifras en los celulares que aún tenían batería. Algunos se retiraban a las calles paralelas para dormir en lugares menos transitados y menos ruidosos.

 

Para las 6 de la madrugada, la circulación de coches comenzó a aumentar y para las 7 las fuerzas de seguridad comenzaron a despejar algunas calles de manera ordenada. Otro día comenzaba y todavía no había certezas sobre la votación. Mientras empezaba a aclarar, en la esquina de Sarmiento y Callao, dos hombres habían iniciado una fogata con unas maderas y al rato se habían acercado diez personas más a calentarse. “Ponele que no sale la ley… ¿Qué van a hacer con todo esto? ¿Qué van a hacer con toda esta gente movilizada?”, le preguntaba una militante a otra, pero la última no tenía respuesta y se encogía de hombros. “Lo que es seguro, es que el debate ya lo pusimos”, contestó después de unos minutos. Y agregó: “Como dice la frase, a la clandestinidad no volvemos nunca más”.

 

A las 9.51 la Cámara de Diputados le dió media sanción al proyecto de ley que legaliza la interrupción voluntaria del embarazo. La plaza verde estalló en festejos y abrazos. Cerca del mediodía, la vigilia se transformó en éxodo. El descanso, sin embargo, es una pausa. En el Palacio, la pelea se trasladó al Senado. Pero la marea verde ya sabe de qué se trata: los derechos se conquistan en la calle.

 


Imágenes: redes sociales y Campaña por el Aborto Legal

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